Datos personales

Mi foto
cordoba, andalucia, Spain

lunes, 12 de octubre de 2026

HOMENAJE A LA VIRGEN DEL PILAR EL 12 DE OCTUBRE

 




Aragón en mi cocina, un homenaje en el Día del Pilar

Hoy es un día especial para cualquier aragonés y aragonesa que siente su tierra como parte de sí mismo.

Hoy celebramos el Pilar, nuestras raíces, nuestras costumbres y esa forma tan nuestra de compartir alrededor de una mesa. Yo estoy lejos de Aragón, pero hay distancias que no consiguen apartarnos de aquello que llevamos dentro.

Por eso he querido reunir en La Alacena de MAPI algunas recetas de mi tierra. No necesariamente las más conocidas ni las que aparecen siempre en los grandes recetarios, sino otras elaboraciones que también forman parte de nuestra gastronomía y de nuestras costumbres. Platos y dulces que, aunque quizá no sean tan típicos para todo el mundo, no por eso son menos importantes.

Porque Aragón no se cuenta con cuatro recetas conocidas. Aragón también está en sus productos, en las cocinas de sus pueblos, en las celebraciones familiares y en esas tradiciones que pasan de generación en generación.

Hoy quiero acercarme un poquito a mi tierra de la manera que mejor sé hacerlo: cocinando, recordando y compartiendo.

Feliz Día del Pilar a todos los aragoneses y aragonesas, estéis donde estéis.

¡Que nunca nos falten nuestras raíces ni una mesa alrededor de la que celebrar!




Ensalada ilustrada aragonesa: los sabores de  mi tierra en un mismo plato

Hay platos que no necesitan grandes secretos, solo buenos productos y el cariño de saber colocarlos. La ensalada ilustrada aragonesa reúne algunos de los sabores más queridos de nuestra tierra: el tomate rosa de Barbastro, la cebolla dulce de Fuentes de Ebro, las olivas negras de Aragón, los espárragos y el jamón de Teruel. Una ensalada generosa, colorida y llena de contrastes, de esas que visten la mesa y abren el apetito con solo mirarlas.


Ingredientes

1 lechuga Batavia tierna o 3 cogollos de Tudela

2 tomates grandes rosas de Barbastro

1 cebolla dulce de Fuentes de Ebro

8 espárragos blancos gruesos en conserva

4 corazones de alcachofa en conserva, opcionales

2 huevos medianos

200 g de ventresca de atún o bonito del norte en aceite de oliva

16 olivas negras de Aragón, variedad empeltre

4 lonchas finas de jamón de Teruel

Aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón

Vinagre de Jerez o de vino blanco

Sal en escamas


Preparación

Cocemos los huevos durante nueve minutos desde que el agua rompa a hervir. Los enfriamos en agua con hielo, los pelamos y reservamos.

Para preparar el jamón crujiente, colocamos las lonchas entre dos papeles de horno y las calentamos en el microondas durante uno o dos minutos, vigilando que no se quemen. También podemos dorarlas en una sartén sin aceite,presionándolas ligeramente con una espátula. Las dejamos enfriar para que queden crujientes.

Lavamos bien la lechuga, la escurrimos y troceamos las hojas con las manos. Lavamos los tomates y los cortamos en gajos o rodajas gruesas. Pelamos la cebolla y la cortamos en tiras finas.

En una fuente amplia distribuimos la lechuga por todala base y colocamos encima los tomates. Repartimos los espárragos y los corazones de alcachofa, procurando que queden bien distribuidos y a la vista.

Colocamos la cebolla en el centro y disponemos sobre ella los lomos de ventresca bien escurridos. Cortamos los huevos en cuartos y los repartimos por la fuente junto con las olivas negras.

Por último, rompemos las lonchas de jamón crujiente en trozos grandes y los colocamos entre los demás ingredientes, dando a la ensalada una presentación generosa y apetecible.

Justo antes de llevarla a la mesa, añadimos una pizca de sal en escamas, el vinagre y un buen chorro de aceite de oliva virgen extra del Bajo Aragón.


Consejo de Mapi

El secreto de una buena ensalada ilustrada está en la calidad de sus ingredientes y en no esconderlos bajo el aliño. Escurre bien las verduras en conserva y reserva el aliño para el último momento. Así conservarás la frescura de la lechuga y cada producto aportará su propio sabor. Si utilizas jamón crujiente, modera la sal: no hace falta añadir mucha para disfrutar de todos los matices de esta ensalada tan nuestra.





Longaniza de Graus con patatas a lo pobre: un plato con alma aragonesa

Hay comidas que nos recuerdan que, para disfrutar de verdad en la mesa, no hacen falta demasiadas complicaciones. Una buena longaniza de Graus, unas patatas cocinadas despacio con cebolla y pimiento, y el aroma del aceite de oliva bastan para preparar un plato sabroso, de los que invitan a sentarse a la mesa sin mirar el reloj.

La cocina aragonesa tiene esa virtud: sacar lo mejor de los ingredientes sencillos y convertirlos en una comida para recordar.

Ingredientes

1 pieza de longaniza de Graus, de unos 400-500 g

4 patatas grandes

1 cebolla grande

1 pimiento verde italiano

2 dientes de ajo

Aceite de oliva virgen extra

Sal y pimienta negra al gusto

Un chorrito de vino blanco, opcional


Elaboración

Pelamos las patatas y las cortamos en rodajas de aproximadamente medio centímetro, como para hacer patatas panaderas. Cortamos la cebolla en juliana fina, el pimiento en tiras y laminamos los dientes de ajo.

Ponemos abundante aceite de oliva virgen extra en una sartén amplia y, cuando esté caliente, incorporamos las patatas, la cebolla, el pimiento y el ajo. Salpimentamos ligeramente y bajamos el fuego para que se cocinen despacio durante unos veinte o veinticinco minutos.

Removemos de vez en cuando con cuidado, procurando que las patatas no se rompan. Deben quedar tiernas, melosas y ligeramente doradas por los bordes, sin llegar a ponerse crujientes. Cuando estén en su punto, las escurrimos bien y las reservamos en una fuente.

Mientras tanto, cortamos la longaniza de Graus en trozos de unos cuatro o cinco centímetros. Los ponemos en otra sartén, sin apenas aceite, y los doramos a fuego medio durante unos ocho o diez minutos, dándoles la vuelta para que se cocinen uniformemente.

Si queremos darles un punto extra de jugosidad, añadimos un chorrito de vino blanco durante los últimos minutos y dejamos que se evapore por completo.

Servimos las patatas a lo pobre como base o acompañamiento y colocamos encima los trozos de longaniza recién hechos, aprovechando los jugos de la sartén para dar el último toque al plato.


Consejo de Mapi

La paciencia es la mejor aliada de unas buenas patatas a lo pobre. No tengas prisa ni subas demasiado el fuego: queremos unas patatas tiernas y sabrosas, no unas patatas fritas. Y si la longaniza de Graus es de buena calidad, déjala lucirse por sí sola; con unos ingredientes tan nuestros, no hace falta disfrazar los sabores.





El Paquito de ternasco de Aragón: un bocadillo con sabor a nuestra tierra

En las fiestas, Zaragoza también tiene sus propias maneras de sentarse a la mesa. El Paquito, ese bocadillo de cordero que se ha ido haciendo un sitio en las barras y entre los amantes de la buena comida, es una forma sabrosa y desenfadada de disfrutar de una carne tan nuestra como el ternasco de Aragón.

Con unos buenos filetes, jamón de Teruel, pimientos rojos y un pan artesano, preparamos una versión generosa, pensada para disfrutarla sin prisas y, por supuesto, con mucho sabor aragonés.


Ingredientes

8-12 filetes finos de pierna de ternasco de Aragón, deshuesados

4 bollos de pan individuales, tiernos o tipo chapata

2 pimientos morrones rojos

8 lonchas de jamón de Teruel

8 lonchas de queso semicurado

Aceite de oliva virgen extra

Sal y pimienta negra

Para la mayonesa de ajo suave

1 huevo

200 ml de aceite

Medio diente de ajo, sin el germen central

Un chorrito de vinagre o zumo de limón

Una pizca de sal


Preparación

Comenzamos cortando los pimientos morrones en tiras. Los ponemos en una sartén con un buen chorro de aceite de oliva y los cocinamos a fuego medio hasta que estén tiernos y ligeramente dorados. Los retiramos y reservamos.

Preparamos la mayonesa de ajo poniendo en el vaso de la batidora el huevo, el ajo, el vinagre o el limón, la sal y el aceite. Apoyamos la batidora en el fondo y trituramos sin moverla hasta que la mezcla empiece a emulsionar. Después, subimos y bajamos despacio hasta conseguir una mayonesa cremosa y homogénea. La reservamos en el frigorífico.

Calentamos bien una plancha o sartén con unas gotas de aceite. Salpimentamos los filetes de ternasco y los marcamos a fuego fuerte, aproximadamente un minuto por cada lado,

dependiendo del grosor. Deben quedar dorados por fuera y jugosos por dentro, siempre bien cocinados.

Abrimos los panes por la mitad y untamos la base con una capa de mayonesa de ajo. Repartimos los pimientos rojos, colocamos las lonchas de jamón de Teruel y el queso semicurado, y terminamos con los filetes de ternasco recién hechos.

Si queremos el pan ligeramente crujiente y el queso fundido, damos al bocadillo un golpe de calor en el horno o en una sandwichera durante un par de minutos, vigilando que el pan no se tueste demasiado.

Servimos recién hecho, cuando la carne todavía está jugosa y el queso comienza a fundirse.


Consejo de Mapi

La clave está en no resecar el ternasco y elegir un pan que aguante bien el relleno sin perder su textura. Prepara la mayonesa con antelación y mantenla refrigerada hasta el momento de servir. Y recuerda: un buen Paquito no necesita demasiados ingredientes, sino que cada uno aporte su sabor sin quitarle protagonismo al cordero.






Mantecados de almendra caseros: dulces bocados para una buena sobremesa

Hay dulces que saben a reuniones familiares, a una mesa bien puesta y a esas sobremesas que parecen no tener prisa por terminar. Estos mantecados de almendra, con su harina tostada, el aroma del limón y un toque de mistela o moscatel, son una invitación a recuperar el placer de la repostería hecha en casa.

Su textura es delicada y quebradiza, y el sabor tostado de la almendra combina de maravilla con la suavidad de la manteca. Servidos con una copita de vino dulce, convierten cualquier sobremesa en un pequeño homenaje a nuestras costumbres.


Ingredientes

500 g de harina de trigo común

250 g de manteca de cerdo a temperatura ambiente

200 g de azúcar, más un poco para rebozar

150 g de almendra molida

50 ml de mistela o vino moscatel

2 yemas de huevo

La ralladura de 1 limón

Almendras enteras crudas, opcionales para decorar

Preparación

Extendemos la harina sobre una bandeja de horno y la tostamos a 150 °C durante unos quince o veinte minutos, removiendo de vez en cuando para que se tueste uniformemente. Debe adquirir un tono ligeramente crema, sin llegar a oscurecerse. La dejamos enfriar por completo antes de utilizarla.

En un bol amplio trabajamos la manteca de cerdo con el azúcar y la ralladura de limón hasta conseguir una mezcla cremosa. Incorporamos las yemas y la mistela o el moscatel, mezclando hasta que queden bien integrados.

Añadimos la almendra molida y después la harina tostada, poco a poco. Mezclamos primero con una espátula y terminamos de unir la masa con las manos, sin trabajarla en exceso. Cuando tengamos una masa homogénea, la dejamos reposar unos quince minutos.

Precalentamos el horno a 180 °C, con calor arriba y abajo. Extendemos la masa sobre papel de horno hasta conseguir un grosor de aproximadamente un centímetro y medio o dos centímetros. Cortamos los mantecados con un cortapastas redondo o un vaso pequeño y los colocamos en una bandeja.

Si nos gusta, ponemos una almendra entera sobre cada pieza, presionando suavemente para que quede sujeta.

Horneamos durante unos doce o quince minutos, vigilando el punto de cocción. Los bordes deben empezar a tomar un ligero color dorado, pero no conviene dejarlos demasiado tiempo porque podrían endurecerse.

Al sacarlos estarán muy frágiles, por lo que los dejamos templar sobre la bandeja antes de manipularlos. Cuando todavía estén ligeramente tibios, los rebozamos con cuidado en azúcar y los dejamos enfriar completamente antes de guardarlos.


El acompañamiento: mistela o moscatel en porrón

Una buena sobremesa también se disfruta con sus pequeños rituales. La mistela y el moscatel son dos acompañamientos estupendos para estos mantecados, gracias a sus 

aromas dulces y florales, que armonizan con la almendra tostada y el sabor de la manteca.

Podemos servir el vino dulce ligeramente fresco, en torno a los 8-11 °C, y llevarlo a la mesa en un porrón de cristal para recuperar esa manera tan tradicional y festiva de compartir la bebida.

Si utilizamos el porrón, inclinamos suavemente el recipiente y regulamos el chorro acercándolo o alejándolo de la boca, siempre con cuidado. Lo importante es disfrutar del momento y de la compañía.

Consejo de Mapi

La harina debe estar completamente fría antes de incorporarla a la masa,

y los mantecados necesitan reposo para adquirir consistencia. No intentes moverlos recién salidos del horno: su delicadeza forma parte de su encanto. Guárdalos, una vez fríos, en una caja bien cerrada para conservar su textura y tenerlos a mano cuando apetezca acompañar el café o una buena sobremesa.





Manto de la Virgen del Pilar: una ofrenda dulce a nuestra Patrona

Hay mantos que se bordan con hilos y otros que se tejen con flores, pero todos tienen algo en común: nacen del cariño y de la devoción a la Virgen del Pilar.

Desde hace siglos, los mantos forman parte de la tradición pilarista. Los documentosconservados en la Basílica dejan constancia de que la imagen ya vestía manto en 1504. Cada uno de ellos guarda una historia, una promesa, un agradecimiento o un sentimiento de quienes quisieron ofrecerlo a Nuestra Señora.


El 12 de octubre, cuando tantos corazones se vuelven hacia la Virgen, también la cocina puede rendirle su pequeño homenaje.

Este dulce, inspirado en la silueta de su manto, viste el hojaldre dorado con una suave combinación de crema pastelera y nata montada. El azúcar glas recuerda la delicadeza de los tejidos blancos y la cruz roja pone el detalle final, evocando el símbolo que acompaña tantas representaciones del manto floral de la Ofrenda.

No es un manto bordado ni tejido con flores, sino una manera dulce y sencilla de expresar nuestro cariño a la Virgen del Pilar, con la ilusión de llevar a la mesa un poquito de esa tradición que pasa de generación en generación.

Porque hay devociones que se expresan con flores, otras con oraciones y otras, también, con las cosas hechas con amor.

Ingredientes

  • 2 láminas rectangulares de hojaldre
  • 1 huevo para pintar
  • 500 ml de nata para montar, con un mínimo del 35 % de materia grasa
  • 100 g de azúcar glas, para la nata y la decoración
  • 400 g de crema pastelera preparada

Colorante alimentario rojo,opcional

  • Pétalos de rosa y hojas verdes para decorar, opcionales y aptos para uso alimentario

Preparación

Precalentamos el horno a 200 °C. Superponemos las dos láminas de hojaldre y, con un cuchillo afilado, recortamos una silueta trapezoidal que recuerde la forma de un manto. Separamos las piezas y las colocamos sobre una bandeja cubierta con papel de horno.

Pinchamos la superficie con un tenedor para evitar que el hojaldre suba de manera irregular y pintamos ambas piezas con huevo batido.

Horneamos durante quince o veinte minutos, hasta que estén doradas y crujientes. Las retiramos y dejamos enfriar por completo sobre una rejilla antes de rellenarlas.

Mientras tanto, montamos la nata en un bol bien frío. Cuando empiece a tomar cuerpo, añadimos el azúcar glas poco a poco y seguimos batiendo hasta conseguir una consistencia firme, con cuidado de no pasarnos.

Reservamos dos o tres cucharadas de nata y las teñimos con unas gotas de colorante rojo. Las ponemos en una manga pastelera con boquilla fina para dibujar la cruz. Introducimos el resto de la nata blanca en otra manga, preferiblemente con boquilla de estrella.

Colocamos una de las piezas de hojaldre como base y extendemos sobre ella la crema pastelera, procurando repartirla de manera uniforme. Encima ponemos una generosa capa de nata montada blanca.

Cubrimos con la segunda pieza de hojaldre, apoyándola suavemente para no aplastar el relleno.

Terminamos espolvoreando azúcar glas y dibujando en el centro la cruz roja con la nata que habíamos reservado. Si queremos darle una presentación más festiva, podemos colocar alrededor pétalos de rosa y pequeñas hojas verdes, siempre que sean aptos para uso alimentario.

Guardamos el manto en el frigorífico hasta el momento de servir, para mantener la nata y la crema bien frescas.

Consejo de Mapi

El secreto está en montar el dulce cuando el hojaldre esté completamente frío y la nata bienfirme. Para que conserve su textura crujiente, es preferible rellenarlo unas horas antes de servirlo, no con demasiada antelación. Y si quieres que la cruz destaque de verdad, dibújala con trazos sencillos y limpios: en este dulce, la elegancia está en los pequeños detalles.





Que nunca nos falten las raíces que nos unen a nuestra tierra, el orgullo de ser aragoneses y la fe en nuestra Virgen del Pilar.

Estemos cerca o lejos del Ebro, que su manto nos cobije, que cuide de nuestras familias y que nos acompañe allá donde la vida nos lleve.

¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva Aragón!

Y que nuestra Madre nos guarde siempre bajo su manto




domingo, 11 de octubre de 2026

ARVEJAS COMPUESTAS.UN CLASICO DE LA COCINA CANARIA

 



Arvejas compuestas, un clásico de la cocina canaria

Hay platos que saben a hogar y a cocina de toda la vida, y las arvejas compuestas son uno de ellos. En Canarias, los guisantes se visten de fiesta con un buen sofrito, chorizo, panceta, papas doraditas y huevo duro. Un guiso sabroso y generoso, de esos que se disfrutan sin prisas y que siempre invitan a repetir.


Ingredientes

  • 800 g-1 kg de arvejas (guisantes), frescas o congeladas
  • 3-4 papas medianas
  • 4 huevos
  • 100 g de panceta o beicon
  • 1 trozo de chorizo, cortado en rodajas
  • 1 cebolla grande
  • 3 dientes de ajo
  • pimiento rojo
  • 400 g de tomate natural triturado
  • 1 cucharada de azúcar, si hace falta corregir la acidez del tomate
  • ½ vaso de vino blanco
  • Agua, la necesaria
  • 1 hoja de laurel
  • 1 cucharadita de tomillo
  • 1 cucharadita de orégano
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Aceite de oliva virgen extra












    Elaboración

    Cuece los huevos en agua hirviendo durante unos 10-12 minutos. Enfríalos, pélalos y resérvalos.

    Pela las papas y córtalas en dados. Fríelas en abundante aceite caliente hasta que estén doradas por fuera y tiernas por dentro. Retíralas y déjalas escurrir sobre papel absorbente.

    En un caldero amplio, calienta un chorrito de aceite de oliva y sofríe la cebolla, los ajos y el pimiento rojo, todo bien picado. Añade una pizca de sal y deja que las verduras se ablanden a fuego medio.

    Incorpora la panceta y el chorizo, y rehoga durante unos minutos para que suelten su sabor. Aparta un instante el caldero del fuego y añade el pimentón dulce, removiendo para evitar que se queme.

    Agrega el tomate triturado, el laurel, el tomillo y el orégano. Si el tomate resulta ácido, incorpora un poco de azúcar. Deja que el sofrito se cocine a fuego suave durante 5-7 minutos, removiendo de vez en cuando.

    Vierte el vino blanco y deja que hierva un par de minutos para que se evapore el alcohol. Añade las arvejas y suficiente agua para cubrirlas ligeramente. Tapa el caldero y cocina a fuego 

    medio-suave durante unos 25-30 minutos, o hasta que estén tiernas. Si son frescas, el tiempo puede variar; si son congeladas, comprueba el punto antes de prolongar la cocción.

    Cuando las arvejas estén listas, incorpora las papas fritas durante los últimos minutos si quieres que absorban parte de la salsa. También puedes reservarlas para colocarlas por encima al servir.

    Reparte las arvejas compuestas en los platos y acompaña con los huevos duros cortados en cuartos o rodajas y las papas doradas.





    Consejo de Mapi

    Si quieres una salsa más trabada y sabrosa, deja reposar el guiso unos minutos antes de servirlo. Puedes 

    añadir parte de las papas al caldero para que se empapen bien y reservar el resto para colocarlas por encima, conservando así su toque crujiente. ¡Y no te olvides del pan para disfrutar hasta la última cucharada de salsa!



ALBONDIGAS DE CHERNE EN SALSA CANARIA

 




Albóndigas de cherne en salsa canaria

En las cocinas canarias, el cherne siempre ha tenido un lugar especial. Hoy lo convertimos en unas albóndigas jugosas, perfumadas con cilantro, perejil y especias, que se bañan en una salsa casera de las de mojar pan. Una receta marinera con sabor a nuestras islas y a cocina hecha sin prisas.


Ingredientes

Para las albóndigas

500 g de cherne salado, previamente desalado

2 huevos

2 dientes de ajo picados finamente

Miga de medio pan pequeño, remojada en leche y escurrida, o 2 cucharadas de pan rallado

1 cucharada de mantequilla blanda

Unas ramas de perejil fresco picado

Unas ramas de cilantro fresco picado

1 cucharadita de semillas de cilantro machacadas

Pimienta negra al gusto

Una pizca de azafrán o colorante

Harina para rebozar

Aceite de oliva para freír

Para la salsa canaria

1 cebolla grande picada

1 pimiento verde o rojo picado

2 tomates maduros, pelados y triturados

2 dientes de ajo picados

1 vaso de vino blanco

1 hoja de laurel

Una pizca de tomillo

Una pizca de comino molido

Caldo de pescado o agua, el necesario

Aceite de oliva y sal, si fuera necesaria






Elaboración

La víspera, pon el cherne en remojo para desalarlo durante toda la noche, cambiando el agua un par de veces. Al día siguiente, lávalo bien y cuécelo en agua hirviendo durante unos 10-12 minutos, según el grosor. Escúrrelo, retira las posibles espinas y la piel, y desmenúzalo finamente.

Coloca el pescado en un bol y mézclalo con los ajos picados, el perejil, el cilantro, las semillas de cilantro machacadas, la pimienta y el azafrán. Incorpora la miga de pan remojada y escurrida, la mantequilla blanda y los huevos batidos. Mezcla hasta obtener una masa homogénea.

Con las manos ligeramente humedecidas, forma las albóndigas. Pásalas por harina y dóralas en una sartén con aceite de oliva caliente. Retíralas y déjalas sobre papel absorbente.

En una cazuela, utiliza un poco del aceite de la fritura para preparar el sofrito. Añade la cebolla, el pimiento y los dos dientes de ajo, y cocina a fuego medio hasta que estén tiernos. Incorpora el tomate triturado y deja que se cocine unos minutos

Agrega el laurel, el tomillo y el comino. Vierte el vino blanco y deja que hierva durante unos minutos para que se evapore el alcohol. Coloca las albóndigas en la salsa con cuidado y añade caldo de pescado o agua hasta cubrirlas ligeramente.

Deja cocinar a fuego suave durante unos 15 minutos, moviendo la cazuela con delicadeza para que no se rompan. Prueba la salsa y rectifica de sal solo si hace falta, pues el cherne puede conservar algo de sal incluso después del desalado.






Consejo de Mapi

Acompaña estas albóndigas con unas buenas papas arrugadas y mojo, o con unas papas panaderas que terminen de hacerse en la propia salsa. Y ten cerca un buen trozo de pan: esa salsa merece aprovecharse hasta la última gota.



PULPO FRITO AL ESTILO CANARIO

 




Pulpo frito al estilo canario

 En Canarias sabemos que un buen pulpo no necesita demasiados adornos para convertirse en una fiesta. Doradito por fuera, tierno por dentro y acompañado de papas arrugadas y un buen mojo, este pulpo frito es de esos platos que llegan a la mesa y hacen que todos se acerquen con ganas de probarlo. ¡Sabor de nuestras islas en cada bocado!


Ingredientes

1 pulpo de 1-1,2 kg

Harina de trigo para rebozar

Un poco de harina de garbanzo o sémola, opcional, para conseguir un acabado más crujiente

Aceite de oliva suave o de girasol para freír

1 hoja de laurel

Medio limón

Papas arrugadas para acompañar

Mojo canario rojo o verde






Elaboración

Si el pulpo es fresco, congélalo previamente durante al menos 48 horas para ayudar a ablandar sus fibras. Descongélalo en el frigorífico antes de cocinarlo.


Pon una olla grande con agua al fuego y añade el laurel y el medio limón. Cuando rompa a hervir, sujeta el pulpo por la cabeza y sumérgelo en el agua tres veces seguidas, dejando que los tentáculos se ricen.

Introduce el pulpo por completo y cuécelo a fuego medio durante unos 20-30 minutos, comprobando la textura a partir de los 20 minutos. El tiempo dependerá del tamaño y del pulpo. Estará listo cuando puedas pinchar la parte más gruesa de los tentáculos con facilidad. Si utilizas una olla a presión, sigue las indicaciones del fabricante y ajusta el tiempo al tamaño del pulpo.

Escúrrelo y déjalo templar. Cuando esté frío o tibio, corta los tentáculos en trozos medianos, de unos 2-3 centímetros. Sécalos muy bien con papel de cocina: este paso es fundamental para que el rebozado quede crujiente y para reducir las salpicaduras al freír.

Mezcla la harina de trigo con un poco de harina de garbanzo o sémola, si quieres, y reboza ligeramente los trozos de pulpo. Sacude el exceso de harina para que quede una capa fina.

Calienta abundante aceite a unos 180 °C en una sartén profunda o freidora. Fríe el pulpo en tandas pequeñas durante unos 2-3 minutos, hasta que la superficie esté dorada y crujiente. Retíralo con una espumadera y déjalo escurrir sobre papel absorbente.

Sírvelo inmediatamente, bien caliente, acompañado de papas arrugadas y mojo rojo picón o mojo verde de cilantro.





Consejo de Mapi

El secreto está en secar muy bien el pulpo antes de enharinarlo y freírlo en pequeñas tandas. Así el aceite mantiene su temperatura y el rebozado queda crujiente. No lo dejes esperando después de freírlo: recién hecho es cuando está en su punto, listo para mojar una papa en el mojo y disfrutar de todo el sabor canario.

ZANAHORIAS EN ESCABECHE

 




Zanahorias en escabeche

Hay sabores que merece la pena tener siempre a mano en la despensa, y unas buenas zanahorias en escabeche son uno de ellos. Con su punto de vinagre, el aroma del laurel y el toque del ajo y el orégano, esta conserva casera aporta alegría a cualquier comida y nos recuerda el valor de preparar nuestros propios acompañamientos.

Ingredientes

1 kg de zanahorias, peladas y cortadas en rodajas diagonales de unos ½ cm

1 cebolla mediana, cortada en juliana 3-4 dientes de ajo, ligeramente machacados

1½ tazas de agua

1½ tazas de vinagre blanco o de manzana, con acidez del 5 %

¼ de taza de aceite de oliva

2 hojas de laurel

1 cucharadita de orégano seco

½ cucharadita de pimienta negra en grano

1 cucharada de sal gruesa


Elaboración

Lava bien los frascos y las tapas. Puedes lavarlos con agua caliente y jabón y utilizar un ciclo de lavavajillas de alta temperatura, si son aptos. Mantén los frascos calientes hasta el momento de llenarlos. La limpieza de los recipientes es importante, pero, por sí sola, no convierte esta preparación en una conserva estable a temperatura ambiente.

En una cazuela amplia, calienta el aceite de oliva a fuego medio. Añade los ajos y la cebolla, y sofríelos durante 2-3 minutos, hasta que la cebolla comience a ablandarse sin llegar a dorarse.

Incorpora las zanahorias y cocina durante unos 5 minutos, removiendo para que se impregnen del aceite y los aromas.

Añade el laurel, el orégano, los granos de pimienta y la sal. Vierte el vinagre y el agua, y lleva la mezcla a ebullición.Cuando hierva, baja el fuego y cocina durante unos 10-12 minutos, hasta que las zanahorias estén cocidas, pero todavía firmes.

Retira la cazuela del fuego y deja que la preparación se temple. Pásala a recipientes limpios, ciérralos y guárdalos en el frigorífico. Procura que las zanahorias queden cubiertas por el líquido y deja reposar al menos 24 horas antes de consumirlas para que se integren los sabores.






Consejo de Mapi

Estas zanahorias quedan estupendas como aperitivo, junto a carnes asadas, en ensaladas o acompañando un plato de arroz blanco. Si te gustan con un punto más intenso, déjalas reposar un par de días en el frigorífico antes de servirlas. Al llevar una preparación casera sin un proceso de conservación validado, mantenlas siempre refrigeradas y consúmelas en un plazo prudente.

GUINDILLAS ENCURTIDAS CASERAS

 




Guindillas encurtidas caseras


Unas guindillas encurtidas no pueden faltar en una despensa de las de antes. Picantitas, con su punto de vinagre y ese crujido tan agradable, son el acompañamiento perfecto para dar carácter a un plato de legumbres, unas patatas o una buena comida casera. Prepararlas en casa es sencillo, pero conviene respetar las normas de conservación para disfrutarlas con seguridad.


Ingredientes

  • 250 g de guindillas frescas, firmes y sin manchas
  • 300 ml de vinagre de vino blanco o de manzana, con una acidez del 5 %
  • 200 ml de agua
  • 5 g de sal
  • 4-5 garbanzos crudos, opcionales, como truco tradiciona.

Elaboración

Lava bien las guindillas bajo el grifo y sécalas cuidadosamente con un paño limpio o papel de cocina. Recorta la punta sobrante del rabito, dejando un pequeño trozo para poder sujetarlas al comerlas.

Lava el tarro de cristal y su tapa con agua caliente y jabón, acláralos bien y deja que se sequen. Para esta preparación, que no lleva un proceso de conservación validado para mantenerse a temperatura ambiente, el tarro limpio es suficiente; esterilizarlo por sí solo no garantiza que la conserva sea segura fuera del frigorífico.

Si quieres probar el truco tradicional, coloca unos pocos garbanzos crudos en el fondo del tarro. Introduce las guindillas en posición vertical, acomodándolas sin aplastarlas.

Mezcla el vinagre con el agua y la sal hasta que esta se disuelva. Vierte la mezcla en el tarro hasta cubrir completamente las guindillas. Si flotan, utiliza un pequeño peso apto para alimentos que las mantenga sumergidas.

Cierra el recipiente y etiqueta con la fecha de preparación. Guárdalo en el frigorífico y deja reposar las guindillas durante al menos 2-3 meses para que desarrollen un sabor más intenso. Comprueba que se mantienen cubiertas por el líquido y desecha la preparación si observas moho, olores extraños o cualquier señal de deterioro.






Consejo de Mapi

Estas guindillas son estupendas para acompañar potajes, cocidos, bocadillos y platos de cuchara. Si te gusta el picante, sírvelas enteras para que cada comensal elija la suya. Y recuerda: aunque el vinagre ayuda a conservarlas, con esta proporción casera de agua y vinagre deben mantenerse refrigeradas, no guardarse durante meses en la despensa.












GUISANTES EN CONSERVA CASEROS

 




Guisantes en conserva caseros


Hay productos de temporada que merece la pena aprovechar cuando están en su mejor momento. Los guisantes frescos, tiernos y dulces son uno de ellos. Prepararlos para tenerlos a mano durante el año es una buena forma de organizar la despensa y disfrutar de su sabor en guisos, ensaladas y platos de cuchara.


Ingredientes

Guisantes frescos y tiernos, desgranados Agua, la necesaria

Sal: 10 g por litro de agua

Azúcar: 10 g por litro de agua, opcional


Elaboración

Desgrana los guisantes, retirándolos de sus vainas, y lávalos bien.

Pon una olla con abundante agua a hervir. Añade los guisantes y escáldalos durante 2-3 minutos. Escúrrelos y pásalos inmediatamente a un recipiente con agua muy fría y hielo detener la cocción. Vuelve a escurrirlos.

Lava los recipientes y las tapas con agua caliente y jabón. Para esta preparación, utiliza recipientes aptos para conservas

Introduce los guisantes escaldados en los recipientes, sin apretarlos excesivamente.

En una olla aparte, prepara una salmuera con agua limpia, sal y, si lo deseas, azúcar, respetando las cantidades indicadas. Lleva a ebullición y vierte el líquido sobre los guisantes.

Deja el espacio libre que indique la receta de conserva validada que vayas a seguir y elimina las burbujas de aire con un utensilio limpio. Limpia los bordes y coloca las tapas siguiendo las instrucciones del fabricante.

Conservación segura

Los guisantes son una verdura de baja acidez. Para conservarlos durante meses a temperatura ambiente, es imprescindible utilizar un procedimiento de envasado a presión probado y validado específicamente para guisantes, con tiempos ajustados al tamaño de los recipientes y al tipo de olla.

No utilices el baño maría convencional durante 60 minutos ni un tiempo genérico de 20-30 minutos en olla exprés como garantía de seguridad: esos tiempos no aseguran que se destruyan las esporas de Clostridium botulinum. El vacío de la tapa tampoco demuestra que la conserva sea segura.

Si no dispones de un procedimiento validado para envasarlos a presión, enfría los guisantes rápidamente, guárdalos en el frigorífico para consumirlos en pocos días o congélalos en porciones.




Consejo de Mapi

Escoge guisantes recién desgranados, pequeños y tiernos, porque conservan mejor su dulzor y su textura. El escaldado breve y el enfriado inmediato ayudan a mantener su color verde. Si los congelas en porciones, tendrás siempre a mano un buen ingrediente para arroces, menestras, tortillas y guisos caseros.


CONSERVA DE PIMIENTOS DEL PIQUILLO ASADOS

 




Conserva de pimientos del piquillo asados

Preparar una buena conserva casera es una manera de guardar los sabores de la huerta para disfrutarlos cuando más apetezcan. Estos pimientos del piquillo, asados lentamente y acompañados de ajos, conservan todo el sabor del pimiento recién hecho y son una auténtica joya para nuestra despensa.


Ingredientes

1 kg de pimientos del piquillo frescos

3-4 dientes de ajo

Aceite de oliva virgen extra

Sal gruesa


Elaboración

Precalienta el horno a 200 °C. Limpia los pimientos con un paño y colócalos en una bandeja, sin amontonarlos. Riégalos con un chorrito de aceite de oliva y añade un poco de sal gruesa.

Envuelve los dientes de ajo, sin pelar, en papel de aluminio con unas gotas de aceite y colócalos junto a los pimientos.

Hornea durante unos 35-45 minutos, dándoles la vuelta a mitad de la cocción para que se asen por todos los lados. El tiempo dependerá del tamaño de los pimientos y de cada horno.

Retíralos y ponlos en una fuente tapada durante 20-30 minutos para que suden y la piel se desprenda con facilidad.

Pela los pimientos con cuidado, retira los tallos y las semillas y evita pasarlos por agua para conservar sus jugos y su sabor. Recoge el líquido que suelten al pelarlos y cuélalo. Pela también los ajos asados.


Envasado y conservación

Para guardar los pimientos, utiliza recipientes limpios y aptos para alimentos. Coloca los pimientos y los ajos asados en porciones, añade parte de su jugo y, si lo deseas, un poco de aceite de oliva.

Deja que se enfríen y guárdalos en el frigorífico para consumirlos en los próximos días, o congélalos en porciones para conservarlos durante más tiempo.

Si quieres almacenarlos durante meses en la despensa, debes utilizar una receta de conserva de baja acidez con un procedimiento de esterilización a presión validado para los ingredientes y el tamaño de los frascos. El baño maría convencional no es suficiente para garantizar la seguridad de los pimientos envasados de esta manera. No los guardes a temperatura ambiente basándote únicamente en que la tapa haya hecho vac








Consejo de Mapi

Asa los pimientos hasta que la piel esté ligeramente tostada, pero sin dejar que la carne se reseque. El reposo tapado es fundamental para pelarlos fácilmente y conservar sus jugos. Una vez preparados, podrás disfrutarlos en ensaladas, con pescados, carnes o como parte de un buen aperitivo casero. En la despensa, cada conserva debe tener su método de conservación adecuado para mantener intactos tanto su sabor como su seguridad.



sábado, 10 de octubre de 2026

RAPE MOZARABE

 



Rape mozárabe

En la cocina cordobesa hay sabores que nos recuerdan la riqueza de nuestra tradición culinaria. Este rape mozárabe reúne pescado, verduras, pasas y el aroma del vino dulce en una salsa llena de contrastes. Una receta con carácter, de esas que convierten un buen producto en un plato especial y llevan a la mesa un pedacito del sabor de Córdoba.



Ingredientes

1 kg de rape en rodajas, lomos o medallones

1 cebolla grande cortada en juliana

2 zanahorias cortadas en rodajas finas o taquitos

Un puñado de uvas pasas, preferiblemente de Corinto

½ litro de fumet de pescado, a ser posible casero

Un chorrito de brandy o ½ vaso de vino dulce, tipo Pedro Ximénez

El zumo de 1 naranja pequeña, opcional

Un puñado de piñones, opcional

Harina para enharinar el pescado

Aceite de oliva virgen extra

Sal






Elaboración

Calentamos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una cazuela de barro o una tartera amplia. Incorporamos la cebolla y la zanahoria y las pochamos a fuego lento hasta que estén tiernas y la cebolla quede transparente.

Sazonamos el rape con sal, lo pasamos ligeramente por harina y lo doramos vuelta y vuelta en una sartén aparte con el aceite bien caliente, lo justo para sellarlo.

Colocamos el rape en la cazuela con las verduras y añadimos las pasas y, si nos gustan, los piñones. Vertemos el brandy o el vino dulce y agregamos el zumo de naranja si queremos darle un matiz cítrico.

Incorporamos el fumet caliente hasta cubrir casi por completo el pescado. Dejamos cocinar a fuego vivo durante un par de minutos para que se evapore el alcohol y después bajamos a fuego medio.

Tapamos la cazuela y cocinamos entre 10 y 15 minutos, según el grosor de las piezas, hasta que el rape esté hecho y la salsa haya reducido ligeramente. Conviene no prolongar demasiado la cocción para que el pescado conserve su jugosidad.






Consejo de Mapi

El secreto está en no pasarse con la cocción del rape, porque puede quedar seco si lo dejamos demasiado tiempo al fuego. Si preparamos el fumet en casa, conseguiremos una salsa mucho más sabrosa. Y si queremos darle un toque especial, podemos añadir unos piñones y un poquito de zumo de naranja: el contraste con las pasas queda delicioso.



SOPA CORDOBESA DE ESPARRAGOS TRIGUEROS

 




Sopa cordobesa de espárragos trigueros

Cuando llega la temporada de espárragos trigueros, la cocina cordobesa nos regala platos humildes y llenos de sabor. Esta sopa reúne el aroma de los espárragos, el ajo dorado, el pan de hogaza y el toque del pimentón y el azafrán. Una receta de las de cuchara, con ingredientes sencillos y una buena tradición de cocina casera, perfecta para disfrutar de los sabores de Córdoba.


Ingredientes

  • 1 manojo de espárragos trigueros frescos
  • 4 dientes de ajo
  • 2 rebanadas de pan del día anterior, tipo hogaza o cateto
  • 1 cebolla pequeña
  • 1 tomate maduro rallado
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Unas hebras de azafrán
  • 1 litro de agua o caldo de verduras suave
  • 4 huevos
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal y pimienta negra al gusto
  • Un chorrito de vinagre de Jerez para el final







Elaboración

Lavamos bien los espárragos y los troceamos con las manos desde las puntas hacia abajo. Cuando el tallo se vuelva duro y fibroso, lo desechamos. Cortamos el resto en trozos pequeños y reservamos algunas puntas enteras para decorar.


En una cazuela amplia ponemos un buen chorro de aceite de oliva y doramos los dientes de ajo pelados junto con las rebanadas de pan. Cuando estén bien dorados y crujientes, los retiramos y los pasamos a un mortero.

Machacamos el pan frito y los ajos con un pellizco de sal hasta obtener una pasta densa. Reservamos.


En el mismo aceite, pochamos la cebolla picada hasta que esté transparente. Añadimos los espárragos troceados y los rehogamos durante unos cinco minutos. Incorporamos el tomate rallado y dejamos cocinar hasta que pierda buena parte de su líquido.

Apartamos un momento la cazuela del fuego, añadimos el pimentón dulce y removemos rápidamente para evitar que se queme. Vertemos enseguida el agua o el caldo y agregamos las hebras de azafran


Subimos el fuego y, cuando comience a hervir, incorporamos el majado del mortero, previamente disuelto con un poco del propio caldo. Bajamos el fuego y dejamos cocer suavemente durante unos 15 minutos, hasta que los espárragos estén tiernos y el pan haya ayudado a espesar el caldo.


Con el fuego al mínimo, cascamos los huevos uno a uno directamente sobre la sopa. Tapamos la cazuela y dejamos que se cuajen durante unos 3 o 4 minutos, hasta que las claras estén hechas y las yemas queden a nuestro gusto.






Consejo de Mapi

Al servir, podemos añadir un chorrito de vinagre de Jerez directamente en cada plato. Su punto de acidez contrasta con la textura de la sopa y realza el sabor de los espárragos. Y, si queremos darle un toque más contundente, unos taquitos de jamón serrano crujiente por encima le sientan de maravilla.








ALBONDIGAS DE CORDERO A LA MIEL

 




Albóndigas de cordero a la miel

La cocina cordobesa guarda el gusto por los sabores que se entrelazan y se complementan. Estas albóndigas de cordero combinan el aroma de las especias, la frescura de la hierbabuena, el dulzor de la miel y el toque crujiente de los piñones. Un plato de sabor intenso y una salsa melosa que invita a no dejar ni una gota en el plato.


Ingredientes

Para las albóndigas

  • 500 g de carne picada de cordero, preferiblemente de pierna o paletilla
  • 1 huevo
  • 1 rebanada de miga de pan, mojada en leche y bien escurrida
  • 1 diente de ajo picado o triturado

cucharadita de menta o hierbabuena fresca picada

  • Una pizca de comino
  • Una pizca de canela
  • Pimienta negra y sal al gusto
  • Harina para rebozar
  • Aceite de oliva virgen extra

Para la salsa

  • 1 cebolla finamente picada
  • 1 hoja de laurel
  • 2-3 cucharadas soperas de miel pura
  • Un puñado de piñones (unos 20-30 g)

½ vaso de vino blanco o vino oloroso, opcional

  • Agua o caldo de carne suave, el necesario






Elaboración

En un bol amplio ponemos la carne picada de cordero, el huevo, la miga de pan bien escurrida, el ajo triturado y la hierbabuena picada. Añadimos la sal, la pimienta negra, el comino y una pizca de canela.

Mezclamos bien con las manos hasta obtener una masa compacta y homogénea. Tapamos y dejamos reposar en la nevera durante unos 15 minutos para que se integren los sabores.

Sacamos la mezcla del frigorífico y formamos albóndigas de tamaño mediano, aproximadamente como una nuez. Las pasamos ligeramente por harina y sacudimos el exceso.

Calentamos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una cazuela y doramos las albóndigas por todos los lados. Las retiramos y reservamos en un plato.

En el mismo aceite, retirando una parte si hay demasiado, incorporamos la cebolla picada y la hoja de laurel. Cocinamos a fuego medio hasta que la cebolla esté tierna y empiece a tomar color.

Añadimos los piñones y los salteamos durante un minuto, removiendo para evitar que se quemen. Si utilizamos vino blanco u oloroso, lo vertemos en este momento y dejamos que hierva un par de minutos para que se evapore el alcohol.

Devolvemos las albóndigas a la cazuela y repartimos la miel por encima. Removemos con cuidado Removemos con cuidado para que se impregnebien de la salsa. Añadimos un poco de agua o caldo, lo justo para cubrir aproximadamente la mitad de las albóndigas.

Tapamos y dejamos cocinar a fuego lento durante unos 15-20 minutos, hasta que la carne esté hecha y la salsa se haya reducido, adquiriendo una textura melosa y brillante. Si vemos que se queda demasiadoespesa antes de tiempo, añadimos un poquito más de caldo.

Servimos las albóndigas calientes, acompañadas de cuscús, arroz blanco salteado o unas patatas fritas, perfectas para aprovechar la deliciosa salsa de miel.





Consejo de Mapi

La miel debe aportar dulzor sin ocultar el sabor del cordero ni el aroma de las especias. Por eso, es preferible empezar con dos cucharadas y añadir más si nos gusta una salsa más dulce. Si utilizamos vino oloroso y dejamos reducir la salsa lentamente, conseguiremos un fondo más aromático y sabroso.






MERMELADA DE MORAS

 




Mermelada de moras silvestres

Hay sabores que nos devuelven a los paseos por el campo y a los frutos que la naturaleza nos regala en su temporada. Esta mermelada de moras silvestres tiene un color precioso, un sabor intenso y ese equilibrio entre dulzor y acidez que la hace tan especial. Una conserva casera para disfrutar de las moras mucho más allá de los días en que las encontramos en el campo.


Ingredientes

700 g de moras silvestres limpias

480 g de azúcar blanco

2 manzanas pequeñas, tipo Golden

El zumo de 1 limón

210 ml de agua



Elaboración

Lavamos bien las moras en un colador para retirar cualquier resto de hojas o tierra. Quitamos con cuidado los rabitos que puedan quedar.

Ponemos las moras en una olla con los 210 ml de agua y las calentamos a fuego medio durante unos 5-10 minutos, hasta que se ablanden. Retiramos del fuego, las trituramos y pasamos el puré por un colador fino o un chino, presionando con una cuchara para retirar las semillas y obtener una textura más fina.

Pelamos y rallamos las manzanas. Exprimimos el limón y reservamos el zumo.

Mezclamos en una cacerola el puré de moras, la manzana rallada, el zumo de limón y el azúcar. Cocinamos a fuego medio-bajo durante unos 30 minutos, removiendo de vez en cuando con una cuchara de madera o una espátula para evitar que la mezcla se pegue.


Para comprobar el punto, ponemos una cucharadita de mermelada en un plato frío. Cuando se enfríe, pasamos el dedo por el centro: si queda un surco marcado que no se cierra enseguida, estará lista. Hay que tener en cuenta que espesará más al enfriarse.

Envasado y conservación

Vertemos la mermelada caliente en tarros de cristal limpios y esterilizados. Cerramos bien y dejamos enfriar.

Si queremos conservarla durante más tiempo fuera de la nevera, debemos utilizar un procedimiento de envasadoseguro: llenamos los tarros dejando el espacio indicado, cerramos con tapas en buen estado y los procesamos al baño maría durante el tiempo adecuado para el tamaño de los tarros y la altitud. Dejamos enfriar sin moverlos y comprobamos que hayan hecho el vacío. No basta con ponerlos boca abajo para garantizar una conservación segura.

Una vez abiertos, guardamos los tarros en la nevera.






Consejo de Mapi

La manzana ayuda a dar cuerpo a esta mermelada sin ocultar el sabor de las moras. Si queremos una textura fina y delicada, merece la pena colar el puré con paciencia para retirar las

semillas. Está deliciosa sobre una tostada, con yogur natural o acompañando un poco de queso.

MERMELADA DE CAFE CASERA

 




Mermelada de café

Para quienes disfrutamos del aroma y el sabor del buen café, esta preparación es una forma diferente de llevarlo a la mesa. Su textura cremosa y su sabor intenso la convierten en un acompañamiento delicioso para postres y dulces caseros. Una propuesta original para dar un toque especial a nuestras creaciones.


Ingredientes

  • 300 ml de nata para montar, con al menos un 35 % de materia grasa
  • 100 g de azúcar, del tipo que prefiramos
  • 200 ml de agua caliente
  • Café soluble al gusto

Elaboración

Disolvemos el café soluble en los 200 ml de agua caliente y reservamos.

En una olla, ponemos la nata y el azúcar. Calentamos hasta que la mezcla comience a hervir, removiendo para que el azúcar se disuelva bien.


Incorporamos el café disuelto y bajamos el fuego. Dejamos cocinar a fuego lento durante unos 25-30 minutos, removiendo con frecuencia para evitar que la mezcla se pegue. La preparación debe reducirse y adquirir cierta consistencia.

Retiramos del fuego y dejamos enfriar a temperatura ambiente. Después, pasamos la mermelada a un recipiente limpio y la guardamos en la nevera durante varias horas hasta que espese.






Consejo de Mapi

Esta mermelada queda deliciosa sobre una tarta de queso, como relleno de un pastel de chocolate o acompañando unas tortitas caseras. Podemos jugar con la intensidad del café según nuestros gustos y, si queremos darle un matiz diferente, añadir un poquito de licor de café o de naranja al final de la cocción.

Conservación: al llevar nata, debemos mantenerla siempre refrigerada y consumirla en pocos días.