ARAGON A FUEGO LENTO EN LA ALACENA DE MAPI
"Ser aragonesa es llevar el paisaje en la sangre, y por eso solo podía empezar este viaje por mi tierra. Acompáñame a recorrer los rincones más profundos de Aragón, desde la inmensidad de nuestras cumbres hasta la calidez de mis recuerdos más queridos. Es un recorrido entre paisajes que quitan el aliento y momentos que guardo en mi alma. ¿Te vienes conmigo?"
HUESCA
"Dos valles, un mismo corazón. La inmensidad de Ordesa y la calma de Benasque son los paisajes que definen mi identidad aragonesa."
Soy de Valcarca, una pequeña aldea de Binaced, en el corazón del Cinca Medio. Allí, donde la vida se vive con las manos en la tierra, gracias al esfuerzo diario de nuestra agricultura y ganadería, es donde aprendí el valor de las cosas hechas con calma. Valcarca es mi hogar, la tierra de mis raíces, y la llevo siempre conmigo como un sello de orgullo.
Fue precisamente en ese entorno, rodeada de la sencillez y honestidad de nuestra gente, donde descubrí mi pasión por la cocina. Recuerdo que me subían a una silla, con un pequeño delantal cosido por manos de mi abuela; ella me daba una cuchara de madera y me ponía ante aquel plato de cerámica con el borde azul —ese que podéis ver aquí—. Me llenaba el cuenco con trocitos de vegetales y un poco de agua, y en aquel rincón, entre el vapor y el cariño de mi abuela, yo no era una niña: yo era la cocinera más grande del mundo."
"La cocina donde todo empezó. El fogón de leña, el fregadero de piedra y mis primeros pasos como cocinera. Gracias, abuela, por aquel mini delantal y por enseñarme que en esa silla de enea cabían mis sueños más grandes."Huesca
El susurro de las cumbres y el sabor de la montaña
Cierra los ojos y aspira. Ese aire puro, casi cortante, es el que te recibe en Huesca. Te invito a que camines conmigo por mis lugares favoritos. Siente cómo te envuelve la inmensidad de Ordesa
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al llegar a Benasque, el alma se te calma entre sus cumbres nevadas. Ese es mi refugio, el lugar al que siempre me escapo para respirar
donde la mesa se convierte en un ritual: una tabla de madera cargada con patés de caza, embutidos de ciervo, jabalí y corzo, y esa cecina que sabe a tradición pura.
"La esencia de la tierra en una tabla: sabores intensos de jabalí, corzo, ciervo y una delicada cecina, pura tradición aragonesa."termina en la alta montaña. Si bajamos hacia la sierra, el paisaje cambia y la historia nos sale al encuentro. Imagina la silueta imponente del Castillo de Loarre recortándose contra el cielo, una fortaleza románica que vigila el horizonte como un guardián eterno
"El Castillo de Loarre, testigo de siglos de historia, custodiando desde su atalaya la vida del pueblo a sus pies."Después, te invito a perderte por las calles empedradas de Aínsa y Alquézar, dos villas medievales que parecen detenidas en el tiempo. Al recorrer sus rincones y asomarte a sus miradores, entenderás por qué estas piedras guardan tantos secretos.
"Piedra, historia y encanto: el casco antiguo de Aínsa y la villa medieval de Alquézar, dos joyas que definen el alma de nuestra provincia."Y cuando el día termina y el frío empieza a apretar, nada como un guiso de carne de caza intenso y profundo, o el calor de unas migas a la pastora. Para cerrar este viaje por los sabores oscenses, deja que el paladar se rinda ante dos joyas: la delicadeza de nuestras castañas de mazapán, un bocado artesano y paciente
- "Un bocado dulce y artesano: las tradicionales castañas de mazapán de Huesca, con su característico y brillante baño de caramelo."
, y la icónica Trenza de Almudévar, ese hojaldre tierno, crujiente y caramelizado que es, literalmente, un trozo de cielo.
Sientes ese aroma? Respira hondo... porque Huesca es solo el principio.
ZARAGOZA
ZARAGOZA
Hay lugares que, por muchas veces que los visites, consiguen emocionarte igual que la primera vez.
A mí me pasa cada vez que cruzo el Puente de Piedra.
El cierzo me da en la cara y, poco a poco, empiezan a aparecer ante mis ojos las torres de la Basílica del Pilar. En ese instante se me eriza la piel, se me hace un nudo en la garganta y los ojos se me llenan de lágrimas. Es una emoción que nunca cambia.
Soy aragonesa. Nací en la provincia de Huesca, pero Zaragoza es la ciudad de todos los aragoneses. Y cada vez que regreso siento exactamente la misma ilusión que cuando era una niña.
Siempre me detengo unos segundos para contemplar el Pilar reflejado sobre el Ebro. Después entro a saludar a la Pilarica. Para mí no hay viaje a Zaragoza sin ese momento.
Hoy no quiero enseñarte Zaragoza como una guía turística.
Quiero enseñártela como la vivo yo.
Si te apetece, ven conmigo. Vamos a recorrer sus calles, descubrir esos rincones donde siempre me detengo, entrar en sus comercios de toda la vida y saborear una ciudad que, por muchas veces que vuelva a ella, siempre consigue emocionarme.
Porque Zaragoza no es solo una ciudad.
Es el corazón de Aragón
La pilarica
Siempre entro a saludar a la Pilarica. Es una costumbre que nunca cambio. En cuanto cruzo la puerta, el ruido de la plaza desaparece y siento una paz difícil de explicar. Me llamo María del Pilar, aunque todos me conocen como Mapi, y quizá por eso el cariño que le tengo es aún más especial. Siempre le dedico unos minutos antes de continuar mi paseo por Zaragoza.
Salgo de la Basílica y vuelvo a pisar la Plaza del Pilar. Hay algo que hago siempre. Me paro un momento, cierro los ojos... y, por unos instantes, vuelvo a ser aquella niña que venía de la mano de sus abuelos.
Me veo correteando de un lado para otro con un puñadito de alpiste en la mano mientras las palomas levantan el vuelo a mi alrededor. Qué feliz era. Todavía puedo escuchar mis risas mezcladas con el aleteo de las palomas.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, la plaza sigue llena de vida. Han pasado muchos años, pero cada vez que regreso siento que aquella niña nunca se marchó del todo. Sigue aquí, correteando entre las palomas, esperándome cada vez que vuelvo a Zaragoza.
Después de volver a ser niña por unos instantes, abro los ojos y sonrío. Zaragoza aún tiene mucho que enseñarnos. Ven conmigo, porque nuestro paseo no ha hecho más que empezar.
Seguimos caminando por las calles de Zaragoza y, casi sin darnos cuenta, el tiempo da un salto de más de dos mil años. De pronto aparece ante nosotros el Teatro Romano. Cada vez que lo contemplo me cuesta imaginar que, donde hoy paseamos los zaragozanos, hace siglos ya se reunían miles de personas para disfrutar de los espectáculos. Me gusta detenerme unos minutos, mirar sus gradas de piedra y pensar en toda la historia que guardan. Zaragoza tiene esa magia: a cada paso siempre encuentra la manera de sorprenderme.
Apenas recorremos unas calles más cuando el aire empieza a cambiar. Antes incluso de llegar, ya huele a dulce. Y, de repente, aparece ese escaparate que parece llamarte a gritos. Da igual que te digas: "Hoy no entro." Al final siempre pasa lo mismo... abres la puerta y entras. Es imposible resistirse a Fantoba.
Y entonces llega lo más difícil.
Una vez dentro ya no sabes qué llevarte. Hay tantas cosas ricas que cuesta decidirse. Miro un mostrador, luego otro, y siempre me digo que hoy compraré solo una cosa. Pero nunca lo consigo.
Al final casi siempre salgo con unos merengues, un buen trozo de guirlache y unas Frutas de Aragón. Son de esos sabores que me acompañan desde hace muchos años y que nunca pueden faltar cuando vuelvo a Zaragoza
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Mis dulces preferidos de Fantoba
Salgo de Fantoba con mi bolsa en la mano... pero hay una cosa que nunca consigo. Soy incapaz de esperar a llegar a casa. Siempre abro la bolsa, saco una Fruta de Aragón y me la voy comiendo mientras sigo paseando por Zaragoza. No sé por qué, pero me sabe todavía mejor caminando por sus calles. Es una pequeña costumbre que repito cada vez que vuelvo y, para mí, ya forma parte del paseo.
Porque hay recuerdos que también se llevan en una bolsa de papel... y cada vez que abro una al llegar a casa, Zaragoza vuelve a estar un poquito conmigo.
Vamos... que todavía nos quedan muchos rincones por descubrir.
En apenas unos minutos llegamos a otro de esos lugares donde siempre me entretengo más de la cuenta: el Mercado Central...
Cada vez que cruzo sus puertas me pasa lo mismo. No sé hacia dónde mirar primero. Me encantan los mercados de toda la vida. El ir y venir de la gente, las conversaciones entre los vendedores y sus clientes de siempre, el olor a pan recién hecho, a frutas, a verduras... Todo tiene vida.
Pero, si vienes conmigo, ya te aviso de una cosa: aquí no intentes llevarme con prisas, porque siempre me entretengo.
Mis dos puestos favoritos son el de las frutas exóticas y el de las especias.
Las frutas, con sus colores, sus formas y sus aromas, consiguen transportarme al trópico. Me quedo un buen rato contemplándolas. Siempre descubro alguna que llama mi atención y me hace pensar en lo bonito que es conocer sabores nuevos.
Y luego llega mi otra perdición...
Las especias.
Podría pasarme horas delante de ese puesto. Sus aromas despiertan en mi cabeza un montón de recuerdos y, casi sin darme cuenta, ya estoy pensando en recetas, en guisos y en todos esos platos que podría preparar cuando vuelva a casa.
Entonces me digo:
"Hoy no voy a comprar nada..."
Pero cinco minutos después siempre salgo con una bolsita de especias en la mano.
Es superior a mí.
.... seguimos caminando y, poco a poco, aparece ante nosotros la Aljafería. Desde fuera impresiona por su aspecto de fortaleza. Cuesta imaginar que, tras esos muros, se esconde uno de los palacios más bellos de España.
Basta cruzar sus puertas para que todo cambie. El bullicio de Zaragoza desaparece y, de repente, parece que el tiempo se detiene. Sus arcos, sus yeserías y cada rincón me hacen sentir que he viajado a otro mundo. Siempre pienso lo mismo: aquí podría empezar perfectamente un cuento de Las mil y una noches.
La Aljafería es uno de los grandes tesoros de Zaragoza. Fue construida en el siglo XI como palacio de los reyes musulmanes de la taifa de Saraqusta y, con el paso de los siglos, ha sido también residencia de los Reyes Católicos, palacio de los reyes de Aragón, fortaleza y cuartel. Hoy alberga las Cortes de Aragón, pero conserva intacta la belleza que la ha convertido en uno de los ejemplos más importantes del arte islámico en España.
Mientras camino entre sus arcos y sus patios, me cuesta creer que estas paredes hayan visto pasar casi mil años de historia.La Aljafería es uno de los grandes tesoros de Zaragoza. Fue construida en el siglo XI como palacio de los reyes musulmanes de la taifa de Saraqusta y, con el paso de los siglos, ha sido también residencia de los Reyes Católicos, palacio de los reyes de Aragón, fortaleza y cuartel. Hoy alberga las Cortes de Aragón, pero conserva intacta la belleza que la ha convertido en uno de los ejemplos más importantes del arte islámico. Cada rincón guarda un recuerdo, una leyenda y un pedacito de la historia de Aragón.
Al salir de la Aljafería pusimos rumbo al Tubo. Poco a poco las calles se fueron llenando de gente, las terrazas empezaban a animarse y el aroma que escapaba de las cocinas nos iba abriendo el apetito. Como siempre, antes de sentarme a comer me gusta dar un pequeño paseo, mirar las barras y disfrutar del ambiente. Pero cuando ya he hecho mi recorrido de rigor, empieza mi ruta de tapas. Y sí, siempre empiezo por el mismo sitio...
Primera parada: La Gerencia del Tubo
Con el primer bocado ya empieza el verdadero paseo. Dejamos atrás La Gerencia y, entre callejuelas llenas de vida, ponemos rumbo a nuestra siguiente parada...
Segunda parada Taberna Doña Casta
Y llegamos a Doña Casta. Si os gustan las croquetas, cuidado, porque aquí podéis volveros locos. Las tienen de tantos sabores que cuesta decidirse. Algunas, cuando lees el nombre, piensas: "esto no puede estar bueno"... pero luego las pruebas y cambias de opinión. A mí siempre me sorprenden, y casi siempre para bien.
Dejamos atrás Doña Casta con el listón muy alto, pero la ruta no ha hecho más que empezar. A pocos pasos nos espera otro de esos rincones que forman parte de mis visitas obligadas cada vez que vuelvo a Zaragoza.
Tercera parada cuevas de Aragón
más conocido como el champi
Con el último champiñón desapareciendo en un par de bocados, seguimos caminando. Lo bueno de El Tubo es que, cuando piensas que ya no puedes comer más, siempre aparece otro sitio que hace que cambies de idea.Apenas unos pasos más adelante nos espera Casa Pascualillo, otro de esos rincones que merece una parada obligatoria.
Cuarta parada casa pascualillo
Y ya estamos en Casa Pascualillo. Si habéis llegado hasta aquí conmigo, ahora toca probar unas buenas madejas. Es uno de esos platos muy nuestros que a algunos les da respeto la primera vez, pero luego repiten. Yo no perdono tampoco las cigalas de huerta, porque aquí las hacen de maravilla.
Con el buen sabor de las madejas todavía en la boca, seguimos caminando. Ya queda poco para terminar la ruta, pero todavía nos espera una última parada. Y os aseguro que merece la pena llegar hasta el final.
Quinta parada casa juanico
Si me preguntáis qué pido siempre en Casa Juanico, no tengo ninguna duda: el huevo con chorreras. Llevan preparándolo desde 1966, dos años antes de que yo naciera, y sigue siendo uno de esos bocados que nunca perdono cuando vuelvo a Zaragoza. Crujiente por fuera, con el huevo y el jamón en su interior... sencillo, de toda la vida y, para mí, una auténtica delicia. Hay platos modernos que van y vienen, pero este lleva toda una vida conquistando a quien lo prueba.
Una última recomendación antes de despedirnos. En todas las paradas de esta ruta encontraréis una buena selección de vinos aragoneses y cervezas para acompañar las tapas. Yo siempre digo que una buena tapa sabe todavía mejor con una buena copa o una buena caña. Eso sí... disfrutadlo con calma, sin prisas .
Y así termina nuestro paseo por Zaragoza. Una ciudad a la que siempre vuelvo con la misma ilusión y de la que nunca me marcho del todo, porque siempre me dejo algún rincón por visitar o alguna tapa por volver a saborear. Pero Aragón aún guarda muchos tesoros y nuestro viaje continúa. Recogemos el coche, dejamos atrás el bullicio de la capital y ponemos rumbo a una ciudad donde el tiempo parece caminar más despacio. Nos vamos a Teruel... porque, aunque algunos no se lo crean, Teruel existe... y os aseguro que merece mucho la pena descubrirla conmigo
Teruel
Después de despedirnos de Zaragoza, ponemos rumbo al sur de Aragón. La carretera va cambiando poco a poco de paisaje y, casi sin darte cuenta, aparece ante ti una ciudad pequeña, tranquila y llena de historia. Teruel no necesita hacer ruido para enamorar. Lo hace con sus torres mudéjares, con la leyenda de los Amantes y con una gastronomía que sabe a tradición. Hoy quiero llevaros a descubrirla conmigo, paso a paso, tal y como yo la vivo cada vez que vuelvo a Aragon.
Escalinata del ovalo
Desde la Torre del Salvador seguimos caminando hasta la Escalinata del Óvalo. Para mí, este lugar siempre ha sido la verdadera puerta de entrada a Teruel. Cada vez que subo sus peldaños siento que dejo atrás el ruido y entro en una ciudad donde el tiempo parece ir más despacio. Construida en 1921 para unir el centro con la estación del tren, hoy es mucho más que una escalinata: es uno de esos rincones que anuncian que el paseo por Teruel acaba de empezar.
Bajamos de la Escalinata del Óvalo y seguimos caminando hasta llegar a la Plaza del Torico. Para mí, este no es solo el centro de Teruel. Es un lugar de encuentro, de risas, de conversaciones sin mirar el reloj y de esos momentos que se quedan grabados para siempre. Siempre que vuelvo acabo pasando por aquí, aunque solo sea para sentarme un rato, mirar el ambiente y disfrutar de esa tranquilidad que tiene esta ciudad. El Torico será pequeño, pero el corazón que da vida a esta plaza es enorme.
Aljibes medievales
Dejamos atrás el bullicio de la Plaza del Torico para bajar a uno de los lugares que más me impresionan de Teruel: los Aljibes Medievales. Cada vez que entro aquí tengo la sensación de viajar varios siglos atrás, como si cruzara la puerta hacia otro mundo. Me cuesta imaginar cómo pudieron construir una obra tan impresionante con los medios tan rudimentarios de aquella época.
Pensar que estas enormes cisternas fueron capaces de abastecer de agua a toda una ciudad medieval me parece una auténtica maravilla de la ingeniería. Es uno de esos lugares que te hacen detenerte, mirar en silencio y admirar el ingenio de quienes nos precedieron.
"Hay lugares que se visitan... y hay lugares que se sienten. Los Aljibes Medievales de Teruel son uno de esos rincones que me hacen detenerme, guardar silencio y admirar el ingenio de nuestros antepasados."
Iglesia de san pedro Teruel
Después de dejar atrás el silencio y la magia de los Aljibes Medievales, volvemos a la luz del día para seguir descubriendo Teruel. Apenas unos pasos más adelante nos espera otro de esos lugares que nunca dejo de visitar cuando vuelvo: la Iglesia de San Pedro. Su torre mudéjar, su belleza y la historia que guarda entre sus muros hacen que este rincón sea mucho más que una iglesia.
Al cruzar la puerta de la Iglesia de San Pedro siempre me ocurre lo mismo: levanto la vista y me quedo embobada. Sus vidrieras, de mil colores, dejan pasar la luz del sol y llenan el templo de un juego de luces que es difícil describir con palabras. Hay un silencio especial, una paz que invita a detenerse y contemplar cada rincón.
Mientras contemplaba aquel mar de colores que dibujaban las vidrieras sobre la piedra, no podía dejar de pensar que no existía un lugar más hermoso para custodiar una historia de amor eterno. Y es entonces cuando descubres que, tras esos muros, descansan los Amantes de Teruel.
.El mausoleo de los amantes de Teruel












































