Datos personales

Mi foto
cordoba, andalucia, Spain

martes, 28 de julio de 2026

UN VIAJE POR LOS SABORES DE MI TIERRA

ARAGON A FUEGO LENTO EN LA ALACENA  DE MAPI


Aragón A fuego lento en la alacena de mapi






​"Ser aragonesa es llevar el paisaje en la sangre, y por eso solo podía empezar este viaje por mi tierra. Acompáñame a recorrer los rincones más profundos de Aragón, desde la inmensidad de nuestras cumbres hasta la calidez de mis recuerdos más queridos. Es un recorrido entre paisajes que quitan el aliento y momentos que guardo en mi alma. ¿Te vienes conmigo?"


HUESCA

"Dos valles, un mismo corazón. La inmensidad de Ordesa y la calma de Benasque son los paisajes que definen mi identidad aragonesa."


Soy de Valcarca, una pequeña aldea de Binaced, en el corazón del Cinca Medio. Allí, donde la vida se vive con las manos en la tierra, gracias al esfuerzo diario de nuestra agricultura y ganadería, es donde aprendí el valor de las cosas hechas con calma. Valcarca es mi hogar, la tierra de mis raíces, y la llevo siempre conmigo como un sello de orgullo.

​Fue precisamente en ese entorno, rodeada de la sencillez y honestidad de nuestra gente, donde descubrí mi pasión por la cocina. Recuerdo que me subían a una silla, con un pequeño delantal cosido por manos de mi abuela; ella me daba una cuchara de madera y me ponía ante aquel plato de cerámica con el borde azul —ese que podéis ver aquí—. Me llenaba el cuenco con trocitos de vegetales y un poco de agua, y en aquel rincón, entre el vapor y el cariño de mi abuela, yo no era una niña: yo era la cocinera más grande del mundo."


"La cocina donde todo empezó. El fogón de leña, el fregadero de piedra y mis primeros pasos como cocinera. Gracias, abuela, por aquel mini delantal y por enseñarme que en esa silla de enea cabían mis sueños más grandes."

Huesca


El susurro de las cumbres y el sabor de la montaña

​Cierra los ojos y aspira. Ese aire puro, casi cortante, es el que te recibe en Huesca. Te invito a que camines conmigo por mis lugares favoritos. Siente cómo te envuelve la inmensidad de Ordesa



​"El otoño en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido: un lienzo de ocres, dorados y rojos que parece detenido en el tiempo."

al llegar a Benasque, el alma se te calma entre sus cumbres nevadas. Ese es mi refugio, el lugar al que siempre me escapo para respirar


​"Benasque, el corazón del valle, contemplado desde las alturas bajo la luz del día."

donde la mesa se convierte en un ritual: una tabla de madera cargada con patés de caza, embutidos de ciervo, jabalí y corzo, y esa cecina que sabe a tradición pura.


​"La esencia de la tierra en una tabla: sabores intensos de jabalí, corzo, ciervo y una delicada cecina, pura tradición aragonesa."

 termina en la alta montaña. Si bajamos hacia la sierra, el paisaje cambia y la historia nos sale al encuentro. Imagina la silueta imponente del Castillo de Loarre recortándose contra el cielo, una fortaleza románica que vigila el horizonte como un guardián eterno


"El Castillo de Loarre, testigo de siglos de historia, custodiando desde su atalaya la vida del pueblo a sus pies."

Después, te invito a perderte por las calles empedradas de Aínsa y Alquézar, dos villas medievales que parecen detenidas en el tiempo. Al recorrer sus rincones y asomarte a sus miradores, entenderás por qué estas piedras guardan tantos secretos.

​"Piedra, historia y encanto: el casco antiguo de Aínsa y la villa medieval de Alquézar, dos joyas que definen el alma de nuestra provincia."

​Y cuando el día termina y el frío empieza a apretar, nada como un guiso de carne de caza intenso y profundo, o el calor de unas migas a la pastora. Para cerrar este viaje por los sabores oscenses, deja que el paladar se rinda ante dos joyas: la delicadeza de nuestras castañas de mazapán, un bocado artesano y paciente

  • "Un bocado dulce y artesano: las tradicionales castañas de mazapán de Huesca, con su característico y brillante baño de caramelo."

, y la icónica Trenza de Almudévar, ese hojaldre tierno, crujiente y caramelizado que es, literalmente, un trozo de cielo.





El sabor dulce de nuestra tierra: la inconfundible Trenza de Almudévar, un tesoro gastronómico que es orgullo de Huesca."



Sientes ese aroma? Respira hondo... porque Huesca es solo el principio.



 ZARAGOZA




ZARAGOZA

Hay lugares que, por muchas veces que los visites, consiguen emocionarte igual que la primera vez.

A mí me pasa cada vez que cruzo el Puente de Piedra.

El cierzo me da en la cara y, poco a poco, empiezan a aparecer ante mis ojos las torres de la Basílica del Pilar. En ese instante se me eriza la piel, se me hace un nudo en la garganta y los ojos se me llenan de lágrimas. Es una emoción que nunca cambia.

Soy aragonesa. Nací en la provincia de Huesca, pero Zaragoza es la ciudad de todos los aragoneses. Y cada vez que regreso siento exactamente la misma ilusión que cuando era una niña.

Siempre me detengo unos segundos para contemplar el Pilar reflejado sobre el Ebro. Después entro a saludar a la Pilarica. Para mí no hay viaje a Zaragoza sin ese momento.

Hoy no quiero enseñarte Zaragoza como una guía turística.

Quiero enseñártela como la vivo yo.

Si te apetece, ven conmigo. Vamos a recorrer sus calles, descubrir esos rincones donde siempre me detengo, entrar en sus comercios de toda la vida y saborear una ciudad que, por muchas veces que vuelva a ella, siempre consigue emocionarme.

Porque Zaragoza no es solo una ciudad.

Es el corazón de Aragón







Siempre entro a saludar a la Pilarica. Es una costumbre que nunca cambio. En cuanto cruzo la puerta, el ruido de la plaza desaparece y siento una paz difícil de explicar. Me llamo María del Pilar, aunque todos me conocen como Mapi, y quizá por eso el cariño que le tengo es aún más especial. Siempre le dedico unos minutos antes de continuar mi paseo por Zaragoza.

Salgo de la Basílica y vuelvo a pisar la Plaza del Pilar. Hay algo que hago siempre. Me paro un momento, cierro los ojos... y, por unos instantes, vuelvo a ser aquella niña que venía de la mano de sus abuelos.

Me veo correteando de un lado para otro con un puñadito de alpiste en la mano mientras las palomas levantan el vuelo a mi alrededor. Qué feliz era. Todavía puedo escuchar mis risas mezcladas con el aleteo de las palomas.

Cuando vuelvo a abrir los ojos, la plaza sigue llena de vida. Han pasado muchos años, pero cada vez que regreso siento que aquella niña nunca se marchó del todo. Sigue aquí, correteando entre las palomas, esperándome cada vez que vuelvo a Zaragoza.

Después de volver a ser niña por unos instantes, abro los ojos y sonrío. Zaragoza aún tiene mucho que enseñarnos. Ven conmigo, porque nuestro paseo no ha hecho más que empezar.




Seguimos caminando por las calles de Zaragoza y, casi sin darnos cuenta, el tiempo da un salto de más de dos mil años. De pronto aparece ante nosotros el Teatro Romano. Cada vez que lo contemplo me cuesta imaginar que, donde hoy paseamos los zaragozanos, hace siglos ya se reunían miles de personas para disfrutar de los espectáculos. Me gusta detenerme unos minutos, mirar sus gradas de piedra y pensar en toda la historia que guardan. Zaragoza tiene esa magia: a cada paso siempre encuentra la manera de sorprenderme.




Apenas recorremos unas calles más cuando el aire empieza a cambiar. Antes incluso de llegar, ya huele a dulce. Y, de repente, aparece ese escaparate que parece llamarte a gritos. Da igual que te digas: "Hoy no entro." Al final siempre pasa lo mismo... abres la puerta y entras. Es imposible resistirse a Fantoba.

Y entonces llega lo más difícil.

Una vez dentro ya no sabes qué llevarte. Hay tantas cosas ricas que cuesta decidirse. Miro un mostrador, luego otro, y siempre me digo que hoy compraré solo una cosa. Pero nunca lo consigo.

Al final casi siempre salgo con unos merengues, un buen trozo de guirlache y unas Frutas de Aragón. Son de esos sabores que me acompañan desde hace muchos años y que nunca pueden faltar cuando vuelvo a Zaragoza

.



Salgo de Fantoba con mi bolsa en la mano... pero hay una cosa que nunca consigo. Soy incapaz de esperar a llegar a casa. Siempre abro la bolsa, saco una Fruta de Aragón y me la voy comiendo mientras sigo paseando por Zaragoza. No sé por qué, pero me sabe todavía mejor caminando por sus calles. Es una pequeña costumbre que repito cada vez que vuelvo y, para mí, ya forma parte del paseo.

Porque hay recuerdos que también se llevan en una bolsa de papel... y cada vez que abro una al llegar a casa, Zaragoza vuelve a estar un poquito conmigo. 

Vamos... que todavía nos quedan muchos rincones por descubrir.





En apenas unos minutos llegamos a otro de esos lugares donde siempre me entretengo más de la cuenta: el Mercado Central...

Cada vez que cruzo sus puertas me pasa lo mismo. No sé hacia dónde mirar primero. Me encantan los mercados de toda la vida. El ir y venir de la gente, las conversaciones entre los vendedores y sus clientes de siempre, el olor a pan recién hecho, a frutas, a verduras... Todo tiene vida.

Pero, si vienes conmigo, ya te aviso de una cosa: aquí no intentes llevarme con prisas, porque siempre me entretengo.

Mis dos puestos favoritos son el de las frutas exóticas y el de las especias.

Las frutas, con sus colores, sus formas y sus aromas, consiguen transportarme al trópico. Me quedo un buen rato contemplándolas. Siempre descubro alguna que llama mi atención y me hace pensar en lo bonito que es conocer sabores nuevos.

Y luego llega mi otra perdición...

Las especias.

Podría pasarme horas delante de ese puesto. Sus aromas despiertan en mi cabeza un montón de recuerdos y, casi sin darme cuenta, ya estoy pensando en recetas, en guisos y en todos esos platos que podría preparar cuando vuelva a casa.

Entonces me digo:

"Hoy no voy a comprar nada..."

Pero cinco minutos después siempre salgo con una bolsita de especias en la mano.

Es superior a mí.

.... seguimos caminando y, poco a poco, aparece ante nosotros la Aljafería. Desde fuera impresiona por su aspecto de fortaleza. Cuesta imaginar que, tras esos muros, se esconde uno de los palacios más bellos de España.




Basta cruzar sus puertas para que todo cambie. El bullicio de Zaragoza desaparece y, de repente, parece que el tiempo se detiene. Sus arcos, sus yeserías y cada rincón me hacen sentir que he viajado a otro mundo. Siempre pienso lo mismo: aquí podría empezar perfectamente un cuento de Las mil y una noches.




La Aljafería es uno de los grandes tesoros de Zaragoza. Fue construida en el siglo XI como palacio de los reyes musulmanes de la taifa de Saraqusta y, con el paso de los siglos, ha sido también residencia de los Reyes Católicos, palacio de los reyes de Aragón, fortaleza y cuartel. Hoy alberga las Cortes de Aragón, pero conserva intacta la belleza que la ha convertido en uno de los ejemplos más importantes del arte islámico en España.

Mientras camino entre sus arcos y sus patios, me cuesta creer que estas paredes hayan visto pasar casi mil años de historia.La Aljafería es uno de los grandes tesoros de Zaragoza. Fue construida en el siglo XI como palacio de los reyes musulmanes de la taifa de Saraqusta y, con el paso de los siglos, ha sido también residencia de los Reyes Católicos, palacio de los reyes de Aragón, fortaleza y cuartel. Hoy alberga las Cortes de Aragón, pero conserva intacta la belleza que la ha convertido en uno de los ejemplos más importantes del arte islámico. Cada rincón guarda un recuerdo, una leyenda y un pedacito de la historia de Aragón.


Al salir de la Aljafería pusimos rumbo al Tubo. Poco a poco las calles se fueron llenando de gente, las terrazas empezaban a animarse y el aroma que escapaba de las cocinas nos iba abriendo el apetito. Como siempre, antes de sentarme a comer me gusta dar un pequeño paseo, mirar las barras y disfrutar del ambiente. Pero cuando ya he hecho mi recorrido de rigor, empieza mi ruta de tapas. Y sí, siempre empiezo por el mismo sitio...



Primera parada: La Gerencia del Tubo

Hay sitios que, nada más cruzar la puerta, te hacen sentir que has vuelto a casa. A mí eso me pasa en La Gerencia. No entro con prisas. Me gusta acercarme a la barra, mirar despacio cada tapa y disfrutar de ese momento en el que todavía no he elegido. Mi bacalao ajoarriero sigue siendo mi favorito y siempre acaba cayendo, pero esta tosta me robó la mirada. Me fui pensando en ella... y sé que la próxima vez será la elegida. Porque eso también tiene Zaragoza: siempre consigue dejarme con ganas de volver



Con el primer bocado ya empieza el verdadero paseo. Dejamos atrás La Gerencia y, entre callejuelas llenas de vida, ponemos rumbo a nuestra siguiente parada...


Segunda parada Taberna Doña Casta 

Y llegamos a Doña Casta. Si os gustan las croquetas, cuidado, porque aquí podéis volveros locos. Las tienen de tantos sabores que cuesta decidirse. Algunas, cuando lees el nombre, piensas: "esto no puede estar bueno"... pero luego las pruebas y cambias de opinión. A mí siempre me sorprenden, y casi siempre para bien.


Dejamos atrás Doña Casta con el listón muy alto, pero la ruta no ha hecho más que empezar. A pocos pasos nos espera otro de esos rincones que forman parte de mis visitas obligadas cada vez que vuelvo a Zaragoza.


Tercera parada  cuevas de Aragón

 más conocido como el champi

Bueno... pues vamos pal Champi. Si hay un pincho que representa El Tubo, para mí es este. Parece una cosa muy sencilla: una rebanadita de pan, tres champiñones, una gamba y esa salsa que está para mojar media barra. Pero en cuanto le das el primer bocado entiendes por qué siempre hay gente esperando. Yo no puedo pasar por aquí sin parar.




Con el último champiñón desapareciendo en un par de bocados, seguimos caminando. Lo bueno de El Tubo es que, cuando piensas que ya no puedes comer más, siempre aparece otro sitio que hace que cambies de idea.Apenas unos pasos más adelante nos espera Casa Pascualillo, otro de esos rincones que merece una parada obligatoria.



Con el último champiñón desapareciendo en un par de bocados, seguimos caminando. Lo bueno de El Tubo es que, cuando piensas que ya no puedes comer más, siempre aparece otro sitio que hace que cambies de idea.


Apenas unos pasos más adelante nos espera Casa Pascualillo, otro de esos rincones que merece una parada obliga


Cuarta parada casa pascualillo 



Y ya estamos en Casa Pascualillo. Si habéis llegado hasta aquí conmigo, ahora toca probar unas buenas madejas. Es uno de esos platos muy nuestros que a algunos les da respeto la primera vez, pero luego repiten. Yo no perdono tampoco las cigalas de huerta, porque aquí las hacen de maravilla. 

Con el buen sabor de las madejas todavía en la boca, seguimos caminando. Ya queda poco para terminar la ruta, pero todavía nos espera una última parada. Y os aseguro que merece la pena llegar hasta el final.


Quinta parada casa juanico

Y ahora sí... llegamos a la última parada de nuestra ruta por El Tubo: Casa Juanico. No podía despedirme de este rincón de Zaragoza sin hacer una parada aquí. Después de todo el paseo, de tantas risas y de tantos bocados compartidos, creo que no hay mejor forma de poner el broche final que sentarse a disfrutar de otro de esos sabores que hacen que siempre quiera volver. 



Si me preguntáis qué pido siempre en Casa Juanico, no tengo ninguna duda: el huevo con chorreras. Llevan preparándolo desde 1966, un año antes de que yo naciera, y sigue siendo uno de esos bocados que nunca perdono cuando vuelvo a Zaragoza. Crujiente por fuera, con el huevo y el jamón en su interior... sencillo, de toda la vida y, para mí, una auténtica delicia. Hay platos modernos que van y vienen, pero este lleva toda una vida conquistando a quien lo prueba. 


Una última recomendación antes de despedirnos. En todas las paradas de esta ruta encontraréis una buena selección de vinos aragoneses y cervezas para acompañar las tapas. Yo siempre digo que una buena tapa sabe todavía mejor con una buena copa o una buena caña. Eso sí... disfrutadlo con calma, sin prisas y, si tenéis que conducir, dejad el alcohol para otra ocasión. Así el recuerdo del Tubo será perfecto


Y así termina nuestro paseo por Zaragoza. Una ciudad a la que siempre vuelvo con la misma ilusión y de la que nunca me marcho del todo, porque siempre me dejo algún rincón por visitar o alguna tapa por volver a saborear. Pero Aragón aún guarda muchos tesoros y nuestro viaje continúa. Recogemos el coche, dejamos atrás el bullicio de la capital y ponemos rumbo a una ciudad donde el tiempo parece caminar más despacio. Nos vamos a Teruel... porque, aunque algunos no se lo crean, Teruel existe... y os aseguro que merece mucho la pena descubrirla conmigo


                                   TERUEL




Después de despedirnos de Zaragoza, ponemos rumbo al sur de Aragón. La carretera va cambiando poco a poco de paisaje y, casi sin darte cuenta, aparece ante ti una ciudad pequeña, tranquila y llena de historia. Teruel no necesita hacer ruido para enamorar. Lo hace con sus torres mudéjares, con la leyenda de los Amantes y con una gastronomía que sabe a tradición. Hoy quiero llevaros a descubrirla conmigo, paso a paso, tal y como yo la vivo cada vez que vuelvo a mi tierra.




Desde la Torre del Salvador seguimos caminando hasta la Escalinata del Óvalo. Para mí, este lugar siempre ha sido la verdadera puerta de entrada a Teruel. Cada vez que subo sus peldaños siento que dejo atrás el ruido y entro en una ciudad donde el tiempo parece ir más despacio. Construida en 1921 para unir el centro con la estación del tren, hoy es mucho más que una escalinata: es uno de esos rincones que anuncian que el paseo por Teruel acaba de empezar.





Bajamos de la Escalinata del Óvalo y seguimos caminando hasta llegar a la Plaza del Torico. Para mí, este no es solo el centro de Teruel. Es un lugar de encuentro, de risas, de conversaciones sin mirar el reloj y de esos momentos que se quedan grabados para siempre. Siempre que vuelvo acabo pasando por aquí, aunque solo sea para sentarme un rato, mirar el ambiente y disfrutar de esa tranquilidad que tiene esta ciudad. El Torico será pequeño, pero el corazón que da vida a esta plaza es enorme.




Dejamos atrás el bullicio de la Plaza del Torico para bajar a uno de los lugares que más me impresionan de Teruel: los Aljibes Medievales. Cada vez que entro aquí tengo la sensación de viajar varios siglos atrás, como si cruzara la puerta hacia otro mundo. Me cuesta imaginar cómo pudieron construir una obra tan impresionante con los medios tan rudimentarios de aquella época.


Pensar que estas enormes cisternas fueron capaces de abastecer de agua a toda una ciudad medieval me parece una auténtica maravilla de la ingeniería. Es uno de esos lugares que te hacen detenerte, mirar en silencio y admirar el ingenio de quienes nos precedieron.




"Hay lugares que se visitan... y hay lugares que se sienten. Los Aljibes Medievales de Teruel son uno de esos rincones que me hacen detenerme, guardar silencio y admirar el ingenio de nuestros antepasados."





Después de dejar atrás el silencio y la magia de los Aljibes Medievales, volvemos a la luz del día para seguir descubriendo Teruel. Apenas unos pasos más adelante nos espera otro de esos lugares que nunca dejo de visitar cuando vuelvo: la Iglesia de San Pedro. Su torre mudéjar, su belleza y la historia que guarda entre sus muros hacen que este rincón sea mucho más que una iglesia.



Al cruzar la puerta de la Iglesia de San Pedro siempre me ocurre lo mismo: levanto la vista y me quedo embobada. Sus vidrieras, de mil colores, dejan pasar la luz del sol y llenan el templo de un juego de luces que es difícil describir con palabras. Hay un silencio especial, una paz que invita a detenerse y contemplar cada rincón.



Mientras contemplaba aquel mar de colores que dibujaban las vidrieras sobre la piedra, no podía dejar de pensar que no existía un lugar más hermoso para custodiar una historia de amor eterno. Y es entonces cuando descubres que, tras esos muros, descansan los Amantes de Teruel.



."

























sábado, 25 de julio de 2026

LICOR DE PETALOS DE ROSA

 




LICOR DE PÉTALOS DE ROSA


Las rosas siempre ocuparon un lugar especial en la huerta de mi abuelo. Le apasionaban y cuidaba sus rosales con el mismo cariño con el que cuidaba el resto del huerto.


Años más tarde llegó a mis manos una receta de licor de pétalos de rosa y enseguida supe que tenía que prepararla con aquellas mismas rosas que tantas veces habíamos recogido juntos.


El resultado me sorprendió. Es un licor delicado, elegante y muy aromático, con un perfume que recuerda al jardín en plena primavera. Cada vez que abro una botella, vuelvo por un instante a aquella huerta llena de rosales y a los momentos compartidos con mi abuelo.


Este licor es una pequeña joya de la bodega. Su sabor suave y su intenso perfume lo hacen perfecto para disfrutar muy frío después de una comida especial o acompañado de una buena sobremesa.


Como ocurre con todos los licores artesanos, la calidad de la materia prima será fundamental. Utilizaremos siempre rosas muy aromáticas y libres de tratamientos químicos, ya que sus pétalos serán los auténticos protagonistas de esta receta.


Ingredientes


Pétalos de rosas aromáticas.

1 litro de aguardiente de orujo blanco.

1 litro de agua.

450 g de azúcar.


Elaboración


Llenamos un tarro de cristal con cierre hermético utilizando únicamente los pétalos de rosa.


Vertemos el aguardiente hasta cubrir completamente los pétalos y llenamos el recipiente.


Cerramos bien el tarro y lo dejamos macerar entre 15 y 18 días en un lugar fresco, seco y protegido de la luz.


Una vez finalizada la maceración, colamos el aguardiente y desechamos los pétalos.


Preparamos un almíbar poniendo al fuego el agua y el azúcar. Dejamos hervir unos 10 minutos y, cuando esté completamente frío, lo mezclamos con el aguardiente aromatizado.


Agitamos bien la mezcla, embotellamos y dejamos reposar el licor en un lugar oscuro y seco durante al menos 20 días antes de consumirlo.


Utilizad únicamente pétalos de rosas sin tratamientos químicos ni pesticidas. Lo ideal es recogerlas de vuestro propio jardín o de plantas cultivadas de forma natural.


Consejo de Mapi

Servid este licor muy frío. Su delicado aroma combina a la perfección con dulces tradicionales de miel, pastas para el té o postres elaborados con almendra.


Utilizad únicamente pétalos de rosas sin tratamientos químicos ni pesticidas. Lo ideal es recogerlas de vuestro propio jardín o de plantas cultivadas de forma natural.



Un pequeño detalle

El color final del licor dependerá del tipo de rosas utilizadas en su elaboración.


🌹 Con rosas rosadas obtendremos un licor de tonos rosas.


🌹 Con rosas rojas conseguiremos un color más intenso y profundo.


🌹 Con rosas blancas o amarillas el resultado será mucho más suave y delicado.





PATATAS A LA PASTORA

 




Esta receta me la enseñó una pastora del valle de Benasque. Me llamó la atención cómo, con ingredientes que siempre tenía en la despensa, preparaba un plato lleno de sabor y muy reconfortante. Es otro ejemplo de la cocina de montaña, donde el ingenio y el aprovechamiento convertían unos pocos productos



Ingredientes

1 kg de patatas
2 cebollas
200 g de panceta curada
30 g de almendras
4 huevos
2 tomates maduros
1 rebanada de pan frito
1 copa de vino blanco
2 dientes de ajo
4 pimientos morrones asados
Una pizca de azafrán
2 hojas de laurel
Aceite de oliva virgen extra
Perejil fresco
Sal


Preparación

Pela las patatas y córtalas en gajos pequeños. Trocea la panceta y coloca ambos ingredientes en una cazuela de barro.

En una sartén prepara un sofrito con la cebolla picada y los tomates pelados y troceados. Cuando esté bien pochado, añade una copa de vino blanco y deja que el alcohol se evapore durante unos minutos.

Vierte el sofrito sobre las patatas y la panceta. Añade agua hasta cubrirlas, incorpora las hojas de laurel y los pimientos morrones asados cortados en tiras.

Prepara un majado en el mortero con los ajos, las almendras, el azafrán, el perejil y el pan frito. Añádelo a la cazuela y remueve con cuidado.

Cocina a fuego medio hasta que las patatas estén tiernas.

Rectifica de sal y, unos minutos antes de terminar la cocción, casca los huevos directamente sobre el guiso. Tapa la cazuela y deja que se cuajen lentamente hasta que la clara esté hecha y la yema conserve toda su jugosidad.

Consejo de Mapi

Si preparas este plato en una cazuela de barro y lo cocinas sin prisas, el resultado será todavía más auténtico. Un buen pan de pueblo será el mejor acompañamiento para disfrutar de la salsa.

LA COCINA DE FIESTA


 

LA COCINA DE FIESTA


Hay recetas que alimentan el cuerpo y otras que alimentan también el corazón. Las que encontrarás en esta sección pertenecen a esos días que esperábamos con ilusión durante todo el año, cuando la casa se llenaba de risas, de abrazos y del inconfundible aroma de los platos que solo se preparaban en las ocasiones más especiales.


El ternasco de Aragon



Las fiestas siempre fueron mucho más que una fecha señalada en el calendario. Eran el momento de reunir a la familia alrededor de una mesa, de recuperar recetas que habían pasado de generación en generación y de dedicar horas a cocinar con cariño para las personas que más queríamos. Nadie tenía prisa. Mientras unas manos amasaban, otras preparaban el relleno, removían un guiso o ponían la mesa con la vajilla que solo salía en los días importantes.



El lechón al horno de córdoba 




En este rincón de La Alacena de Mapi quiero compartir esas recetas que han acompañado tantas celebraciones: las comidas de Navidad, la Semana Santa, las fiestas de los pueblos, las matanzas, los domingos en familia y todas esas ocasiones en las que la cocina se convertía en el lugar donde empezaba la fiesta.




     La pata asada de canarias




Cada plato guarda una historia, un recuerdo y una tradición. Algunos los aprendí en mi propia familia; otros me los enseñaron personas que encontré a lo largo de mi camino y que tuvieron la generosidad de compartir conmigo un pedacito de su cocina.

Hoy quiero invitarte a sentarte a esta mesa. A revivir conmigo esas celebraciones sencillas en las que lo más importante nunca fue la abundancia, sino la compañía. Porque las mejores fiestas no son las que más se recuerdan por lo que había sobre la mesa, sino por las personas con las que tuvimos la suerte de compartirla.



 Los dulces típicos de aquella época que se hacían en Aragón,en Córdoba y en canarias


Ponte cómodo, porque la celebración está a punto de comenzar... y en esta casa siempre hay un sitio reservado para quien llega con ganas de disfrutar de la buena cocina y de las tradiciones que nunca deberían perderse
.

VINAGRE CON MIEL Y ANIS ESTRELLADO




 
VINAGRE CON MIEL Y ANÍS ESTRELLADO


Hay pequeños detalles que son capaces de transformar un plato por completo, y este vinagre es uno de ellos. El dulzor suave de la miel y el aroma inconfundible del anís estrellado crean un aliño delicado, perfecto para realzar carnes, pescados y ensaladas sin enmascarar su sabor.

Es una de esas preparaciones sencillas que merece la pena tener siempre en la despensa, porque con muy pocos ingredientes conseguimos un condimento lleno de personalidad.
Ingredientes
12 flores de anís estrellado.
6 cucharadas de miel de buena calidad.
600 ml de vinagre de vino blanco.

Elaboración

Calienta el vinagre a fuego suave, procurando que no llegue a hervir.
Añade la miel y remueve hasta que se disuelva por completo.

Retira del fuego y deja enfriar.
Vierte la mezcla en una botella o tarro de cristal e incorpora el anís estrellado.

Cierra bien el recipiente y déjalo macerar durante un mes en un lugar soleado.
Pasado ese tiempo, filtra el vinagre y guárdalo en un lugar fresco y seco.



Consejo de Mapi

Este vinagre es ideal para preparar escabeches de ave o de pescado, pero también resulta delicioso para aliñar una ensalada de hojas verdes, unas verduras asadas o incluso un queso fresco. Cuanto mejor sea la miel que utilices, más aromático será el resultado.

PUDING DE MANZANAS Y PASAS CON CANELA

J


PUDIN DE MANZANAS Y PASAS CON CANELA


¿Quién es capaz de rechazar un trozo de tarta, un pastel o un buen pudin casero?
Los postres hechos en casa tienen el encanto de lo artesano y nos permiten darles ese toque especial que tanto nos gusta.
El pudin que hoy os propongo es una de las recetas a las que más cariño tengo, porque ya lo preparaba junto a mi abuela cuando apenas tenía seis años. Cada vez que lo hago, el aroma de la canela y las manzanas me transporta a aquellos días felices en su cocina.
Espero que os guste tanto como a mí.


Ingredientes

2 manzanas.
3 huevos.
400 g de pasas de Corinto.
500 ml de leche.
60 g de azúcar.
3 magdalenas.
Un trozo de cáscara de limón.
1 rama de canela.
Para el caramelo
2 cucharadas de azúcar.
2 cucharadas de agua.


Elaboración

1.º Pon las pasas en un cuenco, cúbrelas con agua templada y déjalas en remojo unos minutos. Mientras tanto, precalienta el horno a 180 ºC.
2.º Vierte la leche en un cazo y añade el azúcar, la rama de canela y la cáscara de limón. Lleva a ebullición, retira del fuego y deja templar.
Trocea las magdalenas, pela las manzanas y córtalas en dados.
3.º Prepara el caramelo calentando el azúcar con el agua hasta obtener un bonito color dorado.
Viértelo en un molde para plum cake o de corona y mueve el molde para cubrir completamente la base y las paredes. Haz este paso con cuidado, ya que el caramelo alcanza una temperatura muy elevada.
4.º Coloca sobre el caramelo las magdalenas troceadas. Añade encima los dados de manzana y termina repartiendo las pasas bien escurridas.
5.º Cuela la leche ya aromatizada y mézclala con los huevos previamente batidos. Remueve bien y vierte la preparación sobre el molde.
Hornea al baño María durante 40 minutos a 180 ºC.
6.º Deja templar, desmolda y sirve frío.


Sugerencia

Este delicioso pudin puede servirse solo, acompañado de nata montada o con una exquisita crema inglesa casera, cuya receta os dejo a continuación.


CREMA INGLESA CASERA

Ingredientes

500 ml de leche entera.
6 yemas de huevo (L).
125 g de azúcar.
1 vaina de vainilla.
Una espiral de piel de limón o de naranja.

Elaboración

1.º Pon la leche en un cazo junto con 75 g de azúcar, la vaina de vainilla y la piel del cítrico elegido. Lleva a ebullición, retira del fuego y deja infusionar durante unos 5 minutos.
2.º En un bol bate las yemas con el resto del azúcar hasta obtener una mezcla espumosa.
3.º Retira la vainilla y vierte poco a poco la leche caliente sobre las yemas, sin dejar de remover para evitar que cuajen.
4.º Devuelve la mezcla al cazo y cocina al baño María, a fuego suave, durante unos 5 minutos o hasta que espese ligeramente. Sabrás que está lista cuando cubra el dorso de una cuchara y al pasar el dedo deje un surco limpio.
5.º Pásala por un colador fino y enfríala rápidamente colocando el recipiente sobre un baño de hielo.

Consejo de Mapi
Si podéis, preparad la crema inglesa el día anterior. Al reposar en el frigorífico los aromas de la vainilla y los cítricos se intensifican y el resultado es todavía más delicioso


viernes, 24 de julio de 2026

MERMELADA DE CEBOLLA


 


MERMELADA DE CEBOLLA

 

Es una mermelada con un contraste dulce-salado que sabe riquísima y es súper fácil de hacer. ¡Hacerla os encantará!


INGREDIENTES:

  • 1 kg de cebollas
  • 550 g de azúcar
  • ​Aceite de oliva
  • ​Una pizca de sal

ELABORACIÓN:

  1. Preparación y horneado: Pelamos las cebollas y las lavamos bien. Forramos la bandeja del horno con papel de aluminio (o papel vegetal), colocamos encima las cebollas enteras o en mitades, las salpimentamos con una pizca de sal y las rociamos con un chorro de aceite.
  2. Asado: Horneamos a 200 °C durante unos 35 minutos aproximadamente. A media cocción, les damos la vuelta para que se asen bien por todos lados, teniendo mucho cuidado de que no se nos quemen.
  3. Cocción con azúcar: Cuando tengamos la cebolla asada, la sacamos del horno y la incorporamos a una olla junto con el azúcar. Cocemos a fuego medio durante unos 30 minutos, removiendo constantemente para que no se pegue.
  4. Textura: Pasado este tiempo, apagamos el fuego, dejamos templar ligeramente y trituramos el contenido con la batidora para conseguir la textura fina y característica de mermelada.
  5. Envasado: Ponemos la mermelada en botes de cristal, esterilizamos y ya estará lista para consumir o conservar.
  6.  

    Ideal para: Acompañar asados, pollo a la plancha, patés en canapés e incluso con quesos variados. ¡Despertad vuestra imaginación, os sorprenderá!


jueves, 23 de julio de 2026

LOS POSTRES DE CADA DIA


EL RINCON DULCE

DE

LA ALACENA DE MAPI









 

Los dulces de cada día

Hay recuerdos que permanecen para siempre en nuestra memoria. Basta con cerrar los ojos para volver a sentir el aroma de un bizcocho recién horneado, el sonido de una cuchara removiendo unas natillas al fuego o el crujido de unas rosquillas recién fritas enfriándose sobre un paño de cocina. Son recuerdos sencillos, pero tienen la fuerza de devolvernos a nuestra infancia y a aquellos días en los que la cocina era el corazón de la casa.




En muchas familias no hacía falta que llegara una fiesta para preparar un dulce. Bastaba con que fuera domingo, con que vinieran unos familiares a merendar o simplemente con que hubiera ganas de compartir un café alrededor de la mesa. Con ingredientes humildes que nunca faltaban en la despensa —harina, huevos, leche, azúcar, aceite o unas frutas de temporada— nuestras madres y abuelas eran capaces de crear auténticas maravillas.




Aquellos dulces no buscaban sorprender por su aspecto ni por ingredientes difíciles de encontrar. Su mayor virtud era la sencillez. Eran recetas hechas sin prisas, amasadas con paciencia y horneadas mientras toda la casa se llenaba de un olor que anunciaba que algo bueno estaba a punto de salir del horno. Muchas veces ni siquiera daba tiempo a que se enfriaran por completo, porque siempre había alguna mano impaciente que cortaba el primer trozo.

En este rincón de La Alacena de Mapi no encontrarás dulces propios de Aragón, Córdoba o Canarias, porque esos ya tienen su lugar dentro de cada una de esas tierras. Aquí he querido reunir esa repostería casera que ha formado parte de tantos hogares y que, de una manera u otra, hemos compartido todos alguna vez.




Rosquillas, magdalenas, bizcochos, flanes, natillas, arroz con leche, tartas sencillas y muchos otros dulces que han acompañado desayunos, meriendas y sobremesas familiares. Recetas que no entienden de fronteras, porque viajaban de una casa a otra escritas en un papel, aprendidas de una vecina o heredadas de una madre a una hija.

Espero que, al recorrer estas páginas, no solo encuentres recetas para preparar en casa. Ojalá también despierten algún recuerdo, el de una cocina llena de vida, una mesa rodeada de familia o el de aquella persona que, con un delantal puesto y una sonrisa, hacía que un sencillo dulce se convirtiera en uno de los mejores momentos del día.




Porque hay sabores que nunca se olvidan, y los dulces de cada día siempre tendrán el poder de hacernos volver a casa. 




 

VINAGRE DE ALBAHACA




​VINAGRE DE ALBAHACA

INGREDIENTES:

  • 1 litro de vinagre de vino tinto
  • 20 hojas de albahaca fresca (que estén bien sanas)

PREPARACIÓN:

  1. Limpieza: Limpie suavemente las hojas de albahaca con un paño levemente humedecido.
  2. Maceración: Introduzca las hojas de albahaca en un bote o frasco de cristal con cierre hermético.
  3. Escaldado: Ponga el vinagre de vino tinto en un cazo y llévelo a ebullición. Cuando rompa a hervir, viértalo aún caliente directamente sobre las hojas de albahaca.
  4. Reposo: Cierre el bote herméticamente y déjelo macerar durante 5 a 6 días en un lugar fresco y protegido de la luz.
  5. Filtrado y embotellado: Transcurrido el tiempo de maceración, filtre el preparado con un colador fino y páselo a una botella limpia para su conservación.
  6. Nota: Este vinagre es ideal para aliñar ensaladas como la Caprese, ensaladas de pasta y para dar un toque especial a guisos de carne, como los estofados de ternera.