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jueves, 3 de septiembre de 2026

GARBANZOS A LA BILBILITANA

 




GARBANZOS A LA BILBILITANA


Calatayud, Zaragoza


Hay platos que cuentan una historia mucho antes de llegar a la mesa, y estos garbanzos son uno de ellos.

Desde Calatayud, en la provincia de Zaragoza, nos llega este humilde y delicioso guiso de garbanzos con congrio seco, un plato profundamente ligado a la tradición bilbilitana.

Puede parecer curioso encontrar un pescado de mar en una tierra del interior de Aragón, pero detrás de este plato hay una historia de intercambios y caminos que unieron Calatayud con las costas gallegas. El congrio seco podía conservarse durante largos viajes y así llegar hasta tierras aragonesas, donde terminó formando parte de la cocina tradicional bilbilitana.

Garbanzos, congrio seco, pan frito, ajo, frutos secos y huevo duro se unen en una cazuela para convertirse en un guiso de cuchara sencillo, contundente y lleno de sabor.

Un plato de los de antes, de esos que con ingredientes humildes conseguían llenar la mesa y reconfortar el cuerpo.

Porque la cocina tradicional también es esto: guardar en una cazuela la memoria de un pueblo.


INGREDIENTES

400 g de garbanzos secos

100-300 g de congrio seco, previamente remojado

1 hoja de laurel

Verduras para cocer: cebolla, puerro o zanahoria

4 rebanadas de pan

Dientes de ajo

Piñones o almendras

1 huevo duro

Aceite de oliva virgen extra

Sal







ELABORACIÓN


Ponemos los garbanzos y el congrio seco a remojo la noche anterior, durante unas 8-12 horas.

Al día siguiente, ponemos los garbanzos en una cazuela con agua caliente junto con el congrio troceado, la hoja de laurel y las verduras que hayamos elegido.

Dejamos cocer a fuego suave durante 60-90 minutos, aproximadamente, o hasta que los garbanzos estén tiernos.

Mientras tanto, ponemos un poco de aceite de oliva en una sartén y freímos las rebanadas de pan y los ajos.

Preparamos una majada triturando o machacando en el mortero el pan frito, los ajos, los piñones o las almendras y una parte del huevo duro.

Cuando al guiso le queden unos 15 minutos de cocción, incorporamos la majada y dejamos que se integre con el caldo.

Añadimos también el resto del huevo duro, picado, y rectificamos de sal.

Cuando los garbanzos estén tiernos, retiramos del fuego y dejamos reposar el guiso al menos media hora, para que el caldo se asiente y todos los sabores terminen de integrarse.

Servimos bien caliente.








CONSEJO DE MAPI

El congrio seco tiene un sabor intenso, así que la cantidad puede adaptarse al gusto. Lo importante es dejar que vaya soltando su sabor poco a poco durante la cocción.

Y, sobre todo, no tengáis prisa después de apagar el fuego. Estos guisos necesitan reposo. Media horita hace que la majada termine de ligar el caldo y que los sabores se asienten.

Como casi todos los buenos platos de cuchara de nuestras cocinas tradicionales, reposado está todavía más rico.

ARROZ CON TORDOS

 




ARROZ CON TORDOS

Calaceite, Teruel

Hay recetas que nacen de lo que ofrece la tierra y de lo que durante generaciones se podía llevar a la cazuela. Este arroz con tordos es una de ellas.

En Calaceite, en la provincia de Teruel, este plato forma parte de la cocina tradicional del Matarraña y se conoce también como cassolada. El arroz se cocinaba junto a los productos que había a mano, entre ellos los tordos, pequeñas aves de caza que durante muchos años formaron parte de la cocina de estas tierras.

La cassolada podía llevar tordos acompañados de costilla de cerdo, o prepararse con verduras de la huerta y caracoles. Era una cocina sencilla, de cazuela, hecha con productos cercanos y pensada para alimentar a la familia.

El arroz con tordos llegó incluso a convertirse en uno de los platos conocidos de la Fonda Alcalá de Calaceite, una casa de comidas fundada en 1922 que durante generaciones conservó en su cocina platos ligados a la tradición de la localidad.

Y es que hay platos que no necesitan grandes lujos para ser memorables. Una cazuela, un buen sofrito, arroz y el sabor de la caza bastaban para poner en la mesa todo aquello que daba la tierra.

Hoy recuperamos esta receta para que aquel sabor no se pierda.

Una cazuela que sabe a Teruel, a campo y a cocina de siempre.


INGREDIENTES

8-10 tordos (zorzales), limpios

350 g de arroz

1 cebolla grande

1 pimiento verde

2 tomates maduros, rallados

3 dientes de ajo

1 vaso de vino blanco

Caldo de carne o de ave, el triple del volumen de arroz si lo queremos caldoso, o el doble si lo queremos seco

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Hebras de azafrán

1 hoja de laurel







ELABORACIÓN

Salpimentamos los tordos limpios.

Ponemos un buen chorro de aceite de oliva en una cazuela o sartén honda y doramos los tordos a fuego medio-alto por todos sus lados. Los retiramos y reservamos.

En el mismo aceite ponemos los ajos laminados, la cebolla picada y el pimiento verde cortado en trozos pequeños. Sofreímos hasta que las verduras estén tiernas.

Añadimos el tomate rallado y dejamos sofreír hasta que haya perdido toda su agua.

Volvemos a incorporar los tordos a la cazuela. Añadimos la hoja de laurel y regamos con el vino blanco.

Dejamos que el alcohol se evapore y cocinamos a fuego lento durante unos 15 minutos, para que los tordos vayan tomando sabor y se ablanden.

Añadimos el arroz y lo rehogamos durante un par de minutos junto con el sofrito y los tordos.

Calentamos el caldo y lo infusionamos previamente con unas hebras de azafrán. Lo incorporamos bien caliente a la cazuela.

Cocinamos a fuego medio durante 18-20 minutos, hasta que el arroz esté en su punto.

Retiramos del fuego y dejamos reposar 5 minutos antes de servir.


FREÍMOS

Ponemos abundante aceite en una cazuela o sartén y lo calentamos.

Tradicionalmente, los almejones se preparaban al calor de la chimenea, pero podemos hacerlos perfectamente en casa.

Freímos los almejones durante un par de minutos, dándoles la vuelta si es necesario, hasta que el huevo esté bien dorado.

Los retiramos y dejamos escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Dejamos enfriar antes de servir.







CONSEJO DE MAPI

Si queremos que este arroz tenga todo el sabor de la cazuela, no tengamos prisa con el sofrito. Un buen sofrito necesita su tiempo: cuando la cebolla, el pimiento y el tomate están bien hechos, el arroz lo agradece muchísimo.

Y si utilizamos caldo casero, mejor todavía. El arroz absorberá todos esos sabores y tendremos un plato mucho más sabroso.

Eso sí, una vez añadido el arroz, el reloj manda. Hay que vigilar la cocción para que quede en su punto y no se pase.

Porque un buen arroz de cazuela tiene que llegar a la mesa jugoso, sabroso y con el grano entero.

ALMEJONES DE BINACED

 



ALMEJONES DE BINACED



Binaced, Huesca

Hay recetas que llegan hasta nosotros a través de un libro, de una cocina o de una vieja libreta. Y después están las que llegan de una manera mucho más bonita: de boca en boca.

Los Almejones de Binaced son una de esas recetas que forman parte de la memoria de un pueblo. Binaced está muy cerca de mi pueblo valcarca  y esta receta llegó hasta mí hace muchos años, cuando mi madre y yo íbamos a la peluquería y una señora la explicó allí.

Yo era pequeña, pero aquellas recetas que se escuchaban entre conversaciones, como quien cuenta algo cotidiano, terminaban quedándose en la memoria.

Y esta se quedó.

Los Almejones de Binaced son un dulce sencillo, hecho con galletas y una crema de natillas espesa, que se deja reposar para que las galletas se ablanden y absorban todo el sabor de la crema.

Una receta humilde, casera y de las que pasan de unas manos a otras sin necesidad de libros.

Porque muchas veces la mejor cocina tradicional no está escrita en ninguna parte: vive en la memoria de las mujeres que la han cocinado y contado durante generaciones.

Esta receta es mi pequeña manera de que aquella señora, aquella peluquería y aquellos recuerdos junto a mi madre sigan teniendo un lugar en mi cocina.

ALMEJONES DE BINACED

Binaced, Huesca

Hay recetas que llegan hasta nosotros a través de un libro, de una libreta antigua o de una cocina familiar. Y después están las que llegan de una manera mucho más bonita: de boca en boca.

Los Almejones de Binaced son una de esas recetas que forman parte de la memoria de un pueblo. Binaced está muy cerca de mi tierra, y esta receta llegó hasta mí hace muchos años, cuando mi madre y yo íbamos a la peluquería y una señora la explicó allí.

Yo era pequeña, pero aquellas recetas que se escuchaban entre conversaciones, como quien cuenta algo cotidiano, terminaban quedándose en la memoria.

Y esta se quedó.

Es un dulce sencillo y delicioso, elaborado con galletas María y una crema de natillas bien espesa. Las galletas se unen formando pequeños sándwiches rellenos, se pasan ligeramente por leche, después por huevo batido y finalmente se fríen hasta quedar dorados.

Tradicionalmente se preparaban al calor de la chimenea, junto al fuego de leña, como tantos dulces de nuestra cocina de antes.

Una receta humilde, casera y de las que pasan de unas manos a otras sin necesidad de libros.

Porque muchas veces la mejor cocina tradicional no está escrita en ninguna parte: vive en la memoria de quienes la han cocinado y compartido.

Esta receta es mi pequeña manera de que aquella señora, aquella peluquería y aquellos recuerdos junto a mi madre sigan teniendo un lugar en mi cocina.


INGREDIENTES

Para las natillas con preparado

2 sobres y medio de preparado para natillas

6 cucharadas de azúcar

Leche, la cantidad indicada por el fabricante

Galletas María,

preferiblemente gruesas

Para las natillas caseras

1 litro de leche, preferiblemente entera

6 yemas de huevo

150 g de azúcar

40 g de maicena

Piel de medio limón, sin la parte blanca

1 rama de canela

Para montar y freír los almejones

Leche, para mojar ligeramente las galletas

Huevos batidos

Aceite de oliva, para freír


ELABORACIÓN

PREPARAMOS LAS NATILLAS

Podemos preparar las natillas de las dos maneras.

Con preparado: disolvemos el preparado de natillas en la leche junto con el azúcar, siguiendo las instrucciones del fabricante, pero utilizando un poco menos de líquido para conseguir unas natillas muy espesas.

Las cocinamos hasta que espesen bien y dejamos enfriar completamente antes de montar los almejones.

Para hacerlas caseras: apartamos un vaso de leche fría y reservamos.

Ponemos el resto de la leche en un cazo junto con la piel de limón y la rama de canela. Cuando empiece a hervir, retiramos del fuego, tapamos y dejamos reposar durante 10 minutos.

En el vaso de leche fría disolvemos completamente la maicena, procurando que no queden grumos.

En un bol grande batimos las yemas con el azúcar hasta que queden blanquecinas. Añadimos la leche con la maicena y mezclamos bien.

Retiramos la piel de limón y la canela de la leche caliente.

Vertemos la leche poco a poco sobre la mezcla de las yemas, removiendo continuamente para evitar que el huevo se cuaje.

Devolvemos toda la mezcla al cazo y cocinamos a fuego lento, sin dejar de remover con unas varillas.

Es muy importante que no llegue a hervir, ya que podría cortarse.

Cuando las natillas hayan espesado, retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.


MONTAMOS LOS ALMEJONES

Tomamos una galleta María y colocamos en el centro una cucharada generosa de natillas frías.

Cubrimos con otra galleta y presionamos ligeramente para formar un pequeño sándwich.

Pasamos rápidamente cada sándwich por un plato con un poco de leche, lo justo para que la galleta se ablande ligeramente sin llegar a romperse.

A continuación, los pasamos por huevo batido, procurando que queden bien cubiertos.


FREÍMOS

Ponemos abundante aceite en una cazuela o sartén y lo calentamos.

Tradicionalmente, los almejones se preparaban al calor de la chimenea, pero podemos hacerlos perfectamente en casa.

Freímos los almejones durante un par de minutos, dándoles la vuelta si es necesario, hasta que el huevo esté bien dorado.

Los retiramos y dejamos escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Dejamos enfriar antes de servir.


CONSEJO DE MAPI

Para esta receta, las natillas tienen que quedar bien espesas. Si quedan demasiado líquidas, las galletas absorberán demasiada humedad y perderán su textura.

Y si tenemos tiempo, dejemos reposar los almejones unas horas en la nevera. Es entonces cuando las galletas se ablandan, la crema se asienta y todos los sabores se unen.

Yo, si puedo elegir, hago las natillas caseras. Pero cuando queremos preparar este dulce de una manera sencilla y rápida, el preparado de natillas también nos da un resultado estupendo.

Y hay algo que para mí es lo más importante de esta receta: no perder la historia que lleva detrás.

Porque estos almejones no solo saben a natillas y galleta. A mí me saben a mi madre, a mi tierra y a aquella peluquería donde una señora compartió una receta que, sin saberlo, muchos años después terminaría formando parte de mi Alacena. que llegan hasta nosotros a través de un libro, de una cocina o de una vieja libreta. Y después están las que llegan de una manera mucho más bonita: de boca en boca.

Los Almejones de Binaced son una de esas recetas que forman parte de la memoria de un pueblo. Binaced está muy cerca de mi tierra, y esta receta llegó hasta mí hace muchos años, cuando mi madre y yo íbamos a la peluquería y una señora la explicó allí.

Yo era pequeña, pero aquellas recetas que se escuchaban entre conversaciones, como quien cuenta algo cotidiano, terminaban quedándose en la memoria.

Y esta se quedó.

Los Almejones de Binaced son un dulce sencillo, hecho con galletas y una crema de natillas espesa, que se deja reposar para que las galletas se ablanden y absorban todo el sabor de la crema.

Una receta humilde, casera y de las que pasan de unas manos a otras sin necesidad de libros.

Porque muchas veces la mejor cocina tradicional no está escrita en ninguna parte: vive en la memoria de las mujeres que la han cocinado y contado durante generaciones.

Esta receta es mi pequeña manera de que aquella señora, aquella peluquería y aquellos recuerdos junto a mi madre sigan teniendo un lugar en mi cocina.


POLLO DE FIESTA CON MANZANAS PASAS Y CIRUELAS

 




POLLO DE FIESTA CON MANZANA, PASAS Y CIRUELAS


Un plato para poner en el centro de la mesa

Hay platos que no necesitan demasiadas complicaciones para convertirse en un plato de fiesta. Este pollo es uno de ellos.

La combinación de la manzana con las pasas, las ciruelas y el vino dulce consigue una salsa llena de sabor, mientras la manteca ayuda a que el pollo quede dorado y sabroso.

Es un plato de los que me gustan para una mesa de celebración: sencillo de preparar, pero con ese aspecto de comida especial que invita a sentarse alrededor de la mesa y disfrutar sin prisas.


Ingredientes

4 traseros de pollo

4 manzanas

2 cebollas

2 cucharadas de manteca de cerdo

2 cucharadas de aceite de oliva virgen

100 g de pasas de Corinto

100 g de ciruelas pasas

1 copa pequeña de vino dulce

1 copa pequeña de vino blanco

200 ml de caldo de pollo

Pimienta negra molida

Sal

Para el caldo de pollo casero

Carcasas de pollo

1 zanahoria en rodajas

1 puerro en rodajas

Unos granos de pimienta

Unas ramas de perejil

1 litro de agua

Sal





Elaboración

Hidratamos las frutas

Ponemos las pasas y las ciruelas en un bol y añadimos la copa de vino dulce mezclada con la misma cantidad de agua caliente. Dejamos que se hidraten para que después permanezcan jugosas durante el horneado.


Preparamos el caldo

En una cazuela tostamos ligeramente las carcasas de pollo. Añadimos el agua, la zanahoria y el puerro troceados, los granos de pimienta y el perejil. Sazonamos y dejamos cocinar a fuego medio durante unos 30 minutos.

Pasado este tiempo, colamos el caldo y lo reservamos.

Preparamos la fuente

Precalentamos el horno a temperatura media.

En el fondo de una fuente amplia para horno ponemos el aceite de oliva y repartimos las cebollas cortadas en juliana y las manzanas troceadas.


Preparamos el pollo

Salpimentamos los traseros de pollo y los untamos bien con la manteca de cerdo. Los colocamos sobre la cama de cebolla y manzana.


Añadimos los líquidos y las frutas

Rociamos el pollo con el vino blanco y añadimos las pasas y las ciruelas junto con el líquido en el que las hemos dejado hidratar.


Horneamos

Horneamos a temperatura media durante unos 45 minutos, aproximadamente.

Podemos comenzar dándole unos minutos con la función grill para que la piel quede bien dorada y crujiente. Después continuamos con calor arriba y abajo, vigilando el asado y añadiendo poco a poco el caldo de pollo según lo vaya necesitando, para evitar que quede seco


Servimos

Servimos bien caliente, directamente en la fuente, dejando que llegue a la mesa con todo su aspecto de plato de fiesta.





Consejo de Mapi

El caldo se va añadiendo poco a poco durante el horneado. Así podemos controlar la cantidad de salsa y conseguir que el pollo quede jugoso sin que el asado termine aguado.

RON ESPECIADO DE NARANJA CANELA Y CLAVO

 





Ron especiado de naranja, canela y clavo

Hay aromas que tienen la capacidad de transformar una bebida sencilla en algo completamente especial. Este ron especiado es una de esas preparaciones que se hacen sin prisas, dejando que el tiempo haga su trabajo.

El ron blanco se aromatiza lentamente con canela, clavo y piel de naranja, consiguiendo una bebida cálida, perfumada y con un agradable fondo cítrico.

Una elaboración sencilla, de las que merece la pena guardar en la alacena y sacar cuando queremos disfrutar de un pequeño capricho hecho en casa.


Ingredientes

700 ml de ron blanco

2 ramas de canela

2 clavos de olor

La corteza de 1 naranja, utilizando solamente la parte naranja y evitando la parte blanca, que resulta amarga


Elaboración

Lavamos muy bien la naranja y secamos su piel. Retiramos la corteza procurando llevarnos únicamente la parte naranja, sin la parte blanca.

Introducimos en un frasco de cristal limpio y con tapa la canela, los clavos de olor y la corteza de naranja.

Añadimos el ron blanco y cerramos bien el frasco.

Guardamos en un lugar oscuro y fresco, como una alacena o un armario, y dejamos macerar entre 5 y 10 días. Una vez al día agitamos suavemente el frasco para favorecer que los aromas se integren.

A partir del quinto día podemos probar una pequeña cantidad para comprobar la intensidad del sabor. Si queremos un aroma más marcado, dejamos macerar unos días más.

Cuando haya alcanzado el sabor deseado, filtramos el ron con un colador fino o un filtro de papel para retirar completamente las especias y la corteza de naranja.

Pasamos el ron ya filtrado a una botella limpia y cerramos bien.





Consejo de Mapi

Es importante retirar solamente la parte coloreada de la piel de naranja. La parte blanca puede aportar un amargor que no buscamos.

El tiempo de maceración dependerá de la intensidad que queramos conseguir: conviene probarlo a partir del quinto día y decidir entonces si necesita unos días más.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

BIZCOCHO DE NOVIA

 





BIZCOCHO DE NOVIA


Un dulce para un día muy especial

El Bizcocho de Novia es un dulce tradicional canario que antiguamente era habitual ofrecer a la novia el día de su boda.

Es una receta sencilla en cuanto a sus ingredientes, pero con una cantidad de huevos realmente generosa. No era casualidad: en una celebración tan importante se quería hacer algo especial, y los huevos eran parte de esa abundancia.

Podemos imaginar que antiguamente serían huevos de corral, de esos que aportaban a los bizcochos un sabor y un color extraordinarios. Por eso, detrás de esta receta tan sencilla, podemos imaginar un bizcocho lleno de sabor y preparado para celebrar uno de los días más importantes de una familia.


Ingredientes

350 g de harina

350 g de azúcar

15 huevos XL (65-73 g cada uno)

Azúcar glas para espolvorear


Elaboracion

Separamos las yemas de las claras de los 15 huevos y colocamos cada una en un recipiente diferente.

Ponemos las yemas en un recipiente grande, añadimos los 350 g de azúcar y batimos hasta que la mezcla haya triplicado su volumen y tenga un color blanquecino.

En otro recipiente batimos las claras hasta montarlas a punto de nieve, procurando que queden bien aireadas.

Vamos incorporando poco a poco las yemas batidas a las claras, mezclando con movimientos suaves y envolventes para conservar todo el aire de la preparación.

Tamizamos la harina y la vamos incorporando en forma de lluvia, poco a poco, mientras mezclamos suavemente con una espátula hasta que quede completamente integrada y sin grumos.

Untamos con mantequilla un molde grande, procurando que la masa no ocupe más de la mitad de su capacidad, ya que el bizcocho crecerá durante el horneado.

Precalentamos el horno a 180 ºC.

Vertemos la masa en el molde y la distribuimos de manera uniforme.

Horneamos durante unos 40-50 minutos, aproximadamente. El tiempo dependerá de cada horno. Para comprobar que está hecho, pinchamos el centro con un palillo o un cuchillo fino; si sale limpio y seco, estará listo.

Sacamos el bizcocho del horno y dejamos que se enfríe completamente dentro del molde, colocado sobre una rejilla.

Una vez frío, lo desmoldamos y espolvoreamos generosamente con azúcar glas.







Consejo de Mapi

En los bizcochos tan grandes, el horno manda. El tiempo es orientativo; lo importante es comprobar que el centro está bien cocido antes de sacarlo.


LICOR DULCE DE VODKA Y ESPECIAS

 






Licor dulce de vodka y especias


Un licor casero de sabor intenso y aromático, donde el cardamomo aporta su perfume y el jengibre ese punto cálido y ligeramente picante. Una de esas preparaciones que se hacen con paciencia, dejando que el alcohol vaya tomando poco a poco todos los aromas de las especias.


Ingredientes

750 ml de vodka

12-15 vainas de cardamomo verde

8-9 cm de jengibre fresco

Para el almíbar:

150 ml de agua

150 g de azúcar


Elaboración

Lavamos bien el jengibre y lo cortamos en rodajas finas, para aumentar la superficie de contacto con el vodka.

Machacamos ligeramente las vainas de cardamomo, solamente para romper la cáscara exterior y permitir que liberen su aroma, sin triturar las semillas.

Introducimos el jengibre y el cardamomo en la botella de vodka, siempre que quepan, o en un frasco de vidrio grande con cierre hermético.

Cerramos y dejamos macerar en un lugar oscuro y fresco durante 5 a 7 días, agitando suavemente una vez al día.

A partir del quinto día podemos probarlo. Cuando haya alcanzado el punto de sabor y picor que nos guste, damos por terminada la maceración.

Colamos el vodka con un colador fino o un filtro de café, retirando todos los restos de jengibre y cardamomo. Pasamos de nuevo el líquido limpio a la botella.

Para preparar el almíbar, ponemos el agua y el azúcar en un cazo a fuego medio. Removemos hasta que el azúcar se disuelva y la mezcla hierva y quede transparente. Retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.

Añadimos el almíbar poco a poco al vodka infusionado, probándolo hasta conseguir el grado de dulzor que más nos guste.

Y ya tenemos nuestro licor dulce de vodka y especias.





Consejo de Mapi 

el almíbar es mejor incorporarlo poco a poco, porque así podemos ajustar el dulzor a nuestro gusto sin pasarnos.


BIZCOCHOS DE SOLETILLA

 





Bizcochos de soletilla

Hay dulces que no necesitan adornos para ser especiales. Los bizcochos de soletilla son uno de ellos.

Ligeros, tiernos y delicadamente dulces, forman parte de esa repostería sencilla que ha pasado de generación en generación. Con apenas unos pocos ingredientes conseguimos unos bizcochos suaves y esponjosos, perfectos para acompañar un café, para preparar otros postres o simplemente para disfrutarlos tal cual.

Su secreto está en algo tan sencillo como importante: montar bien los huevos y trabajar la mezcla con delicadeza, conservando todo el aire que hemos incorporado.

Una receta humilde, de las de siempre, que demuestra una vez más que en repostería muchas veces lo más sencillo es también lo más delicioso.


Ingredientes

3 huevos

100 g de azúcar

75 g de harina

Azúcar glas


Elaboración

Separamos las claras de las yemas.

Montamos las claras a punto de nieve y vamos incorporando poco a poco la mitad del azúcar, hasta conseguir un merengue firme y bien montado.

En otro recipiente batimos las yemas con el resto del azúcar hasta que blanqueen, espesen y queden bien espumosas.

Incorporamos las claras montadas a la mezcla de las yemas en varias veces, realizando movimientos envolventes y suaves para evitar que la preparación pierda el aire que hemos conseguido.

Tamizamos la harina y la añadimos poco a poco. La integramos con movimientos envolventes, sin batir, hasta obtener una masa homogénea y aireada.

Pasamos la preparación a una manga pastelera y formamos los bizcochos sobre dos bandejas de horno cubiertas con papel sulfurizado.

Espolvoreamos generosamente con azúcar glas, procurando cubrir especialmente la parte central de cada bizcocho.

Introducimos las bandejas en el horno, previamente precalentado a 180 °C, y horneamos durante unos 10 minutos, hasta que los bizcochos estén ligeramente dorados.

Sacamos del horno y dejamos enfriar antes de retirarlos del papel.





Consejo de Mapi

La delicadeza es la clave de estos bizcochos. Una vez montadas las claras, debemos trabajar la mezcla con movimientos envolventes y sin prisas. Así conservaremos el aire y conseguiremos unos soletilla ligeros, tiernos y esponjosos.

El horno también debe estar bien precalentado antes de introducirlos, porque necesitan recibir el calor desde el primer momento.


MERMELADA DE PERAS AL VINO





Mermelada de peras al vino tinto


Hay recetas que llegan a nuestras manos y, sin saber por qué, nos llevan directamente a un recuerdo.

Esta mermelada de peras al vino tinto fue una de esas recetas para mí. Al encontrarla, supe enseguida que tenía algo familiar, algo de aquellas elaboraciones sencillas y especiales que se hacían antiguamente en casa, cuando con fruta, azúcar, un poco de vino y paciencia se conseguían verdaderas maravillas.


La pera, delicada y dulce, se cocina lentamente con el vino tinto, la manzana y una rama de canela. El resultado es una mermelada elegante, aromática y con un precioso color oscuro, donde la dulzura de la fruta se encuentra con las notas profundas del vino y el perfume cálido de la canela.


Y quizá por eso me gusta tanto: porque detrás de una receta tan sencilla hay algo que nunca debería perderse en la cocina, el sabor de lo hecho despacio y con cariño.


Ingredientes

1 kg de peras, limpias, peladas y sin corazón
120 ml de vino tinto
1 manzana entera, con piel y sin rabito
600 g de azúcar
1 rama de canela


Elaboración


Pelamos las peras, retiramos el corazón y las troceamos.


Las ponemos en una cazuela junto con el vino tinto, el azúcar, la manzana entera y la rama de canela.


Tapamos la cazuela dejando una pequeña abertura para que pueda salir el vapor y cocinamos a fuego medio. Poco a poco, las peras irán soltando su jugo.


Cuando hayan soltado suficiente líquido, retiramos la tapa y subimos el fuego hasta que la preparación comience a hervir.
En ese momento bajamos a fuego medio-alto y dejamos cocinar, removiendo con frecuencia, hasta que la fruta se vaya deshaciendo y la mezcla vaya espesando.
A medida que la mermelada espese tendremos que remover cada vez con más frecuencia para evitar que se pegue al fondo de la cazuela.


Transcurridos aproximadamente 45 minutos a 1 hora, comprobaremos el punto. El tiempo puede variar, por lo que nos guiaremos principalmente por la textura y el espesor que haya alcanzado la mermelada.


Retiramos del fuego y sacamos la manzana y la rama de canela.
Pasamos la preparación por un pasapurés para conseguir una textura fina y agradable. No utilizaremos batidora, ya que de esta manera conservaremos la textura característica de una buena mermelada casera.
Una vez preparada, llenamos los tarros de cristal previamente esterilizados, cerramos bien y los sometemos al baño María para asegurar su conservación.


Consejo de Mapi


En una mermelada, el tiempo es siempre orientativo. Lo importante es observar la fruta y saber reconocer su punto. Cuando empiece a espesar, debemos permanecer atentos y remover con frecuencia para evitar que se agarre.
Una cocción lenta y paciente será siempre nuestra mejor aliada para conseguir una mermelada llena de sabor.












CONSEJO DE MAPI


Es una de esas conservas que no necesitan mucho para lucirse. Una rebanada de buen pan, una tostada para el desayuno o el acompañamiento de una tabla de quesos son suficientes para disfrutarla.


martes, 1 de septiembre de 2026

PATATAS CORTIJERAS

 





PATATAS A LA CORTIJERA


Hay recetas que huelen a cocina de pueblo, a sartén al fuego y a comida hecha sin complicaciones. Estas patatas a la cortijera son de esas que me recuerdan a la cocina cordobesa de siempre, donde con unas buenas patatas, un poco de chorizo, cebolla, pimiento y un huevo frito se consigue un plato humilde, pero lleno de sabor.

De esos que no necesitan adornos ni grandes historias para sentarse en la mesa y hacer felices a todos. Porque en la cocina de siempre, con poco se puede hacer mucho.



INGREDIENTES

1 kilo de patatas

3 huevos

150 g de chorizo

1 cebolla de 275 g

1 pimiento verde tipo italiano de 110 g

Aceite de oliva

Sal






ELABORACIÓN

Comenzamos pelando las patatas y, una vez peladas, las lavamos muy bien. Las cortamos en rodajas no demasiado gruesas y reservamos.

Troceamos el pimiento y el chorizo, y cortamos la cebolla en juliana.

Ponemos una sartén al fuego y, cuando esté caliente, añadimos las patatas, el pimiento y la cebolla. Cocinamos hasta que las patatas estén doradas y las verduras bien hechas.

Sacamos todo de la sartén y retiramos el aceite. A continuación, añadimos el chorizo troceado y lo cocinamos durante unos 2 minutos a fuego moderado.

Incorporamos de nuevo las patatas con el pimiento y la cebolla y cocinamos durante 2 o 3 minutos más, removiendo para que todos los ingredientes se mezclen bien.

Retiramos del fuego y repartimos las patatas en los platos donde vayamos a servirlas.

Freímos los huevos y colocamos uno sobre cada ración.

Servimos bien calientes.








CONSEJO DE MAPl

Lo bonito de este plato está precisamente en su sencillez: unas buenas patatas, un buen chorizo y el huevo recién frito por encima. No hace falta complicarlo; solo cocinar cada cosa en su punto y dejar que se junten todos esos sabores en el plato.



CONEJO EN ADOBO AL ESTILO CANARIO

 





CONEJO EN ADOBO AL ESTILO CANARIO


Hay recetas que saben a tierra, a cocina de siempre y a esos calderos que se ponían al fuego sin prisas, dejando que los aromas fueran llenando la casa. El conejo en adobo es una de esas preparaciones que forman parte de la cocina tradicional canaria, donde un buen majado de ajos, orégano, pimentón, vinagre y aceite consigue transformar un conejo sencillo en un plato lleno de sabor.

El secreto está en dejar que el adobo penetre bien en la carne. Si podemos prepararlo el día anterior, mucho mejor, porque el reposo hará que el conejo quede todavía más sabroso.


INGREDIENTES

1 conejo limpio y troceado

4 dientes de ajo

Sal gruesa

1 cucharada de orégano fresco o seco

1 cucharada de pimentón dulce o picante de la Vera

1/4 de vaso de vinagre

1 vaso de aceite de oliva virgen extra

1 guindilla

1 vaso de vino blanco

2 hojas de laurel

Un buen chorro de aceite de oliva virgen extra para freír el conejo

Papas para acompañar





ELABORACIÓN

Comenzamos preparando el adobo. Ponemos en un mortero los dientes de ajo, a los que previamente habremos retirado el germen, junto con un poco de sal gruesa. Majamos bien hasta conseguir una pasta.

Añadimos el orégano y seguimos majando. Incorporamos el pimentón, el vinagre y el aceite de oliva virgen extra. Removemos bien hasta integrar todos los ingredientes.

Embarramos con este adobo todos los trozos de conejo, procurando que queden bien impregnados. Dejamos reposar al menos una hora, aunque si podemos prepararlo de un día para otro, el resultado será mucho más sabroso.

Pasado el tiempo de reposo, ponemos un caldero plano y ancho al fuego y añadimos aceite de oliva, suficiente para cubrir el fondo pero sin exceso.

Cuando el aceite esté caliente, vamos dorando el conejo por tandas, por ambos lados, hasta que tome un bonito color dorado. Lo vamos retirando a un plato.

El conejo salpica bastante durante la fritura, así que conviene utilizar un utensilio largo para darle la vuelta a las piezas y hacerlo con cuidado.

Una vez tengamos todo el conejo frito, lo volvemos a poner en el caldero a fuego alto. Añadimos el adobo que nos haya quedado y llevamos a ebullición.

Incorporamos el vino blanco y dejamos hervir unos minutos para que se evapore el alcohol.

Añadimos la guindilla y las hojas de laurel. Bajamos el fuego al mínimo, tapamos el caldero y dejamos cocinar hasta que el conejo esté bien tierno.

Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Servimos el conejo bien caliente acompañado de unas papas sancochadas o unas papas arrugadas, según nuestras preferencias.






 


CONSEJO DE MAPI

El reposo es importante. Aunque con una hora de adobo ya podemos preparar el conejo, si lo dejamos de un día para otro los sabores penetrarán mucho mejor en la carne. Y al freírlo, paciencia y cuidado con las salpicaduras: el conejo debe quedar bien doradito antes de volver al caldero con su adobo.

lunes, 31 de agosto de 2026

FRITADA DE CONEJO Y CARACOLES

 







FRITADA DE CONEJO Y CARACOLES


Hay platos que saben a territorio.

Esta fritada de conejo y caracoles es uno de esos guisos de la cocina oscense que reúnen en una misma cazuela productos sencillos y sabores de siempre: conejo, caracoles, jamón, chorizo, patata y un buen sofrito de tomate y pimiento.

Es una receta de las que se cocinan despacio, de las que llenan la cocina de aromas y, sobre todo, de las que piden pan para aprovechar hasta la última gota de salsa.


INGREDIENTES


Para 4 personas

1 conejo troceado

300 g de caracoles limpios

50 g de jamón serrano en tacos

50 g de chorizo en rodajas o dados

2 patatas medianas

2 cebollas

2 pimientos verdes

500 g de tomate triturado

1 vaso de vino blanco

1 hoja de laurel

Una pizca de azúcar

Sal

Pimienta negra

Aceite de oliva






PREPARACIÓN


1. LIMPIAR Y COCER LOS CARACOLES

Lavamos los caracoles varias veces en agua fría, con abundante sal y un chorrito de vinagre, removiéndolos bien para ayudar a eliminar la baba.

Los enjuagamos tantas veces como sea necesario, hasta que el agua salga limpia.

Los ponemos después en una olla con agua fría, procurando que queden cubiertos.

Encendemos el fuego al mínimo.

A medida que el agua se vaya calentando lentamente, los caracoles irán sacando el cuerpo de la concha.

Cuando estén todos fuera, subimos el fuego al máximo para detener el proceso.

Retiramos con una espumadera las impurezas que vayan apareciendo y añadimos sal y laurel.

Cocemos a fuego medio durante unos 30 minutos.

Escurrimos y reservamos.


2. DORAR EL CONEJO Y LOS EMBUTIDOS

Salpimentamos el conejo.

Ponemos aceite de oliva en una cazuela amplia y doramos los trozos de conejo por todos los lados hasta que estén bien marcados.

Cuando falten unos dos minutos para retirarlo, añadimos el jamón serrano y el chorizo.

Dejamos que se sofrían ligeramente y que aporten su grasa y su aroma al aceite.

Retiramos todo de la cazuela y reservamos.


3. FREÍR LAS PATATAS

Pelamos las patatas y las chascamos, introduciendo el cuchillo y terminando de romper el trozo en lugar de cortarlo completamente.

Las freímos en el mismo aceite hasta que estén doradas por fuera, pero todavía sin terminar de hacerse por dentro.

Retiramos y reservamos.


4. PREPARAR EL SOFRITO

En la misma cazuela ponemos la cebolla y los pimientos verdes, todo bien picado, junto con el laurel.

Sofreímos a fuego medio hasta que las verduras estén tiernas.

Añadimos el tomate triturado, una pizca de azúcar y sal.

Cocinamos durante unos 10 minutos, dejando que el tomate pierda parte de su agua y el sofrito tome cuerpo.

Incorporamos el vino blanco y dejamos que reduzca para que se evapore el alcohol.


5. TERMINAR LA FRITADA

Volvemos a incorporar a la cazuela el conejo, el jamón y el chorizo.

Añadimos también las patatas.

Cubrimos con un poco de agua o, mejor aún, con parte del caldo de cocer los caracoles.

Tapamos y dejamos cocinar a fuego lento durante unos 25 minutos, hasta que el conejo esté tierno y las patatas terminen de hacerse.


6. AÑADIR LOS CARACOLES

Por último incorporamos los caracoles cocidos.

Dejamos que todo el conjunto hierva suavemente durante 5-10 minutos, para que los caracoles se impregnen de la salsa y todos los sabores terminen de unirse.

Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.






CONSEJO DE MAPI

En esta receta merece la pena aprovechar el caldo de cocer los caracoles para terminar el guiso.

Aporta sabor y hace que la salsa quede todavía más ligada y sabrosa.

Y las patatas, mejor chascadas que cortadas limpiamente: ese pequeño gesto ayuda a que suelten su almidón y contribuyan a espesar la salsa.


A LA MESA

Servimos la fritada bien caliente, con el conejo tierno, los caracoles impregnados de la salsa y las patatas recogiendo todos los sabores del guiso.

Y, como manda la tradición de los buenos platos de cazuela:

pan al lado y a mojar.

Porque una salsa así no se puede dejar en el plato.



CIVET DE JABALI

 




CIVET DE JABALÍ


El civet de jabalí es uno de esos guisos que piden tiempo, una buena cazuela y un fuego tranquilo.

En mi casa lo preparo con la carne macerada en vino tinto y verduras, y después lo dejo cocinar lentamente hasta conseguir una carne tierna y una salsa oscura, aromática y bien ligada.

Pero hay algo que para mí no puede faltar: las patatas, las setas y las castañas.

Cuando llega el otoño, estos tres ingredientes convierten el guiso en un plato completo, de esos que llenan la cocina de aromas y que saben todavía mejor al día siguiente.


INGREDIENTES

Para el civet

1 kg de carne de jabalí limpia de grasa y cortada en dados grandes
750 ml de buen vino tinto
1 cebolla grande
1 puerro
2 zanahorias
4 dientes de ajo
2 hojas de laurel
Tomillo
Romero
1 cucharada de harina
1 copa de brandy o vino rancio
Aceite de oliva virgen extra
Sal
Pimienta negra en grano
Para completar el guiso
Patatas
Castañas peladas
Setas de temporada
Para la picada
1 rebanada de pan frito
Un puñado de almendras o avellanas
1 onza de chocolate negro






PREPARACIÓN


1. MACERAR LA CARNE

Entre 12 y 24 horas antes de preparar el civet, ponemos la carne de jabalí en un recipiente hondo.

Añadimos la cebolla, el puerro y las zanahorias troceados, los dientes de ajo, el laurel, el tomillo, el romero y unos granos de pimienta negra.

Cubrimos todo con el vino tinto, tapamos el recipiente y dejamos macerar en el frigorífico durante al menos 12 horas.


2. SECAR Y DORAR LA CARNE

Sacamos la carne de la marinada y la escurrimos muy bien.

Reservamos las verduras y el vino por separado.

Secamos los dados de jabalí y los pasamos ligeramente por harina.

Ponemos aceite de oliva en una cazuela amplia y doramos la carne a fuego fuerte, por tandas si fuera necesario, hasta que quede bien sellada y tome un bonito color.

Retiramos la carne y la reservamos.


3. POCHAR LAS VERDURAS

En la misma cazuela ponemos las verduras de la marinada junto con los ajos.

Las dejamos cocinar a fuego medio hasta que estén tiernas y bien pochadas.

Añadimos el brandy o el vino rancio y dejamos que se evapore el alcohol.


4. GUISAR EL JABALÍ

Volvemos a incorporar la carne a la cazuela.

Añadimos el vino de la marinada, previamente colado si queremos una salsa más fina, y un poco de agua o caldo si fuera necesario para que la carne quede prácticamente cubierta.

Salamos, tapamos y dejamos cocinar a fuego muy lento durante unas 2 o 3 horas, hasta que la carne esté tierna.

El tiempo dependerá de la carne y del tamaño de los trozos.


5. AÑADIR LAS CASTAÑAS

Cuando falten aproximadamente 45 minutos para terminar la cocción, incorporamos las castañas peladas.

Si son frescas, podemos escaldarlas previamente unos minutos para facilitar el pelado. Si utilizamos castañas envasadas al natural, podemos incorporarlas directamente.


6. AÑADIR LAS PATATAS

Unos 30 minutos antes de terminar, pelamos las patatas y las chascamos.

Las incorporamos a la cazuela.

Al chascarlas, la patata libera parte de su almidón y ayuda a que la salsa quede más trabada.


7. AÑADIR LAS SETAS

Limpiamos las setas de temporada y las troceamos si son grandes.

Las salteamos previamente en una sartén con un poco de aceite y un diente de ajo, dejando que pierdan parte de su agua y tomen algo de color.

Las incorporamos al guiso cuando falten aproximadamente 15 minutos para terminar la cocción.


8. PREPARAR LA PICADA

En un mortero machacamos el pan frito, las almendras o avellanas y el chocolate negro.

Cuando falten unos 10 minutos para terminar, incorporamos la picada a la cazuela.

Removemos suavemente para que se integre en la salsa y dejamos que termine de cocinarse.

El chocolate debe aportar profundidad y redondear el sabor, sin llegar a dominar el guiso.


9. DEJAR REPOSAR

Apagamos el fuego y dejamos reposar el civet.

Si podemos prepararlo de un día para otro, mejor todavía.

Al reposar, la carne absorbe los sabores del guiso y la salsa gana cuerpo y profundidad.

Al día siguiente lo calentamos lentamente, a fuego suave.






CONSEJO DE MAPI

Los guisos de caza necesitan paciencia.

No tengamos prisa durante la cocción y, sobre todo, no tengamos miedo de preparar el civet el día anterior.

Después de una noche de reposo está todavía más sabroso.

Y cuando lo llevemos a la mesa, que no falte un buen pan para disfrutar de esa salsa.


PARA SERVIR

Servimos el civet bien caliente, acompañado de las patatas, las setas y las castañas, y cubierto con su salsa.

Un plato de otoño, de fuego lento y de cocina de casa.

De esos que empiezan a cocinarse mucho antes de sentarse a la mesa y que, cuando llegan al plato, hacen que todo el trabajo haya merecido la pena.