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viernes, 16 de octubre de 2026

CIRUELAS EN ALMIBAR

 



Ciruelas en almíbar

Las ciruelas son una de las frutas que mejor se prestan a las conservas caseras. Cuando están en su punto, firmes y jugosas, mantienen su forma y absorben poco a poco el dulzor del almíbar, dando lugar a una preparación sencilla que permite disfrutar de su sabor más allá de la temporada. La canela, el clavo o la vainilla aportan un aroma delicado y permiten adaptar la receta al gusto de cada casa. Una conserva clásica de despensa, ideal para servir como postre, acompañar otros dulces o disfrutar de la fruta con todo el sabor de lo hecho en casa.


Ingredientes

  • Ciruelas firmes, no demasiado maduras
  • Entre 200 y 300 g de azúcar por cada litro de agua, para un almíbar ligero
  • Agua, la cantidad necesaria para cubrir la fruta
  • Ramitas de canela, clavos de olor o vainilla, al gusto (opcional)

Preparación

Lava los tarros de cristal y sus tapas con agua caliente y detergente. Acláralos bien y mantenlos calientes hasta el momento de llenarlos. Para conservar la fruta a temperatura ambiente, utiliza tarros adecuados y sigue un procedimiento de envasado probado para ciruelas; limpiar o hervir los recipientes por sí solo no sustituye ese proceso.

Lava cuidadosamente las ciruelas y retira las que estén golpeadas o estropeadas. Puedes envasarlas enteras o cortarlas por la mitad y retirar los huesos. Si decides dejarlas enteras, pincha la piel varias veces con una aguja limpia para ayudar a reducir que se abra durante la cocción.

Coloca las ciruelas en los tarros sin aplastarlas y deja el espacio libre que indique el procedimiento de envasado elegido.

Para preparar el almíbar, calienta el agua en una olla y añade el azúcar. Incorpora, si lo deseas, una ramita de canela, unos clavos de olor o un poco de vainilla. Remueve hasta que el azúcar se disuelva y deja hervir suavemente unos minutos.

Vierte el almíbar caliente sobre las ciruelas, procurando cubrir la fruta y respetando el espacio libre indicado para los tarros. Pasa una espátula limpia por el interior, si es necesario, para liberar las burbujas de aire. Limpia los bordes y coloca las tapas siguiendo las indicaciones del fabricante.

Si quieres conservar los tarros fuera del frigorífico, aplica un procedimiento de envasado al baño María específicamente validado para ciruelas, con el tiempo ajustado al tamaño del tarro y a la altitud. No utilices un tiempo genérico de 20–30 minutos como garantía de conservación segura.

Retira los tarros con cuidado y déjalos enfriar sin moverlos ni ponerlos boca abajo. Comprueba el cierre una vez fríos. Si una tapa no ha sellado correctamente, guarda ese tarro en el frigorífico y consúmelo pronto.






Consejo de Mapi

Escoge ciruelas firmes y de tamaño parecido para que se mantengan enteras y presenten una textura agradable. Puedes aromatizar el almíbar con canela para un sabor tradicional o con vainilla para un resultado más delicado. Etiqueta los tarros con la fecha de elaboración y, para una conserva de despensa, sigue siempre una receta de envasado segura y contrastada.


CONSERVA DE KIWI

 



Conserva de kiwi

El kiwi es una fruta de pulpa jugosa, color verde intenso y sabor entre dulce y ligeramente ácido. Aunque solemos consumirlo fresco, también podemos prepararlo en conserva para disfrutar de su sabor en otras épocas del año. Con unos pocos ingredientes y una elaboración sencilla, sus trozos quedan bañados en un líquido suave que ayuda a mantener su frescura y permite utilizarlos después en postres, macedonias o como acompañamiento de otras preparaciones dulces.


Ingredientes

  • Kiwis, la cantidad necesaria para llenar los tarros
  • Azúcar blanco
  • Zumo de limón
  • Agua
  • Tarros de cristal limpios, con sus tapas en buen estado

Preparación

Pela los kiwis con cuidado, retirando por completo la piel. Puedes dejarlos enteros si son pequeños y firmes, o cortarlos en rodajas gruesas cuando sean de mayor tamaño.

Coloca los kiwis en los tarros limpios, acomodándolos suavemente para aprovechar el espacio sin aplastar la fruta.

Añade a cada tarro una cucharadita de postre de azúcar y otra de zumo de limón. Vierte agua hasta cubrir la fruta, dejando el espacio libre necesario para el cierre.

Deja reposar unos minutos y golpea muy suavemente los tarros sobre un paño doblado para ayudar a que salgan las burbujas de aire. Completa el líquido si hace falta y limpia los bordes antes de colocar las tapas.

Para guardar la preparación en el frigorífico, deja que los tarros se enfríen y refrigéralos cuanto antes. Si deseas conservarlos durante meses a temperatura ambiente, es necesario utilizar un procedimiento de envasado validado específicamente para kiwi; no debe darse por seguro un baño María de 20 minutos sin comprobar antes el método y el tamaño de los tarros.






Consejo de Mapi

Elige kiwis firmes, maduros pero no blandos, para que mantengan mejor su forma. Si los cortas en rodajas, procura que tengan un grosor parecido. Esta conserva puede ser una forma práctica de aprovechar la fruta, pero, si no utilizas un procedimiento de envasado validado, consérvala en el frigorífico y no la trates como una conserva estable de despensa.

RODAJAS DE NARANJA EN ALMIBAR DE COINTREAU Y ANIS ESTRELLADO

 



Rodajas de naranja en almíbar de Cointreau y anís estrellado


La naranja, con su perfume cítrico y su delicado equilibrio entre dulzor y acidez, es una fruta magnífica para preparar conservas y dulces caseros. En esta receta, las rodajas se cocinan lentamente en un almíbar aromatizado con anís estrellado, que aporta una nota especiada muy característica. El Cointreau, con su aroma a piel de naranja, redondea el conjunto y le da un toque elegante. El resultado es una preparación vistosa y aromática, ideal para acompañar bizcochos, helados, cremas y otros postres, o para servir unas rodajas como pequeño capricho dulce.


Ingredientes

  • 4 naranjas medianas, preferiblemente ecológicas o bien lavadas
  • 400 g de azúcar
  • 400 ml de agua
  • 3 o 4 estrellas de anís estrellado
  • 100 ml de Cointreau o licor de naranja; también se puede utilizar anís dulce o ron blanco

Preparación

Lava cuidadosamente los tarros de cristal y sus tapas. Esterilízalos siguiendo un procedimiento adecuado para el tipo de recipiente y déjalos escurrir sobre un paño limpio, sin tocar el interior.

Cepilla bien la piel de las naranjas bajo el agua. Corta los extremos y deséchalos. Con un cuchillo afilado, corta el resto en rodajas de unos cinco milímetros de grosor y retira las pepitas que encuentres.

En una olla amplia, coloca el agua, el azúcar y las estrellas de anís estrellado. Lleva a ebullición a fuego medio y remueve hasta que el azúcar se haya disuelto por completo.

Baja el fuego e incorpora las rodajas de naranja, procurando que queden bien repartidas. Cocina a fuego suave entre 30 y 40 minutos, evitando remover con fuerza para que no se rompan. La piel comenzará a volverse translúcida y el almíbar adquirirá más cuerpo.

Retira la olla del fuego y añade el Cointreau o el licor elegido. Mueve suavemente la olla en círculos para integrar el licor sin romper las rodajas.

Con unas pinzas limpias, distribuye las rodajas de naranja en los tarros preparados y reparte las estrellas de anís. Vierte el almíbar caliente hasta cubrir la fruta, respetando el espacio libre que indique el procedimiento de envasado utilizado.

Cierra los tarros siguiendo las instrucciones del fabricante. Si deseas conservarlos durante meses a temperatura ambiente, utiliza un método de envasado validado para esta preparación. No des por garantizada una conservación de un año únicamente por hervir los tarros durante 20 minutos. Si no vas a aplicar un procedimiento validado, deja enfriar la preparación y consérvala en el frigorífico.





Consejo de Mapi

Elige naranjas de piel sana y firme, y córtalas con un grosor uniforme para que todas se cocinen de manera parecida. No tengas prisa durante la cocción: el fuego suave ayuda a que las rodajas se impregnen del almíbar sin deshacerse. Estas naranjas son deliciosas para dar un toque especial a los postres y también pueden servirse solas, en pequeñas porciones.


MERMELADA DE CALABAZA JENGIBRE Y NARANJA

 



Mermelada de calabaza, jengibre y naranja


Una opción sofisticada, de textura suave, ideal para acompañar foie, patés, quesos curados o carnes de ave como el pato o el pollo asado.


Ingredientes

1 kg de pulpa de calabaza (limpia y cortada en dados pequeños)

500 g de azúcar blanco o moreno

El zumo y la ralladura de 1 naranja grande

1 trozo de jengibre fresco (unos 2 cm, bien rallado)

1 ramita de canela (opcional)


Preparación

 En la cazuela donde vayas a cocinar, mezcla los dados de calabaza, el azúcar, el zumo, la ralladura de naranja y el jengibre rallado. Deja reposar 1 hora para que la calabaza comience a soltar agua.

Añade la ramita de canela y lleva la cazuela al fuego. Cuando empiece a hervir, baja al mínimo y cocina tapado durante 30 minutos para que la calabaza se ablande por completo.

 Destapa la cazuela, retira la rama de canela y chafa la calabaza con un tenedor o pásale la batidora si prefieres una textura de mermelada completamente fina. Cocina 15 minutos más destapado para que evapore el exceso de líquido.






Consejo de mapi

Si te gusta encontrar un bonito equilibrio de sabores, no abuses del jengibre: su punto especiado debe acompañar a la calabaza y la naranja, no esconderlas. Es una mermelada deliciosa sobre una tostada, pero también queda estupenda para acompañar quesos suaves.


CAQUIS EN ALMIBAR

 



Caquis en almíbar

El caqui es una fruta otoñal de pulpa dulce y delicada que, cuando se encuentra en su punto, ofrece muchas posibilidades en la cocina. Preparado en almíbar, se convierte en un postre sencillo y aromático, en el que la canela y los matices cítricos del limón equilibran su dulzor natural. La cocción suave permite que los trozos de fruta mantengan su forma y se impregnen poco a poco del jarabe, dando lugar a una conserva deliciosa para disfrutar durante la temporada o acompañar otras preparaciones dulces.


Ingredientes

  • 1 kg de caquis maduros, pero de pulpa firme
  • 500 ml de agua
  • 500 g de azúcar blanco
  • 1 rama de canela
  • El zumo de medio limón
  • 1 trozo de corteza de limón, sin la parte blanca, o 1 vaina de vainilla (opcional)

Preparación

En una olla amplia, vierte el agua y añade el azúcar, la rama de canela, el zumo de limón y la corteza de limón, si decides utilizarla. Lleva a ebullición a fuego medio, removiendo al principio para que el azúcar se disuelva. Cuando comience a hervir, deja cocinar entre siete y diez minutos, hasta obtener un almíbar ligero.

Mientras tanto, lava y pela los caquis. Retira el pedúnculo y córtalos en cuartos o gajos gruesos. Si encuentras semillas, quítalas con cuidado.

Introduce los trozos de caqui en el almíbar y baja el fuego. Cocina suavemente durante unos diez o doce minutos, procurando que la fruta no se deshaga. El tiempo puede variar según la madurez y la firmeza de los caquis, por lo que conviene vigilarlos durante la cocción.

Retira la olla del fuego y deja que los caquis se enfríen sumergidos en el almíbar. Así tendrán tiempo de absorber parte de sus aromas y su dulzor.

Envasado

Lava los tarros y las tapas y prepáralos siguiendo un procedimiento adecuado para conservas. Distribuye los trozos de caqui en los recipientes sin aplastarlos y cúbrelos con el almíbar, respetando el espacio libre que indique el método de envasado elegido.

Cierra los tarros siguiendo las instrucciones del fabricante. Para conservarlos durante meses a temperatura ambiente, es necesario utilizar un procedimiento de envasado validado específicamente para esta preparación. No debe considerarse suficiente, por sí solo, hervir los tarros durante veinte minutos.

Si no vas a aplicar un procedimiento validado, conserva los caquis en el frigorífico y consúmelos en un plazo prudente.






Consejo de Mapi

Elige caquis que estén maduros, pero que todavía mantengan la firmeza necesaria para soportar la cocción. Un fuego suave y una manipulación delicada ayudarán a que los gajos conserven su forma. La canela y el limón aportan un aroma tradicional que combina muy bien con el dulzor de esta fruta otoñal.


MERMELADA DE CEBOLLA CARAMELIZADA AL VINO TINTO

 




Mermelada de cebolla caramelizada al vino tinto

Combina de forma espectacular con queso de cabra a la plancha, hamburguesas o un buen solomillo de cerdo.


Ingredientes

1 kg de cebollas blancas o moradas (cortadas en juliana fina)

400 g de azúcar moreno

150 ml de vino tinto (de buena calidad)

50 ml de vinagre de Módena

3 cucharadas de aceite de oliva y una pizca de sal


Preparación

 En una cazuela con el aceite de oliva, añade la cebolla y una pizca de sal. Cocina a fuego muy lento durante unos 20-25 minutos hasta que la cebolla esté bien blanda y transparente.

Añade el azúcar moreno, el vino tinto y el vinagre de Módena. Remueve bien para integrar todo.

Cocina a fuego mínimo durante 40 minutos, removiendo de vez en cuando. Estará lista cuando el líquido se haya evaporado casi por completo y tenga una textura melosa y brillante.

Envasa en caliente en tarros esterilizados





Consejo de mapi

La cebolla necesita tiempo y fuego suave para caramelizarse sin quemarse. Ten paciencia y deja que el vino reduzca poco a poco; así conseguirás una mermelada sabrosa, con ese contraste dulce y profundo que acompaña de maravilla a carnes asadas, patés y tablas de quesos.



MERMELADA DE HIGOS Y VINAGRE BALSAMICO

 




 Confitura de higos y vinagre balsamico

Aprovecha la temporada de higos para crear el maridaje definitivo de las tablas de embutidos ibéricos, el foie gras y los quesos azules o de oveja curados.


Ingredientes

1 kg de higos frescos (lavados, sin el rabito y cortados en cuartos)

450 g de azúcar blanco

60 ml de vinagre balsámico de Módena

El zumo de 1/2 limón

1 pizca de pimienta negra recién molida


Preparación

 Pon los higos troceados en la cazuela junto con el azúcar, el zumo de limón y el vinagre balsámico. Déjalos reposar durante 1 hora para que los higos suelten sus jugos.

 Lleva la cazuela a fuego medio. Cuando rompa a hervir, baja el fuego al mínimo y añade la pizca de pimienta negra.

 Cocina durante 40-45 minutos removiendo frecuentemente. Los higos se irán deshaciendo solos; si te gustan los trozos grandes puedes dejarlos así, o machacarlos un poco con la cuchara de madera.

Envasa en caliente en tarros esterilizados





Consejo de mapi

Elige higos maduros y aromáticos, pero que conserven su forma. El vinagre balsámico aporta un contrapunto que realza su dulzor natural. Pruébala con queso curado, queso de cabra o una carne asada: a veces, una cucharadita basta para transformar un plato sencillo en algo especial.

MERMELADA TRADICIONAL DE MANGO

 


Mermelada tradicional de mango y especias

El mango no solo tiene sitio en los postres. Cuando se cocina despacio con cebolla, vinagre y especias, se transforma en un acompañamiento lleno de matices, donde el dulzor de la fruta se encuentra con el punto ácido del vinagre y el aroma cálido de la canela, el comino y el jengibre.

Esta mermelada, con un aire de chutney, es ideal para acompañar currys, carnes de cerdo y pollo asado. También queda estupenda con unas samosas recién hechas, aportando un contraste sabroso y diferente.


Ingredientes

  • 2 mangos grandes, maduros pero firmes
  • 1 cebolla morada
  • 200 g de azúcar moreno
  • 150 ml de vinagre de manzana
  • 1 trozo de jengibre fresco de unos 1 cm, rallado
  • 1 diente de ajo picado
  • 1 ramita de canela
  • 1 cucharadita de semillas de mostaza
  • ½ cucharadita de comino en polvo
  • 1 pizca de sal

Preparación

Pela los mangos, retira el hueso y corta la pulpa en dados. Pela la cebolla y pícala fina. Prepara también el ajo y el jengibre.

Pon todos los ingredientes en una cazuela ancha: el mango, la cebolla, el ajo, el jengibre, el azúcar moreno, el vinagre, la canela, las semillas de mostaza, el comino y la sal. Mezcla bien en frío para que los sabores comiencen a integrarse.

Lleva la cazuela a fuego medio y, cuando la preparación empiece a hervir, baja el fuego al mínimo. Cocina destapado durante unos 45-50 minutos, removiendo regularmente para evitar que se pegue al fondo.

Poco a poco, el mango se irá ablandando y la cebolla quedará tierna, mientras el líquido se reduce hasta conseguir una textura espesa y brillante. Si prefieres una consistencia más homogénea, puedes aplastar ligeramente la fruta con una cuchara de madera.

Retira la ramita de canela al terminar la cocción. Pasa la preparación a tarros limpios y calientes. Si no utilizas un método de conservación validado para mantenerla a temperatura ambiente, deja que se enfríe y guárdala en el frigorífico.






Consejo de Mapi

Esta preparación gana mucho cuando los sabores tienen tiempo de integrarse. Sírvela en pequeñas cantidades con pollo asado, cerdo, currys o samosas. Si te gustan los sabores especiados, puedes dejar las semillas de mostaza enteras: al encontrarlas en cada bocado aportan un toque muy particular.

Conservación: mantenla refrigerada y utiliza una cuchara limpia al servirla. El envasado en caliente, por sí solo, no garantiza que pueda conservarse durante meses en la despensa.


MERMELADA DE TOMATE Y HIGOS SECOS

 




Mermelada de tomates verdes e higos secos

Hay recetas que nacen de la sencillez de la huerta y terminan convirtiéndose en pequeños tesoros de la despensa. Esta mermelada combina la ligera acidez del tomate verde con el dulzor intenso de los higos secos, creando una mezcla de sabor profundo y textura rústica. El romero, si decidimos añadirlo, aporta un delicado aroma a monte que redondea el conjunto.

Es un acompañamiento con carácter, perfecto para carnes de caza, asados de cordero y quesos curados de oveja. Una receta diferente, de las que sorprenden desde el primer bocado.


Ingredientes

  • 700 g de tomates verdes, firmes y todavía sin madurar
  • 300 g de higos secos
  • 500 g de azúcar blanco o moreno
  • 80 ml de vinagre de sidra o de manzana
  • 1 ramita de romero fresco (opcional)

Preparación

Lava los tomates verdes, retira los pedúnculos y córtalos en dados pequeños. Si tienen la piel fina, no es necesario pelarlos. Trocea también los higos secos.

Pon en una cazuela los tomates, los higos, el azúcar y el vinagre. Añade la ramita de romero entera y mezcla bien. Deja reposar durante unas dos horas para que el tomate suelte parte de su jugo y los higos comiencen a hidratarse.

Lleva la cazuela a fuego medio y, cuando empiece a hervir, baja la temperatura al mínimo. Cocina destapado durante unos 45-50 minutos, removiendo con frecuencia. Presta especial atención al final de la cocción, porque los higos espesan la mezcla y esta puede pegarse al fondo con facilidad.

Cuando el tomate esté bien tierno y la preparación tenga una consistencia espesa y brillante, retira la ramita de romero. Si te gusta la textura rústica, con pequeños trozos de fruta, déjala tal cual. Si prefieres una mermelada más fina, puedes triturarla ligeramente con la batidora.

Pasa la mermelada a tarros limpios y calientes. Para conservarla a temperatura ambiente durante meses, es necesario seguir un procedimiento de conserva validado para esta receta; el simple envasado en caliente o un baño maría de 20 minutos no garantizan por sí solos una conservación segura. Si no dispones de ese procedimiento, deja enfriar los tarros y guárdalos en el frigorífico.






Consejo de Mapi

El romero debe dejar su aroma sin dominar el sabor de los higos, así que basta con una ramita pequeña. Sirve esta mermelada con un queso curado de oveja o junto a un asado de cordero: el contraste entre el dulzor de los higos y el punto ácido del tomate resulta especialmente sabroso.

Es una elaboración que merece un lugar en la despensa de las recetas singulares, aunque, si se conserva en frío, conviene preparar cantidades que se puedan consumir en un plazo prudente.

CONSERVA RUSTICA DE VEGETALES ASADOS

 



Conserva rústica de vegetales asados en aceite de oliva

Las hortalizas, cuando se asan a temperatura alta, concentran sus jugos y desarrollan un dulzor delicioso, con bordes dorados y un ligero toque tostado. Si después las acompañamos con aceite de oliva virgen extra, pimienta en grano y hierbas aromáticas, conseguimos una preparación llena de sabor, sencilla y muy versátil.

Esta conserva de verduras asadas es ideal para completar una tabla de quesos, enriquecer unas brochetas o acompañar carnes y pescados. También queda estupenda sobre una rebanada de pan tostado.


Ingredientes

  • 1 berenjena
  • 1 pimiento rojo
  • 1 pimiento amarillo
  • 1 calabacín
  • 2 zanahorias
  • Aceite de oliva virgen extra, cantidad suficiente
  • Sal
  • Pimienta negra recién molida
  • Granos de pimienta negra
  • Semillas de cilantro
  • 1 o 2 hojas de laurel
  • Unas ramitas de romero fresco

Preparación

Lava las hortalizas y córtalas en trozos medianos, procurando que tengan un tamaño parecido para que se asen de manera uniforme.

Espolvorea sal sobre la berenjena y déjala reposar durante unos 30 minutos. Después, enjuágala bien y sécala con papel de cocina.

Distribuye todas las verduras en una bandeja de horno, sin amontonarlas. Riégalas generosamente con aceite de oliva virgen extra y añade sal y pimienta negra al gusto.

Introduce la bandeja en el horno precalentado a 230 °C y asa las hortalizas hasta que estén tiernas y sus bordes aparezcan dorados y ligeramente caramelizados. El tiempo dependerá del tamaño de los trozos y de cada horno; dales la vuelta a mitad de cocción para que se doren por ambos lados.

Retira la bandeja y deja que las verduras se templen. Mientras tanto, prepara tarros limpios y secos.

Coloca las hortalizas en los tarros, alternándolas con algunos granos de pimienta, semillas de cilantro, hojas de laurel y pequeñas ramitas de romero. Cubre las verduras con aceite de oliva virgen extra y da unos golpecitos suaves al tarro para ayudar a liberar las burbujas de aire. Comprueba que las verduras quedan cubiertas.

Cierra los recipientes y guárdalos en el frigorífico. No los dejes en la despensa a temperatura ambiente, ya que las verduras asadas sumergidas en aceite pueden favorecer el desarrollo de bacterias peligrosas si no se ha aplicado un método de conservación validado.






Consejo de Mapi

Puedes variar las hortalizas según la temporada, incorporando cebolla, champiñones o tomates pequeños. Lo importante es que queden bien doradas y que el romero y las especias acompañen su sabor sin ocultarlo.

Sírvelas a temperatura fresca o déjalas unos minutos fuera del frigorífico antes de llevarlas a la mesa. Son una manera estupenda de dar vida a una tabla de quesos o de transformar una sencilla tostada en un bocado lleno de matices.

Conservación: mantén los tarros refrigerados y prepara cantidades pequeñas para consumirlas pronto. El aceite cubre las verduras, pero no las convierte por sí solo en una conserva segura para la despensa.


ENCURTIDO DULCE DE CALABACIN Y MIEL


 

Encurtido dulce de calabacín y miel

El calabacín también puede convertirse en un bocado delicado y lleno de matices. Cortado en láminas finas y enrollado con cuidado, se combina aquí con cebolla morada, mostaza y un toque de miel que suaviza la acidez y aporta un contrapunto dulce muy agradable.

Es una preparación original para acompañar un buen queso de cabra, completar una tabla de aperitivos o dar un toque diferente a una ensalada. Una receta sencilla en la que la presentación también tiene su encanto.


Ingredientes

  • 2 calabacines medianos
  • 1 cebolla morada
  • 2 dientes de ajo
  • 250 ml de vinagre de manzana
  • 150 ml de agua
  • 1 cucharada de miel
  • 1 cucharadita de granos de mostaza
  • Unos granos de pimienta de varios colores
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • Sal marina

Preparación


Con la ayuda de una mandolina o un pelador de patatas, corta los calabacines en láminas finas y anchas. Espolvorea sal marina entre las capas y deja reposar 30 minutos para que suelten el exceso de agua.

Enjuaga sutilmente, seca las láminas, enróllalas sobre sí mismas y colócalas de forma compacta dentro de los frascos limpios junto con rodajas finas de cebolla morada.

 En una olla pequeña, dora dientes de ajo machacados en un poco de aceite de oliva. Desglasa la sartén vertiendo caldo de verduras, una cucharada de miel, granos de mostaza y pimienta arcoíris. Lleva a ebullición.

Vierte el líquido hirviendo directamente sobre los rollos de calabacin cubriéndolos por completo. Cierra los frascos inmediatamente y deja enfriar boca abajo para asegurar un correcto envasado al vacío. 





Consejo de Mapi

Sirve los rollitos junto a un queso de cabra, unas tostadas o una tabla de quesos curados. La miel debe aportar un dulzor discreto, sin ocultar el punto ácido del vinagre ni el aroma de la mostaza.

Conservación: al tratarse de una preparación casera sin un proceso de conserva validado, mantenla siempre refrigerada y consúmela pronto. Cerrar los tarros en caliente o dejarlos enfriar boca abajo no garantiza su conservación segura a temperatura ambiente.

jueves, 15 de octubre de 2026

CHAMPIÑONES Y SETAS AL AJO NEGRO Y TE EARL GREY

 


Champiñones y setas al ajo negro y té Earl Grey

La cocina también nos permite descubrir combinaciones inesperadas. En esta receta, el sabor terroso de las setas se encuentra con las notas cítricas y perfumadas del té Earl Grey, mientras que el ajo negro aporta profundidad y un delicado matiz dulce. El resultado es un encurtido diferente, aromático y lleno de personalidad.

Es una propuesta para sorprender en una tabla de aperitivos, acompañar quesos curados o dar un toque especial a una ensalada templada.


Ingredientes

  • 500 g de champiñones o setas variadas
  • 150 g de azúcar
  • 200 ml de agua
  • 400 ml de vinagre de sidra de manzana
  • 4 bolsitas de té Earl Grey
  • 2 dientes de ajo negro
  • 1 cucharadita de semillas de cilantro
  • 1 hoja de laurel
  • Aceite de oliva virgen extra, cantidad suficiente para terminar

Preparación

Limpia los champiñones y las setas con un cepillo suave o un paño húmedo, retirando cualquier resto de tierra. Corta por la mitad las piezas más grandes para que todas tengan un tamaño parecido.

En una cazuela, calienta el agua y disuelve el azúcar. Añade las bolsitas de té Earl Grey, las semillas de cilantro ligeramente tostadas y la hoja de laurel. Deja infusionar durante cinco minutos y retira las bolsitas de té.

Incorpora el vinagre de sidra y las setas. Cuando la mezcla vuelva a hervir suavemente, cocina durante unos 8-10 minutos, removiendo con cuidado para que se impregnen del líquido sin romperse.

Retira la cazuela del fuego. Pela los dientes de ajo negro y córtalos en láminas finas.

Distribuye las setas y el ajo negro en recipientes limpios y resistentes al calor. Cúbrelos con el líquido de cocción y deja que se enfríen. Una vez fríos, guárdalos en el frigorífico.






Consejo de Mapi

El ajo negro tiene un sabor suave y profundo, por lo que no necesita competir con demasiadas especias. Si utilizas setas variadas, procura cortarlas en tamaños similares para que la cocción sea uniforme. Sírvelas escurridas, con unas gotas de aceite de oliva virgen extra, sobre una tostada o junto a un queso curado.

Conservación: aunque el vinagre forme parte de la preparación, esta receta no está validada para conservarse durante meses a temperatura ambiente. Mantenla refrigerada, sin añadir una capa de aceite para almacenarla, y consúmela pronto. El aceite sobre las setas no sustituye un método de conservación seguro.

PIMIENTOS TRICOLOR EN ESCABECHE DE MANZANA

 




Pimientos Tricolor en Escabeche de Manzana

Los pimientos tricolor en escabeche de manzana tienen un perfil de sabor agridulce, fresco y aromático. Gracias a la acidez del vinagre y el toque sutil de la manzana, son sumamente versátiles.Puedes servirlos con carnes de cerdo y aves , quesos curados y cremosos ,ensaladas y legumbres,bocadillos y hamburguesas y pescados azules.


Ingredientes


2 pimientos rojos

2pimientos verdes

2pimientos amarillos

1 cebolla morada 

250ml de vinagre

250 ml de agua

3 dientes de ajo

10 grs de sal

15grs de azúcar 

Orégano seco

Laurel

Pimienta negra entera

Aceite de oliva



Preparacion

Los pimientos asados adquieren una textura carnosa e increíble que, combinada con un toque de vinagre de manzana y especias selectas, resulta irresistible

 Corta pimientos rojos, verdes y amarillos en juliana gruesa o tiras. Pásalos por una sartén con un poco de aceite de oliva a fuego alto hasta que se doren y se suavicen ligeramente (manteniendo firmeza). 

En una olla aparte, hierve 250 ml de vinagre de manzana, 250 ml de agua, 3 dientes de ajo machacados, 10 g de sal marina, 15 g de azúcar de caña, unos clavos de olor y pimienta negra entera. 

Introduce los pimientos de forma compacta en los tarros limpios. Añade una hoja de laurel, una pizca de orégano seco y unas tiras finas de cebolla morada. 

Vierte el líquido de vinagre hirviendo sobre los pimientos, dejando un centímetro libre. Corona con un generoso chorro de aceite de oliva virgen extra para sellar los aromas y cierra herméticamente. 






Consejo de MAPI

Asegúrate de rellenar bien los botes y acabar con aceite si no vas a consumirlos el mismo deberás guardarlos en la nevera.

ENCURTIDO DE UVAS CON ESPECIAS

 



Encurtido de uvas con especias


Las uvas no tienen por qué reservarse para el postre. Cuando se combinan con vinagre y especias aromáticas, su dulzor natural adquiere un contraste sorprendente y se convierten en un acompañamiento lleno de personalidad. La canela, el cardamomo y el anís estrellado aportan calidez, mientras que la pimienta deja un ligero toque especiado.

Este encurtido es ideal para acompañar tablas de quesos, ensaladas especiales y carnes asadas. Una forma diferente de disfrutar de las uvas y dar un toque original a la mesa.


Ingredientes

  • 300 g de uvas firmes, preferiblemente sin semillas, blancas o tintas
  • 1 taza de vinagre blanco o de manzana (unos 240 ml)
  • ½ taza de agua (unos 120 ml)
  • 3 cucharadas de azúcar
  • 1 cucharadita de sal gruesa
  • 1 trocito de canela en rama
  • 2 vainas de cardamomo ligeramente machacadas
  • 1 estrella de anís
  • Unos granos de pimienta de Sichuan o pimienta negra

Preparación

Lava muy bien las uvas y sécalas con cuidado. Puedes dejarlas enteras, pinchándolas una o dos veces con un palillo para facilitar la entrada del líquido, o cortarlas por la mitad si son grandes. Colócalas en un recipiente de cristal limpio y resistente al calor.

En una cazuela pequeña, mezcla el vinagre, el agua, el azúcar, la sal, la canela, el cardamomo, el anís estrellado y los granos de pimienta. Lleva a ebullición a fuego medio, removiendo hasta que el azúcar y la sal se hayan disuelto por completo.

Vierte con cuidado el líquido caliente sobre las uvas, procurando que queden completamente sumergidas junto con las especias. Deja que la preparación pierda temperatura y, cuando esté fría, tapa el recipiente y guárdalo en el frigorífico.

Aunque pueden probarse después de 48 horas, lo ideal es dejarlas reposar alrededor de una semana para que las uvas absorban los aromas del encurtido.






Consejo de Mapi

Las uvas tintas aportan un color precioso, mientras que las blancas permiten apreciar mejor los tonos dorados del líquido y las especias. Sírvelas junto a un queso curado de oveja, un queso azul o una carne asada. También puedes añadir unas pocas a una ensalada para darle un contraste agridulce muy agradable.

Conservación: mantenlas siempre en el frigorífico y utiliza un utensilio limpio para servirlas. Esta receta es un encurtido refrigerado, no una conserva validada para almacenar durante meses a temperatura ambiente.

QUESO FRESCO MARINADO EN ACEITE DE OLIVA




Queso fresco marinado en aceite de oliva


Preparar queso fresco marinado en aceite de oliva es una opción deliciosa,rapida y perfecta para un aperitivo o para enriquecer ensaladas.pero así como el queso curado puede conservarse meses fuera de la nevera

el queso fresco absorbe los sabores muy rápido y debe mantener siempre refrigerado si no se consume en el momento


Ingredientes 

200 g de queso feta (cortado en dados)

Aceite de oliva virgen extra (suficiente para cubrir)

Ralladura de 1 limón (solo la parte amarilla, sin lo blanco)

1 cucharadita de orégano seco

1/2 cucharadita de copos de chile o guindilla triturada

10 aceitunas negras (tipo Kalamata) sin hueso

2 hojas de menta o albahaca fresca

Frasco de cristal limpio y seco


Preparacion

 Saca el queso feta de su salmuera, escúrrelo bien y sécalo con cuidado usando papel de cocina. Cortálo en dados medianos

 Pon en el fondo del frasco la mitad de la ralladura de limón, el orégano, los copos de chile y las aceitunas.

Coloca los dados de queso en el tarro con cuidado de no romperlos, intercalando las hojas de menta o albahaca.

Añade el resto de la ralladura de limón y cubre por completo con el aceite de oliva. Cierra el tarro y déjalo reposar en la nevera un mínimo de 24 horas antes de consumirlo para que absorba los cítricos y las hierbas.






Consejo de mapi

 Al ser un queso blando, no lo remuevas con fuerza para que no se deshaga.

El aceite de oliva se solidifica en la nevera. Saca el tarro unos 20 minutos antes de servir para que el aceite vuelva a su estado líquido.

Es perfecto para añadir directamente a ensaladas de tomate, acompañar con pan de pita tostado o servir como brocheta junto a tomates cherry.

CONSERVA DE QUESO CURADO O SEMICURADO EN ACEITE DE OLIVA


 


Conserva de queso curado o semicurado en aceite de oliva

Un buen queso, un aceite de oliva de calidad y unas hierbas aromáticas bastan para preparar un aperitivo lleno de sabor. Durante el reposo, el aceite recoge los aromas del romero, el tomillo y la pimienta, mientras que el queso aporta su carácter y su textura.

Esta preparación es ideal para servir como aperitivo, acompañar una tabla de embutidos o disfrutar con unas rebanadas de pan rústico. Una receta sencilla en la que la calidad de los ingredientes marca la diferencia.


Ingredientes

  • 500 g de queso curado o semicurado, de oveja o tipo manchego
  • Aceite de oliva virgen extra de sabor suave, cantidad suficiente
  • 2 dientes de ajo
  • 1 ramita de romero fresco
  • 1 ramita de tomillo fresco
  • 6 granos de pimienta negra
  • 1 o 2 hojas de laurel
  • Un tarro de cristal limpio, con tapa

Preparación

Retira la corteza del queso y córtalo en dados uniformes de unos 2 cm o en cuñas pequeñas. Procura que el queso esté bien seco por fuera antes de introducirlo en el tarro.

Lava el romero, el tomillo y el laurel y sécalos completamente. Pela los dientes de ajo y aplástalos ligeramente para que desprendan mejor su aroma.

Coloca una primera capa de queso en el fondo del tarro. Añade parte del romero, el tomillo, el ajo, los granos de pimienta y el laurel. Continúa alternando capas de queso y aromáticos hasta terminar con todos los ingredientes.

Vierte el aceite de oliva virgen extra hasta cubrir por completo el queso. Da unos golpecitos suaves al tarro para ayudar a liberar las burbujas de aire y comprueba que no queden trozos de queso fuera del aceite.

Cierra el recipiente y guárdalo inmediatamente en el frigorífico. Deja reposar la preparación unos días para que el queso vaya tomando el aroma de las hierbas. Antes de servir, saca únicamente la cantidad que vayas a consumir y utiliza siempre un utensilio limpio.






Consejo de Mapi

Elige un queso curado si buscas un sabor más intenso y una textura firme, o uno semicurado si prefieres un resultado más suave. El aceite de sabor delicado permite que se aprecien mejor los matices del queso y las hierbas.

Puedes servir los dados con pan rústico y unas aceitunas, o aprovechar el aceite aromatizado para aliñar una ensalada, siempre que se haya mantenido refrigerado y se encuentre en buen estado.

Conservación: al llevar queso, ajo y hierbas frescas en aceite, mantén el tarro refrigerado y prepara una cantidad pequeña para consumirla pronto. No lo dejes reposar semanas o meses en la despensa: el aceite no sustituye la refrigeración ni un procedimiento de conservación validado.


CONSERVA DE CAQUIS EN ACEITE DE OLIVA

 




Conserva de caquis en aceite de oliva


Ingredientes

1 kg de caquis verdes (duros y aún no maduros, tienen un color amarillento en lugar de naranja)

500 ml de vinagre de manzana

200 ml de aceite de oliva virgen extra

100 g de azúcar

5 g de sal

1 diente de ajo

1 hoja de laurel


Preparación

 El primer paso es esterilizar los frascos. Coloca un paño limpio doblado a los lados y en el fondo de una olla grande (prácticamente hay que forrar la olla), comienza a colocar los frascos de cristal uno al lado del otro, utiliza otros paños de cocina para separar los recipientes ya que podrían chocar y romperse durante la fase de ebullición. Llena la olla con agua superando el nivel de los tarros en unos centímetros y lleva a ebullición suave, luego baja el fuego y tapa. Pasados unos 10 minutos, añade las tapas o sellos, vuelve a colocar la tapadera y deja pasar otros 5 minutos.

Apaga el fuego y saca los frascos con pinzas y colócalos boca abajo sobre un paño limpio, pasados 2-3 minutos voltea los frascos boca abajo para que se sequen uniformemente por dentro. Esta operación la tendrás que hacer justo antes de utilizar los tarros, si lo haces demasiado pronto, tal vez la noche anterior, no servirá de nada.

 Después de esterilizar los frascos, pasamos a los caquis. Lávalos con cuidado tratando de no romper la piel. Retire el tallo y las hojas. Corta los caquis en rodajas finas tratando de mantener el mismo grosor de unos 3 mm.

 Mientras tanto, en una cacerola, mezcla el vinagre de manzana, el aceite de oliva virgen extra, el azúcar, la sal, el ajo y la hoja de laurel. Poner al fuego y llevar a ebullición, añadir un tercio de los caquis, dejar que esta «salmuera» vuelva a hervir durante tres minutos, moviendo ocasionalmente con una cuchara de madera. Saca los caquis con una espumadera, escurre y deja enfriar en un bol y repite el proceso con el resto de los caquis.

 Una vez finalizada esta operación de ebullición, retirar el ajo y la hoja de laurel y vierte toda la salsa agridulce en el bol junto con los caquis y tapa con un film transparente. Deja reposar el bol a temperatura ambiente durante 24 horas.

Al día siguiente podemos empezar a macerar. Coge los tarros que previamente has esterilizado y vierte un poco de aceite de oliva virgen extra en el fondo, añade las rodajas de caqui formando una capa de unos dos centímetros y cubre con aceite de oliva. Repetir la operación varias veces, presionando las rodajas para evitar que entre aire en el tarro. Entre una capa y otra, añade aceite hasta llegar a dos centímetro del borde.

Procura no dejar espacios vacíos ni burbujas de aire, para evitarlo dobla un paño y golpea ligeramente el frasco. Antes de cerrar el frasco, asegúrate que las rodajas de caqui quedan por debajo del nivel de aceite.

Sella bien los frascos, etiquétalos y colócalos en la despensa. Al día siguiente, verifica si el nivel de aceite ha bajado, en tal caso, rellénalo. Espera al menos 1 mes antes de consumirlos, mantenlos en un lugar fresco y seco, preferiblemente en la oscuridad






Consejo de mapi

Está conserva sirve para acompañar carnes pescados o quesos


miércoles, 14 de octubre de 2026

BONIATOS ASADOS AL FUEGO DE LEÑA


 


Boniatos asados al fuego de leña

Hay sabores que se quedan unidos para siempre a una fecha y a las personas que nos enseñaron a disfrutarlos.

Mi abuela preparaba estos boniatos asados al fuego de leña para el Día de Difuntos, junto a las castañas asadas y los panellets. Era la Castañada, una celebración de otoño que en mi recuerdo tiene el calor del fuego, el aroma de los frutos asados y aquellos dulces que acompañaban una noche especial.


Hoy muchos la llaman Halloween, pero para mí sigue siendo la Castañada. Son los recuerdos de mi abuela y de aquellas costumbres que forman parte de nuestra historia familiar. Y hay cosas que, por mucho que cambien los tiempos, prefiero conservar tal como las recuerdo.

Los boniatos necesitan poco para convertirse en un bocado delicioso: un buen fuego, paciencia y tiempo. Asados lentamente, su carne queda tierna, dulce y jugosa. Se pueden comer tal cual, con una pizca de sal y un hilo de aceite de oliva, o con un poco de mantequilla.

Una receta humilde, de las que se hacían aprovechando el calor del horno y que hoy merece la pena seguir preparando. Porque mantener viva una tradición también es volver a poner sobre la mesa los sabores que nos dejaron quienes estuvieron antes que nosotros.


Ingredientes

Boniatos, preferiblemente de tamaño similar.

Papel de aluminio.

Unas gotas de agua, si se desea.


Preparación

Encendemos el horno de leña y dejamos que se forme una buena cama de brasas. Para esta receta conviene aprovechar un calor suave y constante, o el calor residual del horno, evitando una temperatura demasiado fuerte.

Lavamos bien los boniatos bajo el grifo, cepillando la piel para retirar cualquier resto de tierra. Los secamos ligeramente.

Envolvemos cada boniato por separado con papel de aluminio. Si queremos, podemos añadir unas gotas de agua antes de cerrar el paquete para favorecer la formación inicial de vapor.

Colocamos los boniatos envueltos en la solera del horno, en una zona de calor moderado y apartada de las brasas más fuertes.

Los dejamos asar durante unas dos horas o dos horas y media, según su tamaño y la temperatura del horno. Comprobamos la cocción con cuidado: deben estar completamente tiernos por dentro. Si todavía ofrecen resistencia, los dejamos un poco más.

Los retiramos con unas pinzas y abrimos los paquetes con precaución, porque el vapor puede quemar. Los cortamos por la mitad y los servimos calientes.


Podemos disfrutarlos solos, con una pizca de sal y un hilo de aceite de oliva, o acompañados de un poco de mantequilla.

Consejo de Mapi

El secreto está en la paciencia y en no acercar demasiado los boniatos a las brasas más fuertes. Un calor suave y prolongado permite que se asen despacio y que su propia dulzura sea la protagonista.

PAN CON PANCETA Y ENSALADA DE ESCAROLA

 




Pan con panceta y ensalada de escarola

Hay cenas que no necesitan grandes preparativos ni demasiados ingredientes. Basta con un buen pan, una panceta fresca y una ensalada hecha como se ha hecho siempre en casa.

Esta ha sido algunas noches de invierno mi cena, y sigue siendo una de esas comidas que me gusta repetir cuando voy a Aragón y encuentro la cocinilla encend

ida. Entonces, mi madre y yo nos sentamos a la mesa y disfrutamos de algo tan sencillo

como un buen pan con panceta recién hecha, acompañado de una ensalada de escarola con ajo.

La panceta va soltando su grasa sobre el pan mientras se asa, impregnando la miga y tostando los bordes. Al lado, la escarola, con su aliño de ajo, aceite de oliva y vinagre, aporta el contrapunto fresco y ligeramente amargo que necesita la carne.

Son cenas de las de antes, de las que no precisan adornos porque tienen todo lo necesario: buenos ingredientes, una cocina caliente y el gusto de compartir la mesa. Y quizá por eso, cuando vuelvo a Aragón y veo encendida la cocinilla, esta cena vuelve a apetecerme tanto.


Ingredientes

Para el pan con panceta

4 rebanadas grandes de pan de hogaza, de unos 2 cm de grosor, preferiblemente pan de pueblo o de masa madre.

4 lonchas gruesas de panceta de cerdo fresca, de unos 100-120 g cada una, con su piel.

Pimienta negra recién molida.

Una pizca de sal.

Para la ensalada de escarola

1 escarola grande.

1 o 2 dientes de ajo, según el gusto.

4 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra.

1 o 2 cucharadas soperas de vinagre de vino blanco o de Jerez.

Sal.


Preparación

Precalentamos el horno a 200 °C, con calor arriba y abajo.

Hacemos unos cortes superficiales en la piel de la panceta, en forma de cruz, y añadimos una pizca de sal.

Colocamos las rebanadas de pan sobre una bandeja de horno y ponemos encima una loncha de panceta en cada una. No añadimos aceite: la propia grasa de la carne irá fundiéndose y empapará la miga del pan durante el asado.

Introducimos la bandeja en la parte media-alta del horno y dejamos que se haga durante unos 20-25 minutos, hasta que la panceta esté bien dorada, la piel crujiente y los bordes del pan tostados. El tiempo puede variar según el grosor de la carne y el horno; comprobamos que esté bien cocinada por dentro.

Mientras tanto, preparamos la ensalada. En un mortero machacamos los ajos con un pellizco de sal hasta obtener una pasta fina. Añadimos el vinagre  y el aceite de oliva virgen extra, y mezclamos bien.

Ponemos la escarola, limpia, troceada y bien escurrida, en una ensaladera. La aliñamos justo antes de servir y removemos para que todas las hojas queden impregnadas.

Sacamos el pan con panceta del horno y espolvoreamos pimienta negra recién molida por encima. Lo servimos bien caliente, acompañado de una buena ración de ensalada de escarola.

Consejo de Mapi

El secreto está en utilizar un buen pan de hogaza, con miga consistente, capaz de absorber la grasa de la panceta sin deshacerse. Y la ensalada, mejor aliñarla en el último momento para que conserve toda su frescura y su textura.

El contraste entre la panceta caliente y crujiente y la escarola con ajo y vinagre es lo que hace especial a esta cena tan sencilla.


EMPANADILLAS DE MASA CASERA DE MI ABUELA

 






Empanadillas con la masa casera de mi abuela

Hay recetas que pasan de una generación a otra y que merece la pena conservar tal como las aprendimos. Estas empanadillas llevan la masa casera de mi abuela, hecha con ingredientes sencillos y con ese sabor de la cocina de siempre.

Preparar la masa en casa requiere un poco de tiempo, pero tiene su recompensa. Podemos estirarla a nuestro gusto, rellenarla con una buena carne guisada y cerrar cada empanadilla con cuidado, como se ha hecho tradicionalmente en tantas cocinas familiares

Yo he querido conservar la receta de mi abuela y añadir una alternativa para quienes prefieren evitar la fritura: prepararlas al horno. Así, cada uno puede elegir cómo terminarlas sin renunciar al gusto de una buena empanadilla casera.

Porque las recetas familiares también pueden adaptarse a los tiempos actuales sin perder aquello que las hace especiales.


Ingredientes

Para la masa casera

  • 500 g de harina de trigo común.
  • 100 g de manteca de cerdo o mantequilla a temperatura ambiente.
  • 1 huevo.
  • 200 ml de agua templada, o leche si queremos una masa más suave.
  • 1 cucharadita de sal.Para el relleno de carne
    • 500 g de carne picada, mitad de ternera y mitad de cerdo.
    • 1 cebolla grande.
    • 1 pimiento rojo o verde.
    • 2 dientes de ajo.
    • 2 huevos cocidos.
    • 2 cucharadas de tomate frito.

    ½ cucharadita de comino.

    • 1 cucharadita de pimentón dulce.
    • Sal y pimienta negra al gusto.
    • Aceite de oliva virgen extra.

    Para la versión al horno, necesitaremos también 1 huevo batido para pintar las empanadillas, si lo deseamos.


Preparación

Comenzamos preparando la masa. Ponemos la harina y la sal en un recipiente amplio y añadimos la manteca de cerdo o la mantequilla blanda. Mezclamos con las yemas de los dedos hasta conseguir una textura parecida a la arena fina.

Incorporamos el huevo batido y añadimos poco a poco el agua templada, mezclando hasta que la harina absorba el líquido.

Pasamos la masa a la mesa de trabajo y amasamos durante unos 5-8 minutos, hasta obtener una masa lisa, elástica y manejable. Formamos una bola, la tapamos y la dejamos reposar en la nevera durante unos 30 minutos.

Mientras tanto, preparamos el relleno. Calentamos un poco de aceite de oliva en una sartén y sofreímos la cebolla, el pimiento y los ajos, todo bien picado, a fuego medio-bajo durante unos 8-10 minutos, hasta que las verduras estén tiernas.

Añadimos la carne picada y la desmenuzamos con una cuchara de madera para que quede suelta. Cocinamos hasta que esté hecha y agregamos el pimentón dulce, el comino, la sal y la pimienta negra.

Incorporamos el tomate frito, mezclamos bien y retiramos la sartén del fuego. Añadimos los huevos cocidos picados y dejamos enfriar completamente el relleno antes de formar las empanadillas.

Sacamos la masa de la neveray la estiramos sobre una superficie ligeramente enharinada, hasta dejarla de unos 2-3 milímetros de grosor. Cortamos discos con ayuda de un cortador redondo o de un cuenco.

Ponemos una cucharada de relleno frío en el centro de cada disco. Humedecemos ligeramente los bordes con agua, doblamos la masa formando una media luna y sellamos bien con las puntas de un tenedor o haciendo pequeños pliegues.

Para freírlas: calentamos abundante aceite, sin dejar que humee, y freímos las empanadillas por tandas hasta que estén doradas y crujientes. Las dejamos escurrir sobre papel absorbente.


Para hacerlas al horno: precalentamos el horno a 180 °C. Colocamos las empanadillas en una bandeja cubierta con papel de hornear y, si queremos que queden brillantes, las pintamos con huevo batido. Horneamos durante unos 20-25 minutos, hasta que estén doradas.

Las servimos recién hechas, cuando la masa conserva su mejor textura y el relleno está jugoso.


Consejo de Mapi

El relleno debe estar completamente frío antes de montar las empanadillas. Así evitamos que la masa se ablande demasiado y resulta más fácil cerrarlas sin que se rompan.Si elegimos la fritura, el aceite debe estar caliente, pero sin humear. Si preferimos el horno, conviene vigilar el dorado, porque cada horno tiene su propio ritmo.

Lo importante es conservar el gusto de la masa casera de mi abuela y disfrutar de unas empanadillas hechas en casa, con tiempo y buenos ingredientes.