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domingo, 20 de septiembre de 2026

BOQUERONES EN VINAGRE

 





Boquerones en vinagre

Los boquerones en vinagre son de esas recetas que siempre apetecen. Un buen boquerón fresco, vinagre, ajo, perejil y un buen aceite de oliva son suficientes para tener en casa una tapa de las de toda la vida.

En mi casa gustan mucho y, aunque prepararlos lleva un poquito de tiempo, merece la pena hacerlo bien: limpiar los boquerones con cuidado, dejarlos en su punto de vinagre y después añadir el ajo, el perejil y ese aceite que termina de darle el sabor.

Una receta sencilla, de las que se han hecho siempre en casa y que, cuando la tienes preparada en la nevera, sabes que va a caer en cuanto pongas el plato en la mesa.


Ingredientes

1 kg de boquerones frescos y grandes

300 ml de vinagre de vino blanco

100 ml de agua

1 cucharada de sal gorda

Sal fina, al gusto

3 o 4 dientes de ajo, picados finamente

Un buen ramillete de perejil fresco, picado

Aceite de oliva virgen extra de calidad






Preparación

Quitamos la cabeza y las tripas de los boquerones tirando con cuidado. Abrimos el pescado con los dedos para extraer la espina central y cortamos la cola.

Pasamos los lomos limpios por abundante agua fría para eliminar cualquier resto de sangre, hasta que la carne quede bien blanca.

Una vez limpios, congelamos los boquerones durante al menos 48-72 horas para evitar el anisakis. Después los pasamos al frigorífico y dejamos que se descongelen despacio.

Colocamos los lomos en una fuente de forma ordenada, con la piel hacia abajo, formando capas. Añadimos la sal gorda y mezclamos el vinagre con el agua. Vertemos la mezcla sobre los boquerones hasta cubrirlos casi por completo.

Guardamos la fuente en el frigorífico entre 6 y 8 horas. El tiempo dependerá del grosor del boquerón. Sabremos que están listos cuando tengan un tono blanco uniforme y la carne esté firme.

Escurrimos con cuidado el líquido del marinado. Añadimos por encima el ajo y el perejil bien picados y bañamos generosamente con aceite de oliva virgen extra.

Los dejamos reposar un par de horas en frío antes de llevarlos a la mesa.






Consejo de Mapi

Lo importante es que los boquerones sean bien frescos y queden bien limpios. Y después, un buen aceite de oliva, ajo y perejil. No hace falta mucho más para disfrutar de unos buenos boquerones en vinagre.

CORDERO A LA MIEL

 





Cordero a la  miel 

Hay guisos que sorprenden por la combinación de sabores que llevan. Este cordero con miel y vinagre es uno de ellos: un guiso de cordero con cebolla, pimientos, coñac, azafrán y pimentón, terminado con miel y un toque de vinagre que le da un sabor muy particular.

La miel aporta un punto dulce que contrasta con el vinagre y con el sabor del cordero, mientras que el azafrán y el pimentón terminan de darle carácter al guiso.

Una receta sencilla de preparar y de esas que merece la pena cocinar despacio, dejando que la carne quede tierna y la salsa vaya tomando todo el sabor.


Ingredientes

1 kg de cordero, troceado

1 cebolla grande

1 pimiento verde

1 pimiento rojo

2 cucharadas soperas de miel

1 cucharadita de pimentón dulce

1 vaso de coñac

3 cucharadas soperas de vinagre

Azafrán

Aceite de oliva

Agua

Sal






Preparación

En una cacerola ponemos un buen chorro de aceite de oliva y sofreímos la cebolla y los pimientos, cortados muy finos.

Añadimos el cordero troceado y dejamos que se vaya dorando.

Cuando el cordero comience a tomar color, añadimos el coñac, el azafrán y el pimentón dulce. Dejamos cocer durante unos 15 minutos.

A continuación añadimos dos vasos de agua y dejamos cocinar a fuego lento durante una hora, hasta que el cordero esté tierno.

Antes de apartarlo del fuego, incorporamos el vinagre y la miel. Removemos bien y dejamos cocer durante 10 minutos más, para que los sabores se integren y la salsa quede bien ligada.

Servimos el cordero bien caliente, a ser posible en cazuela de barro.






Consejo de Mapi

Como guarnición podemos acompañarlo con un arroz blanco salteado con unos ajos, piñones y pasas o ciruelas secas. El arroz queda estupendo con la salsa del cordero y ese contraste entre dulce y salado.

ENSALADA CAMPERA

 




Ensalada campera

La ensalada campera es una de esas recetas sencillas que forman parte de la cocina cordobesa de toda la vida. Patata, tomate, pimiento, cebolla, atún y aceitunas, aliñados con un buen aceite de oliva y vinagre.

Una receta de las que se preparan en casa sin complicaciones, con ingredientes sencillos y de los que siempre han estado presentes en nuestras cocinas. Fresquita y bien aliñada, es una de esas ensaladas que apetecen especialmente cuando llega el calor.


Ingredientes

500 g de patatas

2 huevos

2 tomates maduros

½ pimiento verde

½ pimiento rojo

1 cebolleta o cebolla

1 o 2 latas de atún en aceite

Aceitunas verdes o negras

Aceite de oliva virgen extra

Vinagre

Sal






Preparación

Ponemos las patatas enteras y con piel en una cazuela con agua y sal y las dejamos cocer durante unos 30 minutos, hasta que estén tiernas.

Mientras tanto, cocemos los huevos durante 10-12 minutos. Los enfriamos, los pelamos y reservamos.

Cuando las patatas estén templadas, las pelamos y las cortamos en dados.

Picamos finamente los pimientos y la cebolla y cortamos los tomates en trozos medianos.

Ponemos las patatas y las verduras en un bol amplio. Añadimos el atún bien escurrido y las aceitunas.

Aliñamos con aceite de oliva virgen extra, vinagre y sal al gusto y mezclamos con cuidado.

Colocamos los huevos cocidos por encima y dejamos la ensalada en el frigorífico un rato antes de servirla.






Consejo de Mapi

Está mucho más rica bien fresquita y después de reposar un poquito en la nevera, porque la patata va cogiendo todo el sabor del aliño.

PEROL CORDOBES

 





Perol cordobés

El perol cordobés es una de esas tradiciones que forman parte de Córdoba y que tienen su día grande el 24 de octubre, festividad de San Rafael, Custodio de Córdoba.

No es simplemente un arroz. El perol es reunirse, salir al campo, preparar el fuego y cocinar juntos alrededor de ese gran recipiente que da nombre al plato. Y cuando llega la hora de comer, aparece también esa manera tan cordobesa de compartirlo: la famosa «cucharà y paso atrás».

Esta es la receta clásica de perol cordobés que aprendí en Córdoba. Un arroz con carne, verduras, setas y alcachofas, hecho con un buen sofrito, vino Montilla-Moriles y azafrán.

Como ocurre con muchas recetas tradicionales, admite cambios y cada casa o cada grupo puede añadir sus propias verduras, carnes o incluso pescados y mariscos.


Ingredientes

1 kg de arroz redondo

1 kg de carne entre conejo, pollo de corral y costilla o solomillo ibérico

2 cebollas grandes

2 tomates grandes

½ cabeza de ajos

2 pimientos verdes

1 pimiento rojo

250 g de setas

4 alcachofas

1 vaso de vino blanco Montilla-Moriles

Aceite de oliva

Azafrán

Pimienta

Agua

Sal






Preparación

En un perol ponemos un buen chorro de aceite de oliva y hacemos un sofrito con las cebollas, los ajos, los pimientos y las alcachofas.

Añadimos la carne y rehogamos bien. Incorporamos el vino y dejamos que se evapore.

Añadimos el azafrán, la pimienta y la sal y seguimos rehogando todo durante unos 10 minutos, con cuidado de que no se queme.

A continuación añadimos dos litros de agua y dejamos que arranque a hervir.

Cuando comience a hervir, agregamos el arroz y dejamos cocer a fuego lento durante 17-20 minutos.

Apartamos del fuego y dejamos reposar tapado durante 5 minutos antes de servir.

Sugerencias

El perol cordobés admite todo tipo de verduras: espárragos, habichuelas verdes, guisantes, calabacín, habas, coliflor...

También podemos sustituir la carne por pescados y mariscos, como almejas, gambas, pez espada, calamares o mejillones.






Consejo de Mapi

Esta es una de esas recetas que aprendí en Córdoba y que merece la pena conservar tal como se ha hecho siempre, aunque después cada uno le dé su propio toque.



CHAMPIÑONES EN ESCABECHE

 




Champiñones en escabeche

Los champiñones en escabeche son una de esas recetas sencillas que merece la pena tener preparada en la nevera. El vinagre de sidra, el vino blanco, el ajo, el laurel y el aceite de oliva hacen que unos simples champiñones se conviertan en un bocado lleno de sabor.

Se pueden servir como entrante, como guarnición o añadirlos a una ensalada. También son estupendos para tenerlos preparados y picar algo cuando apetece.

Una receta fácil y de esas que, una vez hecha, dan mucho juego en la cocina.


Ingredientes

500 g de champiñones

½ cebolla grande

1 limón

5 dientes de ajo

Pimienta negra en grano

1 hoja de laurel

200 ml de vinagre de sidra

200 ml de vino blanco

300 ml de aceite de oliva virgen extra

Sal


Preparación

Picamos la cebolla y limpiamos bien los champiñones.

Ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una olla y comenzamos a sofreír la cebolla.

Mientras se hace la cebolla, exprimimos el limón sobre los champiñones para evitar que se oxiden y se pongan negros.

Cuando la cebolla comience a transparentarse, añadimos el vinagre de sidra y dejamos cocinar durante unos cinco minutos, para que se evapore parte del vinagre y la cebolla vaya tomando su sabor.

Añadimos el vino blanco y dejamos cocer durante diez minutos.

A continuación incorporamos la pimienta negra, el laurel, los dientes de ajo pelados y los champiñones cortados en cuartos.

Añadimos el resto del aceite de oliva virgen extra y rectificamos de sal.

Dejamos cocinar a fuego medio-alto durante unos 30 minutos, hasta que los champiñones estén hechos y hayan tomado bien el sabor del escabeche.

Dejamos enfriar y guardamos en el frigorífico.






Consejo de Mapi

Estos champiñones dan mucho juego. Podemos servirlos como entrante o guarnición, ponerlos en una ensalada o simplemente tenerlos preparados en la nevera para picar algo cuando nos apetezca.

MERMELADA DE MANDARINA

 





Mermelada de mandarina

La mandarina tiene un sabor y un aroma que hacen que esta mermelada sea diferente a las de otras frutas. Con mandarinas, azúcar y un poco de zumo de limón podemos preparar en casa una mermelada sencilla, con un sabor intenso a fruta y ese punto entre dulce y ligeramente ácido que aporta el limón.

Es perfecta para las tostadas del desayuno, para acompañar un queso o simplemente para tener un tarrito preparado y disfrutarla cuando nos apetezca.


Ingredientes

500 g de mandarinas limpias y sin piel

250 g de azúcar

60 ml de zumo de limón


Preparación

Pelamos las mandarinas y separamos los gajos, retirando las partes de piel blanca que sean demasiado gruesas. Si tienen pepitas, las retiramos también.

Ponemos los gajos de mandarina en una cazuela, añadimos el azúcar y el zumo de limón y mezclamos bien.

Llevamos la cazuela a fuego medio-alto hasta que la mezcla comience a hervir. En ese momento bajamos el fuego y dejamos cocinar a fuego bajo durante unos 40-45 minutos, removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue.

Pasado ese tiempo, trituramos la mermelada con la batidora hasta conseguir una textura lisa y homogénea.

Para comprobar si está en su punto podemos hacer la prueba del plato. Ponemos un plato en el congelador durante unos cinco minutos. Sacamos el plato, colocamos encima una cucharada de mermelada y esperamos unos 30 segundos para que se enfríe un poco.

Pasamos un dedo por el centro formando una raya. Si la mermelada permanece separada, está en su punto. Si vuelve a juntarse, dejamos cocinar unos minutos más y repetimos la prueba.

Conservación

Para conservar la mermelada durante más tiempo, utilizamos tarros de cristal y tapas previamente esterilizados. Los hervimos en agua durante 10-15 minutos y los dejamos escurrir boca abajo sobre un paño de cocina limpio.

Llenamos los tarros con la mermelada todavía caliente, dejando aproximadamente 1-2 cm libres hasta el borde. Cerramos bien y los ponemos en una olla con agua hirviendo, procurando que queden cubiertos casi hasta arriba.

Dejamos hervir durante un mínimo de 15 minutos. Después sacamos los tarros con cuidado y los colocamos boca abajo hasta que se enfríen completamente.

Una vez fríos, comprobamos que las tapas hayan quedado bien cerradas y que no pierdan.

Si hacemos poca cantidad y sabemos que vamos a consumirla en pocos días, podemos guardarla simplemente en un tarro limpio, dejarla enfriar y conservarla en el frigorífico. En este caso debemos consumirla en un plazo de 5-7 días.





Consejo de Mapi

Si las mandarinas son buenas y tienen sabor, no hace falta complicarse mucho. La fruta es la que tiene que mandar en esta mermelada; el azúcar y el limón están para acompañarla, no para taparla.

BONITO DEL NORTE EN ESCABECHE

 




Bonito del norte en escabeche

El bonito del norte es uno de esos pescados que merece la pena aprovechar cuando está en su mejor momento. En escabeche queda jugoso, sabroso y, además, podemos prepararlo para conservarlo y tenerlo listo para disfrutar más adelante.

El vinagre de Jerez, el vino blanco, el laurel, la pimienta y el ajo le dan al bonito todo el sabor del escabeche, mientras que la cebolla queda también impregnada de ese mismo sabor.

Una receta sencilla, de las que merece la pena preparar con calma, porque el bonito está bueno recién hecho, pero gana sabor después de reposar unos días.


Ingredientes 

1 kg de bonito del norte

250 g de aceite de oliva

1 cebolla grande, cortada en juliana

3 hojas de laurel

5 dientes de ajo, con piel

1 cucharada de pimienta negra en grano

350 g de vinagre de Jerez

250 g de vino blanco

Sal gorda


Preparación

Quitamos la piel y las espinas del bonito, lo salamos con sal gorda y reservamos.

En una olla ancha ponemos el aceite, el vinagre, el vino blanco, el laurel y la pimienta negra. Llevamos a fuego medio y, cuando comience a hervir, añadimos los ajos con piel. Dejamos cocinar durante 5 minutos.

Añadimos la cebolla y el bonito y, cuando vuelva a romper a hervir, contamos 15 minutos.

Retiramos del fuego, tapamos y dejamos enfriar el bonito dentro de la propia olla, para que vaya tomando todo el sabor del escabeche.

A partir de las 24 horas ya podemos comerlo, aunque estará todavía mejor después de unos días de reposo.


Para hacer la conserva

Introducimos los trozos de bonito en los tarros, procurando que queden llenos pero sin apelmazarlos.

Rellenamos los tarros con el escabeche. Introducimos un cuchillo con cuidado para mover ligeramente los trozos y comprobar que no queden burbujas de aire en el interior.

Dejamos reposar unas dos horas y volvemos a rellenar con aceite si fuera necesario, de manera que toda la carne del bonito quede cubierta.

Cerramos los tarros herméticamente y los colocamos boca abajo durante 30 minutos para comprobar que no pierdan.

Después los introducimos en una olla con agua hirviendo, procurando que queden completamente cubiertos. Cuando el agua vuelva a hervir, contamos 20 minutos.

Apagamos el fuego y dejamos que los tarros se enfríen dentro del agua.

Una vez fríos, los sacamos del baño María y volvemos a colocarlos boca abajo, esta vez durante una semana, para ayudar a comprobar que han quedado bien sellados.

Guardamos los tarros en un lugar fresco y protegido de la luz.






Consejo de MAPI 

El mejor mes para hacer conserva de bonito es septiembre, tanto por la calidad del pescado como por el precio, que suele bajar considerablemente respecto a los primeros meses de temporada.

Y aunque podemos comerlo a partir de las 24 horas, el escabeche mejora con los días, porque el bonito va tomando poco a poco todos los sabores del aceite, el vinagre y las especias.

HIGOS EN ALMIBAR






 Higos en almíbar

Los higos en almíbar son una forma sencilla de conservar esta fruta y disfrutarla cuando ya no estamos en temporada. Cocinados despacio con azúcar, limón y un poco de canela, quedan tiernos, jugosos y con ese almíbar ligero que los hace tan buenos.

Se pueden comer solos, acompañar un postre o servir junto a un poco de queso. Una receta sencilla para aprovechar los higos cuando están buenos y guardarlos para disfrutarlos después.


Ingredientes

1 kg de higos frescos

700 g de azúcar

750 ml de agua

15 ml de zumo de limón

1 rama de canela


Preparación

Lavamos bien los higos con cuidado para no dañarlos.


Retiramos suavemente el tallito si es demasiado largo, procurando mantener los higos enteros.


Si queremos que absorban mejor el almíbar, podemos pinchar cada higo una o dos veces con un palillo.


Ponemos el agua, el azúcar, el zumo de limón y la rama de canela en una olla amplia. Llevamos a fuego medio y removemos hasta que el azúcar se haya disuelto por completo.


Cuando el almíbar comience a hervir suavemente, incorporamos los higos con cuidado.


Bajamos el fuego y dejamos cocinar entre 35 y 50 minutos, moviendo la olla suavemente de vez en cuando para no romper la fruta.


Durante la cocción los higos irán tomando brillo y el almíbar se irá espesando ligeramente. Si aparece espuma en la superficie, la retiramos con una cuchara.


El punto estará listo cuando los higos estén tiernos pero enteros y el almíbar tenga una textura ligera y brillante.


Retiramos la rama de canela y dejamos reposar los higos dentro del almíbar durante 15-20 minutos para que se asienten los sabores.


Vertemos la preparación todavía caliente en frascos de vidrio limpios y secos.


Dejamos enfriar completamente antes de tapar y conservamos los frascos en el frigorífico. Lo recomendable es consumirlos en un plazo de 2-3 semanas.


Si queremos conservarlos durante más tiempo, podemos esterilizar los tarros y realizar un proceso de conservación adecuado al vacío.





Consejo de Mapi

Estos higos quedan estupendos solos, pero también hacen muy buena pareja con un buen queso. El contraste entre el dulce del almíbar y el punto salado del queso es una combinación que merece la pena probar.

TOMATE FRITO CASERO

 






Tomate frito casero

El tomate frito casero es de esas cosas que merece la pena preparar cuando los tomates están buenos. Con unos tomates maduros, cebolla, ajo y un buen aceite de oliva tenemos una salsa sencilla, pero con un sabor que no tiene nada que ver con la comprada.

A mí me gusta hacerlo con los tomates enteros, con su piel y sus pepitas. Después lo pasamos por el chino y queda una salsa fina, aprovechando todo el sabor del tomate.

Es una de esas preparaciones que lleva un ratito, pero cuando tienes varios botes preparados en la despensa sabes que tienes una buena base para muchos platos


Ingredientes

1 kg de tomates maduros

1 cebolla

1 diente de ajo

70 ml de aceite de oliva

1 cucharadita de sal

1 cucharadita de azúcar, aunque esta cantidad puede variar dependiendo de la acidez de los tomates


Preparación

Lavamos y troceamos los tomates.

A mí me gusta freírlos con la piel y las pepitas, aunque después tendremos que pasarlos por el chino para retirarlas y conseguir una salsa más fina.

Si prefieres cocinarlo sin piel ni pepitas, escaldamos primero los tomates. Les hacemos una cruz en la base y los metemos en agua hirviendo durante unos segundos. Después los pasamos a un bol con agua fría. La piel saldrá fácilmente. Los abrimos, retiramos las pepitas y troceamos la pulpa.

Calentamos el aceite de oliva en una paellera grande y añadimos el ajo. Cuando comience a dorarse incorporamos la cebolla y dejamos cocinar hasta que quede transparente.

Añadimos los tomates troceados y dejamos cocinar a fuego alto al principio, para que vayan evaporando el agua y consigamos una salsa más concentrada.

Cuando la piel se haya desprendido de la pulpa y el tomate haya reducido aproximadamente un tercio, lo trituramos con la batidora. Antes se hacía con el pasapurés, pero hoy la batidora nos facilita mucho el trabajo.

Añadimos la sal y el azúcar y seguimos cocinando hasta que veamos que el aceite comienza a aparecer en la superficie y el tomate se ha reducido aproximadamente a la mitad.

Cuando la salsa esté lista, apagamos el fuego.

Colocamos el chino sobre un bol y vamos echando la salsa poco a poco. Para hacerlo mucho más rápido, metemos la batidora dentro del chino, a velocidad baja, y la accionamos. Verás qué fácil y rápido eliminamos todas las pieles y pepitas.


Para conservarlo

Lavamos bien los botes y las tapaderas con agua y jabón, los enjuagamos y los ponemos a cocer en una cazuela durante unos 15 minutos.

Los sacamos con unas pinzas y los dejamos enfriar sobre un paño limpio.

Llenamos los botes con el tomate frito, los tapamos y los cocemos en la olla a presión durante 20 minutos. En una olla a presión normal, contamos el tiempo desde que la válvula comienza a dar vueltas.

Es conveniente colocar un paño entre los botes para evitar que se golpeen entre ellos durante la cocción y pueda romperse alguno.

Pasado el tiempo, retiramos la válvula, dejamos salir el vapor y abrimos la olla. No sacamos todavía los botes; los dejamos enfriar dentro.

Cuando estén fríos, los limpiamos con un paño, los etiquetamos y los guardamos en la despensa.






Consejo de Mapi

Si los tomates están buenos, no hace falta añadir muchas cosas. Un buen aceite de oliva, un poco de cebolla y ajo y dejar que el tomate se cocine despacio hacen el resto.

viernes, 18 de septiembre de 2026

PATATAS CON BACALAO

 






Patatas con bacalao

Hay platos sencillos que, cuando llegan a una mesa de fiesta, se convierten en algo especial. Estas patatas con bacalao son uno de ellos.

Un guiso de los de siempre, con buenos ingredientes, un sofrito hecho con mimo y ese sabor casero que hace que una comida tenga alma.

Porque también con las recetas sencillas se puede vestir una mesa y hacer de un día especial un día para recordar.


Ingredientes

700 g de patatas

500 g de bacalao desalado y sin espinas

500-600 ml de caldo de pescado o de verduras

2 huevos cocidos

1 cebolla

1 pimiento verde italiano

2 dientes de ajo

2 cucharadas de tomate triturado

½ vaso de vino blanco

2 hojas de laurel

1 guindilla

Sal

Aceite de oliva virgen extra

Perejil fresco







Preparación

Cortamos el bacalao en trozos de bocado y comprobamos bien que no tenga espinas.

Ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una cazuela y, cuando esté caliente, doramos ligeramente los trozos de bacalao por ambos lados. Los sacamos y reservamos.

En la misma cazuela añadimos un poquito más de aceite si fuera necesario. Incorporamos la cebolla y los ajos muy picados, con una pizca de sal, y dejamos que se hagan despacio. Añadimos el pimiento verde cortado pequeño y la guindilla, y seguimos cocinando a fuego medio, procurando que nada se queme.

Cuando las verduras estén tiernas, echamos el vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol.

Añadimos entonces el tomate triturado y dejamos que reduzca bien el sofrito, hasta que quede concentrado y sabroso.

Pelamos las patatas y las chascamos, rompiendo el corte al final para que suelten parte de su almidón. Las incorporamos a la cazuela y las rehogamos durante aproximadamente un minuto.

Añadimos el caldo, sin ponerlo todo de golpe, y las hojas de laurel. Tapamos y dejamos cocinar hasta que las patatas estén tiernas, unos 20 minutos aproximadamente, dependiendo del tamaño de los trozos.

Cuando las patatas estén hechas, incorporamos de nuevo el bacalao y añadimos los huevos cocidos, previamente picados. Dejamos cocinar todo junto durante un par de minutos más.

Probamos y rectificamos de sal. Si el guiso ha quedado demasiado espeso, añadimos un poco más de caldo hasta conseguir la consistencia que nos guste.

Servimos bien caliente, con perejil fresco picado por encima.






Consejo de Mapi

No pongáis todo el caldo de una vez. Es mejor ir añadiendo según lo necesite el guiso, porque las patatas van soltando su almidón y el caldo puede espesar bastante. Y el bacalao, al final y solo unos minutos: así queda jugoso y no se nos seca.

PASTEL DE CARNE



 





Pastel de carne

Hay platos que no necesitan presentación cuando llegan a la mesa. Este pastel de carne es uno de ellos: una masa dorada y crujiente que esconde un relleno sabroso y jugoso de carne y verduras. Un plato de esos que visten la mesa, que se preparan sin prisas y que hacen que una comida especial tenga todavía más encanto.

Una receta perfecta para esos días en los que queremos cocinar algo diferente, llevar un plato bonito a la mesa y disfrutar de una comida de fiesta hecha en casa.


Ingredientes

Para la masa

2 ½ tazas de harina de todo uso

1 cucharadita de sal

1 taza de mantequilla fría sin sal, cortada en cubitos

6-8 cucharadas de agua helada


Para el relleno

450 g de carne picada de ternera, o mezcla de ternera y cerdo

1 cebolla mediana, finamente picada

2 dientes de ajo, picados

1 zanahoria mediana, finamente picada

1 patata mediana, pelada y finamente picada

½ taza de caldo de carne

1 cucharada de tomate concentrado

1 cucharadita de tomillo

½ cucharadita de pimentón

½ cucharadita de sal

½ cucharadita de pimienta negra

1 cucharada de aceite de oliva

1 huevo batido para pintar







Preparación

Comenzamos preparando la masa. Ponemos la harina y la sal en un bol amplio y añadimos la mantequilla fría en cubitos. La vamos integrando con los dedos o con un cortapastas hasta conseguir una mezcla con aspecto de migas gruesas.

Añadimos el agua helada poco a poco, una cucharada cada vez, hasta que la masa se una. No hace falta trabajarla demasiado. La dividimos en dos partes, formamos dos discos, los envolvemos y los dejamos reposar en el frigorífico al menos 30 minutos.

Mientras la masa reposa, preparamos el relleno. Calentamos el aceite de oliva en una sartén y añadimos la cebolla, el ajo, la zanahoria y la patata. Dejamos que se hagan a fuego medio durante unos 5 minutos, hasta que comiencen a ablandarse.

Incorporamos la carne picada y cocinamos hasta que esté bien dorada. Añadimos el tomate concentrado, el tomillo, el pimentón, la sal y la pimienta. Removemos y vertemos el caldo de carne.

Dejamos cocinar a fuego suave durante unos 8-10 minutos, hasta que el relleno haya espesado y no quede líquido en la sartén. Apartamos del fuego y dejamos que se temple antes de rellenar el pastel.

Precalentamos el horno a 190 °C.

Estiramos uno de los discos de masa y lo colocamos en un molde para tarta de unos 23 cm. Repartimos dentro el relleno ya frío o templado.

Estiramos el segundo disco y lo colocamos encima. Recortamos el sobrante y cerramos bien los bordes, haciendo el dibujo que más nos guste. Con los recortes de masa podemos hacer unas hojitas, pequeños cordones o cualquier adorno para decorar la superficie.

Hacemos unos pequeños cortes en la parte superior para que pueda salir el vapor durante la cocción y pintamos toda la superficie con huevo batido.

Llevamos al horno durante unos 40-45 minutos, hasta que la masa esté bien dorada y crujiente.

Una vez fuera del horno, es muy importante dejar reposar el pastel unos 15 minutos antes de cortarlo. Así el relleno se asienta y las porciones quedan mucho más bonitas.







Consejo de Mapi

No tengas prisa por cortar este pastel nada más salir del horno. Esos quince minutos de reposo hacen que el relleno se asiente y que al servirlo conserve mucho mejor su forma.

Y si te sobran recortes de masa, no los tires: unas hojitas, unas tiras trenzadas o unos pequeños cordones pueden convertir un sencillo pastel de carne en uno de esos platos que llegan a la mesa luciéndose por sí solos.

CARRILLERAS AL ESTILO DE LA ABUELA





Carrilleras al estilo de la abuela: el triunfo del chup-chup en la mesa de fiesta


Hay platos que no solo se cocinan; se miman, se respetan y se esperan con paciencia. Estas carrilleras son la definición exacta del alma de nuestra alacena: una cocina sin prisas, con un buen vino tinto de esos que alegran la sobremesa y verduras de la huerta que se funden en una salsa para no parar de mojar pan (¡como el gran pan de masa madre que acabas de hornear!). Un manjar de los de toda la vida que se deshace con solo mirarlo y convierte cualquier día señalado en una auténtica celebración.


​Ingredientes 


1 kg de carrilleras de cerdo o ternera (bien limpias de grasa y nervios)


​2 cebollas grandes


​2 zanahorias


​1 puerro


​4 dientes de ajo


​500 ml de vino tinto (de esos buenos que nos gusta beber)


​250 ml de caldo de carne


​1 hoja de laurel


​1 ramita de tomillo o romero fresco


​Harina (para envolverlas con mimo)


​Sal y pimienta negra al gusto


​Buen aceite de oliva virgen extra






Elaboracion

Salpimienta las carrilleras con cariño, pásalas ligeramente por harina y dóralas en una cazuela amplia con un buen fondo de aceite de oliva virgen extra hasta que tengan un color tostado precioso. Sácalas y resérvalas.


​En esa misma cazuela, aprovechando todo el sabor que ha dejado la carne, añade un hilito más de aceite si hace falta y sofríe la cebolla, el ajo, el puerro y la zanahoria bien picaditos. Deja que se pochen a fuego medio hasta que estén bien blanditos y doraditos.


​Vierte el vino tinto y sube el fuego alegremente para que se evapore el alcohol durante unos 5 minutos, dejando toda la esencia. Después, incorpora el caldo, la hoja de laurel y las hierbas aromáticas.


​Devuelve las carrilleras a la cazuela para que seabracen con el guiso, tápala bien y baja el fuego al mínimo. Deja que el tiempo haga su magia durante unas 2 horas, o hasta que notes que la carne está tan tierna que se deshace sola con el tenedor.


​El toque final: si en casa sois de salsas finas y sedosas, saca las carrilleras con cuidado, pasa la verdura por la batidora y devuelve la carne a esa crema de oro.





​Consejo de MAPI 

 Sírvelo bien caliente acompañado de un buen puré de patata casero, un arroz blanco suelto o unas patatas al horno. ¡Y que no falte un buen cacho de pan para dar cuenta de la salsa


MERLUZA A LA MARINERA DE

 








Merluza a la marinera


Ingredientes

8 lomos de merluza
1 cebolla
2 dientes de ajo
perejil
1 pimiento rojo
3 cdas. salsa de tomate
1 cdita. pimentón (picante o dulce)
1 cda. harina
8-10 gambas medianas
200 gr. almejas
8 mejillones
1 copa vino blanco
aceite de oliva virgen extra
pimienta negra
sal
Fumet de gambas
cabezas y patas de gambas
1/2 puerro
1 zanahoria
sal
aceite de oliva virgen extra








PREPARACION

 
Un par de horas antes ponemos en remojo las almejas, en agua con sal, para que suelten la arenilla que tienen dentro, cambiando el agua un par de veces.
Limpiamos bien los mejillones quitándole las hebras pegadas a la concha con una puntilla. Enjuagamos y reservamos en la nevera.

Pelamos las gambas reservando las cabezas, cola y patas para hacer el fumet o caldo de marisco. Guardamos las gambas peladas en la nevera.

Picamos los ajos, la cebolla y el pimiento en trocitos pequeños.

Fumet de marisco

En una olla con un poco de aceite de oliva sofreímos las cabezas de las gambas, patas y colas un par de minutos, apretándolas bien para que suelten todo su jugo. 

Añadimos el puerro y las zanahorias lavadas, pero sin pelar, y cortados en trozos medianos. Sofreímos un minuto y añadimos 1 litro de agua y un poco de sal y dejamos cociendo con la olla tapada una media hora a fuego medio.

Ponemos a calentar aceite en una cazuela grande
Pasamos los lomos de merluza por un plato con harina, sacudiéndolos para quitar el exceso de harina, y los marcamos un par de minutos por cada lado en el aceite bien caliente para sellarlos bien. Añadimos sal y reservamos en un plato.

Bajamos el fuego y añadimos el ajo y el perejil picado sofriéndolos unos segundos.
Antes de que coja color el ajo añadimos la cebolla y el pimiento picados. Añadimos sal y pimienta negra. Sofreímos unos 10 minutos a fuego medio hasta que estén bien pochados con la cacerola tapada removiendo de vez en cuando.

Añadimos una cucharadita de pimentón picante (o dulce) y sofreímos unos segundos antes de incorporar la salsa de tomate. Sofreímos un par de minutos todo junto.

Volvemos a colocar los lomos de merluza en la cazuela, sobre la salsa, y añadimos una copa de vino. Dejamos reducir un minuto el alcohol a fuego medio fuerte.

Añadimos un par de cucharones de fumet de gambas, filtrándolo por un colador. Añadimos una cucharada de harina disolviéndola en el caldo para que luego la salsa quede espesita. Dejamos a fuego medio y dejamos cocer unos cinco minutos.

Añadimos las gambas, las 
 almejas bien escurridas y los mejillones, tapamos la cacerola y dejamos cocer otros cinco minutos más. Rectificamos de sal.
Destapamos y dejamos reducir la salsa si lo necesitáramos. O si necesitamos incorporar más caldo vamos agregando fumet. 
Agregamos perejil picado por encima y servimos.






Consejo de Mapi

El fumet es lo que marca la diferencia en esta receta. Aprovechamos las cabezas, patas y cáscaras de las gambas para sacarles todo el sabor antes de añadirlas al guiso. Y tened pan a mano, porque esta salsa pide mojar.

jueves, 17 de septiembre de 2026

EL GOFIO CANARIO EL PAN DE LOS GUANCHES Y EL ALMA DE LAS ISLAS


 



GOFIO CANARIO: EL PAN DE LOS GUANCHES Y EL ALMA DE LAS ISLAS


Considerado el pan de los guanches, el gofio ocupa un lugar privilegiado en la mesa de Canarias. Desde tiempos muy antiguos es un ingrediente básico de numerosos platos tradicionales, como las pellas, el escaldón o el rancho canario, pero también está presente en recetas modernas e imaginativas como turrones, helados y mousses. Su elaboración sigue conservando una profunda esencia artesanal.


Un alimento milenario de los antiguos pobladores


Delicias tradicionales y recetario popular

Los canarios han ideado un buen número de recetas con gofio, desde la humilde pella, elaborada simplemente con agua, azúcar y aceite, hasta el escaldón, mezclado con caldo y dejado cocer a fuego lento, que suele tomarse para acompañar caldos, pucheros y cazuelas.

A la hora del postre, el gofio se disfruta mezclado con nueces, miel y azúcar; amasado con plátanos o higos; o en forma de helado, mousse, turrón e incluso licor.






Hoy los gofios más habituales son el de trigo, especialmente tradicional en Tenerife y La Palma, y el de millo, muy arraigado en Gran Canaria y las islas orientales. También existen gofios de cebada, habas, garbanzos, avena y otras variedades. Son especialmente habituales y apreciados los gofios de mezcla, elaborados con dos o más componentes, como el de trigo y millo.


El secreto del molino y el tueste

El gofio se caracteriza por un aroma seco, penetrante y terroso, un color amarillento que varía en función del tipo de grano y del tueste, y una textura polvorienta que no agrada a todos los paladares.

Aunque los ingredientes sean los mismos, cada gofio es diferente, pues el resultado depende en gran parte de las características que aporta el molino que lo elabora.

El grado de tueste que se da al grano, la cantidad de sal, la velocidad de la molienda, la separación de las muelas y la proporción de los distintos granos son algunos de los factores que hacen que cada gofio tenga su propia personalidad.

Cada molino tiene su propia fórmula magistral y los molineros la guardan celosamente.

Huella cultural, paisaje y recuperación de los molinos

Con los años, y más allá de la mesa, el gofio ha dejado una huella imborrable en el patrimonio cultural y en el paisaje de Canarias.

Se ha quedado incluso en el lenguaje, en expresiones tan populares como «estar hecho gofio», que significa estar molido o muy cansado, o «hacerse gofio», utilizada cuando alguien acaba hecho pedazos.

También entró en las casas formando parte del ajuar doméstico y de los aperos que muchas familias conservaban, como los molinos de mano y los tostadores.

Y, sobre todo, dejó su huella en el territorio, salpicando las islas de molinos de agua, viento, fuego, motor o electricidad. Muchos de ellos dejaron de funcionar en la década de 1960, cuando el gofio entró en una época de retroceso y su consumo quedó limitado, en buena parte, al ámbito local y rural.

Pero en los últimos años, en distintos puntos de las islas, se está trabajando para recuperar los antiguos molinos. Un claro ejemplo es el molino de agua de Firgas, del año 1517, considerado el más antiguo de las islas que todavía sigue en funcionamiento y declarado Bien de Interés Cultural.

Igualmente, el gofio recupera el terreno perdido, conquistando a nuevos consumidores y pasando del campo a la ciudad, de la casa al restaurante y del ámbito local al global.

Buena parte de este renacer tiene que ver con el auge de los alimentos naturales y ecológicos, pero también con el magnífico trabajo de los productores, que buscan consolidar la Indicación Geográfica Protegida para el gofio. De esta manera, sería posible disfrutar de este alimento ancestral sin necesidad de viajar a Canarias.





RECETAS ANTIGUAS CON GOFIO


Pella dulce o de pastores

Un alimento energético que los pastores llevaban al monte. No necesita fuego y se conserva perfectamente durante días.

Ingredientes

Gofio, de trigo o mezcla; agua; una pizca  sal; miel de palma o de abeja; queso tierno canario desmenuzado y almendras picadas.


Preparación

Se pone el gofio en un recipiente. Antiguamente se utilizaba incluso un zurrón de piel de cabra.

Se añade el agua poco a poco, junto con la miel, el queso y las almendras. Se amasa con las manos hasta obtener una pasta compacta y firme.

Se le da forma de cilindro, formando un rulo, y se corta en rodajas para comer.


Gofio con leche, el desayuno de antes

La comida reconfortante con la que empezaban el día los niños y los trabajadores del campo antes de afrontar las largas jornadas.


Ingredientes

Leche de cabra o de vaca, gofio y una cucharada de azúcar o miel, opcional.


Preparación

Se calienta la leche. En la taza se añaden dos o tres cucharadas grandes de gofio, se vierte la leche caliente y se remueve bien.

Dependiendo de la cantidad de gofio, se puede tomar más líquido, con una textura parecida a la de un chocolate espeso, o mucho más denso, para comerlo con cuchara.

En algunas casas se añadía un trozo de corteza de limón al calentar la leche para darle un toque de aroma.

El gofio, humilde y sencillo, ha acompañado durante generaciones a los canarios. Un alimento nacido del grano tostado y del trabajo de los molinos que terminó convirtiéndose en mucho más que una harina: en parte de la memoria y de la identidad de las islas.





miércoles, 16 de septiembre de 2026

BIZCOCHO DE ANIS Y ALMENDRAS

 





Bizcocho de anís y almendras

Hay bizcochos que huelen a cocina de casa desde que empiezan a hacerse en el horno. Este de anís y almendras tiene ese aroma tan particular del anís, el toque fresco de la ralladura de limón y una cubierta de almendras laminadas que, al hornearse con el azúcar, queda ligeramente crujiente.

Un bizcocho sencillo, de los que acompañan de maravilla un café o una merienda tranquila.


Ingredientes

200 g de harina

8 g de levadura de repostería

1 pizca de sal

La piel rallada de 1/2 limón

1 cucharadita de anís molido

3 huevos L

160 g de azúcar

125 g de yogur natural

20 g de licor de anís

70 g de aceite de girasol

2 cucharadas de almendras laminadas

Un poco de mantequilla para el molde

Un poco de harina para el molde

Un poco de azúcar para espolvorear


Elaboración

Mezclamos la harina con la levadura y la tamizamos. Añadimos la sal, la piel de limón rallada y el anís molido, y reservamos.

En un cuenco amplio ponemos los huevos junto con el azúcar y batimos con las varillas hasta que hayan doblado su volumen.

Añadimos el yogur, el licor de anís y el aceite de girasol y batimos de nuevo hasta que todos los ingredientes queden bien integrados.

Incorporamos poco a poco la mezcla de harina, utilizando una espátula y haciendo movimientos suaves y envolventes para no perder el aire que hemos conseguido al batir los huevos.

Precalentamos el horno a 185 ºC, con calor arriba y abajo.

Mientras tanto, untamos el molde con un poco de mantequilla y lo espolvoreamos con harina. Sacudimos el exceso para que quede una capa fina por toda la superficie. Espolvoreamos también un poco de azúcar.

Vertemos la masa en el molde y cubrimos la superficie con las almendras laminadas. Espolvoreamos un poco más de azúcar por encima para que, durante el horneado, aporte dulzor y una textura ligeramente crujiente.

Horneamos durante unos 30 minutos, o hasta que el bizcocho haya subido y esté dorado. Comprobamos que está bien cocido por dentro pinchándolo con un palillo o una brocheta de madera; debe salir limpia.

Cuando retiremos el bizcocho del horno, lo dejamos enfriar antes de desmoldarlo.






Consejo de Mapi

Para que el bizcocho quede bien esponjoso, lo más importante es batir muy bien los huevos con el azúcar y después incorporar la harina con suavidad, sin trabajar demasiado la masa.

GALLETAS MARIA

 




Galletas María

Hay sabores que forman parte de nuestra memoria sin que nos demos cuenta. Una galleta María es uno de ellos: sencilla, fina, crujiente y con ese sabor que reconocemos desde el primer bocado.

Y si hay una receta que ha convertido a estas galletas en protagonistas de muchas cocinas es, sin duda, la tarta de la abuela. Capas de galletas, crema y chocolate que han pasado de generación en generación y que siguen teniendo ese sabor de las tartas hechas en casa.

Pero las María también tienen su sitio por sí solas. Para acompañar un café, una taza de leche, para la merienda o simplemente para coger una cuando pasamos por delante de la caja.

Hacerlas en casa tiene su pequeño secreto: la masa debe quedar muy fina. Con un poco de paciencia y dejándola reposar bien fría, tendremos unas galletas doraditas y crujientes, de esas que saben a las de toda la vida.


Ingredientes

500 g de harina de trigo

100 g de mantequilla

100 g de azúcar blanco

100 g de azúcar panela

3 huevos

1 cucharadita de vainilla

1 sobre de levadura química, tipo Royal


Elaboración

Ponemos todos los ingredientes en un cuenco y los mezclamos hasta obtener una masa homogénea, procurando no trabajarla demasiado.

Dividimos la masa en seis porciones.

Estiramos cada porción entre dos papeles de horno, dejándola muy, muy fina. Este paso es importante, porque si la masa queda gruesa tendremos unas galletas gorditas y perderán esa textura y ese cuerpo tan característicos de la galleta María.

Para conseguir que todas tengan el mismo grosor podemos utilizar las gomas que traen algunos rodillos. Si no tenemos, podemos colocar dos palos de brocheta a ambos lados de la masa y utilizarlos como guía al pasar el rodillo.

Una vez estiradas todas las masas, las metemos en la nevera y las dejamos reposar toda la noche. De esta manera la masa estará más firme y podremos cortarla con mayor facilidad, evitando que las galletas se deformen.

Al día siguiente precalentamos el horno a 180 ºC.

Cortamos las galletas directamente sobre la masa fría, utilizando un cortador de galletas. Podemos darles la forma que queramos o incluso utilizar un vaso si no tenemos cortador.

Si utilizamos una forma diferente a la tradicional, hacemos los pequeños agujeritos característicos de las galletas María.

Colocamos las galletas sobre una bandeja cubierta con papel de horno y las horneamos durante unos 10 minutos, hasta que estén ligeramente doradas.

Las retiramos del horno y dejamos que se enfríen antes de guardarlas.






Consejo de Mapi

Aquí el secreto está en el grosor. La masa tiene que quedar muy fina; cuanto más nos acerquemos al grosor de una auténtica galleta María, mejor será el resultado. Y dejarlas toda la noche en la nevera hace que al día siguiente se corten mucho mejor y mantengan perfectamente su forma.