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lunes, 14 de septiembre de 2026

TERNASCO DE ARAGON CON VINO Y MELOCOTON DE CALANDA

 



Ternasco de Aragón con vino tinto y melocotón de Calanda

El ternasco es uno de esos platos que hablan de Aragón sin necesidad de muchas palabras. Una carne tierna y sabrosa, una buena cazuela y el tiempo necesario para que todo se haga despacio.

En esta receta se encuentra con dos productos muy nuestros: el vino tinto y el melocotón de Calanda. La fruta aporta un contraste dulce y delicado a la salsa, mientras el vino le da profundidad y ese sabor intenso que pide una buena rebanada de pan para no dejar ni una gota en el plato.

Es una de esas recetas para cocinar sin prisas, de las que llenan la cocina de aromas y hacen que uno sepa que ese día se va a comer bien.


Ingredientes

800 g de ternasco de Aragón en trozos, de paletilla o cuello

2 melocotones de Calanda, frescos o en almíbar

350 ml de vino tinto

350 ml de caldo de carne

1 cebolla grande

1 diente de ajo, opcional

Un chorro de brandy

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta

Una pizca de harina






Elaboración

Salpimentamos los trozos de ternasco y los enharinamos ligeramente. No necesitamos cubrirlos demasiado; esa pequeña cantidad de harina ayudará después a trabar la salsa.


Ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una cazuela y doramos bien la carne por todos sus lados. Cuando esté bien sellada, añadimos un chorro de brandy y flambeamos con cuidado.


Retiramos el ternasco de la cazuela y lo reservamos.


En el mismo aceite, añadimos la cebolla y el ajo picados y dejamos que se hagan a fuego suave, lentamente, hasta que estén transparentes y bien caídos.


Volvemos a poner la carne en la cazuela, subimos un poco el fuego y añadimos el vino tinto. Dejamos que hierva durante unos tres minutos para que se evapore bien el alcohol.


Incorporamos el caldo de carne, tapamos la cazuela y dejamos cocinar a fuego suave durante unos 45-50 minutos, o hasta que el ternasco esté tierno.


Mientras tanto, cortamos los melocotones en gajos. Cuando la carne esté prácticamente hecha, los incorporamos a la cazuela y dejamos cocinar todo junto, esta vez destapado, durante los últimos 10 minutos.


La salsa irá reduciendo y espesando mientras el vino, la carne y el melocotón se van uniendo. El resultado debe ser una salsa sabrosa y ligada, con el punto dulce y aromático de los melocotones de Calanda.


Servimos el ternasco bien caliente, acompañado de los gajos de melocotón y con abundante salsa.







Consejo de Mapi

Si utilizas melocotón en almíbar, escúrrelo bien antes de incorporarlo a la cazuela. Así conservará su dulzor, pero no aportará demasiado líquido a la salsa.

ARROZ CON BOLETUS Y TRUFA AL MODO DE TERUEL

 




Arroz con boletus y trufa al modo de Teruel


Hay sabores que parecen guardar dentro de ellos el paisaje del que vienen. Este arroz tiene algo de los montes turolenses, de los días frescos y de ese aroma profundo que dejan las setas cuando llegan a la cocina.

Los boletus aportan al arroz todo su sabor a tierra y bosque, y la trufa negra de Teruel, añadida al final, pone ese perfume intenso y tan particular que convierte un plato sencillo en algo verdaderamente especial.

No hace falta mucho más: un buen arroz, unas setas, una buena trufa y un caldo hecho con cariño. La cocina de nuestra tierra muchas veces sabe hacer grandes platos con ingredientes muy sencillos.


Ingredientes

300 g de arroz redondo o tipo arborio

300 g de boletus frescos o rehidratados

20-30 g de trufa negra de Teruel fresca

1 cebolla o chalota

100 ml de vino blanco

1 litro de caldo de verduras o de pollo, caliente

Aceite de oliva virgen extra

Sal








Elaboración

Limpiamos bien los boletus y los troceamos. Si utilizamos boletus secos, los ponemos previamente en agua templada para que se hidraten y reservamos ese agua, bien colada, para incorporarla al caldo. Ahí queda concentrado muchísimo de su aroma.


Picamos muy fina la cebolla o la chalota y la ponemos en una sartén amplia con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. La dejamos hacerse a fuego suave, sin prisas, hasta que quede blandita y transparente.


Incorporamos los boletus y los salteamos junto con la cebolla durante unos minutos, hasta que comiencen a tomar color y llenen la cocina de ese olor tan característico de las setas.


Añadimos el arroz y lo removemos durante aproximadamente un minuto, dejando que el grano se impregne bien de los sabores de las setas y del aceite.


Vertemos el vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol por completo.


Comenzamos a añadir el caldo caliente. Podemos incorporarlo poco a poco si queremos conseguir una textura más cremosa, o añadirlo de una vez si buscamos un arroz meloso al modo tradicional. Dejamos cocinar a fuego medio durante unos 16-18 minutos, vigilando el punto del arroz y añadiendo caldo si fuera necesario.


Cuando el arroz esté en su punto, apagamos el fuego y, justo antes de servir, rallamos por encima una buena cantidad de trufa negra fresca de Teruel. El propio calor del arroz hará que su perfume se desprenda y llegue a toda la cocina.


Servimos inmediatamente, disfrutando de ese aroma profundo de la trufa y del sabor de los boletus, que juntos hacen de este arroz un pequeño homenaje a los montes de Teruel.








Consejo de Mapi

Si utilizamos boletus secos, no tires nunca el agua de hidratarlos. Bien colada y añadida al caldo, aporta un sabor a bosque maravilloso al arroz.

viernes, 11 de septiembre de 2026

MAGRAS CON TOMATE

 



MAGRAS CON TOMATE



Hay platos que necesitan muy poco para convertirse en una comida de las que dejan recuerdo: un buen jamón, un tomate bien cocinado y una barra de pan cerca para no dejar ni una gota de salsa.

Las magras con tomate son uno de esos platos sencillos y contundentes de nuestra cocina, donde el secreto está en cocinar despacio y saber tratar el jamón para que quede tierno y lleno de sabor.



Ingredientes

400 g de jamón serrano o de bodega, en lonchas de grosor medio

800 g de tomate maduro triturado

1 diente de ajo

Aceite de oliva virgen extra

Una pizca de azúcar

1 vaso de leche







Elaboración

Si el jamón está muy curado, lo ponemos en un plato y lo cubrimos con leche durante 15-20 minutos. De esta manera conseguimos quitar parte del exceso de sal y que las lonchas queden más tiernas.

Pasado este tiempo, retiramos el jamón y lo secamos muy bien con papel de cocina.

Ponemos un chorrito de aceite de oliva en una sartén y pasamos las lonchas de jamón solamente unos segundos por cada lado. No debemos cocinarlas demasiado, porque se endurecerían y quedarían excesivamente saladas.

Retiramos el jamón y lo reservamos.

En el mismo aceite, doramos a fuego suave el ajo laminado.

Añadimos el tomate triturado, una pizca de azúcar y muy poca sal, teniendo en cuenta que el jamón ya aportará la suya.

Dejamos cocinar el tomate a fuego lento durante 30-40 minutos, hasta que haya reducido aproximadamente a la mitad, esté espeso y el aceite comience a asomar en la superficie.

Incorporamos las lonchas de jamón a la sartén y apagamos el fuego. Tapamos y dejamos reposar durante unos 5 minutos. Con el calor residual, el jamón terminará de ablandarse y la salsa irá tomando todo su sabor.

Servimos las magras con tomate bien calientes y, por supuesto, con una buena barra de pan al lado para disfrutar de la salsa.







Consejo de Mapi

 Con las magras hay que tener cuidado de no pasarse con la cocción del jamón. Unos segundos al principio y después el reposo en la salsa son suficientes para conseguir unas lonchas tiernas y sabrosas. Y aquí hay una cosa que no puede faltar: un buen pan para mojar en el tomate. 

jueves, 10 de septiembre de 2026

ACEITUNAS DE EMPELTRE CON MELOCOTON DE CALANDA

 






Aceitunas de Empeltre con melocotón de Calanda


Hay combinaciones que parecen sencillas hasta que las pruebas y descubres que tienen mucho que contar. Aquí se encuentran dos productos muy nuestros: la aceituna Empeltre de Aragón y el melocotón de Calanda, acompañados por el tomate seco, el romero y un buen aceite de oliva.

Un aliño sencillo, pero lleno de aromas y contrastes, donde el sabor intenso de la aceituna se encuentra con el dulzor del melocotón.







Ingredientes

¼ kg de aceitunas negras Empeltre de Aragón

6 tomates secos

1 hermoso melocotón de Calanda

1 ramita de romero fresco

2 dientes de ajo, picados muy finos

1 chorro de aceite de oliva virgen extra, mejor si está elaborado con Empeltre


Elaboración

Pelamos el melocotón y hacemos bolitas o cubos con la pulpa. La forma la dejo al gusto de cada cocinero.

Si el tomate seco no está hidratado y conservado en aceite, lo ponemos a remojo hasta que esté blandito y podamos manipularlo. Con un cuchillo separamos la piel de la pulpa y reservamos esta última.

Colocamos las aceitunas en un bol hondo y añadimos la pulpa del tomate seco, los trozos de melocotón, los ajos muy picados, el romero y un buen chorro de aceite de oliva.

Removemos con cuidado para mezclar todos los ingredientes y conseguir que los sabores y aromas de nuestro aliño se vayan juntando.

Presentación

Para servirlas, podemos utilizar un bol blanco bajo, que hará que destaquen especialmente los colores de las aceitunas, el melocotón y el tomate seco.

Decoramos con unas tiras finas de melocotón y unas briznas de tomillo con sus flores.

Y ya tenemos un aperitivo sencillo, bonito y con sabor a nuestra tierra.






Consejo de Mapi

Si podemos utilizar un buen aceite de oliva virgen extra de Empeltre, merece la pena hacerlo. No solo aliñará las aceitunas: ayudará a unir todos los sabores y hará que este pequeño aperitivo tenga todavía más esencia aragonesa.

domingo, 6 de septiembre de 2026

PERDICES DE GÚDAR-JAVALAMBRE CON ROBOLLONES

 




PERDICES DE GÚDAR-JAVALAMBRE CON ROBOLLONES


Hay recetas que parecen guardar dentro de ellas el paisaje del que vienen. Esta es una de esas. Desde las sierras de Gúdar-Javalambre nos llega un plato de caza donde las perdices se cocinan lentamente junto a las setas que ofrece el monte, en una salsa aromática y llena de sabor.

Los rebollones, tan ligados a nuestras sierras, aportan ese sabor de bosque que convierte un buen guiso en algo especial. Y para quien tenga la suerte de encontrarse con ella, unas finas láminas de trufa negra pueden llevarlo todavía un poquito más lejos.

Es una receta para hacer sin prisas, dejando que el fuego suave haga su trabajo. De esas que saben todavía mejor cuando reposan y que al día siguiente llenan la cocina de un aroma que ya nos anuncia que vamos a comer de maravilla


Ingredientes

perdices rojas, limpias

1 cebolla grande

2 zanahorias

4 dientes de ajo

Un puñado de rebollones o níscalos, u otras setas de la sierra

1 vaso de vino blanco

½ vaso de vinagre suave

Caldo de ave, el necesario para cubrir

1 hoja de laurel

Tomillo fresco

Romero

Pimienta negra en grano

Sal

Aceite de oliva virgen extra

Trufa negra, opcional






Elaboración

Salpimentamos las perdices por dentro y por fuera. Ponemos aceite de oliva virgen extra en una cazuela honda y, cuando esté caliente, doramos las perdices por todos sus lados para sellar bien la carne. Las retiramos y reservamos.

En el mismo aceite incorporamos la cebolla picada, las zanahorias cortadas en rodajas y los ajos enteros con piel, a los que habremos dado un pequeño golpe para que se abran. Cocinamos todo a fuego suave hasta que las verduras estén tiernas.

Limpiamos los rebollones, los troceamos y los incorporamos a la cazuela. Los salteamos durante unos minutos para que suelten su aroma y se integren con el sofrito.

Volvemos a colocar las perdices en la cazuela. Añadimos el vino blanco y el vinagre y dejamos hervir durante un par de minutos para que se evapore el alcohol.

Incorporamos el laurel, el tomillo, el romero y unos granos de pimienta negra. Cubrimos las perdices con caldo de ave, tapamos la cazuela y dejamos cocinar a fuego muy suave durante una hora y media o dos horas, dependiendo del tamaño y de la dureza de las perdices.

La carne estará lista cuando esté tierna y se desprenda fácilmente del hueso.

Si disponemos de trufa negra, podemos añadir unas láminas finas al servir, para aportar su aroma sin ocultar el sabor de la perdiz y los rebollones.

Dejamos reposar el guiso antes de servir y acompañamos, si queremos, con unas patatas panadera.








Consejo de Mapi

Este es uno de esos guisos que agradecen muchísimo el reposo. Si podemos cocinarlo el día anterior y calentarlo suavemente antes de llevarlo a la mesa, los sabores estarán mucho más asentados. Y con las recetas de monte, como siempre digo, paciencia: el fuego lento es el que consigue que la carne quede tierna y que el sabor de las setas y las hierbas pase a la salsa.

jueves, 3 de septiembre de 2026

ARROZ CON TORDOS

 




ARROZ CON TORDOS

Calaceite, Teruel

Hay recetas que nacen de lo que ofrece la tierra y de lo que durante generaciones se podía llevar a la cazuela. Este arroz con tordos es una de ellas.

En Calaceite, en la provincia de Teruel, este plato forma parte de la cocina tradicional del Matarraña y se conoce también como cassolada. El arroz se cocinaba junto a los productos que había a mano, entre ellos los tordos, pequeñas aves de caza que durante muchos años formaron parte de la cocina de estas tierras.

La cassolada podía llevar tordos acompañados de costilla de cerdo, o prepararse con verduras de la huerta y caracoles. Era una cocina sencilla, de cazuela, hecha con productos cercanos y pensada para alimentar a la familia.

El arroz con tordos llegó incluso a convertirse en uno de los platos conocidos de la Fonda Alcalá de Calaceite, una casa de comidas fundada en 1922 que durante generaciones conservó en su cocina platos ligados a la tradición de la localidad.

Y es que hay platos que no necesitan grandes lujos para ser memorables. Una cazuela, un buen sofrito, arroz y el sabor de la caza bastaban para poner en la mesa todo aquello que daba la tierra.

Hoy recuperamos esta receta para que aquel sabor no se pierda.

Una cazuela que sabe a Teruel, a campo y a cocina de siempre.


INGREDIENTES

8-10 tordos (zorzales), limpios

350 g de arroz

1 cebolla grande

1 pimiento verde

2 tomates maduros, rallados

3 dientes de ajo

1 vaso de vino blanco

Caldo de carne o de ave, el triple del volumen de arroz si lo queremos caldoso, o el doble si lo queremos seco

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Hebras de azafrán

1 hoja de laurel







ELABORACIÓN

Salpimentamos los tordos limpios.

Ponemos un buen chorro de aceite de oliva en una cazuela o sartén honda y doramos los tordos a fuego medio-alto por todos sus lados. Los retiramos y reservamos.

En el mismo aceite ponemos los ajos laminados, la cebolla picada y el pimiento verde cortado en trozos pequeños. Sofreímos hasta que las verduras estén tiernas.

Añadimos el tomate rallado y dejamos sofreír hasta que haya perdido toda su agua.

Volvemos a incorporar los tordos a la cazuela. Añadimos la hoja de laurel y regamos con el vino blanco.

Dejamos que el alcohol se evapore y cocinamos a fuego lento durante unos 15 minutos, para que los tordos vayan tomando sabor y se ablanden.

Añadimos el arroz y lo rehogamos durante un par de minutos junto con el sofrito y los tordos.

Calentamos el caldo y lo infusionamos previamente con unas hebras de azafrán. Lo incorporamos bien caliente a la cazuela.

Cocinamos a fuego medio durante 18-20 minutos, hasta que el arroz esté en su punto.

Retiramos del fuego y dejamos reposar 5 minutos antes de servir.


FREÍMOS

Ponemos abundante aceite en una cazuela o sartén y lo calentamos.

Tradicionalmente, los almejones se preparaban al calor de la chimenea, pero podemos hacerlos perfectamente en casa.

Freímos los almejones durante un par de minutos, dándoles la vuelta si es necesario, hasta que el huevo esté bien dorado.

Los retiramos y dejamos escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Dejamos enfriar antes de servir.







CONSEJO DE MAPI

Si queremos que este arroz tenga todo el sabor de la cazuela, no tengamos prisa con el sofrito. Un buen sofrito necesita su tiempo: cuando la cebolla, el pimiento y el tomate están bien hechos, el arroz lo agradece muchísimo.

Y si utilizamos caldo casero, mejor todavía. El arroz absorberá todos esos sabores y tendremos un plato mucho más sabroso.

Eso sí, una vez añadido el arroz, el reloj manda. Hay que vigilar la cocción para que quede en su punto y no se pase.

Porque un buen arroz de cazuela tiene que llegar a la mesa jugoso, sabroso y con el grano entero.

lunes, 31 de agosto de 2026

AZAFRAN DE TERUEL EL ORO ROJO DE ARAGON

 




AZAFRÁN DE TERUEL
El oro rojo de Aragón


Hay productos que parecen pequeños, pero esconden una historia enorme.

El azafrán es uno de ellos.

Tres finos hilos rojos nacidos de una delicada flor de otoño son capaces de dar color, aroma y personalidad a un plato entero. Pero antes de llegar a nuestra cocina han pasado por campos, madrugadas, manos pacientes y muchas horas de trabajo.

En las tierras de Teruel, especialmente en el valle del Jiloca, el azafrán forma parte de una tradición agrícola y familiar que durante generaciones marcó el ritmo de los otoños.

Por eso se le conoce como el oro rojo.

No solamente por su valor, sino por todo el esfuerzo que encierra cada una de sus pequeñas hebras.


UNA HISTORIA QUE VIENE DE LEJOS

El Crocus sativus, la planta de la que procede el azafrán, se cultiva desde hace siglos y su presencia en la península ibérica se remonta a la época medieval, tradicionalmente vinculada a la llegada de la cultura árabe.

En Aragón, el cultivo fue adquiriendo importancia con el paso del tiempo y encontró en determinadas zonas de Teruel unas condiciones especialmente favorables.

El valle del Jiloca se convirtió en uno de sus principales territorios históricos. Localidades como Monreal del Campo, Calamocha y Blancas quedaron estrechamente relacionadas con este cultivo.

El azafrán llegó a formar parte de la economía doméstica y de la vida de las familias. Cuando llegaba el otoño, hombres, mujeres y niños participaban en una tarea que exigía rapidez, precisión y muchísima paciencia.

Era un cultivo pequeño en apariencia, pero de gran importancia para muchas familias humildes.


LA COSECHA: CUANDO LLEGA EL OTOÑO


La floración del azafrán se concentra en unas pocas semanas, principalmente entre octubre y noviembre.

La jornada comenzaba al amanecer.

Las flores, conocidas popularmente como la rosa del azafrán, se recogían cuidadosamente cuando todavía estaban cerradas o apenas comenzaban a abrirse. Así se protegían los delicados estigmas de la acción del sol y del viento.

Una a una.

Flor a flor.

Las rosas se depositaban con cuidado en cestas y se llevaban a casa para comenzar cuanto antes el siguiente trabajo.

Porque aquella pequeña flor no podía esperar.

EL ESBRIZNE: TRES HILOS POR CADA FLOR

Después de la recolección llegaba el esbrizne, también llamado desbriznado o monda.

Las familias se reunían alrededor de una mesa y comenzaban a abrir las flores una por una.

De cada flor se extraen sus tres estigmas rojos, las preciadas briznas de azafrán.

Había que hacerlo con mucho cuidado, cortando los hilos en el punto adecuado y procurando no llevarse las partes blancas o amarillentas del estilo, que podían disminuir la calidad del producto.

Era un trabajo minucioso y repetitivo.

Pero también era un momento de encuentro.

Durante aquellas tardes y noches, las familias compartían conversación y trabajo alrededor de la misma mesa. El esbrizne formaba parte de la vida de la casa tanto como cualquier otra tarea cotidiana.

Y las cifras ayudan a comprender la magnitud de aquel esfuerzo.

Para conseguir un kilogramo de azafrán seco pueden ser necesarias aproximadamente entre 150.000 y 200.000 flores, dependiendo de las condiciones de cada campaña.

Dicho de otra manera: cada kilo de azafrán representa cientos de miles de pequeñas operaciones hechas a mano.

Por eso cada hebra tiene detrás tanto valor.




EL TUESTE: EL ARTE DEL FUEGO


Una vez separados los estigmas llega otro momento decisivo: el secado o tueste.

Las briznas recién extraídas contienen mucha humedad y necesitan secarse cuidadosamente para poder conservarse.

Tradicionalmente se colocaban sobre cedazos y se secaban aprovechando el calor de las brasas.

El secreto estaba en encontrar el punto exacto.

Si faltaba calor, las briznas podían conservar demasiada humedad y estropearse.

Si el calor era excesivo, podían quemarse y perder aroma y calidad.

No había máquinas que decidieran cuándo estaba listo.

Había experiencia.

Había que conocer el fuego, observar las briznas y saber cuándo retirar el azafrán.

Durante el secado pierde gran parte de su peso, pero concentra sus cualidades: su intenso color rojo, su aroma característico y su capacidad para teñir de dorado los platos




CONSERVAR UN PEQUEÑO TESORO

Una vez tostado, el azafrán debe mantenerse protegido de la humedad, de la luz y del aire.

Antiguamente se conservaba en recipientes como cajas de madera o vasijas de barro, siempre en lugares secos y oscuros.

Además, el azafrán necesita reposo.

Con el paso de los meses termina de desarrollar y asentar sus características, y es entonces cuando está preparado para ofrecer todo su aroma y sabor.

Otra vez aparece la palabra que acompaña toda su historia:

paciencia.

Desde la floración hasta la conservación, el azafrán nunca ha sido un producto para hacer deprisa.


UNA EPOCA DE ESPLENDOR Y UNA GRAN CRISIS


Durante generaciones, el azafrán fue una fuente importante de ingresos para numerosas familias de la zona del Jiloca.

Pero durante las últimas décadas del siglo XX el cultivo sufrió un fuerte retroceso.

Los cambios económicos, la evolución del comercio y la competencia hicieron que muchas familias abandonaran una actividad que había formado parte de su vida durante generaciones.

La superficie cultivada disminuyó de manera drástica.

En Monreal del Campo, por ejemplo, se pasó de cientos de campos dedicados al cultivo a quedar reducida la actividad a una mínima expresión.

Parecía que aquella tradición podía desaparecer.

Pero el azafrán turolense consiguió sobrevivir.

A comienzos del siglo XXI comenzaron a surgir iniciativas destinadas a recuperar el cultivo, poner en valor su calidad y conservar los métodos tradicionales.

La recuperación también abrió nuevas posibilidades para la producción y para la comercialización del azafrán turolense fuera de nuestras fronteras.

El oro rojo volvía a tener futuro.


EL MUSEO DEL AZAFRÁN DE MONREAL DEL CAMPO


Para conservar toda esa memoria existe en Monreal del Campo el Museo del Azafrán, inaugurado en 1983.

Ubicado en una antigua casa, este espacio etnográfico permite conocer cómo era la vida alrededor del cultivo del azafrán.

En sus salas se conservan herramientas agrícolas utilizadas para preparar la tierra y cultivar los bulbos, utensilios relacionados con la recolección y objetos empleados durante el esbrizne y el secado.

También podemos acercarnos a la antigua comercialización del producto y a la vida cotidiana de las familias que participaban en la campaña.

Pero quizá lo más valioso que conserva el museo no sean solamente sus objetos.

Es la memoria de una forma de vivir.

De aquellas casas en las que, durante unas semanas al año, las mesas se llenaban de flores y las manos trabajaban durante horas separando cuidadosamente las diminutas hebras rojas.

Una tradición que merece ser recordada.


EL AZAFRÁN EN LA COCINA ARAGONESA


Y después de recorrer campos y casas, el azafrán termina donde mejor sabemos apreciarlo:

en la cocina.

Su utilización no necesita grandes cantidades. Unas pocas briznas son suficientes para aportar un aroma profundo, ligeramente floral y terroso, además de ese característico color amarillo dorado.

En la cocina tradicional aragonesa acompaña arroces, guisos, platos de caza, patatas, gachas y diferentes preparaciones de cuchara.

También tiene su lugar en la repostería.


Arroz con conejo y azafrán

Un plato de campo y de cocina familiar en el que el azafrán aporta profundidad al conjunto y viste el arroz de un precioso color dorado.


Gachas

En las tradicionales gachas de harina, unas briznas de azafrán pueden enriquecer el sofrito y aportar aroma y color a este plato humilde y reconfortante.


Patatas guisadas

En determinados guisos de patatas con costilla, cerdo o cordero, el azafrán puede incorporarse machacado en el mortero junto con ajo y otros ingredientes, integrándose después en el caldo.


Potajes de vigilia

También acompaña guisos tradicionales de bacalao, garbanzos y verduras, especialmente presentes en las cocinas de Cuaresma y Semana Santa.


Repostería

El azafrán también puede aparecer en panes, tortas y bizcochos, donde aporta su característico color y un aroma muy particular.

Y combinado con ingredientes dulces como la miel puede convertirse en un compañero sorprendente.






CÓMO APROVECHAR BIEN EL AZAFRÁN

El azafrán es una especia muy concentrada, por lo que no hace falta utilizar una gran cantidad.

Para aprovechar mejor sus cualidades, las briznas pueden tostarse ligeramente, con mucho cuidado de no quemarlas, y después incorporarse a la elaboración o infusionarse previamente en un poco de líquido caliente.

Lo importante es darle tiempo para que libere todo su aroma.

Porque el azafrán, como tantas cosas buenas de nuestra cocina tradicional, no tiene ninguna prisa.


EL ORO ROJO DE TERUEL

Hoy podemos abrir un pequeño recipiente y encontrar dentro unas cuantas hebras rojas.

Parece poca cosa.

Pero detrás de ellas están los campos del Jiloca, las madrugadas de otoño, las flores recogidas a mano, las mesas familiares, las largas horas de esbrizne y el delicado trabajo del fuego.

Está la memoria de muchas generaciones.

Y está también la voluntad de quienes han conseguido que una tradición que estuvo a punto de desaparecer continúe viva.

Por eso el azafrán de Teruel es mucho más que una especia.

Es tierra, trabajo, memoria y cultura.

Un pequeño lujo nacido de una flor humilde.

El verdadero oro rojo de Aragón.






sábado, 22 de agosto de 2026

REGAÑAO DE TERUEL

 






El regañao de Teruel


Hay recetas que parecen sencillas, pero cuando las pruebas entiendes por qué llevan generaciones formando parte de la cocina de un pueblo. El regañao es una de esas elaboraciones humildes y sabrosas de Teruel: una masa de pan cubierta con aceite de oliva, buen jamón de Teruel y pimiento rojo asado.
Una receta de esas que nacen de tener buenos productos y saber sacarles todo su sabor sin complicaciones. La masa, dorada y crujiente por fuera y tierna por dentro, se convierte en el soporte perfecto para el jamón y el pimiento.
El regañao también admite una antigua variante marinera, en la que el jamón se sustituye por sardinas saladas o arenques. Pero el que hoy traemos a nuestra mesa es el que representa ese sabor tan turolense: pan, jamón, pimiento y aceite de oliva.





Ingredientes

500 g de harina de fuerza

310 ml de agua tibia

10 g de levadura fresca

10 g de sal

Aceite de oliva virgen extra

300 g de Jamón de Teruel, en lonchas finas

2 pimientos rojos asados o del piquillo

Opcional, en la variante tradicional: 2 sardinas saladas o arenques grandes.






Elaboración

Disolvemos la levadura fresca en el agua tibia.

Ponemos la harina y la sal en un bol y añadimos el agua con la levadura. Amasamos con las manos hasta conseguir una masa suave, elástica y homogénea.

Formamos una bola, tapamos con un paño limpio y dejamos reposar durante aproximadamente una hora y media, en un lugar cálido, hasta que duplique su tamaño.

Dividimos la masa en porciones y las estiramos sobre una bandeja de horno, cubierta con papel de hornear o ligeramente engrasada, dándoles una forma ovalada o rectangular.

Regamos la superficie con un buen chorro de aceite de oliva y colocamos encima las lonchas de Jamón de Teruel y las tiras de pimiento rojo.

Si queremos preparar la antigua variante de sardinas, sustituimos el jamón por las sardinas saladas o los arenques.

Introducimos en el horno, previamente precalentado a 180 ºC, y horneamos durante unos 20-25 minutos, hasta que la masa esté dorada y crujiente.

Sacamos del horno, dejamos templar ligeramente y, si nos gusta, terminamos con un pequeño hilo de aceite de oliva virgen extra en crudo.







Consejo de Mapi

No tengas prisa con la masa. El reposo es lo que hará que nuestro regañao quede ligero y con una buena miga. Y, sobre todo, utiliza un buen aceite de oliva y un jamón de calidad: en una receta tan sencilla, la calidad de cada ingrediente se nota muchísimo.

Y si lo vas a comer recién hecho, déjalo templar unos minutos antes de cortarlo. Así disfrutarás mejor de ese contraste entre la masa crujiente, el jamón y el pimiento


viernes, 21 de agosto de 2026

BACALAO A LA ANTIGUA






BACALAO A LA  ANTIGUA

Una receta de las de antes, de esas que con unos buenos ingredientes y un poco de paciencia llenaban la mesa de toda la familia. Bacalao, patatas, cebolla, pimientos asados y huevo duro se juntan en una Fuente .Un guiso de cuchara tradicional, lleno de matices y con el sabor inconfundible de nuestras abuelas




Ingredientes

500 g de bacalao
2 cebollas
2 pimientos rojos
1 kg de patatas
4 huevos
Harina para rebozar
Aceite de oliva
Sal







Elaboracion


Pon el bacalao en remojo 24 horas antes, cambiándole el agua cuatro veces durante ese tiempo para dessalarlo correctamente.

​Pela y corta las patatas y las cebollas en rodajas. Asa los pimientos, pélalos y córtalos en tiras. Por otro lado, cuece los huevos, pélalos y córtalos en cuartos.

​Escurre muy bien el bacalao y sécalo con papel de cocina. Pasa los trozos por harina y fríelos en una sartén con el aceite bien caliente. Cuando estén dorados, retíralos y resérvalos.

​En una fuente de horno, coloca una capa de patatas y, sobre ellas, otra de cebolla. Rocía todo con parte del aceite que has utilizado para freír el bacalao y añade un poco de sal.

Introduce la fuente en el horno, previamente precalentado a 180 ºC.

​Cuando las patatas estén casi hechas, coloca encima los trozos de bacalao y vuelve a introducir la fuente en el horno hasta que las patatas terminen de hacerse del todo.

​Retira del horno y termina el plato adornándolo con las tiras de pimiento asado y los cuartos de huevo duro por encima.




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Truco de mapi

Para preparar esta receta con más tranquilidad, puedes asar los pimientos y cocer los huevos el día anterior. Una vez fríos, los pimientos se pelan y se cortan fácilmente, y los huevos también se pelan mucho mejor cuando están bien fríos. Así, el día que prepares el bacalao tendrás parte del trabajo adelantado.

viernes, 14 de agosto de 2026

MIGAS CON BACALAO

 

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Las migas son uno de esos platos que hablan de nuestra cocina de aprovechamiento, de los días de campo y de las casas donde no se tiraba nada. En Teruel encontramos esta versión acompañada de bacalao, que convierte unas sencillas migas de pan en un plato completo y lleno de sabor. Una receta humilde, pero de las que dejan claro que la cocina tradicional no necesita grandes lujos para ser extraordinaria.


MIGAS CON BACALAO


Ingredientes

1 kg de pan de pueblo del día anterior
300 g de bacalao desalado
200 g de longaniza
4 dientes de ajo
Aceite de oliva
Sal









Elaboración

Colocamos el pan previamente desmenuzado sobre un paño de cocina limpio y humedecido. Echamos sobre el pan unas gotas de agua con sal, salpicándolo con las manos mojadas.
Envolvemos el pan con el paño y dejamos reposar unas tres horas.
Calentamos el aceite en una paellera honda y doramos los ajos sin pelar. Los retiramos y reservamos.
Añadimos la longaniza cortada en rodajas, le damos un par de vueltas y agregamos las migas de pan.
Freímos durante aproximadamente media hora, sin dejar de remover, y rectificamos de sal.
En una sartén aparte, salteamos el bacalao con un poco de aceite, cuidando que no se reseque.
Retiramos el bacalao de la sartén.
Servimos las migas bien calientes, acompañadas del bacalao.







Consejo de Mapi

La paciencia es fundamental para unas buenas migas. Hay que removerlas y trabajarlas bien, sin intentar hacerlas deprisa. Y el bacalao debe quedar jugoso, porque si se reseca perderá toda la gracia del plato. Lo importante es que las migas queden sueltas, bien hechas y con ese sabor de pan de pueblo que es lo que realmente manda.






miércoles, 12 de agosto de 2026

PATATAS AJADAS DEL BAJO ARAGON


 



Patatas ajadas del Bajo Aragón


Esta receta es de las que me gustan a mí: sencilla, humilde y con cuatro cosas que juntas hacen una barbaridad.
Son patatas, sí. Pero espera… porque cuando entran en juego el aceite del Bajo Aragón, el azafrán, el comino, las yemas y esas huevas de bacalao, la cosa cambia.
No hace falta disfrazarlas ni ponerles nombres raros. Son unas patatas de toda la vida, de las que se hacen despacio y con cariño, y cuando llegan a la mesa dices:

«¿Pero cómo puede estar tan bueno esto?»


INGREDIENTES


1,5 kg de patatas
4 dientes de ajo
2 litros de agua
100 ml de aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón
5 yemas de huevo
Unas hebras de azafrán
½ cucharadita de comino molido
1 cucharadita de huevas de bacalao
Sal




ELABORACIÓN

Lavamos bien dos patatas, porque las vamos a utilizar con piel, y las cortamos en rodajas finas.

Ponemos aceite de oliva del Bajo Aragón en una sartén y freímos las patatas hasta que estén doradas. Las retiramos y las reservamos.

Pelamos y troceamos el resto de las patatas.

En una cazuela ponemos el mismo aceite y añadimos las patatas junto con tres dientes de ajo pelados y ligeramente aplastados. Las salteamos hasta que la patata empiece a ablandarse.

Cubrimos con los dos litros de agua y dejamos cocer hasta que las patatas estén tiernas.

Mientras tanto, preparamos el majado. En un mortero ponemos el diente de ajo que nos queda, el comino y las hebras de azafrán. Majamos bien hasta obtener una pasta.

Batimos ligeramente las cinco yemas y las incorporamos al majado.

Cuando las patatas estén tiernas, añadimos el majado con las yemas a la cazuela y dejamos cocer unos minutos, removiendo con cuidado. Hay que retirarlas antes de que las yemas lleguen a cuajarse completamente, para que el caldo quede ligado y cremoso.


PARA SERVIR

Ponemos las patatas en un plato hondo o en una tortera.
Añadimos una cucharadita de huevas de bacalao, regamos con un poquito de aceite de oliva del Bajo Aragón y acompañamos con las patatas que habíamos frito con piel.servimos bien calientes.






 
Consejo de Mapi


Las yemas son lo último que añadimos y no debemos dejar que hiervan demasiado, porque queremos que liguen el caldo y le den esa textura cremosa, no que se conviertan en huevo cuajado.



jueves, 6 de agosto de 2026

ANGUILA CON ALUBIAS AL ESTILO ARAGONES

 




La cocina aragonesa siempre ha sabido aprovechar los productos que ofrecían los ríos y la tierra. Esta anguila con alubias al estilo aragonés es un buen ejemplo de esa cocina tradicional, donde ingredientes humildes se transforman en un guiso lleno de sabor gracias a la paciencia y a un buen majado preparado en el mortero.

Antiguamente, este tipo de platos eran habituales en muchas casas cuando la anguila llegaba fresca desde el río. Cocinada lentamente junto a las alubias blancas, el azafrán, los piñones y las avellanas, se conseguía un guiso reconfortante que reunía a toda la familia alrededor de la mesa.

Hoy recuperamos esta receta para que no caiga en el olvido y siga ocupando el lugar que merece dentro del recetario tradicional aragonés.



Anguila con alubias al estilo aragonés


Ingredientes

1 kg de anguila

250 g de alubias blancas secas

4 dientes de ajo

1 rebanada de pan

½ limón

Unas hebras de azafrán

1 clavo de olor

1 cucharada de piñones

8 avellanas

Un chorrito de vinagre

Aceite de oliva virgen extra

Sal







Elaboración


Pon las alubias en remojo la noche anterior.

Tres horas antes de cocinar, coloca la anguila en un recipiente con agua y un chorrito de vinagre. Pasado ese tiempo, escúrrela, sécala bien y frótala con el medio limón.

Cuece las alubias en una cazuela con agua fría a fuego medio hasta que estén tiernas. Escúrrelas, reservando el caldo de cocción.

Fríe la rebanada de pan y resérvala.

En una cazuela de barro con un poco de aceite de oliva, dora los dientes de ajo pelados. Añade la anguila troceada y rehógala hasta que tome un bonito color dorado.

Incorpora el clavo de olor, la sal y las hebras de azafrán. Vierte dos tazones del caldo de cocción de las alubias, bien caliente.

Mientras tanto, prepara un majado en el mortero con el pan frito, las avellanas y los piñones. Añádelo a la cazuela y remueve suavemente para que la salsa ligue.

Por último, incorpora las alubias escurridas y cocina todo junto unos minutos para que los sabores se integren.

Sirve bien caliente acompañado de un buen pan.





Consejo de Mapi

Si utilizas una cazuela de barro y cocinas el guiso a fuego lento, la salsa quedará más ligada y la anguila conservará toda su jugosidad.


CARDOS EN SALSA DE TOCINO


 




Cardos en salsa de tocino


Los cardos han sido durante generaciones uno de los productos más apreciados de las huertas turolenses. Con ellos se preparaban platos sencillos, económicos y llenos de sabor, donde unos pocos ingredientes bastaban para llevar a la mesa un guiso reconfortante. El tocino entreverado, dorado lentamente y ligado con el propio caldo de cocción de los cardos, aporta a esta receta todo el carácter de la cocina tradicional de Teruel.

Hoy recuperamos este plato para que siga ocupando el lugar que merece en nuestros hogares, recordándonos que las recetas más humildes son, muchas veces, las que mejor saben.



Ingredientes


1 kg de cardos

100 g de tocino entreverado

1 cucharada de harina

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta




Elaboración


Lava bien los cardos, retírales las hebras más duras y córtalos en trozos de tamaño similar. Reserva.

Corta el tocino entreverado en dados pequeños y resérvalo.

Pon una olla con abundante agua ligeramente salada al fuego. Cuando rompa a hervir, incorpora los cardos y cuécelos a fuego medio durante unos 20 minutos. Comprueba el punto de cocción pinchándolos con la punta de un cuchillo; si aún ofrecen resistencia, prolonga la cocción unos 10 minutos más, o hasta que estén tiernos. Escúrrelos y reserva parte del caldo de cocción.

Calienta un poco de aceite de oliva en una cazuela de barro y dora los dados de tocino. Retíralos y resérvalos.

En el mismo aceite añade la harina y remuévela durante un minuto para que pierda el sabor a crudo. Incorpora poco a poco un poco del caldo de cocción de los cardos, removiendo continuamente hasta obtener una salsa suave. Salpimienta al gusto y deja cocinar a fuego lento durante unos 15 minutos.

Añade el tocino reservado y los cardos cocidos. Mueve la cazuela con suaves vaivenes para que la salsa los envuelva sin romperlos y deja cocer todo junto unos 10 minutos más.

Sirve bien caliente.

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Consejo de Mapi

Si utilizas cardos recién cortados de la huerta, apenas necesitarán tiempo de cocción. En cambio, si son más maduros o llevan varios días recolectados, pueden necesitar algunos minutos más. Lo importante es comprobar siempre que estén tiernos antes de incorporarlos a la salsa.

GAZPACHO DE PASTOR


 


Gazpacho de Pastor 


En las frías sierras de Teruel, la cocina de los pastores siempre ha sabido cómo calentar el cuerpo y el alma. El gazpacho de pastor —muy alejado de la versión fría andaluza— es un guiso de monte recio y reconfortante, elaborado con caza menor, patatas y unas tortas de pan sin levadura muy secas llamadas sollapas. Un plato de cuchara indispensable para entender la tradición más pura de nuestra tierra.


Ingredientes:



  • Para el guiso principal:
    • ​1 pieza de caza menor (liebre o conejo).
    • ​Panceta o tocineta.
    • ​Manteca de cerdo o aceite de oliva.
    • ​Patatas.
    • ​Agua y sal.
    • ​Tomillo o romero fresco

  • Para las Sollapas (Pan ácimo):
    • ​500 g de harina de trigo.
    • ​250-300 ml de agua templada.
    • ​Una pizca de sal.







Elaboración Tradicional


  1. Preparar las Sollapas:
    • ​Pon la harina en un bol, añade la sal y el agua templada poco a poco. Mezcla bien hasta crear una masa firme y homogénea.
    • ​Divide la masa en pequeñas porciones. Estira cada trozo con un rodillo sobre una superficie enharinada hasta que queden tortas muy finas.
    • ​Calienta una sartén o plancha sin aceite a fuego vivo y cuece las tortas unos segundos por cada lado hasta que se doren ligeramente y queden completamente secas y quebradizas (estas son las sollapas)








Elaboración gazpacho





  1. Cocer la caza: Cuece la liebre o el conejo en una olla con abundante agua durante un par de horas junto con una ramita de tomillo o romero, hasta obtener un caldo con mucho sabor. Saca la carne, desmígrala y resérvala.
  2. Freír la base: En una sartén amplia o caldero, fríe la panceta y la patata troceada utilizando manteca de cerdo o un buen chorro de aceite de oliva.
  3. Unir con el caldo: Añade el caldo de la carne a la sartén junto con los trozos de la carne desmigada.
  4. Añadir el pan: Rompe las sollapas secas en trozos medianos e incorpóralos al guiso para que se cuezan y absorban todo el sabor del caldo.
  5. Cocinar a fuego lento: Deja que hierva el conjunto a fuego lento hasta que el pan esté tierno y el caldo quede bien trabado. Se sirve bien caliente para combatir el frío de la sierra.






Consejo de MAPI

Sirve este guiso con un platito de olivas aliñadas caseras y con  taquitos de un buen queso