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domingo, 30 de agosto de 2026

BERENGENAS DE ALMAGRO CASERAS





BERENGENAS DE ALMAGRO


Ingredientes:


- 1 kilo de berenjenas de Almagro
- Sal
- Un bote de pimientos del piquillo asados, pimiento morrón...los que os gusten, hay que meter un trozo en cada berenjena
- Media cabeza de ajos
- Una cucharada sopera de comino molido
- Un poquito de pimienta
- Media cayena
- Vinagre
- Una cucharadita de pimentón dulce de la vera
- Un chorreón de aceite de oliva virgen extra crudo






Elaboración:


Primero lavamos las berenjenas y les cortamos un poco la piel de fuera y el rabito, las abrimos con una raja por la mitad (sin llegar al final), las ponemos en la olla rápida 6 minutos en agua con una cucharada sopera de sal desde que empieza a salir el vapor, apartamos la olla esperamos que salga el vapor, abrimos y las ponemos en un escurridor y pasamos por agua fría para cortar la cocción.

Ahora le metemos en la raja que hicimos un trozo del pimiento y cerramos clavando una ramita de hinojo, yo lo encuentro fácilmente por mi parcela pero en los bordes de los caminos también lo encontráis fácil si no encontráis podéis poner palillos de madera pero el hinojo le da un toquecillo chulo.

Las vamos poniendo en el tarro en el que las guardaremos.

Ahora preparamos el aliño, para ello ponemos en el mortero la media cabeza de ajos, la cucharada de comino molido, una poquita de pimienta, la media cayena y un poco de vinagre, machacamos bien y se lo echamos por encima a las berenjenas.

Para terminar las cubrimos de agua y vinagre de esta manera: echamos un vaso de agua con una cucharada de sal diluida y medio de vinagre, así los vasos que hagan falta hasta que queden cubiertas por completo, cuando las tengamos cubiertas les ponemos el chorro de aceite de oliva y la cucharadita de pimentón, agitamos para que se mezcle todo y las dejamos en el frigorífico, al cuarto día ya se pueden probar pero a la semana están buenísimas!

Magdalenas Aragonesas

 




Magdalenas Aragonesas


Cierro los ojos y las vuelvo a ver. Veo el delantal de cuadros de mi abuela, el calor de la cocina de leña y esa luz de la mañana que se colaba por la ventana para despertar la casa entera. Si hay un aroma que define mi infancia, es este: el perfume inconfundible del anís dulce, el limón recién rallado y esas magdalenas doradas que subían en el horno con un copete alto y crujiente que era nuestro mejor premio.


​En la alacena de mapi hoy no comparto solo una receta antigua; comparto un pedacito de mi corazón, el latido de mi pueblo y el secreto mejor guardado de su cocina. Porque hay sabores que no se cursan en ninguna escuela, se quedan para siempre en el alma. ¿Te vienes conmigo a recordarla?


​Ingredientes



​6 huevos camperos.


​250 g de azúcar blanco.


​250 g de harina de trigo común.


​125 g de mantequilla.


​125 g de manteca de cerdo.


​50 ml de anís dulce.


​Ralladura de la piel de 1 limón.


​1 sobre de levadura química (tipo Royal).


​Azúcar extra para espolvorear por encima.




Elaboración 


Fundir las grasas con cariño: Coloca la mantequilla y la manteca de cerdo en un recipiente y fúndelas suavemente en el microondas, sin que lleguen a calentarse demasiado. Déjalas templar.


​El alma de la receta (Montar los huevos): En un bol grande, bate los huevos junto con el azúcar con energía, con unas varillas, hasta que la mezcla doble su tamaño y se vuelva densa, espumosa y blanca como una nube. Es el secreto para que luego crezcan sin prisa pero sin pausa.


​Despertar los aromas: Añade la ralladura de limón y ese chorrito generoso de anís dulce que llenará la cocina entera de recuerdos. Bate de nuevo. Vierte la mantequilla y la manteca ya templadas, integrándolas con mimo y suavidad.


​Integrar los secos: Mezcla la harina con la levadura y tamízala poco a poco sobre los líquidos. Remueve con movimientos envolventes, con paciencia, hasta conseguir una masa fina, homogénea y sin rastro de grumos.


​Preparar los moldes: Coloca cápsulas de papel dentro de una bandeja o moldes rígidos. Llénalas hasta las tres cuartas partes: recuerda que estas magdalenas piden espacio para crecer y sacar su característico copete.



​El toque de horno: Espolvorea un buen puñado de azúcar por encima de cada una. Llévalas al horno precalentado a 180 ºC – 200 ºC durante unos 16 a 20 minutos. Cuando veas que están doradas y el olor invade cada rincón de la casa, estarán listas.




​La espera: Sácalas y déjalas enfriar sobre una rejilla. Sé que es una auténtica prueba de paciencia resistirse a morderlas calientes, pero el reposo les regala esa textura firme, jugosa y tierna por dentro que las hace inigualables.


LECHON ASADO CORDOBÉS





LECHÓN ASADO CORDOBÉS


Hay asados que forman parte de la memoria de  Platos que no necesitan demasiados adornos porque su grandeza está precisamente en hacerlos como se han hecho siempre: con buenos productos, un horno paciente y el tiempo necesario para que cada ingrediente entregue todo su sabor.

Este lechón asado lleva en cada bocado un poquito de Córdoba: la manteca de cerdo, el perejil, la cebolleta y, cómo no, un buen vino de Montilla-Moriles.

Primero se cocina despacio, para que la carne quede jugosa y tierna. Después llega el momento de darle la vuelta, subir el fuego y dejar que la piel se dore hasta quedar crujiente, dorada y llena de sabor.

Es un plato de celebración, de esos que llegan a la mesa en una gran fuente y consiguen que todos guarden silencio durante el primer bocado.

Porque cuando un buen lechón sale del horno en su punto, poco más necesita para convertirse en una fiesta.


Ingredientes

1 lechón entero de unos 3,5 a 4 kg, preferiblemente de raza ibérica del Valle de los Pedroches

150 g de manteca de cerdo

2 o 3 cebolletas, picadas muy finas

1 manojo de perejil fresco, bien picado

1 vaso de vino blanco, preferiblemente un buen vino de la D.O. Montilla-Moriles

Unos 200 ml de agua

Sal gorda




Elaboración

Preparamos el adobo cordobés. En un bol mezclamos la manteca de cerdo, que tendremos a temperatura ambiente, con las cebolletas y el perejil finamente picados. Trabajamos bien la mezcla hasta conseguir una pasta untuosa y aromática.

Sazonamos el lechón. Abrimos el lechón por la mitad, a lo largo del espinazo, y lo salamos generosamente con sal gorda tanto por el interior como por el exterior.

Untamos el adobo. Por la parte interior, donde están la carne y las costillas, extendemos bien la mezcla de manteca, cebolleta y perejil, procurando que quede bien repartida. Reservamos un poco de manteca limpia para utilizarla posteriormente sobre la piel.

Preparamos la bandeja. Precalentamos el horno a 170 ºC.

En una bandeja grande, o mejor aún, en una cazuela de barro tradicional, ponemos el vino blanco y el agua en el fondo. Colocamos el lechón con las costillas hacia arriba, procurando que la piel no quede en contacto directo con el líquido. Podemos ayudarnos de unas tablillas de madera para mantenerlo elevado.

Primera fase de horneado. Introducimos el lechón en el horno y lo asamos durante aproximadamente 1 hora y media.

Durante la cocción vamos abriendo de vez en cuando para regar la carne con sus propios jugos, ayudando así a mantenerla jugosa y llena de sabor.

Damos la vuelta al lechón. Sacamos la bandeja con cuidado y damos la vuelta a la pieza para dejar la piel hacia arriba.

Pinchamos suavemente la piel con la punta de un cuchillo o un tenedor, para evitar que se formen bolsas de aire, y extendemos por toda la superficie la manteca de cerdo que habíamos reservado.

Dorado final. Subimos la temperatura del horno a 200 ºC y continuamos el asado durante unos 35-45 minutos más, hasta que la piel esté bien dorada, inflada y crujiente.

Servimos. Sacamos el lechón del horno y lo servimos inmediatamente, acompañado de los jugos concentrados que han quedado en la bandeja






Consejo de Mapi

La clave de un buen lechón está en conseguir dos cosas a la vez: una carne jugosa y una piel bien crujiente.

Por eso es importante respetar las dos fases del horneado: primero una cocción más suave, para que la carne se haga despacio, y después un golpe de horno más fuerte para conseguir esa piel dorada y crujiente que todos esperamos.

Y si además lo hacemos en una buena cazuela de barro y utilizamos un vino de Montilla-Moriles, tendremos en la mesa un asado con todo el sabor de una auténtica cocina de fiesta cordobesa.



LICOR DE CARDAMOMO Y VAINILLA

 




LICOR DE CARDAMOMO Y VAINILLA


Hay licores que no necesitan grandes adornos para hacerse especiales. Basta con elegir buenos aromas y dejar que el tiempo haga su trabajo.

Este licor de cardamomo y vainilla es uno de ellos. El cardamomo aporta un perfume fresco, intenso y ligeramente especiado, mientras que la vainilla envuelve el conjunto con su aroma dulce, cálido y delicado.

Una elaboración sencilla, de esas que empiezan preparando una maceración y terminan convirtiéndose en una pequeña joya para nuestra bodega.

Porque hacer un licor en casa también tiene algo de paciencia: abrir el frasco, esperar y dejar que los aromas se mezclen poco a poco hasta encontrar su equilibrio.


Ingredientes

700 ml de vodka o alcohol neutro al 40 %

2 cucharadas de semillas de cardamomo verde, ligeramente machacadas

1 vaina de vainilla entera

350 g de azúcar blanco

250 ml de agua mineral

La vaina de vainilla puede sustituirse por 1 cucharada de extracto de vainilla natural de buena calidad.


Elaboración


Preparamos los aromas. Abrimos la vaina de vainilla longitudinalmente con un cuchillo y raspamos las semillas de su interior.

Ponemos en un frasco de vidrio las semillas de vainilla junto con la vaina abierta y las semillas de cardamomo ligeramente machacadas.

Vertemos el vodka y cerramos bien el frasco.

Maceramos. Guardamos el frasco en un lugar fresco y oscuro durante 15 días, agitándolo suavemente cada dos días.

Es importante respetar este tiempo para que la vainilla pueda liberar todo su aroma y se integre con el cardamomo.

Preparamos el almíbar. Ponemos el agua y el azúcar en un cazo y calentamos a fuego medio hasta que el azúcar se disuelva.

Dejamos hervir durante 2 minutos, retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.

Filtramos. Pasamos el alcohol aromatizado por un colador de tela o un filtro de café.

Si hemos utilizado la vaina de vainilla, es normal que puedan quedar pequeños puntos negros correspondientes a sus semillas.

Si queremos obtener un licor completamente cristalino, podemos realizar un segundo filtrado utilizando un filtro de papel grueso.

Mezclamos. Cuando el almíbar esté completamente frío, lo incorporamos al alcohol aromatizado y mezclamos bien.

Embotellamos el licor en una botella de vidrio limpia.

Dejamos reposar. Aunque ya estará preparado, es recomendable dejarlo reposar durante 7 días antes de consumirlo. Durante este tiempo los sabores terminarán de asentarse y el licor ganará equilibrio.






Consejo de Mapi

Como ocurre con todos los licores caseros, no tengas prisapor probarlo. Esos días de reposo después de mezclar la maceración con el almíbar hacen que los aromas se integren mucho mejor.

Y si utilizas la vaina de vainilla, no te preocupes si aparecen pequeños puntitos negros en el licor: son las semillas de la propia vainilla y forman parte de su encanto.

LICOR PERFECTO AMOR

 





LICOR PERFECTO AMOR



Hay licores que forman parte de una sobremesa y otros que terminan formando parte de nuestros recuerdos.

El Perfecto Amor es un licor de precioso color violeta, delicado aroma floral y un fondo dulce y especiado que invita a disfrutarlo despacio. Una pequeña copa de esas que parecen hechas para poner el punto final a una buena comida y alargar un poco más la conversación alrededor de la mesa.

En esta versión casera, los pétalos de violeta y rosa se unen a la naranja, el limón, la vainilla, el clavo y la canela. Todos estos aromas necesitan su tiempo para pasar al aguardiente y después encontrarse con un almíbar suave que dará cuerpo y dulzor al licor.

Y, como ocurre con tantos buenos licores, después de prepararlo llega lo más difícil: tener paciencia y dejarlo reposar.

El resultado es un licor aromático, floral y dulce, con ese característico color violeta que lo hace tan especial.


Ingredientes

Para la maceración

300 ml de aguardiente neutro

2 cucharadas soperas de pétalos de violeta secos, comestibles y sin pesticidas

2 cucharadas soperas de pétalos de rosa secos, comestibles y sin pesticidas

La piel de 1 naranja pequeña

La piel de ½ limón, solo la parte coloreada

½ vaina de vainilla, abierta

1 clavo de olor

½ ramita pequeña de canela

Para el almíbar

400 ml de agua

350 g de azúcar blanco

Para el color

Colorante vegetal azul

Colorante vegetal rojo


Elaboración

Maceramos los aromas. Ponemos en un frasco de vidrio limpio y con cierre hermético los pétalos de violeta y rosa, las pieles de naranja y limón, la vainilla, el clavo y la canela.

Vertemos los 300 ml de aguardiente, cerramos bien el frasco y lo guardamos en un lugar fresco y oscuro durante 10-14 días.

Agitamos suavemente el frasco una vez al día para favorecer que el aguardiente extraiga todos los aromas y colores de los ingredientes.

Preparamos el almíbar. Una vez terminado el tiempo de maceración, ponemos en una olla los 400 ml de agua y los 350 g de azúcar.

Calentamos a fuego bajo hasta que el azúcar se disuelva por completo, procurando que no llegue a hervir con fuerza.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.

Filtramos. Pasamos la infusión alcohólica por un colador de tela o por un filtro de papel para retirar todos los pétalos, especias y restos de los ingredientes.

Mezclamos. Cuando el almíbar esté completamente frío, lo mezclamos con el líquido filtrado.

Añadimos muy poco a poco unas gotas de colorante vegetal azul y rojo, hasta conseguir el tono lila o violeta brillante característico del Perfecto Amor.

Dejamos madurar. Envasamos el licor en una botella de vidrio limpia.

Aunque podemos consumirlo inmediatamente, es recomendable dejarlo reposar durante al menos dos semanas en un lugar oscuro. Durante este tiempo los aromas florales, cítricos y especiados se integrarán y el licor adquirirá un sabor más equilibrado.







Consejo de Mapi

En los licores caseros, la paciencia también forma parte de la receta. Aunque podamos probarlo recién preparado, merece la pena dejarlo madurar para que todos sus aromas se encuentren y se redondee su sabor.

Utiliza siempre pétalos de violeta y rosa comestibles y sin pesticidas, ya que las flores son uno de los ingredientes principales de este licor.

Sírvelo bien frío, en una pequeña copa, y disfruta de él despacio, como merece un buen licor para poner el broche final a una comida de fiesta.


sábado, 29 de agosto de 2026

MEZCLA DE ESPECIAS DE OTOÑO

 


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​¡Hola, reposteros y amantes de los aromas tradicionales! Hoy en la alacena de mapi os traigo un básico indispensable que no puede faltar en nuestra despensa: la mezcla clásica de especias. Con una combinación cálida y envolvente de canela, nuez moscada, pimienta de Jamaica y un punto picante, es el secreto para elevar cualquier bizcocho, compota o desayuno al siguiente nivel. ¡Vamos a prepararla en un momentito.


MEZCLA DE ESPECIAS DE OTOÑO


​Ingredientes de la mezcla clásica


Canela: Aporta la base dulce y aromática; la variedad de Ceilán es muy apreciada por su finura.
​Nuez moscada: Proporciona un toque cálido, amaderado y profundo.
​Pimienta de Jamaica (allspice): Ofrece unos matices únicos que recuerdan a una deliciosa combinación de canela, clavo y nuez moscada.
​Clavo o jengibre: Añaden un contraste ligeramente picante e intenso que le da carácter a la mezcla.


Elaboración


Mezcla bien en un recipiente pequeño las siguientes cantidades:

​4 cucharadas de canela molida.
​1 cucharada y media de nuez moscada molida.
​1 cucharada y media de pimienta de Jamaica molida.
​1 cucharada de clavo molido (o jengibre en polvo, según tu preferencia).


Una vez integrada, guarda el resultado en un tarro hermético en un lugar fresco y seco para que conserve todo su aroma durante meses.





​Ideas de uso para tu despensa y cocina


Esta mezcla es comodísima de tener a mano para darle alegría a mil recetas:


​Desayunos y meriendas:
​Avena nocturna u horneada: Añade una cucharadita a los copos de avena con leche, manzana picada y nueces.
​Tortitas y gofres: Incorpora la mezcla directamente a la masa seca antes de añadir los líquidos.


Repostería y masas:
​Bizcochos y muffins: Sustituye la canela simple por esta mezcla en recetas de bizcocho de calabaza, zanahoria o vainilla.
​Galletas de avena o mantequilla: Integra las especias en la masa para aportarles un perfil aromático profundo.



Postres y frutas cocinadas:
​Manzanas o peras asadas: Espolvorea generosamente sobre las frutas con un toque de mantequilla o azúcar moreno antes de meterlas al horno.
​Compotas y mermeladas: Condimenta tus purés y conservas de fruta caseros (como manzana, pera, ciruela o higos).


TARTA DE MANZANA CON MASA CASERA

 




TARTA DE MANZANA CON MASA CASERA


Hay tartas que entran por los ojos y otras que empiezan a conquistarnos mucho antes, cuando el aroma que sale del horno comienza a llenar toda la casa.
Esta es una de esas tartas. Una tarta de manzana hecha con una masa sencilla y casera, de las que se preparan en pocos minutos y que, sin grandes complicaciones, consiguen un resultado maravilloso.

La manzana, el azúcar, las especias y la mantequilla se esconden entre dos capas finas de masa y, mientras se hornea, van formando en su interior un relleno jugoso y lleno de aromas.

Y luego está ese pequeño detalle que tiene algo de magia: la chimenea en el centro de la masa, por donde escapa el vapor mientras la superficie se dora y el azúcar forma una costra fina y crujiente.

Es una tarta para cortar despacio, cuando ya se ha enfriado un poco, y disfrutar de ese primer bocado en el que se encuentran la masa crujiente, la manzana tierna y todo el perfume de las especias.

Porque hay pocas cosas tan sencillas y tan reconfortantes como una tarta de manzana recién hecha en casa.

Ingredientes

Para la masa

500 g de harina de trigo común

150 ml de leche entera

150 ml de aceite de girasol o aceite de oliva muy suave

1 huevo

Una pizca de sal

Si vamos con prisa, podemos utilizar dos láminas de masa quebrada comprada, aunque preparar esta masa casera apenas lleva unos minutos y merece la pena.


Para el relleno

5 o 6 manzanas
1 cucharada colmada de mezcla de especias de otoño o de tarta de manzana
120 g de azúcar, blanco o moreno
50 g de mantequilla fría, cortada en trocitos pequeños
Para el acabado
1 huevo batido
Azúcar para espolvorear

Elaboración

Preparamos la masa. En un bol grande ponemos la leche, el aceite, el huevo batido y la sal. Vamos añadiendo la harina poco a poco mientras mezclamos con una cuchara.

Cuando la masa empiece a ofrecer resistencia, la pasamos a la mesa y amasamos unos minutos con las manos, hasta obtener una bola suave que no se pegue.

Dividimos la masa en dos partes, dejando una ligeramente más grande para la base, y dejamos reposar durante 15 minutos sobre la encimera.

Preparamos el corazón de manzana. Pelamos las manzanas y las cortamos en láminas muy finas. Las ponemos en un bol y las mezclamos con el azúcar y la cucharada de especias, procurando que queden bien impregnadas de todos los aromas.

Montamos la base. Con ayuda de un rodillo, estiramos la parte más grande de la masa hasta dejarla fina.

La colocamos en un molde de tarta o directamente sobre una bandeja de horno cubierta con papel vegetal.

Rellenamos. Repartimos las manzanas de manera uniforme sobre la masa, dejando aproximadamente un dedo libre alrededor de los bordes.

Distribuimos por encima los trocitos de mantequilla fría. Durante el horneado, la mantequilla se fundirá junto con el azúcar y los jugos de la fruta, formando un relleno jugoso y lleno de sabor.

Tapamos la tarta. Estiramos la otra mitad de la masa y cubrimos completamente las manzanas.

Doblamos los bordes de la masa inferior sobre la superior y pellizcamos la unión, formando un pequeño cordón que selle bien la tarta y evite que se escapen los jugos.

Preparamos para el horno. Hacemos un pequeño agujero en el centro de la masa superior, a modo de chimenea, para que pueda salir el vapor.

Pintamos toda la superficie con huevo batido y espolvoreamos generosamente con azúcar. De esta manera conseguiremos una superficie dorada y una costra dulce y crujiente.

Horneamos. Introducimos la tarta en el horno, previamente precalentado a 180 ºC, y horneamos durante unos 45-50 minutos, hasta que la masa esté bien dorada.

Cuando el aroma de la manzana y las especias haya llenado toda la casa y la superficie tenga un bonito color dorado, estará lista.






Consejo de Mapi

Deja que la tarta repose y se temple antes de cortarla. Así el relleno se asentará y podremos disfrutar mejor de su textura y de todos sus aromas.

Como sugerencia, a mí me gusta prepararla en un molde redondo. Me parece que queda especialmente bonita, con ese aspecto de tarta casera de las de toda la vida, perfecta para llevarla entera a la mesa y cortar las porciones allí.

Y si además la servimos todavía ligeramente templada, el aroma de la manzana, las especias y la mantequilla vuelve a llenar la cocina.

Una tarta sencilla, casera y hecha para disfrutarla sin prisas.

jueves, 27 de agosto de 2026

Albóndigas de bacalao con tortilla en trampa y salsa verde

 





¿A que te vendría ahora mismo un buen plato de cuchara, de esos que humean y llenan toda la cocina de un olor a hogar inconfundible? Cierra los ojos un segundo. Si miro atrás, al tiempo de Cuaresma y Semana Santa, en mi memoria se enciende de inmediato el chup-chup pausado de la cazuela de mi abuela. Este era uno de esos platos especiales que ella preparaba con mimo, despacio, sabiendo que en cada burbuja de la salsa verde y en cada secreto de la abuela iba gran parte de nuestro cariño familiar.

​Hoy abro de par en par las puertas de la alacena de mapi para rescatar esta joya marinera: unas albóndigas de bacalao tan tiernas que se deshacen en la boca, nadando en una salsa de almendras tostadas y acompañadas de ese truco maestro e infaltable que es la tortilla en trampa.

​Ponte el delantal, acércate al fuego y ven a sentarte conmigo a la mesa. Vamos a cocinar despacito, a fuego lento, como nos enseñaron los nuestros, para que notes el calor del hogar en cada bocado.

Albóndigas de bacalao con  tortilla en trampa y 
Salsa verde




Ingredientes

​Para las albóndigas de bacalao

400 g de bacalao desalado (bien seco y sin piel ni espinas)

​1 patata mediana (cocida con su piel, pelada y chafada con un tenedor)

​1 huevo grande

​1 diente de ajo y un puñado de perejil fresco (muy picados)

​2 cucharadas de pan rallado (solo si la masa queda muy blanda)

​Harina (para rebozar) y aceite de oliva (para freír)

Para la tortilla en trampa


2 huevos grandes

​1 puñado generoso de miga de pan (del día anterior, asentado)

​Ajo y perejil fresco (muy picados, al gusto)

​Un chorrito de leche (para empapar el pan)

​Aceite de oliva y sal

​Para la salsa verde y el toque de la abuela


1 cebolla picada

​2 dientes de ajo

​1 puñado de almendras crudas (unas 12-15 unidades)

​1 buen manojo de perejil fresco (solo las hojas)

​1/2 vaso de vino blanco

​400 ml de caldo de pescado (o el agua de desalar/cocer sutilmente el bacalao)

​Aceite de oliva y sal


​Preparación

Preparación de las albóndigas


Picar el bacalao: Desmenuza o pica el bacalao desalado a cuchillo de forma muy fina. Al dejarlo en crudo, su propia gelatina unirá la albóndiga y quedará jugosísima.

​Hacer la masa: En un bol grande, mezcla el bacalao picado con la patata chafada (que debe estar templada o fría), el huevo batido, el ajo y el perejil.

​Dar consistencia: Trabaja la masa con las manos. Si notas que está demasiado húmeda para formar las bolas, añade una o dos cucharadas de pan rallado. Deja reposar la masa en la nevera 30 minutos para que coja cuerpo.

​Formar y freír: Haz bolitas no demasiado grandes, pásalas ligeramente por harina y fríelas en abundante aceite de oliva bien caliente. Solo queremos sellar el exterior (un minuto por lado para que se doren); se terminarán de cocinar por dentro luego, en los 5 minutos de chup-chup con la salsa verde.

Elaboración de la tortilla en trampa

  1. Remojar el pan: Desmenuza la miga de pan en un plato y vierte un chorrito de leche por encima. Deja que se empape bien durante un par de minutos y luego escúrrela un poco con las manos si ha quedado demasiado líquida.
  2. Batir los huevos: En un bol, bate los huevos con una pizca de sal.
  3. Hacer la mezcla: Añade al bol el ajo picado, el perejil y la miga de pan remojada. Mézclalo todo bien con un tenedor para que el pan se integre perfectamente con el huevo.
  4. Cuajar la tortilla: Calienta una sartén mediana con un chorrito de aceite de oliva. Sella la mezcla a fuego medio. Cuando veas que los bordes se despegan, dale la vuelta con un plato y cuájala por el otro lado hasta que esté dorada. Córtaela en dados y resérvala.

​Preparación de la salsa verde


  1. Hacer la picada aragonesa: En un mortero, machaca los dos dientes de ajo con una pizca de sal, las almendras crudas y el manojo de perejil fresco hasta conseguir una pasta (o pásalo brevemente por una batidora pequeña con un chorrito de caldo). Reserva.
  2. Sofrito base: En la misma cazuela donde vayas a terminar el plato, echa un chorrito de aceite de oliva y pocha la cebolla picada a fuego lento hasta que esté transparente.
  3. El vino: Sube el fuego, añade el vino blanco y deja que evapore el alcohol durante un par de minutos.
  4. Ligar la salsa: Incorpora la picada de almendra, ajo y perejil del mortero. Remueve bien para que se tueste ligeramente la almendra con la cebolla, y enseguida vierte el caldo de pescado caliente. Deja cocinar a fuego medio unos 7 u 8 minutos hasta que la salsa empiece a trabar y tomar consistencia gracias a la almendra.

​   El gran encuentro (Unir albóndigas, tortilla y salsa)


  1. Introduce primero las albóndigas de bacalao fritas en la salsa verde hirviendo a fuego suave. Cocínalas unos 5 minutos para que se calienten por dentro.
  2. ​Añade los dados de la tortilla en trampa repartidos por la cazuela. No remuevas bruscamente con la cuchara para no romperlos; simplemente menea la cazuela por las asas con un vaivén circular.
  3. ​Cocina todo junto a fuego muy bajo durante 3 minutos más.

Consejo de MAPI

El secreto absoluto: Apaga el fuego, tapa la cazuela y deja reposar el plato un mínimo de 5 a 10 minutos antes de servirlo. Verás cómo la tortilla cambia por completo al inflarse ligeramente con los jugos de la salsa verde de almendras




ENSALADA CANARIA CON AGUACATE

 






ENSALADA CANARIA CON AGUACATE 

Pasa, pasa, que hoy la cocina está de lo más animada. Justo tengo sobre la mesa de madera todos los ingredientes para preparar la ensalada canaria con aguacate que tanto nos gusta en casa. Mira, qué maravilla de aguacates de la tierra, esos tomates maduros, la cebolla morada, el atún, los huevos, las aceitunas negras... ¡Va a quedar de lujo!

Ingredientes



​1 aguacate de Canarias maduro

​1 lechuga (limpia y troceada)

​2 tomates maduros grandes

​1 cebolla (preferiblemente morada)

​2 huevos duros

​1 lata de atún en aceite

​Aceitunas (al gusto)

​Aceite de oliva virgen extra, vinagre y sal








Preparación


​Preparar la base: Pica la lechuga y colócala en el fondo de la ensaladera.

​Cortar el aguacate: Abre el aguacate, retira el hueso y corta la pulpa en dados o láminas finas.

​Añadir los vegetales: Corta los tomates en gajos y la cebolla en juliana. Incorpora todo a la fuente junto al aguacate.

​Agregar el resto: Desmenuza el atún por encima y decora con los huevos duros en cuartos y las aceitunas.

​Aliñar y servir: Condimenta con sal, vinagre y aceite de oliva virgen extra justo antes de comer para que el aguacate no se oxide.






Consejo de MAPI

Para un menú canario redondo, te sugiero continuar con un buen cherne a la espalda o unos churros de pescado si prefieres una opción marina y ligera que respete la frescura del aguacate. Si buscas algo más contundente, la carne de fiesta es el contraste cálido e intenso perfecto para la cremosidad de la ensalada. Cualquiera de estas opciones se corona de forma impecable acompañando el segundo plato con unas tradicionales papas arrugadas con mojo rojo al centro de la mesa.

MERMELADA DE TOMATE CASERA

 




Mermelada de tomate casera


Para completar nuestra despensa de la alacena de mapi, hoy nos metemos de lleno en una de esas preparaciones imprescindibles que siempre guardamos en tarros esterilizados para disfrutar todo el año. La mermelada de tomate es una auténtica joya: contrasta el dulzor justo con el punto natural de la huerta, y no hay nada como hacerla con paciencia, troceando el tomate a cuchillo para que conserve toda su textura.
​Ponte el delantal, busca tus tarros y prepárate para llenar la cocina de ese aroma tan tradicional.


Ingredientes


​3 kg de tomates maduros (ya pelados)

​1 kg de azúcar

​Zumo de dos limones


Preparación 


​El reposo de la huerta: Trocea el tomate a cuchillo con calma (recuerda que no vale ni rallarlo ni triturarlo para que mantenga su cuerpo) y colócalo en un bol grande. Añade el azúcar y el zumo de los dos limones. Déjalo reposar unas 5 horas (lo ideal es dejarlo una noche entera para que el tomate vaya soltando sus jugos con el azúcar).

​Primera cocción: Pasado el tiempo de reposo, pasa toda la mezcla a una cacerola y cuécela unos 10 minutos a fuego suave. Si ve que aparece espuma en la superficie, retírala con cuidado. A continuación, sube a fuego fuerte otros 10 minutos hasta que la mezcla empiece a hervir.

​Buscando el punto: Una vez esté hirviendo, baja de nuevo la temperatura y deja cocer entre 15 y 45 minutos hasta que alcances la textura deseada. Recuerda el truco de la abuela: debe quedarse un poquito líquida todavía, ya que al enfriarse en el tarro endurece bastante

​Envasado y conservación: Si quieres conservarla más de 15 días en la despensa, envasa la mermelada en tarros esterilizados y hiérvelos al baño maría para hacer el vacío.







Consejo de mapi

Esta mermelada es una auténtica maravilla para acompañar unos buenos quesos, patés, darle gracia a una vinagreta o coronar algún postre, aunque probarla sobre una tostada de pan casero tal cual es un auténtico espectáculo.


LICOR DE CAÑA DE MELOCOTON

 




Licor de caña de melocotón


​¿A que apetece tener siempre a mano un trago reconfortante, de esos que reconfortan el alma y sorprenden a cualquier visita? En la categoría de Bodega de la alacena de mapi nos gusta rescatar esas bebidas caseras que se preparan casi sin prisa, con mimo y con ingredientes de toda la vida. Hoy nos ponemos con una de esas recetas tradicionales que combinan la fuerza del ron con la fruta más jugosa: el licor de caña de melocotón. Es espirituoso, frutal, amigable y, lo mejor de todo, no requiere esperas eternas.

Ingredientes



​1 litro de ron de caña

​6 melocotones amarillos (pelados pero conservando sus huesos)

​1 litro de agua

​1 kg de azúcar



Preparación paso a paso



La maceración con el hueso: Toma los melocotones, córtalos en trozos y colócalos en un frasco de vidrio perfectamente higienizado y desinfectado con tapa hermética. Añade también los huesos (que aportarán un matiz de sabor único) y vierte el litro de ron de caña.

​El reposo inicial: Reserva el frasco en un lugar fresco y seco durante unos 20 o 30 días para que el alcohol extraiga toda la esencia de la fruta.

​El almíbar: Pasado ese tiempo, filtra el alcohol para retirar los sólidos. A continuación, prepara un almíbar hirviendo el litro de agua junto con el kilo de azúcar durante cinco minutos.

​La mezcla y el toque final: Incorpora el almíbar al alcohol filtrado, mezcla bien y vuelve a filtrar el conjunto para que quede completamente limpio.

​El reposo final: Embotella el licor y resérvalo durante 4 o 5 días más antes de servirlo bien fresquito o con un par de hielos.








Consejo de mapi

Os doy unas ideas de cómo servirlo
  • Solo o con hielo (en las rocas): Sírvelo en un vaso corto con un cubito de hielo grande para disfrutar de su dulzor y aroma frutal intenso después de las comidas. 
  • Muy frío: Guárdalo previamente en el congelador o la nevera; al tener contenido alcohólico y azúcar, no se congelará por completo y tendrá una textura sedosa perfecta.
  • Con refresco o tónica: Mézclalo con gaseosa, refresco de limón o agua con gas en un vaso alto con hielo para una bebida ligera de verano.
  • Sobremesas: Sírvelo al final de las comidas como copa de sobremesa.
  • Maridaje con postres: Acompaña tartas de queso, bizcochos, helados o un bol de frutas frescas. 

LOS ADOQUINES DEL PILAR DE ZARAGOZA

 




ADOQUINES DEL PILAR


Un pedacito de Zaragoza envuelto en una jota


Después de recorrer las recetas tradicionales de Zaragoza, no podía faltar uno de los dulces más reconocibles y queridos de nuestra tierra: los Adoquines del Pilar.

Grandes, duros y con ese aspecto que recuerda a las piedras de las calles zaragozanas, estos enormes caramelos forman parte de la memoria gastronómica y sentimental de Aragón.

No son simplemente un dulce. Son también un recuerdo de Zaragoza, de sus fiestas, de sus tradiciones y de aquellas pequeñas sorpresas que uno descubre al desenvolverlos.

UN DULCE CON HISTORIA

Los Adoquines del Pilar nacieron oficialmente en 1928, en Calatayud, de la mano del confitero Manuel Caro Gormaz.
Su creador ideó un caramelo de gran tamaño inspirado en los adoquines de las calles que rodean la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.

Con el tiempo se convirtieron en uno de los dulces más característicos de Zaragoza y en un recuerdo típico para quienes visitan la ciudad.

LA JOTA SECRETA

Quizá una de las tradiciones más entrañables de los Adoquines del Pilar está escondida en su propio envoltorio.

Cada caramelo se envuelve a mano en un papel con la imagen de la Virgen del Pilar. Pero al abrirlo hay una pequeña sorpresa: en el interior se encontra impresa una copla de jota aragonesa.

Comprar un adoquín es  también descubrir qué jota te ha tocado.

Las jotas pueden ser humorísticas, amorosas o religiosas y algunas reflejaban ese particular humor somarda aragonés que forma parte del carácter de nuestra tierra.

Es una tradición sencilla, pero preciosa: desenvolver el caramelo y descubrir la jota escondida.

EL RETO DEL ADOQUÍN


Y después esta la otra gran curiosidad: comérselo.
El adoquín grande puede alcanzar los 500 gramos, medio kilo de azúcar convertido en un enorme caramelo.

La tradición popular dive que a no se puede terminar a mordiscos sin poner los dientes en peligro. 

Por eso hay que tener paciencia y dejar que el caramelo se vaya deshaciendo poco a poco.

Y para quienes no quieren esperar tanto, existe el método más contundente: envolverlo en un paño y utilizar un martillo para romperlo en pequeños trozos.

Porque el Adoquín del Pilar siempre ha sido un dulce que exige una cosa por encima de todo:
paciencia.

SUS CUATRO SABORES TRADICIONALES

Los Adoquines del Pilar mantienen cuatro sabores clásicos que forman parte de su identidad:

🍊 Naranja
Frutal y aromática.

🍓 Fresa
Dulce y suave.

🍋 Limón
Con ese punto ácido y refrescante.

🌿 Anís
El sabor más tradicional y evocador de los cuatro.

Sus envoltorios, además, forman parte de la imagen que todos asociamos con este dulce zaragozano.

 lleva impresa ala virgen del pilar y los cuadritos del cachirulo el pañuelo que usan los joteros en su traje regional.




ADOQUINES DEL PILAR CASEROS


Aunque el Adoquín del Pilar es un dulce de confitería tradicional, podemos intentar reproducirlo en casa siguiendo el mismo principio: elaborar un caramelo duro, aromatizarlo, colorearlo y darle su característica forma.


INGREDIENTES

500 g de azúcar blanco.
150 ml de agua.
2 cucharadas de glucosa líquida o jarabe de maíz.
Unas gotas de esencia o aroma, según el sabor elegido: naranja, fresa, limón o anís.
Colorante alimentario, según el sabor elegido.






ELABORACIÓN

Preparamos el almíbar
Ponemos en un cazo el azúcar, el agua y la glucosa.

Calentamos a fuego medio y removemos suavemente al principio, únicamente hasta que el azúcar se haya disuelto.
Después dejamos que la mezcla hierva sin volver a remover, para evitar que el azúcar cristalice.

Alcanzamos el punto de caramelo
Dejamos hervir hasta alcanzar aproximadamente 145-148 ºC, el punto de bola dura.
Si no tenemos termómetro de cocina, podemos dejar caer una pequeña gota del caramelo en un vaso con agua fría. Si se endurece inmediatamente y forma una bolita rígida que cruje, estará en su punto.

⚠️ Mucho cuidado durante este proceso: el caramelo alcanza temperaturas muy elevadas y puede producir quemaduras graves.

Aromatizamos y coloreamos


Retiramos el cazo del fuego.
Añadimos inmediatamente unas gotas del aroma elegido y el colorante. Mezclamos con cuidado para repartirlos de manera uniforme.

Enfriamos ligeramente

Vertemos el caramelo sobre una superficie de mármol ligeramente engrasada con aceite neutro o sobre una lámina gruesa de silicona.

Esperamos unos minutos, hasta que pierda parte de su temperatura y podamos comenzar a trabajarlo con seguridad y con las manos debidamente protegidas.




Estiramos el caramelo

Este es el paso más característico.

Recogemos la masa de caramelo y comenzamos a estirarla y doblarla repetidamente sobre sí misma.

Al incorporar aire, el caramelo irá cambiando de aspecto: pasará de ser transparente a adquirir un tono opaco, brillante y satinado.

Formamos y cortamos los adoquines

Antes de que se enfríe completamente, formamos una barra rectangular gruesa.

Con un cuchillo ligeramente engrasado o unas tijeras de cocina resistentes, cortamos porciones y les damos la característica forma geométrica de los adoquines.

Envolvemos

Dejamos enfriar completamente sobre papel vegetal.

Una vez fríos, podemos envolverlos en papel encerado blanco y escribir en el exterior una jota aragonesa, una dedicatoria o unas palabras para quien vaya a recibirlo.

UN DULCE QUE GUARDA UN RECUERDO


Los Adoquines del Pilar son de esos dulces que cuentan mucho más de lo que parece.

Hablan de Zaragoza, de Calatayud, de las fiestas, de la jota, de la Virgen del Pilar y de una forma de entender los pequeños placeres de la vida.

Un caramelo enorme que puede durar días, un envoltorio que esconde

una jota y un recuerdo que muchos aragoneses conservan desde la infancia.
Porque hay sabores que desaparecen en cuanto se terminan.

Y hay dulces que,  permanecen para siempre en la memoria.
Los Adoquines del Pilar son uno de ellos.