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miércoles, 14 de octubre de 2026

BONIATOS ASADOS AL FUEGO DE LEÑA


 


Boniatos asados al fuego de leña

Hay sabores que se quedan unidos para siempre a una fecha y a las personas que nos enseñaron a disfrutarlos.

Mi abuela preparaba estos boniatos asados al fuego de leña para el Día de Difuntos, junto a las castañas asadas y los panellets. Era la Castañada, una celebración de otoño que en mi recuerdo tiene el calor del fuego, el aroma de los frutos asados y aquellos dulces que acompañaban una noche especial.


Hoy muchos la llaman Halloween, pero para mí sigue siendo la Castañada. Son los recuerdos de mi abuela y de aquellas costumbres que forman parte de nuestra historia familiar. Y hay cosas que, por mucho que cambien los tiempos, prefiero conservar tal como las recuerdo.

Los boniatos necesitan poco para convertirse en un bocado delicioso: un buen fuego, paciencia y tiempo. Asados lentamente, su carne queda tierna, dulce y jugosa. Se pueden comer tal cual, con una pizca de sal y un hilo de aceite de oliva, o con un poco de mantequilla.

Una receta humilde, de las que se hacían aprovechando el calor del horno y que hoy merece la pena seguir preparando. Porque mantener viva una tradición también es volver a poner sobre la mesa los sabores que nos dejaron quienes estuvieron antes que nosotros.


Ingredientes

Boniatos, preferiblemente de tamaño similar.

Papel de aluminio.

Unas gotas de agua, si se desea.


Preparación

Encendemos el horno de leña y dejamos que se forme una buena cama de brasas. Para esta receta conviene aprovechar un calor suave y constante, o el calor residual del horno, evitando una temperatura demasiado fuerte.

Lavamos bien los boniatos bajo el grifo, cepillando la piel para retirar cualquier resto de tierra. Los secamos ligeramente.

Envolvemos cada boniato por separado con papel de aluminio. Si queremos, podemos añadir unas gotas de agua antes de cerrar el paquete para favorecer la formación inicial de vapor.

Colocamos los boniatos envueltos en la solera del horno, en una zona de calor moderado y apartada de las brasas más fuertes.

Los dejamos asar durante unas dos horas o dos horas y media, según su tamaño y la temperatura del horno. Comprobamos la cocción con cuidado: deben estar completamente tiernos por dentro. Si todavía ofrecen resistencia, los dejamos un poco más.

Los retiramos con unas pinzas y abrimos los paquetes con precaución, porque el vapor puede quemar. Los cortamos por la mitad y los servimos calientes.


Podemos disfrutarlos solos, con una pizca de sal y un hilo de aceite de oliva, o acompañados de un poco de mantequilla.

Consejo de Mapi

El secreto está en la paciencia y en no acercar demasiado los boniatos a las brasas más fuertes. Un calor suave y prolongado permite que se asen despacio y que su propia dulzura sea la protagonista.

PAN CON PANCETA Y ENSALADA DE ESCAROLA

 




Pan con panceta y ensalada de escarola

Hay cenas que no necesitan grandes preparativos ni demasiados ingredientes. Basta con un buen pan, una panceta fresca y una ensalada hecha como se ha hecho siempre en casa.

Esta ha sido algunas noches de invierno mi cena, y sigue siendo una de esas comidas que me gusta repetir cuando voy a Aragón y encuentro la cocinilla encend

ida. Entonces, mi madre y yo nos sentamos a la mesa y disfrutamos de algo tan sencillo

como un buen pan con panceta recién hecha, acompañado de una ensalada de escarola con ajo.

La panceta va soltando su grasa sobre el pan mientras se asa, impregnando la miga y tostando los bordes. Al lado, la escarola, con su aliño de ajo, aceite de oliva y vinagre, aporta el contrapunto fresco y ligeramente amargo que necesita la carne.

Son cenas de las de antes, de las que no precisan adornos porque tienen todo lo necesario: buenos ingredientes, una cocina caliente y el gusto de compartir la mesa. Y quizá por eso, cuando vuelvo a Aragón y veo encendida la cocinilla, esta cena vuelve a apetecerme tanto.


Ingredientes

Para el pan con panceta

4 rebanadas grandes de pan de hogaza, de unos 2 cm de grosor, preferiblemente pan de pueblo o de masa madre.

4 lonchas gruesas de panceta de cerdo fresca, de unos 100-120 g cada una, con su piel.

Pimienta negra recién molida.

Una pizca de sal.

Para la ensalada de escarola

1 escarola grande.

1 o 2 dientes de ajo, según el gusto.

4 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra.

1 o 2 cucharadas soperas de vinagre de vino blanco o de Jerez.

Sal.


Preparación

Precalentamos el horno a 200 °C, con calor arriba y abajo.

Hacemos unos cortes superficiales en la piel de la panceta, en forma de cruz, y añadimos una pizca de sal.

Colocamos las rebanadas de pan sobre una bandeja de horno y ponemos encima una loncha de panceta en cada una. No añadimos aceite: la propia grasa de la carne irá fundiéndose y empapará la miga del pan durante el asado.

Introducimos la bandeja en la parte media-alta del horno y dejamos que se haga durante unos 20-25 minutos, hasta que la panceta esté bien dorada, la piel crujiente y los bordes del pan tostados. El tiempo puede variar según el grosor de la carne y el horno; comprobamos que esté bien cocinada por dentro.

Mientras tanto, preparamos la ensalada. En un mortero machacamos los ajos con un pellizco de sal hasta obtener una pasta fina. Añadimos el vinagre  y el aceite de oliva virgen extra, y mezclamos bien.

Ponemos la escarola, limpia, troceada y bien escurrida, en una ensaladera. La aliñamos justo antes de servir y removemos para que todas las hojas queden impregnadas.

Sacamos el pan con panceta del horno y espolvoreamos pimienta negra recién molida por encima. Lo servimos bien caliente, acompañado de una buena ración de ensalada de escarola.

Consejo de Mapi

El secreto está en utilizar un buen pan de hogaza, con miga consistente, capaz de absorber la grasa de la panceta sin deshacerse. Y la ensalada, mejor aliñarla en el último momento para que conserve toda su frescura y su textura.

El contraste entre la panceta caliente y crujiente y la escarola con ajo y vinagre es lo que hace especial a esta cena tan sencilla.


EMPANADILLAS DE MASA CASERA DE MI ABUELA

 






Empanadillas con la masa casera de mi abuela

Hay recetas que pasan de una generación a otra y que merece la pena conservar tal como las aprendimos. Estas empanadillas llevan la masa casera de mi abuela, hecha con ingredientes sencillos y con ese sabor de la cocina de siempre.

Preparar la masa en casa requiere un poco de tiempo, pero tiene su recompensa. Podemos estirarla a nuestro gusto, rellenarla con una buena carne guisada y cerrar cada empanadilla con cuidado, como se ha hecho tradicionalmente en tantas cocinas familiares

Yo he querido conservar la receta de mi abuela y añadir una alternativa para quienes prefieren evitar la fritura: prepararlas al horno. Así, cada uno puede elegir cómo terminarlas sin renunciar al gusto de una buena empanadilla casera.

Porque las recetas familiares también pueden adaptarse a los tiempos actuales sin perder aquello que las hace especiales.


Ingredientes

Para la masa casera

  • 500 g de harina de trigo común.
  • 100 g de manteca de cerdo o mantequilla a temperatura ambiente.
  • 1 huevo.
  • 200 ml de agua templada, o leche si queremos una masa más suave.
  • 1 cucharadita de sal.Para el relleno de carne
    • 500 g de carne picada, mitad de ternera y mitad de cerdo.
    • 1 cebolla grande.
    • 1 pimiento rojo o verde.
    • 2 dientes de ajo.
    • 2 huevos cocidos.
    • 2 cucharadas de tomate frito.

    ½ cucharadita de comino.

    • 1 cucharadita de pimentón dulce.
    • Sal y pimienta negra al gusto.
    • Aceite de oliva virgen extra.

    Para la versión al horno, necesitaremos también 1 huevo batido para pintar las empanadillas, si lo deseamos.


Preparación

Comenzamos preparando la masa. Ponemos la harina y la sal en un recipiente amplio y añadimos la manteca de cerdo o la mantequilla blanda. Mezclamos con las yemas de los dedos hasta conseguir una textura parecida a la arena fina.

Incorporamos el huevo batido y añadimos poco a poco el agua templada, mezclando hasta que la harina absorba el líquido.

Pasamos la masa a la mesa de trabajo y amasamos durante unos 5-8 minutos, hasta obtener una masa lisa, elástica y manejable. Formamos una bola, la tapamos y la dejamos reposar en la nevera durante unos 30 minutos.

Mientras tanto, preparamos el relleno. Calentamos un poco de aceite de oliva en una sartén y sofreímos la cebolla, el pimiento y los ajos, todo bien picado, a fuego medio-bajo durante unos 8-10 minutos, hasta que las verduras estén tiernas.

Añadimos la carne picada y la desmenuzamos con una cuchara de madera para que quede suelta. Cocinamos hasta que esté hecha y agregamos el pimentón dulce, el comino, la sal y la pimienta negra.

Incorporamos el tomate frito, mezclamos bien y retiramos la sartén del fuego. Añadimos los huevos cocidos picados y dejamos enfriar completamente el relleno antes de formar las empanadillas.

Sacamos la masa de la neveray la estiramos sobre una superficie ligeramente enharinada, hasta dejarla de unos 2-3 milímetros de grosor. Cortamos discos con ayuda de un cortador redondo o de un cuenco.

Ponemos una cucharada de relleno frío en el centro de cada disco. Humedecemos ligeramente los bordes con agua, doblamos la masa formando una media luna y sellamos bien con las puntas de un tenedor o haciendo pequeños pliegues.

Para freírlas: calentamos abundante aceite, sin dejar que humee, y freímos las empanadillas por tandas hasta que estén doradas y crujientes. Las dejamos escurrir sobre papel absorbente.


Para hacerlas al horno: precalentamos el horno a 180 °C. Colocamos las empanadillas en una bandeja cubierta con papel de hornear y, si queremos que queden brillantes, las pintamos con huevo batido. Horneamos durante unos 20-25 minutos, hasta que estén doradas.

Las servimos recién hechas, cuando la masa conserva su mejor textura y el relleno está jugoso.


Consejo de Mapi

El relleno debe estar completamente frío antes de montar las empanadillas. Así evitamos que la masa se ablande demasiado y resulta más fácil cerrarlas sin que se rompan.Si elegimos la fritura, el aceite debe estar caliente, pero sin humear. Si preferimos el horno, conviene vigilar el dorado, porque cada horno tiene su propio ritmo.

Lo importante es conservar el gusto de la masa casera de mi abuela y disfrutar de unas empanadillas hechas en casa, con tiempo y buenos ingredientes.


CORDERO AL CHILINDRON

 




Cordero al chilindrón

Un guiso de los de mojar pan, con cordero tierno, pimientos rojos y una salsa sabrosa enriquecida con jamón ibérico.


Ingredientes

1 kg de pierna de cordero deshuesada y cortada en dados

150 g de jamón ibérico

4 pimientos rojos cortados en tiras

3 cebollas cortadas en juliana

300 ml de tomate triturado

2 dientes de ajo fileteados

100 ml de vino blanco seco

Caldo de carne o de ave,

cantidad necesaria

Aceite de oliva

Harina

Sal y pimienta






Preparación

Calentar un poco de aceite de oliva en la cazuela de barro, con cuidado de que el calor aumente gradualmente. Salpimentar ligeramente los dados de cordero, pasarlos por harina y sacudir el exceso.

Dorar la carne por tandas en la misma cazuela y reservarla.En ese mismo aceite, pochar las cebollas a fuego suave. Añadir los ajos fileteados y los pimientos rojos, y dejar que se cocinen despacio hasta que las verduras estén tiernas.

Incorporar el jamón ibérico cortado en tiras o dados y rehogarlo brevemente. Agregar el tomate triturado y cocinar hasta que el sofrito pierda parte de su agua.

Volver a incorporar el cordero, verter el vino blanco y dejar que se evapore el alcohol. Añadir caldo caliente hasta cubrir parcialmente la carne.

Mantener la cazuela a fuego suave, tapada, hasta que el cordero esté tierno y la salsa tenga una consistencia ligada. Durante la cocción, vigilar el líquido y añadir algo más de caldo caliente si fuera necesario.

Probar la salsa y rectificar de sal y pimienta al final, teniendo en cuenta la salinidad del jamón. Dejar reposar unos minutos antes de servir.






Consejo de Mapi

Los guisos hechos sin prisas ganan en sabor y textura. Sirve este cordero bien caliente, acompañado de pan para disfrutar de su salsa.


LOMO DE CERDO CON NARANJA Y ROMERO





Lomo de cerdo con naranja y romero


Hay aromas que convierten una pieza de carne en un plato especial. La naranja aporta frescura, el romero pone su perfume y el pimentón añade ese puntito de carácter que hace que una receta sencilla tenga personalidad propia.


 Ingredientes


- 1 kg de lomo de cerdo en una pieza

- El zumo de 2 naranjas

- 2 ramitas de romero fresco

- 50 ml de aceite de oliva

- 1 cucharadita de pimentón dulce

- 1 cucharadita de pimentón picante (opcional)

- 1 cucharadita de perejil picado

- Sal y pimienta al gusto






Preparación


En un cuenco, mezcla el zumo de naranja con el aceite de oliva, el pimentón dulce, el picante y el perejil. Remueve bien hasta integrar todos los ingredientes.


Salpimienta el lomo por todos sus lados y colócalo en una bandeja apta para el horno. Vierte por encima la marinada de naranja y distribuye las ramitas de romero sobre la carne y a su alrededor.


Introduce la bandeja en el horno precalentado a 180-200 °C y hornea durante unos 70 minutos, bañando el lomo a mitad de cocción con los jugos de la bandeja para ayudar a mantenerlo jugoso. El tiempo dependerá del grosor de la pieza y del horno.


Cuando esté hecho, retíralo y déjalo reposar unos 10 minutos antes de cortarlo en rodajas. Mientras tanto, puedes reducir la salsa de naranja de la bandeja si deseas que quede más concentrada.


Sirve las rodajas de lomo regadas con su salsa. Unas patatas asadas o un puré casero serán un acompañamiento estupendo.






 Consejo de Mapi

Deja reposar la carne antes de cortarla y utiliza un cuchillo bien afilado para conseguir rodajas limpias. Si te gusta el contraste de sabores, no renuncies a ese pellizco de pimentón picante: aporta carácter sin quitarle protagonismo a la naranja y al romero.



PATATAS A LA IMPORTANCIA

 



 patatas a la importancia


Hay platos que nacieron de la sencillez y acabaron ocupando un lugar de honor en nuestras mesas. Las patatas a la importancia son uno de ellos: unas humildes rodajas de patata que, entre rebozado, azafrán y un buen guiso a fuego lento, se transforman en un bocado delicado y lleno de sabor. Una receta de las de antes, capaz de demostrar que la verdadera importancia de la cocina está en hacer mucho con muy poco.


Ingredientes 

800 de patatas  preferiblemente variedades para cocer o guisar

 2 huevos

Harina

1 cebolla  grande o 2 pequeñas, picada finamente

2 o 3 dientes de ajo

 100 ml de vino blanco 

400-500 ml de caldo de pollo o de verduras (en su defecto, agua)

Hebras de azafrán: 5 o 6 filamentos (o una pizca de cúrcuma/colorante)

Perejil fresco: un puñado picado

Aceite de oliva virgen extra o de girasol para freír

Sal y pimienta negra al gusto 






Preparación

Pelar, lavar y secar bien las patatas. Cortarlas en rodajas de aproximadamente 1 cm de grosor. Sazonar las rodajas con sal y pimienta al gusto. Pasarlas primero por harina (sacudiendo el exceso) y luego por el huevo batido. 


En una sartén con abundante aceite caliente (unos 170-180 °C), freír las patatas por tandas durante 3-4 minutos por lado, buscando que el rebozado quede bien dorado pero sin que la patata se cocine por completo por dentro. Escurrir sobre papel absorbente y reservarlas en una cazuela amplia.


En la misma cazuela donde se guisará el plato (retirando parte del aceite de la fritura), añadir un chorro de aceite limpio y sofreír la cebolla picada a fuego medio-bajo durante unos 10 minutos hasta que esté transparente. 

Añadir una cucharadita de harina a la cebolla y cocinarla durante un minuto para ayudar a espesar el guiso. 

Hacer el majado e integrar el vino

En un mortero, machacar los dientes de ajo con el perejil fresco, las hebras de azafrán y una pizca de sal. Desleír el majado añadiendo el vino blanco y verterlo todo a la cazuela con la cebolla. Subir el fuego y dejar cocinar 2 o 3 minutos para que el alcohol se evapore. 


Colocar las patatas fritas de manera ordenada en la cazuela, intentando que no queden demasiado amontonadas. Cubrir con el caldo caliente o agua hasta el nivel de las patatas. Tapar la cazuela y cocinar a fuego suave durante 25-30 minutos. 


 No remover el guiso bruscamente con una cuchara para evitar que el rebozado se desprenda de la patata; en su lugar, agitar la cazuela suavemente por las asas de vez en cuando. 


Comprobar el punto de cocción pinchando una patata con un cuchillo; si entra con suavidad, ya están listas. Rectificar de sal, espolvorear un extra de perejil picado por encima y dejar reposar el guiso destapado de 5 a 10 minutos antes de servir para que la salsa termine de trabarse





Consejo de Mapi

El secreto está en mantener el fuego suave y tratar las patatas con mimo durante el guiso. Así conservan su rebozado, quedan tiernas por dentro y la salsa adquiere esa textura ligada tan característica. Ten pan a mano, porque la salsa también merece su protagonismo.

TARTA DE TORRIJAS




 


Tarta de torrijas

Ingredientes

  • 1 barra de pan del día anterior
  • 600 ml de leche
  • La piel de 1 naranja
  • La piel de 1 limón
  • 1 rama de canela
  • 5 huevos
  • 150 g de miel

Para el almíbar

  • 4 cucharadas de miel
  • 2 cucharadas soperas de agua

Para espolvorear

  • 1 cucharada sopera de azúcar
  • Canela molida al gusto

Preparación

Corta la barra de pan en rodajas de aproximadamente un centímetro y medio de grosor y reserva.

Pon un cazo al fuego con la leche, la piel de naranja y la piel de limón, procurando no añadir la parte blanca de los cítricos. Incorpora la rama de canela y, cuando la leche comience a hervir, retira el cazo del fuego. Tapa y deja infusionar durante unos 15 minutos.

En un bol, bate los huevos con los 150 g de miel hasta que estén bien integrados.

Deja que la leche se temple y añádela poco a poco a la mezcla de huevos y miel, batiendo constantemente con unas varillas manuales.

Empapa las rodajas de pan en la mezcla. Engrasa un molde de aproximadamente un litro de capacidad, tipo plum cake y apto para horno, y coloca las rodajas en su interior. Rellena los huecos con trozos de pan empapados en la mezcla.

Vierte por encima el líquido sobrante, pasándolo por un colador para retirar las pieles de los cítricos y la rama de canela.

Coloca el molde dentro de otro recipiente más grande con agua para cocinar la tarta al baño María. Introduce en el horno precalentado a 170 °C, con calor arriba y abajo, durante unos 35 minutos.

Deja enfriar por completo la tarta dentro del molde.

Para preparar el almíbar, pon las cuatro cucharadas de miel y las dos cucharadas de agua en un cazo pequeño. Calienta a fuego suave, removiendo hasta que la miel se disuelva y la mezcla quede fluida. No hace falta que hierva con fuerza.

Pincha toda la superficie de la tarta fría con una brocheta y vierte el almíbar caliente poco a poco, ayudándote de una cuchara para repartirlo y facilitar que lo absorba.

Desmolda la tarta y espolvorea con el azúcar mezclado con canela molida al gusto.

Reserva en la nevera hasta el momento de servir





Consejo de Mapi

Para preparar esta tarta puedes aprovechar cualquier tipo de pan que tengas en casa, incluso pan de molde. Es una estupenda manera de dar una segunda vida al pan y convertirlo en un postre delicioso.






lunes, 12 de octubre de 2026

HOMENAJE A LA VIRGEN DEL PILAR EL 12 DE OCTUBRE

 




Aragón en mi cocina, un homenaje en el Día del Pilar

Hoy es un día especial para cualquier aragonés y aragonesa que siente su tierra como parte de sí mismo.

Hoy celebramos el Pilar, nuestras raíces, nuestras costumbres y esa forma tan nuestra de compartir alrededor de una mesa. Yo estoy lejos de Aragón, pero hay distancias que no consiguen apartarnos de aquello que llevamos dentro.

Por eso he querido reunir en La Alacena de MAPI algunas recetas de mi tierra. No necesariamente las más conocidas ni las que aparecen siempre en los grandes recetarios, sino otras elaboraciones que también forman parte de nuestra gastronomía y de nuestras costumbres. Platos y dulces que, aunque quizá no sean tan típicos para todo el mundo, no por eso son menos importantes.

Porque Aragón no se cuenta con cuatro recetas conocidas. Aragón también está en sus productos, en las cocinas de sus pueblos, en las celebraciones familiares y en esas tradiciones que pasan de generación en generación.

Hoy quiero acercarme un poquito a mi tierra de la manera que mejor sé hacerlo: cocinando, recordando y compartiendo.

Feliz Día del Pilar a todos los aragoneses y aragonesas, estéis donde estéis.

¡Que nunca nos falten nuestras raíces ni una mesa alrededor de la que celebrar!




Ensalada ilustrada aragonesa: los sabores de  mi tierra en un mismo plato

Hay platos que no necesitan grandes secretos, solo buenos productos y el cariño de saber colocarlos. La ensalada ilustrada aragonesa reúne algunos de los sabores más queridos de nuestra tierra: el tomate rosa de Barbastro, la cebolla dulce de Fuentes de Ebro, las olivas negras de Aragón, los espárragos y el jamón de Teruel. Una ensalada generosa, colorida y llena de contrastes, de esas que visten la mesa y abren el apetito con solo mirarlas.


Ingredientes

1 lechuga Batavia tierna o 3 cogollos de Tudela

2 tomates grandes rosas de Barbastro

1 cebolla dulce de Fuentes de Ebro

8 espárragos blancos gruesos en conserva

4 corazones de alcachofa en conserva, opcionales

2 huevos medianos

200 g de ventresca de atún o bonito del norte en aceite de oliva

16 olivas negras de Aragón, variedad empeltre

4 lonchas finas de jamón de Teruel

Aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón

Vinagre de Jerez o de vino blanco

Sal en escamas


Preparación

Cocemos los huevos durante nueve minutos desde que el agua rompa a hervir. Los enfriamos en agua con hielo, los pelamos y reservamos.

Para preparar el jamón crujiente, colocamos las lonchas entre dos papeles de horno y las calentamos en el microondas durante uno o dos minutos, vigilando que no se quemen. También podemos dorarlas en una sartén sin aceite,presionándolas ligeramente con una espátula. Las dejamos enfriar para que queden crujientes.

Lavamos bien la lechuga, la escurrimos y troceamos las hojas con las manos. Lavamos los tomates y los cortamos en gajos o rodajas gruesas. Pelamos la cebolla y la cortamos en tiras finas.

En una fuente amplia distribuimos la lechuga por todala base y colocamos encima los tomates. Repartimos los espárragos y los corazones de alcachofa, procurando que queden bien distribuidos y a la vista.

Colocamos la cebolla en el centro y disponemos sobre ella los lomos de ventresca bien escurridos. Cortamos los huevos en cuartos y los repartimos por la fuente junto con las olivas negras.

Por último, rompemos las lonchas de jamón crujiente en trozos grandes y los colocamos entre los demás ingredientes, dando a la ensalada una presentación generosa y apetecible.

Justo antes de llevarla a la mesa, añadimos una pizca de sal en escamas, el vinagre y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón.


Consejo de Mapi

El secreto de una buena ensalada ilustrada está en la calidad de sus ingredientes y en no esconderlos bajo el aliño. Escurre bien las verduras en conserva y reserva el aliño para el último momento. Así conservarás la frescura de la lechuga y cada producto aportará su propio sabor. Si utilizas jamón crujiente, modera la sal: no hace falta añadir mucha para disfrutar de todos los matices de esta ensalada tan nuestra.





Longaniza de Graus con patatas a lo pobre: un plato con alma aragonesa

Hay comidas que nos recuerdan que, para disfrutar de verdad en la mesa, no hacen falta demasiadas complicaciones. Una buena longaniza de Graus, unas patatas cocinadas despacio con cebolla y pimiento, y el aroma del aceite de oliva bastan para preparar un plato sabroso, de los que invitan a sentarse a la mesa sin mirar el reloj.

La cocina aragonesa tiene esa virtud: sacar lo mejor de los ingredientes sencillos y convertirlos en una comida para recordar.

Ingredientes

1 pieza de longaniza de Graus, de unos 400-500 g

4 patatas grandes

1 cebolla grande

1 pimiento verde italiano

2 dientes de ajo

Aceite de oliva virgen extra

Sal y pimienta negra al gusto

Un chorrito de vino blanco, opcional


Elaboración

Pelamos las patatas y las cortamos en rodajas de aproximadamente medio centímetro, como para hacer patatas panaderas. Cortamos la cebolla en juliana fina, el pimiento en tiras y laminamos los dientes de ajo.

Ponemos abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y, cuando esté caliente, incorporamos las patatas, la cebolla, el pimiento y el ajo. Salpimentamos ligeramente y bajamos el fuego para que se cocinen despacio durante unos veinte o veinticinco minutos.

Removemos de vez en cuando con cuidado, procurando que las patatas no se rompan. Deben quedar tiernas, melosas y ligeramente doradas por los bordes, sin llegar a ponerse crujientes. Cuando estén en su punto, las escurrimos bien y las reservamos en una fuente.

Mientras tanto, cortamos la longaniza de Graus en trozos de unos cuatro o cinco centímetros. Los ponemos en otra sartén, sin apenas aceite, y los doramos a fuego medio durante unos ocho o diez minutos, dándoles la vuelta para que se cocinen uniformemente.

Si queremos darles un punto extra de jugosidad, añadimos un chorrito de vino blanco durante los últimos minutos y dejamos que se evapore por completo.

Servimos las patatas a lo pobre como base o acompañamiento y colocamos encima los trozos de longaniza recién hechos, aprovechando los jugos de la sartén para dar el último toque al plato.


Consejo de Mapi

La paciencia es la mejor aliada de unas buenas patatas a lo pobre. No tengas prisa ni subas demasiado el fuego: queremos unas patatas tiernas y sabrosas, no unas patatas fritas. Y si la longaniza de Graus es de buena calidad, déjala lucirse por sí sola; con unos ingredientes tan nuestros, no hace falta disfrazar los sabores.





El Paquito de ternasco de Aragón: un bocadillo con sabor a nuestra tierra

En las fiestas, Zaragoza también tiene sus propias maneras de sentarse a la mesa. El Paquito, ese bocadillo de cordero que se ha ido haciendo un sitio en las barras y entre los amantes de la buena comida, es una forma sabrosa y desenfadada de disfrutar de una carne tan nuestra como el ternasco de Aragón.

Con unos buenos filetes, jamón de Teruel, pimientos rojos y un pan artesano, preparamos una versión generosa, pensada para disfrutarla sin prisas y, por supuesto, con mucho sabor aragonés.


Ingredientes

8-12 filetes finos de pierna de ternasco de Aragón, deshuesados

4 bollos de pan individuales, tiernos o tipo chapata

2 pimientos morrones rojos

8 lonchas de jamón de Teruel

8 lonchas de queso semicurado

Aceite de oliva virgen extra

Sal y pimienta negra

Para la mayonesa de ajo suave

1 huevo

200 ml de aceite

Medio diente de ajo, sin el germen central

Un chorrito de vinagre o zumo de limón

Una pizca de sal


Preparación

Comenzamos cortando los pimientos morrones en tiras. Los ponemos en una sartén con un buen chorro de aceite de oliva y los cocinamos a fuego medio hasta que estén tiernos y ligeramente dorados. Los retiramos y reservamos.

Preparamos la mayonesa de ajo poniendo en el vaso de la batidora el huevo, el ajo, el vinagre o el limón, la sal y el aceite. Apoyamos la batidora en el fondo y trituramos sin moverla hasta que la mezcla empiece a emulsionar. Después, subimos y bajamos despacio hasta conseguir una mayonesa cremosa y homogénea. La reservamos en el frigorífico.

Calentamos bien una plancha o sartén con unas gotas de aceite. Salpimentamos los filetes de ternasco y los marcamos a fuego fuerte, aproximadamente un minuto por cada lado,

dependiendo del grosor. Deben quedar dorados por fuera y jugosos por dentro, siempre bien cocinados.

Abrimos los panes por la mitad y untamos la base con una capa de mayonesa de ajo. Repartimos los pimientos rojos, colocamos las lonchas de jamón de Teruel y el queso semicurado, y terminamos con los filetes de ternasco recién hechos.

Si queremos el pan ligeramente crujiente y el queso fundido, damos al bocadillo un golpe de calor en el horno o en una sandwichera durante un par de minutos, vigilando que el pan no se tueste demasiado.

Servimos recién hecho, cuando la carne todavía está jugosa y el queso comienza a fundirse.


Consejo de Mapi

La clave está en no resecar el ternasco y elegir un pan que aguante bien el relleno sin perder su textura. Prepara la mayonesa con antelación y mantenla refrigerada hasta el momento de servir. Y recuerda: un buen Paquito no necesita demasiados ingredientes, sino que cada uno aporte su sabor sin quitarle protagonismo al cordero.






Mantecados de almendra caseros: dulces bocados para una buena sobremesa

Hay dulces que saben a reuniones familiares, a una mesa bien puesta y a esas sobremesas que parecen no tener prisa por terminar. Estos mantecados de almendra, con su harina tostada, el aroma del limón y un toque de mistela o moscatel, son una invitación a recuperar el placer de la repostería hecha en casa.

Su textura es delicada y quebradiza, y el sabor tostado de la almendra combina de maravilla con la suavidad de la manteca. Servidos con una copita de vino dulce, convierten cualquier sobremesa en un pequeño homenaje a nuestras costumbres.


Ingredientes

500 g de harina de trigo común

250 g de manteca de cerdo a temperatura ambiente

200 g de azúcar, más un poco para rebozar

150 g de almendra molida

50 ml de mistela o vino moscatel

2 yemas de huevo

La ralladura de 1 limón

Almendras enteras crudas, opcionales para decorar

Preparación

Extendemos la harina sobre una bandeja de horno y la tostamos a 150 °C durante unos quince o veinte minutos, removiendo de vez en cuando para que se tueste uniformemente. Debe adquirir un tono ligeramente crema, sin llegar a oscurecerse. La dejamos enfriar por completo antes de utilizarla.

En un bol amplio trabajamos la manteca de cerdo con el azúcar y la ralladura de limón hasta conseguir una mezcla cremosa. Incorporamos las yemas y la mistela o el moscatel, mezclando hasta que queden bien integrados.

Añadimos la almendra molida y después la harina tostada, poco a poco. Mezclamos primero con una espátula y terminamos de unir la masa con las manos, sin trabajarla en exceso. Cuando tengamos una masa homogénea, la dejamos reposar unos quince minutos.

Precalentamos el horno a 180 °C, con calor arriba y abajo. Extendemos la masa sobre papel de horno hasta conseguir un grosor de aproximadamente un centímetro y medio o dos centímetros. Cortamos los mantecados con un cortapastas redondo o un vaso pequeño y los colocamos en una bandeja.

Si nos gusta, ponemos una almendra entera sobre cada pieza, presionando suavemente para que quede sujeta.

Horneamos durante unos doce o quince minutos, vigilando el punto de cocción. Los bordes deben empezar a tomar un ligero color dorado, pero no conviene dejarlos demasiado tiempo porque podrían endurecerse.

Al sacarlos estarán muy frágiles, por lo que los dejamos templar sobre la bandeja antes de manipularlos. Cuando todavía estén ligeramente tibios, los rebozamos con cuidado en azúcar y los dejamos enfriar completamente antes de guardarlos.


El acompañamiento: mistela o moscatel en porrón

Una buena sobremesa también se disfruta con sus pequeños rituales. La mistela y el moscatel son dos acompañamientos estupendos para estos mantecados, gracias a sus 

aromas dulces y florales, que armonizan con la almendra tostada y el sabor de la manteca.

Podemos servir el vino dulce ligeramente fresco, en torno a los 8-11 °C, y llevarlo a la mesa en un porrón de cristal para recuperar esa manera tan tradicional y festiva de compartir la bebida.

Si utilizamos el porrón, inclinamos suavemente el recipiente y regulamos el chorro acercándolo o alejándolo de la boca, siempre con cuidado. Lo importante es disfrutar del momento y de la compañía.

Consejo de Mapi

La harina debe estar completamente fría antes de incorporarla a la masa,

y los mantecados necesitan reposo para adquirir consistencia. No intentes moverlos recién salidos del horno: su delicadeza forma parte de su encanto. Guárdalos, una vez fríos, en una caja bien cerrada para conservar su textura y tenerlos a mano cuando apetezca acompañar el café o una buena sobremesa.





Manto de la Virgen del Pilar: una ofrenda dulce a nuestra Patrona

Hay mantos que se bordan con hilos y otros que se tejen con flores, pero todos tienen algo en común: nacen del cariño y de la devoción a la Virgen del Pilar.

Desde hace siglos, los mantos forman parte de la tradición pilarista. Los documentosconservados en la Basílica dejan constancia de que la imagen ya vestía manto en 1504. Cada uno de ellos guarda una historia, una promesa, un agradecimiento o un sentimiento de quienes quisieron ofrecerlo a Nuestra Señora.


El 12 de octubre, cuando tantos corazones se vuelven hacia la Virgen, también la cocina puede rendirle su pequeño homenaje.

Este dulce, inspirado en la silueta de su manto, viste el hojaldre dorado con una suave combinación de crema pastelera y nata montada. El azúcar glas recuerda la delicadeza de los tejidos blancos y la cruz roja pone el detalle final, evocando el símbolo que acompaña tantas representaciones del manto floral de la Ofrenda.

No es un manto bordado ni tejido con flores, sino una manera dulce y sencilla de expresar nuestro cariño a la Virgen del Pilar, con la ilusión de llevar a la mesa un poquito de esa tradición que pasa de generación en generación.

Porque hay devociones que se expresan con flores, otras con oraciones y otras, también, con las cosas hechas con amor.

Ingredientes

  • 2 láminas rectangulares de hojaldre
  • 1 huevo para pintar
  • 500 ml de nata para montar, con un mínimo del 35 % de materia grasa
  • 100 g de azúcar glas, para la nata y la decoración
  • 400 g de crema pastelera preparada

Colorante alimentario rojo,opcional

  • Pétalos de rosa y hojas verdes para decorar, opcionales y aptos para uso alimentario

Preparación

Precalentamos el horno a 200 °C. Superponemos las dos láminas de hojaldre y, con un cuchillo afilado, recortamos una silueta trapezoidal que recuerde la forma de un manto. Separamos las piezas y las colocamos sobre una bandeja cubierta con papel de horno.

Pinchamos la superficie con un tenedor para evitar que el hojaldre suba de manera irregular y pintamos ambas piezas con huevo batido.

Horneamos durante quince o veinte minutos, hasta que estén doradas y crujientes. Las retiramos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla antes de rellenarlas.

Mientras tanto, montamos la nata en un bol bien frío. Cuando empiece a tomar cuerpo, añadimos el azúcar glas poco a poco y seguimos batiendo hasta conseguir una consistencia firme, con cuidado de no pasarnos.

Reservamos dos o tres cucharadas de nata y las teñimos con unas gotas de colorante rojo. Las ponemos en una manga pastelera con boquilla fina para dibujar la cruz. Introducimos el resto de la nata blanca en otra manga, preferiblemente con boquilla de estrella.

Colocamos una de las piezas de hojaldre como base y extendemos sobre ella la crema pastelera, procurando repartirla de manera uniforme. Encima ponemos una generosa capa de nata montada blanca.

Cubrimos con la segunda pieza de hojaldre, apoyándola suavemente para no aplastar el relleno.

Terminamos espolvoreando azúcar glas y dibujando en el centro la cruz roja con la nata que habíamos reservado. Si queremos darle una presentación más festiva, podemos colocar alrededor pétalos de rosa y pequeñas hojas verdes, siempre que sean aptos para uso alimentario.

Guardamos el manto en el frigorífico hasta el momento de servir, para mantener la nata y la crema bien frescas.

Consejo de Mapi

El secreto está en montar el dulce cuando el hojaldre esté completamente frío y la nata bienfirme. Para que conserve su textura crujiente, es preferible rellenarlo unas horas antes de servirlo, no con demasiada antelación. Y si quieres que la cruz destaque de verdad, dibújala con trazos sencillos y limpios: en este dulce, la elegancia está en los pequeños detalles.





Que nunca nos falten las raíces que nos unen a nuestra tierra, el orgullo de ser aragoneses y la fe en nuestra Virgen del Pilar.

Estemos cerca o lejos del Ebro, que su manto nos cobije, que cuide de nuestras familias y que nos acompañe allá donde la vida nos lleve.

¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva Aragón!

Y que nuestra Madre nos guarde siempre bajo su manto




domingo, 11 de octubre de 2026

ARVEJAS COMPUESTAS.UN CLASICO DE LA COCINA CANARIA

 



Arvejas compuestas, un clásico de la cocina canaria

Hay platos que saben a hogar y a cocina de toda la vida, y las arvejas compuestas son uno de ellos. En Canarias, los guisantes se visten de fiesta con un buen sofrito, chorizo, panceta, papas doraditas y huevo duro. Un guiso sabroso y generoso, de esos que se disfrutan sin prisas y que siempre invitan a repetir.


Ingredientes

  • 800 g-1 kg de arvejas (guisantes), frescas o congeladas
  • 3-4 papas medianas
  • 4 huevos
  • 100 g de panceta o beicon
  • 1 trozo de chorizo, cortado en rodajas
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • pimiento rojo
  • 400 g de tomate natural triturado
  • 1 cucharada de azúcar, si hace falta corregir la acidez del tomate
  • ½ vaso de vino blanco
  • Agua, la necesaria
  • 1 hoja de laurel
  • 1 cucharadita de tomillo
  • 1 cucharadita de orégano
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra












    Elaboración

    Cuece los huevos en agua hirviendo durante unos 10-12 minutos. Enfríalos, pélalos y resérvalos.

    Pela las papas y córtalas en dados. Fríelas en abundante aceite caliente hasta que estén doradas por fuera y tiernas por dentro. Retíralas y déjalas escurrir sobre papel absorbente.

    En un caldero amplio, calienta un chorrito de aceite de oliva y sofríe la cebolla, los ajos y el pimiento rojo, todo bien picado. Añade una pizca de sal y deja que las verduras se ablanden a fuego medio.

    Incorpora la panceta y el chorizo, y rehoga durante unos minutos para que suelten su sabor. Aparta un instante el caldero del fuego y añade el pimentón dulce, removiendo para evitar que se queme.

    Agrega el tomate triturado, el laurel, el tomillo y el orégano. Si el tomate resulta ácido, incorpora un poco de azúcar. Deja que el sofrito se cocine a fuego suave durante 5-7 minutos, removiendo de vez en cuando.

    Vierte el vino blanco y deja que hierva un par de minutos para que se evapore el alcohol. Añade las arvejas y suficiente agua para cubrirlas ligeramente. Tapa el caldero y cocina a fuego 

    medio-suave durante unos 25-30 minutos, o hasta que estén tiernas. Si son frescas, el tiempo puede variar; si son congeladas, comprueba el punto antes de prolongar la cocción.

    Cuando las arvejas estén listas, incorpora las papas fritas durante los últimos minutos si quieres que absorban parte de la salsa. También puedes reservarlas para colocarlas por encima al servir.

    Reparte las arvejas compuestas en los platos y acompaña con los huevos duros cortados en cuartos o rodajas y las papas doradas.





    Consejo de Mapi

    Si quieres una salsa más trabada y sabrosa, deja reposar el guiso unos minutos antes de servirlo. Puedes 

    añadir parte de las papas al caldero para que se empapen bien y reservar el resto para colocarlas por encima, conservando así su toque crujiente. ¡Y no te olvides del pan para disfrutar hasta la última cucharada de salsa!



ALBONDIGAS DE CHERNE EN SALSA CANARIA

 




Albóndigas de cherne en salsa canaria

En las cocinas canarias, el cherne siempre ha tenido un lugar especial. Hoy lo convertimos en unas albóndigas jugosas, perfumadas con cilantro, perejil y especias, que se bañan en una salsa casera de las de mojar pan. Una receta marinera con sabor a nuestras islas y a cocina hecha sin prisas.


Ingredientes

Para las albóndigas

500 g de cherne salado, previamente desalado

2 huevos

2 dientes de ajo picados finamente

Miga de medio pan pequeño, remojada en leche y escurrida, o 2 cucharadas de pan rallado

1 cucharada de mantequilla blanda

Unas ramas de perejil fresco picado

Unas ramas de cilantro fresco picado

1 cucharadita de semillas de cilantro machacadas

Pimienta negra al gusto

Una pizca de azafrán o colorante

Harina para rebozar

Aceite de oliva para freír

Para la salsa canaria

1 cebolla grande picada

1 pimiento verde o rojo picado

2 tomates maduros, pelados y triturados

2 dientes de ajo picados

1 vaso de vino blanco

1 hoja de laurel

Una pizca de tomillo

Una pizca de comino molido

Caldo de pescado o agua, el necesario

Aceite de oliva y sal, si fuera necesaria






Elaboración

La víspera, pon el cherne en remojo para desalarlo durante toda la noche, cambiando el agua un par de veces. Al día siguiente, lávalo bien y cuécelo en agua hirviendo durante unos 10-12 minutos, según el grosor. Escúrrelo, retira las posibles espinas y la piel, y desmenúzalo finamente.

Coloca el pescado en un bol y mézclalo con los ajos picados, el perejil, el cilantro, las semillas de cilantro machacadas, la pimienta y el azafrán. Incorpora la miga de pan remojada y escurrida, la mantequilla blanda y los huevos batidos. Mezcla hasta obtener una masa homogénea.

Con las manos ligeramente humedecidas, forma las albóndigas. Pásalas por harina y dóralas en una sartén con aceite de oliva caliente. Retíralas y déjalas sobre papel absorbente.

En una cazuela, utiliza un poco del aceite de la fritura para preparar el sofrito. Añade la cebolla, el pimiento y los dos dientes de ajo, y cocina a fuego medio hasta que estén tiernos. Incorpora el tomate triturado y deja que se cocine unos minutos

Agrega el laurel, el tomillo y el comino. Vierte el vino blanco y deja que hierva durante unos minutos para que se evapore el alcohol. Coloca las albóndigas en la salsa con cuidado y añade caldo de pescado o agua hasta cubrirlas ligeramente.

Deja cocinar a fuego suave durante unos 15 minutos, moviendo la cazuela con delicadeza para que no se rompan. Prueba la salsa y rectifica de sal solo si hace falta, pues el cherne puede conservar algo de sal incluso después del desalado.






Consejo de Mapi

Acompaña estas albóndigas con unas buenas papas arrugadas y mojo, o con unas papas panaderas que terminen de hacerse en la propia salsa. Y ten cerca un buen trozo de pan: esa salsa merece aprovecharse hasta la última gota.



PULPO FRITO AL ESTILO CANARIO

 




Pulpo frito al estilo canario

 En Canarias sabemos que un buen pulpo no necesita demasiados adornos para convertirse en una fiesta. Doradito por fuera, tierno por dentro y acompañado de papas arrugadas y un buen mojo, este pulpo frito es de esos platos que llegan a la mesa y hacen que todos se acerquen con ganas de probarlo. ¡Sabor de nuestras islas en cada bocado!


Ingredientes

1 pulpo de 1-1,2 kg

Harina de trigo para rebozar

Un poco de harina de garbanzo o sémola, opcional, para conseguir un acabado más crujiente

Aceite de oliva suave o de girasol para freír

1 hoja de laurel

Medio limón

Papas arrugadas para acompañar

Mojo canario rojo o verde






Elaboración

Si el pulpo es fresco, congélalo previamente durante al menos 48 horas para ayudar a ablandar sus fibras. Descongélalo en el frigorífico antes de cocinarlo.


Pon una olla grande con agua al fuego y añade el laurel y el medio limón. Cuando rompa a hervir, sujeta el pulpo por la cabeza y sumérgelo en el agua tres veces seguidas, dejando que los tentáculos se ricen.

Introduce el pulpo por completo y cuécelo a fuego medio durante unos 20-30 minutos, comprobando la textura a partir de los 20 minutos. El tiempo dependerá del tamaño y del pulpo. Estará listo cuando puedas pinchar la parte más gruesa de los tentáculos con facilidad. Si utilizas una olla a presión, sigue las indicaciones del fabricante y ajusta el tiempo al tamaño del pulpo.

Escúrrelo y déjalo templar. Cuando esté frío o tibio, corta los tentáculos en trozos medianos, de unos 2-3 centímetros. Sécalos muy bien con papel de cocina: este paso es fundamental para que el rebozado quede crujiente y para reducir las salpicaduras al freír.

Mezcla la harina de trigo con un poco de harina de garbanzo o sémola, si quieres, y reboza ligeramente los trozos de pulpo. Sacude el exceso de harina para que quede una capa fina.

Calienta abundante aceite a unos 180 °C en una sartén profunda o freidora. Fríe el pulpo en tandas pequeñas durante unos 2-3 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente. Retíralo con una espumadera y déjalo escurrir sobre papel absorbente.

Sírvelo inmediatamente, bien caliente, acompañado de papas arrugadas y mojo rojo picón o mojo verde de cilantro.





Consejo de Mapi

El secreto está en secar muy bien el pulpo antes de enharinarlo y freírlo en pequeñas tandas. Así el aceite mantiene su temperatura y el rebozado queda crujiente. No lo dejes esperando después de freírlo: recién hecho es cuando está en su punto, listo para mojar una papa en el mojo y disfrutar de todo el sabor canario.

ZANAHORIAS EN ESCABECHE

 




Zanahorias en escabeche

Hay sabores que merece la pena tener siempre a mano en la despensa, y unas buenas zanahorias en escabeche son uno de ellos. Con su punto de vinagre, el aroma del laurel y el toque del ajo y el orégano, esta conserva casera aporta alegría a cualquier comida y nos recuerda el valor de preparar nuestros propios acompañamientos.

Ingredientes

1 kg de zanahorias, peladas y cortadas en rodajas diagonales de unos ½ cm

1 cebolla mediana, cortada en juliana 3-4 dientes de ajo, ligeramente machacados

1½ tazas de agua

1½ tazas de vinagre blanco o de manzana, con acidez del 5 %

¼ de taza de aceite de oliva

2 hojas de laurel

1 cucharadita de orégano seco

½ cucharadita de pimienta negra en grano

1 cucharada de sal gruesa


Elaboración

Lava bien los frascos y las tapas. Puedes lavarlos con agua caliente y jabón y utilizar un ciclo de lavavajillas de alta temperatura, si son aptos. Mantén los frascos calientes hasta el momento de llenarlos. La limpieza de los recipientes es importante, pero, por sí sola, no convierte esta preparación en una conserva estable a temperatura ambiente.

En una cazuela amplia, calienta el aceite de oliva a fuego medio. Añade los ajos y la cebolla, y sofríelos durante 2-3 minutos, hasta que la cebolla comience a ablandarse sin llegar a dorarse.

Incorpora las zanahorias y cocina durante unos 5 minutos, removiendo para que se impregnen del aceite y los aromas.

Añade el laurel, el orégano, los granos de pimienta y la sal. Vierte el vinagre y el agua, y lleva la mezcla a ebullición.Cuando hierva, baja el fuego y cocina durante unos 10-12 minutos, hasta que las zanahorias estén cocidas, pero todavía firmes.

Retira la cazuela del fuego y deja que la preparación se temple. Pásala a recipientes limpios, ciérralos y guárdalos en el frigorífico. Procura que las zanahorias queden cubiertas por el líquido y deja reposar al menos 24 horas antes de consumirlas para que se integren los sabores.






Consejo de Mapi

Estas zanahorias quedan estupendas como aperitivo, junto a carnes asadas, en ensaladas o acompañando un plato de arroz blanco. Si te gustan con un punto más intenso, déjalas reposar un par de días en el frigorífico antes de servirlas. Al llevar una preparación casera sin un proceso de conservación validado, mantenlas siempre refrigeradas y consúmelas en un plazo prudente.

GUINDILLAS ENCURTIDAS CASERAS

 




Guindillas encurtidas caseras


Unas guindillas encurtidas no pueden faltar en una despensa de las de antes. Picantitas, con su punto de vinagre y ese crujido tan agradable, son el acompañamiento perfecto para dar carácter a un plato de legumbres, unas patatas o una buena comida casera. Prepararlas en casa es sencillo, pero conviene respetar las normas de conservación para disfrutarlas con seguridad.


Ingredientes

  • 250 g de guindillas frescas, firmes y sin manchas
  • 300 ml de vinagre de vino blanco o de manzana, con una acidez del 5 %
  • 200 ml de agua
  • 5 g de sal
  • 4-5 garbanzos crudos, opcionales, como truco tradiciona.

Elaboración

Lava bien las guindillas bajo el grifo y sécalas cuidadosamente con un paño limpio o papel de cocina. Recorta la punta sobrante del rabito, dejando un pequeño trozo para poder sujetarlas al comerlas.

Lava el tarro de cristal y su tapa con agua caliente y jabón, acláralos bien y deja que se sequen. Para esta preparación, que no lleva un proceso de conservación validado para mantenerse a temperatura ambiente, el tarro limpio es suficiente; esterilizarlo por sí solo no garantiza que la conserva sea segura fuera del frigorífico.

Si quieres probar el truco tradicional, coloca unos pocos garbanzos crudos en el fondo del tarro. Introduce las guindillas en posición vertical, acomodándolas sin aplastarlas.

Mezcla el vinagre con el agua y la sal hasta que esta se disuelva. Vierte la mezcla en el tarro hasta cubrir completamente las guindillas. Si flotan, utiliza un pequeño peso apto para alimentos que las mantenga sumergidas.

Cierra el recipiente y etiqueta con la fecha de preparación. Guárdalo en el frigorífico y deja reposar las guindillas durante al menos 2-3 meses para que desarrollen un sabor más intenso. Comprueba que se mantienen cubiertas por el líquido y desecha la preparación si observas moho, olores extraños o cualquier señal de deterioro.






Consejo de Mapi

Estas guindillas son estupendas para acompañar potajes, cocidos, bocadillos y platos de cuchara. Si te gusta el picante, sírvelas enteras para que cada comensal elija la suya. Y recuerda: aunque el vinagre ayuda a conservarlas, con esta proporción casera de agua y vinagre deben mantenerse refrigeradas, no guardarse durante meses en la despensa.