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jueves, 29 de octubre de 2026

🌰DE LA CASTAÑADA A HALLOWEEN 🎃

🌰 De la noche de animas de Aragón llegamos a las castañada de Cataluña y  de allí damos un salto a HALLOWHEN 🎃






De la tradición a lo tenebroso: cuando el otoño se viste de fiesta

Hay recuerdos de la infancia que se quedan grabados para siempre en la memoria, sobre todo aquellos ligados a los olores, los sabores y el calor del hogar.

Cuando yo era pequeña, el otoño no se celebraba con disfraces de miedo ni con calabazas talladas. El verdadero protagonista era el fuego. Recuerdo aquellos encuentros con mis abuelos, alrededor de la lumbre, mientras asábamos castañas y boniatos y el aroma de las brasas lo impregnaba todo. También preparábamos carne y longaniza al fuego, disfrutábamos de los tradicionales panellets y, para acompañar aquellos momentos, no faltaba un sorbito de moscatel o mistela. Eran días de reunión familiar, de conversaciones al calor de la lumbre y de disfrutar juntos de los sabores de siempre.




Con los años, las familias crecen y las costumbres se transforman. Cuando llegaron mis hijos, aquella época del año adquirió una nueva magia. La tradición siguió viva, pero incorporamos la diversión y el misterio de Halloween. ¡Cómo nos volcábamos decorando el salón de casa! Las hojas secas que recogíamos durante nuestros paseos se convertían en alfombras doradas, mientras las paredes y las esquinas se llenaban de telarañas, arañas peludas y murciélagos que colgaban del techo. Y, por supuesto, llegaron nuestras primeras calabazas iluminadas con velas.

Así, lo que comenzó para mí alrededor de una lumbre, compartiendo los sabores y las costumbres de mis abuelos, fue encontrando nuevas formas de celebrarse con mis hijos. Cambiaron los adornos, aparecieron las brujas y los rincones tenebrosos, pero permaneció lo más importante: las ganas de reunirnos, disfrutar juntos y crear recuerdos que, con el tiempo, también formarían parte de su propia historia.




Porque las tradiciones no tienen por qué permanecer siempre iguales para seguir vivas. A veces cambian de forma, se llenan de nuevas ideas y pasan de una generación a otra, pero conservan aquello que las hace especiales: compartir, cocinar y celebrar en familia.

Y para que podáis disfrutar de los sabores de siempre, preparar una mesa terrorífica o sorprender a los más pequeños con propuestas divertidas, hoy os traigo un recetario muy especial de Halloween. ¡Espero que lo disfrutéis tanto como nosotros disfrutábamos preparando cada celebración en casa!




CALABAZA UNTABLE  DE QUESOS

En Halloween, hasta la calabaza más misteriosa puede esconder una sorpresa deliciosa. Esta vez no hará falta vaciarla ni encender una vela: la convertiremos en una divertida calabaza de queso, con el sabor intenso del queso azul, el toque crujiente de los frutos secos y una cubierta de Doritos que le da su característico color anaranjado. Un aperitivo original y sabroso para compartir, rodeado de galletitas saladas y un poco de verde, que llenará la mesa de Halloween de sabor y diversión.


Ingredientes


 400 g de queso de untar

 200 g de queso azul o gorgonzola

 70 g de queso cheddar

100 g de mezcla de frutos secos

 1 bolsa pequeña de Doritos sabor queso

 1 rabito de pimiento


Preparación

Mezcla en un bol los quesos con los frutos secos picados finamente hasta que estén bien integrados.

Coloca un trozo de film transparente sobre la superficie de trabajo y pon encima la mezcla de quesos. Dale forma de bola y envuélvela bien.

Con un trozo de hilo de cocina, marca los surcos para darle forma de calabaza. Deja enfriar en la nevera durante un mínimo de dos horas.

Cuando esté firme, tritura los Doritos en un robot de cocina o una picadora. También puedes meterlos en una bolsa y pasarles un rodillo hasta reducirlos a migas.

Retira el hilo y el film de la calabaza de queso. Rebózala con los Doritos triturados hasta cubrirla por completo y coloca el rabito de pimiento en la parte superior.

Sirve la calabaza rodeada de galletitas saladas y sobre una cama de rúcula o escarola.





Dedos de bruja para Halloween

En la noche de Halloween, las brujas salen de sus escondites y dejan tras de sí las huellas de sus misteriosas travesuras. En nuestra cocina también podemos jugar a darles vida, con unos sencillos ingredientes que se transforman en un bocado de lo más inquietante. Unas salchichas envueltas en masa, unas uñas de aceituna negra y unos nudillos bien marcados bastan para crear estos dedos de bruja, perfectos para sorprender a los invitados. Y para completar la escena, un poco de kétchup pondrá la nota más escalofriante sobre la mesa.

Ingredientes

 1 paquete de salchichas Frankfurt

1 lámina de masa de pizza o de hojaldre

 1 huevo

Aceitunas negras

 Kétchup


Preparación

Corta las salchichas a lo largo con un cuchillo afilado.

Corta tiras de la masa elegida y enrolla cada trozo de salchicha. Retira la masa sobrante de uno de los extremos y, con la yema del dedo, presiona ligeramente para formar el hueco de la uña. Aplasta el otro extremo para simular un dedo cortado.

Con un cuchillo pequeño, haz unos cortes a diferentes alturas para marcar los nudillos.

Coloca los dedos sobre una bandeja cubierta con papel de horno y píntalos con huevo batido.

Hornea a 180 °C durante unos 12 minutos, hasta que la masa esté dorada.

Mientras tanto, corta las aceitunas negras por la mitad y dales forma de uñas. Colócalas en el extremo superior de cada dedo.

Pon un poco de kétchup en un cuenco pequeño y moja en él el extremo inferior de los dedos antes de servirlos, para conseguir un efecto todavía más terrorífico.





Escobas de bruja para Halloween

Cuenta la leyenda que ninguna bruja sale de casa sin su escoba, y en la noche de Halloween no podía faltar este peculiar medio de transporte en nuestra mesa. Con unos sencillos palitos de pan, unas lonchas de queso y unas hebras de cebollino, prepararemos unas pequeñas escobas comestibles que parecen listas para salir volando hacia cualquier aquelarre. Un aperitivo divertido, fácil de preparar y perfecto para acompañar las demás propuestas de nuestra cocina más misteriosa.

Ingredientes


Palitos de pan (sticks o pretzels)

Lonchas de queso tipo Havarti o Edam

Cebollino fresco


Preparación

Dobla una loncha de queso por la mitad y haz cortes verticales en el borde inferior, sin llegar hasta arriba, para formar los flecos de la escoba.


Envuelve la parte cortada de la loncha alrededor de la base de un palito de pan.


Ata el queso firmemente con una tira de cebollino fresco para sujetarlo y darle el aspecto de una pequeña escoba.


Repite el proceso con el resto de los ingredientes hasta tener todas las escobitas preparadas.




Puré de calabaza con ojos para Halloween


La calabaza es una de las grandes protagonistas del otoño y un símbolo inseparable de Halloween. En esta receta la transformamos en un puré suave y delicado, con mantequilla y un toque de nuez moscada, que esconde una sorpresa al servirlo: unos ojos que parecen observarnos desde el plato. Una manera divertida y original de llevar el espíritu de la noche más misteriosa del año a la mesa, combinando una receta sencilla con una presentación capaz de despertar la curiosidad de pequeños y mayores.


Ingredientes


Para el puré:

1 kg de calabaza cacahuete

 40 g de mantequilla

1 pizca de nuez moscada

 Sal y pimienta

 2 cucharaditas de miel (opcional)


Para los ojos:

 Huevos de codorniz

Aceitunas negras o verdes sin hueso

Tomate frito espeso

 Colorante alimentario al gusto

 Agua para teñir los huevos


Elaboración

Pela la calabaza, retira las semillas y córtala en cubos.

Cuécela al vapor o en agua hirviendo durante unos 15 minutos, hasta que esté tierna. Escúrrela bien y tritúrala con la mantequilla. Salpimienta, añade una pizca de nuez moscada y, si te gusta el contraste dulce, incorpora la miel.

Para preparar los ojos, cuece los huevos de codorniz hasta que estén duros y déjalos enfriar.

Golpea suavemente las cáscaras con una cuchara, procurando que se agrieten sin desprenderse. Coloca los huevos en un bol con agua teñida con colorante alimentario y déjalos en la nevera durante unas dos horas. Después, pélalos con cuidado: las grietas habrán dejado unas marcas decorativas en la clara.

Corta las aceitunas en rodajas finas, una por cada huevo, y prepara una jeringuilla pequeña con tomate frito espeso.


Emplatado

Sirve el puré caliente en una fuente. Coloca los huevos de codorniz con la punta hacia abajo, pon una rodaja de aceituna sobre cada uno y rellena el centro con un poco de tomate frito utilizando la jeringuilla.

Así tendrás un puré de calabaza con unos ojos de lo más inquietantes para tu mesa de Halloween. 





Tarta cementerio de chocolate para Halloween


Cuando llega la noche de Halloween, hasta los cementerios pueden convertirse en el escenario de una dulce travesura. Esta tarta de chocolate se transforma en un pequeño camposanto, con su tierra de galleta, sus lápidas decoradas, un árbol oscuro y unos gusanos de gominola que asoman entre las tumbas. Bajo su aspecto tenebroso se esconde un bizcocho tierno y goloso, perfecto para poner el broche dulce a una mesa de Halloween. Porque en una noche llena de brujas, fantasmas y misterios, hasta el cementerio puede tener un lado delicioso.

Ingredientes


190 g de harina

200 g de azúcar

35 g de cacao puro

 8 g de levadura química

200 g de mantequilla

4 huevos

 100 g de crema de chocolate

 4-5 galletas

Aceite para engrasar el molde

Galletas tipo lengua de gato

150 g de chocolate negro de cobertura

100 g de fondant de chocolate negro

Gusanos de gominola


Preparación


Precalienta el horno a 180 °C. Engrasa un molde cuadrado con aceite, espolvorea un poco de harina por su superficie y retira el exceso sacudiéndolo suavemente.

Mezcla el azúcar con la mantequilla ablandada y bate hasta obtener una preparación blanquecina y cremosa. Añade los huevos de uno en uno, incorporando bien cada huevo antes de agregar el siguiente.

Tamiza la harina con la levadura química y el cacao puro. Incorpora esta mezcla a la preparación anterior y remueve hasta integrar todos los ingredientes.

Vierte la masa en el molde y hornea durante unos 35-40 minutos. Comprueba que está hecha pinchando el centro con un palillo: debe salir limpio.

Retira el bizcocho del horno y déjalo enfriar sobre una rejilla. Desmóldalo y extiende por encima la crema de chocolate.

Tritura las galletas hasta obtener unas migas finas y repártelas sobre toda la superficie para simular la tierra del cementerio.

Funde el chocolate negro al baño maría y pásalo a una manga pastelera. Decora las galletas tipo lengua de gato con palabras como «RIP» o «BOO» y deja que el chocolate se endurezca.

Clava las galletas decoradas verticalmente en la tarta para formar las lápidas. Por último, modela un árbol con el fondant de chocolate negro y distribuye los gusanos de gominola entre las tumbas.



Y mientras Halloween llena la mesa de criaturas, sustos y dulces travesuras, volvemos la mirada a las raíces de esta fiesta, a los sabores de siempre y a las recetas que han pasado de generación en generación, alrededor del fuego y en compañía de los nuestros. Así se celebra la Castañada tradicional, con castañas, boniatos y platos que guardan el sabor de nuestros recuerdos. 






 Cordero y longaniza a la brasa


Hay sabores que nos llevan directamente a los días de nuestra infancia, a las reuniones familiares y al calor de una buena lumbre. En aquellos otoños que compartía con mis abuelos, el fuego no solo servía para calentarnos: también era el lugar donde preparábamos la comida y nos reuníamos alrededor de la mesa. El aroma del cordero asado y de la longaniza cocinándose lentamente sobre las brasas formaba parte de aquellos momentos sencillos que se disfrutaban sin prisas. Una manera tradicional de cocinar, en la que la calidad de los ingredientes y el sabor que aporta la leña eran los verdaderos protagonistas.


Ingredientes


 1 kg de cordero (chuletas, paletilla o costillas)

 1kg de  longaniza para asar, como la tradicional longaniza  Graus


 Sal gruesa o sal marina

Ajo y romero fresco (opcional)

Aceite de oliva virgen extra o un poco de limón


Preparación


Prepara una buena cantidad de leña o carbón y deja que se formen brasas rojas y uniformes. Evita cocinar directamente sobre la llama viva.

Sala las piezas de cordero por ambos lados con sal gruesa. Si te gusta, puedes frotarlas con un poco de ajo machacado y unas hojas de romero fresco.

Pincha ligeramente las longanizas con un tenedor para reducir el riesgo de que se revienten durante la cocción.

Coloca el cordero en la parrilla, a una distancia media de las brasas, de unos 40-50 cm. Cocínalo lentamente durante aproximadamente 25-35 minutos en total, según el tamaño y el grosor de las piezas, dándole la vuelta a mitad de cocción para que se dore por ambos lados y quede jugoso por dentro.

Coloca las longanizas en la parrilla y ásalas a fuego moderado durante unos 10-15 minutos, girándolas con frecuencia para que se doren uniformemente sin quemarse y queden bien hechas por dentro.

Retira la carne y las longanizas de la brasa. Deja reposar el cordero unos cinco minutos antes de servirlo.

Lleva a la mesa recién hecho, acompañado de una ensalada fresca, unas patatas asadas en las brasas o un poco de limón y aceite de oliva virgen extra.








 Boniatos y castañas asadas


Hay aromas que nos devuelven a la infancia con solo cerrar los ojos. Cuando llegaba el otoño, el calor de la lumbre reunía a la familia alrededor de los frutos de la temporada, y las castañas y los boniatos asados se convertían en protagonistas de aquellos días. Recuerdo aquellas reuniones con mis abuelos, el crepitar del fuego y la paciencia con la que esperábamos a que todo estuviera en su punto. Eran sabores sencillos, propios de nuestra tierra y de una cocina que aprovechaba lo que ofrecía cada estación. Hoy podemos prepararlos en el horno de casa y disfrutar de ese mismo placer: el de los alimentos humildes que guardan el calor de nuestros recuerdos.


Ingredientes


 Boniatos

 Castañas

*Sal (opcional, para las castañas)


Preparación


Precalienta el horno a 200-220 °C.

Lava los boniatos y sécalos bien. Puedes envolverlos en papel de aluminio para que queden más confitados y jugosos, o colocarlos directamente sobre la bandeja del horno.

Hornéalos durante unos 45-60 minutos, dependiendo de su tamaño. Para comprobar que están hechos, pínchalos con un palillo o un cuchillo: deben estar tiernos por dentro.

Mientras se asan los boniatos, prepara las castañas. Haz un corte profundo en la cáscara de cada una, en la parte abombada o en forma de cruz, para evitar que revienten durante la cocción.

Como las castañas necesitan menos tiempo que los boniatos, incorpóralas a la misma bandeja cuando falten unos 25-30 minutos para terminar la cocción.

Retira la bandeja del horno. Envuelve las castañas en un paño de cocina limpio durante unos minutos para que sea más fácil pelarlas.

Sirve los boniatos calientes junto con las castañas asadas. Puedes acompañarlos con un tarrito de miel y otro de aceite de oliva virgen extra, para que cada comensal los disfrute a su gusto.







Panellets variados


Los panellets son uno de esos dulces que anuncian la llegada del otoño y que forman parte de las celebraciones tradicionales de Todos los Santos y la Castañada en Cataluña. Pequeños, delicados y elaborados a base de almendra y azúcar, han pasado de generación en generación conservando su esencia. Los de piñones son quizá los más conocidos, pero hay muchas maneras de darles forma y sabor. Hoy los preparamos en varias versiones, con almendra, coco y membrillo, para llenar la mesa de pequeños bocados dulces y mantener vivas esas costumbres que nos reúnen alrededor de la cocina cuando llegan los días frescos del otoño.

Ingredientes


Para la masa base de mazapán


500 g de almendra cruda molida

 350 g de azúcar blanquilla o glas

 1 clara de huevo

100 ml de agua, aproximadamente

 Ralladura fina de 1 limón (opcional)

Para las distintas variedades

 Panellets de piñones: 150 g de piñones y 1 huevo batido

Panellets de almendra: 120 g de almendra en granillo y 1 huevo batido

Panellets de coco: 40 g de coco rallado

 Panellets de membrillo: 50 g de dulce de membrillo firme


Preparación


Prepara la masa de mazapán.


En un bol grande, mezcla la almendra molida, el azúcar y la ralladura de limón.

Añade la clara de huevo ligeramente batida e incorpora el agua poco a poco mientras amasas con las manos.

Trabaja la mezcla hasta obtener una pasta compacta, homogénea y moldeable que no se pegue demasiado a los dedos.

Envuelve la masa en film transparente y déjala reposar en la nevera un mínimo de dos horas. Si puedes dejarla toda la noche, mejor, para que la almendra se hidrate y la masa adquiera consistencia.

Divide la masa en cuatro porciones iguales.


Panellets de piñones.


Forma pequeñas bolitas con una de las porciones. Pásalas por huevo batido y rebózalas con los piñones, presionando suavemente con las manos para que queden bien adheridos.

Panellets de almendra.


Con otra porción, forma piezas ligeramente alargadas, como pequeñas croquetas o elipses. Pásalas por huevo batido y rebózalas generosamente con la almendra en granillo.

Panellets de coco.


Mezcla otra porción de masa con la mitad del coco rallado. Forma bolitas y, si quieres darles una presentación diferente, moldéalas como pequeñas pirámides. Rebózalas con el coco restante.

Panellets de membrillo.


Extiende la última porción de masa sobre papel de horno, formando un rectángulo alargado de aproximadamente un centímetro de grosor.

Coloca una tira gruesa de membrillo en el centro y envuelve el relleno con ayuda del papel, como si prepararas un brazo de gitano. Cierra bien la masa y corta el rulo transversalmente en porciones de unos dos centímetros de ancho.

Horneado.


Precalienta el horno a 200-220 °C, con calor arriba y abajo.

Coloca los panellets en una bandeja cubierta con papel vegetal. Pinta con huevo batido los de piñones, los de almendra y la superficie exterior de los de membrillo. Los de coco no necesitan huevo.

Hornea durante unos 5-7 minutos, vigilándolos constantemente. Al no llevar patata, basta con que se doren ligeramente por fuera y conserven el interior tierno.

Retira la bandeja y deja enfriar los panellets por completo antes de manipularlos, ya que en caliente son muy frágiles y podrían romperse.

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Que la magia de estas fechas nos reúna alrededor de una mesa, entre sabores de siempre, dulces tentaciones, alguna que otra travesura y muchos recuerdos bonitos. Que nunca perdamos la ilusión de celebrar nuestras tradiciones, ni las ganas de crear otras nuevas junto a quienes queremos. Desde mi alacena, os deseo una ¡feliz Castañada y un terroríficamente feliz Halloween! Que disfrutéis de estos días, que no falten las castañas, los boniatos, las sonrisas y, sobre todo, el calor de los nuestros.

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miércoles, 28 de octubre de 2026

CROQUETAS DE LAPAS RECETA TRADICIONAL CANARIA

 


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Croquetas de lapas

Las lapas forman parte de la tradición marinera de Canarias. Recolectadas en las costas rocosas de las islas, han sido durante generaciones un producto apreciado por su sabor a mar y su vínculo con la cocina isleña.

En esta receta, las lapas se convierten en un relleno cremoso, acompañado de cebolla, ajo y cilantro, ingredientes que recuerdan a los aromas frescos del mojo verde canario. La bechamel recoge el sabor de las lapas y de sus jugos, mientras que el empanado aporta ese contraste tan apetecible entre un exterior crujiente y un interior suave.

Una manera diferente de disfrutar de un producto tan ligado a nuestras costas, llevando el sabor del mar a unas croquetas caseras que merecen un lugar en la Alacena.


Ingredientes

  • 150-200 g de carne de lapas limpias
  • 1 cebolleta o cebolla, picada fina
  • 40 g de mantequilla
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 100 g de harina de trigo
  • 500 ml de leche entera templada
  • 100 ml de caldo de las lapas o fumet de pescado
  • 1 diente de ajo, picado
  • Unas ramitas de cilantro o perejil picado
  • Sal y pimienta negra molida, al gusto
  • Harina, huevo batido y pan rallado para empanar
  • Aceite de oliva para freír







Elaboración

Cocina las lapas brevemente a la plancha, colocándolas boca abajo sobre sus conchas, hasta que la carne se desprenda. Retira la carne, pícala en trozos pequeños y reserva los jugos que hayan soltado.

En una sartén amplia, derrite la mantequilla junto con el aceite de oliva a fuego medio. Añade la cebolleta picada y sofríela hasta que esté transparente y tierna.

Incorpora el ajo y el cilantro picados, remueve unos instantes y agrega la carne de las lapas. Saltea durante un par de minutos para integrar los sabores.

Añade la harina y remueve durante dos o tres minutos para que se cocine y pierda el sabor a crudo.

Vierte el caldo reservado de las lapas o el fumet y comienza a incorporar la leche templada poco a poco, sin dejar de remover con unas varillas para evitar que se formen grumos.

Salpimienta y cocina a fuego medio-bajo durante unos 10-15 minutos, removiendo continuamente, hasta obtener una masa espesa que se despegue de las paredes de la sartén.

Pasa la masa a una fuente amplia y cúbrela con film transparente en contacto directo con la superficie, para evitar que se forme una costra. Deja que se enfríe y guárdala en el frigorífico durante al menos cuatro horas, preferiblemente toda la noche.

Cuando la masa esté bien fría, toma pequeñas porciones y dales forma de croqueta. Pásalas primero por harina, después por huevo batido y finalmente por pan rallado.

Calienta abundante aceite a unos 180 °C y fríe las croquetas en pequeñas tandas hasta que estén doradas y crujientes por fuera.

Retíralas y déjalas escurrir sobre papel absorbente. Sírvelas recién hechas, bien calientes.





Consejo de Mapi

Pica las lapas en trozos pequeños, pero no las conviertas en una pasta: así se apreciará mejor su textura y su sabor a mar en cada croqueta. Y si utilizas cilantro fresco, añádelo sin excederte para que acompañe a las lapas sin ocultar su sabor.

EMPERADOR A LA CORDOBESA SABOR TRADICIONAL

 



Emperador a la cordobesa, sabor tradicional 

La cocina cordobesa sabe sacar partido a los ingredientes sencillos y convertirlos en platos llenos de sabor. Este emperador a la cordobesa, también conocido como pez espada a la cordobesa, es una preparación clásica de la gastronomía de la capital, en la que el pescado se acompaña de una salsa casera de tomate y cebolla y se remata con ajo y perejil fritos en aceite de oliva.

Antiguamente, cuando el pescado tenía que recorrer largas distancias para llegar hasta las cocinas del interior, las salsas y los aderezos ayudaban a realzar su sabor. En esta receta, el tomate bien cocinado aporta dulzor y cuerpo, mientras que el ajo y el perejil, ligeramente dorados, dan al conjunto un aroma inconfundible.

Una elaboración sencilla, de las que demuestran que no hacen falta muchos ingredientes para llevar a la mesa un plato sabroso y profundamente ligado a la cocina tradicional cordobesa.


Ingredientes

  • 4 filetes de emperador o pez espada
  • 2 cebollas frescas grandes, picadas finamente
  • 6 tomates maduros tipo pera, picados o rallados
  • 4 dientes de ajo, laminados
  • Perejil fresco picado
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra molida.







Elaboración

Limpiamos y secamos bien los filetes de emperador. Los salpimentamos por ambos lados y los cocinamos en una sartén bien caliente con un chorrito de aceite de oliva, hasta que queden dorados por fuera y jugosos por dentro. Los retiramos y reservamos en un plato caliente.

En la misma sartén, añadimos un poco más de aceite si fuera necesario. Incorporamos la cebolla picada con una pizca de sal y la rehogamos a fuego medio hasta que esté transparente y tierna.

Añadimos los tomates picados o rallados y dejamos cocinar a fuego suave hasta obtener una salsa espesa, bien reducida e integrada. Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

En otra sartén pequeña, calentamos un fondo de aceite de oliva. Añadimos los ajos laminados y el perejil picado, cocinándolos suavemente hasta que el ajo empiece a dorarse. Hay que vigilarlo para que no se queme y amargue.

Colocamos los filetes de emperador en los platos de servir y repartimos por encima la salsa de tomate y cebolla. Terminamos regando con el aceite caliente aromatizado con los ajos y el perejil.

Servimos recién hecho, para disfrutar del contraste entre el pescado jugoso, la salsa de tomate casera y el aroma del ajo y el perejil.






Consejo de Mapi

No cocines el emperador más de lo necesario, porque puede quedar seco. Es preferible dorarlo y reservarlo mientras preparas la salsa. Al final, puedes devolverlo brevemente a la sartén si necesita recuperar temperatura, sin dejar que se haga en exceso.

SOPA DE LAPAS Y BURGADOS UN SABOR MARINERO DE CANARIAS .

 



Sopa de lapas y burgados, un sabor marinero de Canarias


La cocina tradicional canaria guarda el sabor del mar en recetas que nacieron al ritmo de las mareas y del aprovechamiento de los productos de la costa. Las lapas y los burgados, tan ligados a la gastronomía de las islas, han formado parte de la alimentación de las familias marineras y de las cocinas que sabían convertir los ingredientes más sencillos en platos llenos de sabor.

Esta sopa reúne ambos moluscos en un caldo aromático preparado con un sofrito de cebolla, tomate, ajo y comino, al que se incorporan unas hebras de azafrán. El resultado es una elaboración de marcado carácter marinero, en la que el sabor de los moluscos se mezcla con el aroma de las especias y el aceite de oliva.

El pan asentado, colocado en el fondo del plato y empapado con el caldo caliente, completa esta forma tradicional de servir la sopa. También puede acompañarse con gofio canario, una manera de acercar todavía más esta preparación a los sabores de las islas.

Una receta que nos recuerda la estrecha relación de Canarias con el mar y el valor de una cocina que ha sabido conservar sus productos, sus costumbres y su identidad.


Ingredientes

  • 500 g de lapas frescas con su concha
  • 500 g de burgados o caracolillos de mar
  • 1 cebolla mediana, picada finamente
  • 2 tomates maduros, pelados, sin semillas y troceados
  • 2 dientes de ajo
  • 10 granos de comino o media cucharadita de comino molido
  • 8 hebras de azafrán o un poco de colorante alimentario
  • ½ taza de aceite de oliva virgen extra
  • Pimienta negra molida
  • Sal
  • Rodajas de pan duro del día anterior
  • Agua suficiente para cubrir los moluscos





Elaboración

Lavamos muy bien las lapas y los burgados bajo el agua fría para eliminar los restos de arena y algas que puedan quedar adheridos a las conchas.

Los ponemos en un caldero hondo, los cubrimos con agua y llevamos al fuego.

Mientras el agua se calienta, preparamos el sofrito. Ponemos el aceite de oliva en una sartén y doramos los ajos laminados o majados. Añadimos la cebolla picada y la dejamos pochar hasta que esté transparente. Incorporamos el tomate y los granos de comino previamente majados. Cocinamos todo a fuego lento hasta obtener un sofrito espeso y bien integrado.

Cuando el agua del caldero rompa a hervir, incorporamos el sofrito. Añadimos las hebras de azafrán, un poco de pimienta negra y sal con moderación.

Dejamos hervir a fuego medio hasta que los burgados se desprendan con facilidad de sus conchas, aproximadamente entre 15 y 20 minutos, aunque el tiempo dependerá de su tamaño. Comprobamos que estén cocidos y tiernos.

Colocamos las rodajas de pan asentado en el fondo de platos hondos o cazuelas de barro. Vertemos encima el caldo bien caliente para que el pan se empape y repartimos las lapas y los burgados.

Servimos inmediatamente, bien caliente.


Otras formas de servirla

Si queremos una sopa con más cuerpo, podemos añadir un puñado de arroz al caldo durante la cocción, dejando que se haga hasta quedar tierno.

Otra posibilidad es escaldar un poco de gofio canario en el plato antes de añadir el caldo, para obtener una preparación más espesa y con un sabor muy ligado a la cocina isleña.






Consejo de Mapi

El pan del día anterior es perfecto para esta sopa porque absorbe el caldo sin deshacerse inmediatamente. Conviene ajustar la sal al final, ya que los moluscos aportan su propio sabor marino. Sirve la sopa recién hecha, cuando el caldo está caliente y el pan ha absorbido todo su aroma.

CREMA DE PLATANO Y GALLETAS

 



Crema de plátano y galletas

Hay sabores que nos llevan directamente a los postres de casa, a esas recetas sencillas que se preparan con ingredientes de siempre y que gustan a pequeños y mayores. En esta crema, el plátano de Canarias aporta su dulzor y su textura, mientras las galletas María le dan ese sabor familiar que nos recuerda a las meriendas de toda la vida. Un postre cremoso, fácil de preparar y con un pequeño guiño a nuestra tierra: el gofio.


Ingredientes

  • 200 g de plátanos de Canarias maduros
  • 6–8 galletas tipo María tostadas
  • 600 ml de leche entera
  • 4 cucharadas de azúcar, o al gusto
  • 1 sobre de preparado para cuajada (12 g)
  • 1 cucharadita de gofio
  • Galletas María desmenuzadas y unas rodajas de plátano para decorar






.Elaboración

Troceamos los plátanos y los ponemos en el vaso de la batidora junto con las galletas María, la leche, el azúcar y el preparado para cuajada. Trituramos hasta conseguir una mezcla fina y homogénea, sin grumos.

Vertemos la mezcla en un cazo y la llevamos a fuego medio, removiendo continuamente con unas varillas para evitar que se pegue al fondo.

Cuando empiece a hervir y la crema haya espesado, retiramos el cazo del fuego unos instantes. Volvemos a ponerlo al fuego hasta que rompa de nuevo a hervir y apagamos.

Repartimos la crema en cuencos individuales y dejamos que se temple antes de guardarlos en la nevera durante al menos una hora, hasta que adquiera consistencia.

En el momento de servir, espolvoreamos una pizca de gofio y decoramos con galletas María desmenuzadas y unas rodajas de plátano natural.






Consejo de Mapi

Si los plátanos están bien maduros, aportarán más dulzor y sabor a la crema. Podemos ajustar el azúcar a nuestro gusto y reservar la decoración para el último momento, para que las galletas conserven su textura.

CARACOLES GORDOS EN SALSA

 



Caracoles gordos en salsa

Los caracoles en salsa forman parte de esa cocina tradicional que necesita tiempo, paciencia y buenos ingredientes. Primero hay que limpiarlos bien y cocerlos como corresponde; después llega el sofrito, las especias y esa salsa espesa que se agarra a las conchas y concentra todo el sabor. Cada casa tiene su manera de prepararlos, y el punto de picante siempre queda al gusto de quienes se sientan a la mesa.


Ingredientes 

  • 2 kg de caracoles gordos
  • 1 tomate mediano bien rojo
  • 1 cebolla añeja mediana
  • ½ pimiento rojo
  • 2 dientes de ajo
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • 4 cucharadas de harina común
  • 1 cucharada sopera rasa de especias molidas para caracoles
  • ½ cucharadita de comino molido
  • 1 o 2 guindillas, opcional, si los queremos muy picantes
  • 2 hojas de laurel para la primera cocción
  • Agua, la necesaria






Elaboración

Purga y limpieza

Mantenemos los caracoles en su red, con un puñadito de harina, en el frigorífico hasta el momento de prepararlos, siguiendo las indicaciones de conservación adecuadas.

Los lavamos bajo el grifo sin sacarlos de la red, hasta que el agua salga limpia. En el último lavado podemos añadir un poco de sal gorda. Después los sacamos de la red, los frotamos para que suelten las babas y volvemos a enjuagarlos bien.


Primera cocción

Ponemos los caracoles en una cacerola alta, cubiertos de agua, con las dos hojas de laurel. Los calentamos a fuego lento durante unos treinta minutos, retirando la espuma y las impurezas que vayan apareciendo. Conviene utilizar una tapadera adecuada que permita controlar la cocción sin que los caracoles se escapen.

Cuando estén fuera de las conchas, subimos el fuego al máximo y los dejamos hervir unos cinco minutos. Desechamos esa agua y el laurel.

Los pasamos a otra agua limpia que esté hirviendo, en cantidad suficiente para cubrirlos apenas. Tapamos y continuamos la cocción hasta que estén tiernos.


La salsa

Mientras se cuecen los caracoles, preparamos el sofrito. Picamos la cebolla, los ajos, el tomate y el pimiento rojo. Calentamos el aceite de oliva virgen extra y sofreímos las verduras con un poco de sal hasta que estén bien hechas.

Machacamos en un mortero las especias para caracoles junto con el comino. También podemos triturarlas con un poco del caldo de cocción.

Tostamos la harina en una sartén antiadherente, removiendo para que tome color sin quemarse. La incorporamos al sofrito y añadimos las especias disueltas en un poco de caldo. Cocinamos a fuego lento, removiendo para que la salsa quede ligada y sin grumos. Vamos añadiendo más caldo poco a poco hasta conseguir el espesor deseado.

Trituramos la salsa y la pasamos por el chino o por un colador para que quede fina. Si queremos un punto picante más intenso, añadimos una o dos guindillas al gusto.


Unión y acabado

Cuando los caracoles estén tiernos, escurrimos el caldo que les quede y lo reservamos por si necesitamos aligerar la salsa.

Incorporamos la salsa a la olla y mezclamos con mucho cuidado, utilizando una cuchara de madera para no romper las conchas. Dejamos que todo dé un hervor suave, removiendo de vez en cuando para evitar que la salsa se agarre al fondo.

Probamos y rectificamos de sal y picante. Si la salsa ha quedado demasiado espesa, añadimos un poco del caldo reservado y mezclamos hasta dejarla a nuestro gusto.

Servimos los caracoles bien calientes, con la salsa ligada y llena de sabor.






Consejo de Mapi

La salsa debe quedar espesita, pero lo bastante fluida para envolver bien los caracoles. Añadir el caldo poco a poco es la mejor manera de controlar su textura sin perder sabor.

HABAS VERDES ESTILO SERRANO

 




Habas verdes estilo serrano

Hay platos que saben a cocina de siempre, de cazuela al fuego lento y de ingredientes humildes que, juntos, se convierten en algo especial. Estas habas verdes se guisan con cebolla fresca, jamón serrano y hierbabuena, una combinación aromática que llena la cocina de buenos recuerdos. El majado de ajo y pan frito liga el caldo y le da cuerpo, mientras que los huevos, cuajados al final, convierten esta receta en un plato completo y lleno de sabor.


Ingredientes 

  • 1 kg de habas frescas, desgranadas si son grandes o con su vaina troceada si son muy tiernas
  • 150 g de jamón serrano en taquitos
  • 2 cebolletas o cebollas frescas grandes
  • 3 dientes de ajo
  • 1 rebanada de pan del día anterior
  • 1 ramita de hierbabuena fresca
  • 1 cucharadita de pimentón dulce
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Agua o caldo de verduras, el necesario
  • 4 huevos
  • Sal, con precaución por el jamón







Elaboración

En una cazuela amplia, si puede ser de barro, ponemos un buen chorro de aceite de oliva virgen extra y lo calentamos a fuego medio.

Freímos los dientes de ajo, enteros o laminados, junto con la rebanada de pan hasta que estén dorados. Los retiramos y los ponemos en un mortero o en el vaso de la batidora.

Machacamos o trituramos el pan y los ajos con unas hojas de hierbabuena, el pimentón dulce y un chorrito de agua, hasta obtener una pasta. Reservamos el majado.

En el mismo aceite pochamos las cebolletas picadas con una pizca de sal, hasta que estén transparentes y tiernas. Añadimos los taquitos de jamón y los rehogamos durante un par de minutos, lo justo para que suelten su aroma sin resecarse.

Incorporamos las habas y las rehogamos durante unos cinco minutos, removiendo para que se impregnen de los sabores del sofrito.

Vertemos agua o caldo hasta cubrirlas justo y añadimos la ramita de hierbabuena restante. Tapamos la cazuela y dejamos cocinar a fuego lento durante unos 25–30 minutos, según el tamaño y la ternura de las habas, hasta que estén hechas.

Cuando falten unos cinco minutos para terminar la cocción, retiramos la ramita de hierbabuena e incorporamos el majado reservado. Movemos la cazuela con suaves vaivenes para que se integre y espese el caldo, dejándolo trabado y meloso.

Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Si queremos servirlas como plato completo, cascamos los huevos directamente sobre las habas, tapamos la cazuela y dejamos que se cuajen con el calor hasta alcanzar el punto deseado.

Servimos bien calientes, procurando que cada plato lleve su huevo y una buena cucharada de ese caldito tan sabroso.




Consejo de Mapi

La hierbabuena es la que aporta buena parte de la personalidad a este guiso, así que merece la pena utilizarla fresca. Y con la sal, mejor quedarse cortos al principio: el jamón ya aporta bastante sabor.

ESPARRAGOS MONTAÑESES UNA JOYA DE LA COCINA PASTORIL ARAGONESA

 



Espárragos montañeses, una joya de la cocina pastoril aragonesa


Hay recetas que llevan escrita en sus ingredientes la historia de una tierra. Los espárragos montañeses son una de ellas, un plato tradicional de Huesca que nos recuerda la vida de los pastores y aquella cocina de aprovechamiento en la que nada se desperdiciaba.

Aunque su nombre pueda llevarnos a pensar en una verdura, estos curiosos espárragos se preparan con rabos de cordero, cocidos primero y después enharinados y fritos hasta quedar dorados. Se sirven acompañados de una fritada de tomate y pimiento verde, que aporta frescura y sabor a una preparación tan sencilla como singular.

Esta receta está ligada a las antiguas costumbres ganaderas del Pirineo aragonés y también aparece en la obra del cocinero oscense Teodoro Bardají, nacido en Binéfar, que contribuyó a difundir la cocina tradicional aragonesa.

Los espárragos montañeses son mucho más que un plato curioso: son el recuerdo de una forma de vivir, de aprovechar los recursos del campo y de llevar a la mesa los sabores de la propia tierra.

Ingredientes

  • 6 a 8 rabos de cordero limpios
  • Entre 500 y 800 g de tomates maduros
  • 3 o 4 pimientos verdes
  • 100 g de harina de trigo
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Manteca de cerdo
  • Sal
  • Pimienta negra molida
  • Agua para cocer los rabos






Preparación

Cortamos los rabos de cordero en trozos y los ponemos en una cazuela con agua y sal. Los cocemos durante unos 40-50 minutos, hasta que estén tiernos. Los retiramos del caldo y dejamos que se enfríen.

Mientras tanto, calentamos un poco de aceite de oliva en una sartén y sofreímos los pimientos verdes cortados en tiras. Cuando estén hechos, incorporamos los tomates troceados, añadimos sal y dejamos cocinar a fuego lento hasta obtener una fritada bien reducida.

Sazonamos los rabos de cordero ya fríos con pimienta negra y los pasamos por harina, sacudiendo el exceso. Los freímos en aceite de oliva caliente o en una mezcla de aceite y manteca de cerdo, hasta que queden bien dorados y crujientes por fuera.

Servimos los espárragos montañeses recién fritos, acompañados de la fritada de tomate y pimiento, colocada por encima o a un lado.






Consejo de Mapi

La clave está en cocer los rabos hasta que queden tiernos y escurrirlos bien antes de enharinarlos. Así conseguiremos un exterior dorado y crujiente al freírlos. La fritada, cocinada despacio y bien reducida, será el acompañamiento perfecto para este plato de la cocina tradicional aragonesa.


JERIGOTA

 




Jerigota

La cocina de siempre sabe sacar partido a los productos de la huerta y convertir ingredientes sencillos en platos llenos de sabor. La jerigota reúne la dulzura de la calabaza, la intensidad del tomate maduro y el sabor de los pimientos y la cebolla, cocinados despacio hasta que las verduras se funden en una preparación melosa.

El huevo pone el broche final a este plato: puede incorporarse directamente a la cazuela para que cuaje entre las verduras o servirse frito, con la clara bien hecha y la yema dispuesta a mezclarse con la salsa.

Una receta para disfrutar del sabor de las hortalizas cocinadas sin prisas, con ingredientes cotidianos y ese gusto por la cocina casera que merece la pena conservar.


Ingredientes

  • 1 kg de calabaza, pelada y cortada en dados pequeños
  • 1 kg de tomates maduros, pelados, sin semillas y picados
  • 2 pimientos verdes, o una mezcla de verde y rojo, picados finamente
  • 2 cebollas medianas, picadas en brunoise
  • 4 a 6 dientes de ajo
  • 4 huevos camperos, uno por persona
  • 1 cucharadita de miel o una pizca de azúcar, opcional
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
  • Pimienta negra molida






Elaboración

En una cazuela, preferiblemente de barro, ponemos un buen chorro de aceite de oliva e incorporamos los dientes de ajo enteros y el tomate picado. Añadimos un poco de sal y dejamos cocinar a fuego muy lento durante 30-40 minutos, hasta que el tomate pierda el agua y quede bien concentrado. Si resulta demasiado ácido, podemos añadir una cucharadita de miel o una pizca de azúcar. Machacamos ligeramente el tomate con un tenedor y reservamos.

En una sartén aparte, calentamos aceite de oliva y añadimos la cebolla y los pimientos picados, con una pizca de sal. Los cocinamos a fuego medio-bajo hasta que comiencen a ablandarse.

Incorporamos los dados de calabaza y seguimos cocinando a fuego lento durante unos 20 minutos, removiendo de vez en cuando, hasta que estén tiernos y empiecen a deshacerse ligeramente.

Pasamos la mezcla de calabaza, cebolla y pimiento a la cazuela del tomate. Removemos para integrar bien los sabores y dejamos cocinar todo junto a fuego mínimo durante 5-10 minutos más. Probamos y rectificamos de sal y pimienta negra.

Cómo incorporar el huevo

En la cazuela: hacemos cuatro huecos en las verduras y cascamos un huevo en cada uno. Tapamos y dejamos que cuajen suavemente, hasta que las claras estén blancas y las yemas permanezcan líquidas.

Con huevo frito: servimos la jerigota caliente en platos individuales y colocamos encima un huevo frito con puntilla.






Consejo de Mapi

Cocina las verduras despacio y deja que el tomate reduzca bien antes de unirlo con la calabaza. Así conseguirás una preparación sabrosa y melosa, sin exceso de líquido. Si eliges el huevo frito, procura que la yema quede jugosa para mezclarla con las verduras en cada bocado.