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martes, 8 de septiembre de 2026

TIPICAS GALLETAS DE LA LATA DE COSTURA

 






TÍPICAS GALLETAS DE LA LATA DE COSTURA 


Hay latas que guardan mucho más que lo que pone en su etiqueta.

En muchas casas, aquellas latas de galletas que llegaban llenas de dulces acababan convertidas en pequeños costureros: dentro vivían los dedales, las agujas, los carretes de hilo y aquellos botones que se guardaban «por si algún día hacen falta». Nuestras madres y nuestras abuelas las reciclaban, y allí se quedaban durante años.

Pero había un momento que todas conocemos demasiado bien: abrir la lata esperando encontrar una galleta y descubrir, una vez más, que lo que había dentro era la costura. 

Y sí… alguna vez nos quedamos con las ganas.

Por eso hoy quiero devolverle a aquella lata lo que un día nos quitó: unas galletas de verdad. Unas galletas sencillas, caseras, de las que huelen a mantequilla y vainilla y que se hacen sin complicaciones.

Para todas aquellas personas que, como yo, alguna vez levantaron la tapa con la esperanza de encontrar una galleta y se llevaron el chasco de los hilos y los dedales: aquí tenéis la receta.

Porque esta vez, cuando abras la lata, habrá galletas dentro.


INGREDIENTES


 220grs de harina de trigo de todo uso

200 g de mantequilla salada fría

2 huevos grandes

170 g de azúcar granulada

Vainilla al gusto

150 g de azúcar glas, opcional para decorar


ELABORACIÓN

Comenzamos poniendo el horno a precalentar a 180 ºC, con calor arriba y abajo.

Troceamos la mantequilla fría y la ponemos en un bol junto con el azúcar y la vainilla. Mezclamos hasta conseguir una preparación cremosa y homogénea.

Tamizamos la harina y la reservamos.

Añadimos uno de los huevos a la mezcla de mantequilla y azúcar y trabajamos hasta integrarlo bien. Incorporamos después la harina tamizada y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.

Formamos una bola con la masa, la cubrimos con film transparente y la dejamos reposar en el frigorífico durante aproximadamente 2 horas. Este reposo hará que la masa se enfríe y sea mucho más fácil de trabajar.

Pasado el tiempo de reposo, enharinamos ligeramente la superficie de trabajo y extendemos la masa con un rodillo. Podemos dejarla con un grosor de aproximadamente medio centímetro, dependiendo de cómo nos gusten las galletas.

Con un cortador vamos dando forma a nuestras galletas. Si no tenemos cortadores, podemos utilizar un vaso pequeño puesto boca abajo. ¡Como se hacía antes! 

Colocamos las galletas sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear, dejando un pequeño espacio entre ellas.

Batimos el huevo que nos queda y pincelamos suavemente la superficie de las galletas.

Introducimos la bandeja en el horno, a 180 ºC, y horneamos durante unos 10-15 minutos, dependiendo del tamaño y grosor de las galletas. Estarán listas cuando los bordes comiencen a tomar un ligero color dorado.

Las sacamos del horno y las dejamos enfriar sobre una rejilla.

Una vez frías, podemos espolvorearlas con azúcar glas si queremos darles un toque más dulce y bonito.

Y ahora sí… ya podemos guardarlas en una lata de galletas.

Pero esta vez, por favor, que dentro haya galletas. 







CONSEJO DE MAPI

Si quieres que las galletas conserven ese punto casero y crujiente durante varios días, guárdalas completamente frías en una lata bien cerrada.

Y si tienes todavía por casa una de aquellas antiguas latas de galletas que acabaron convertidas en costurero, esta receta es la ocasión perfecta para devolverle su cometido original. 

CASTAÑAS EN ALMIBAR

 





CASTAÑAS EN ALMÍBAR 


Hay sabores que parecen hechos para guardar el otoño en un tarro. Las castañas son uno de ellos.

Cuando llega su temporada y los mercados empiezan a llenarse de ellas, es el momento de aprovecharlas y convertirlas en una de esas conservas dulces que nuestras cocinas de antes sabían preparar con paciencia. Un buen almíbar, una vaina de vainilla y unas castañas bien escogidas hacen el resto.

Las castañas en almíbar son un dulce sencillo, pero necesitan tiempo. No es una receta para tener prisa: los reposos forman parte de ella y permiten que las castañas vayan absorbiendo poco a poco el almíbar, hasta quedar tiernas, brillantes y llenas de sabor.

Y hay algo maravilloso en abrir un tarro de estas castañas cuando han pasado los días y encontrarse dentro un pequeño pedazo de otoño. 


INGREDIENTES

1 kg de castañas

600 g de azúcar

1 litro de agua, más la necesaria para cocer las castañas

1 vaina de vainilla

6 cucharadas de licor, opcional: brandy o anís dulce


ELABORACIÓN

Ponemos en un cazo 1 litro de agua, el azúcar y la vaina de vainilla. Llevamos a ebullición y dejamos hervir suavemente durante 5 minutos. Retiramos del fuego y reservamos.

Mientras tanto, colocamos las castañas en una olla, las cubrimos con agua y las calentamos poco a poco hasta que el agua comience a hervir.

Dejamos que las castañas cuezan lentamente durante unos 20 minutos.

Las vamos sacando en grupos de tres o cuatro para poder pelarlas mientras todavía están calientes. Retiramos tanto la cáscara exterior como la piel fina que las recubre, procurando que las castañas queden enteras.

Introducimos las castañas ya peladas en el almíbar y volvemos a calentarlo. Dejamos que hiervan suavemente durante 8-9 minutos.

Retiramos del fuego y dejamos reposar las castañas dentro del almíbar durante 24 horas.

Al día siguiente, volvemos a llevarlas al fuego y las hervimos nuevamente durante 8-9 minutos. Retiramos del fuego y dejamos reposar otras 24 horas.

Al tercer día repetimos por última vez la operación: hervimos las castañas en el almíbar durante 8-9 minutos.

Si queremos añadir licor, este es el momento de incorporarlo. Podemos utilizar brandy o anís dulce, según el sabor que queramos darle.

Finalmente, envasamos las castañas junto con su almíbar en recipientes previamente esterilizados.

Si vamos a consumirlas en breve, también podemos dejarlas enfriar y servirlas como postre.







CONSEJO DE MAPI

La clave de estas castañas está en la paciencia y los reposos. No debemos intentar acelerar el proceso: las castañas necesitan esas horas dentro del almíbar para ir tomando sabor y dulzor poco a poco.

Si las preparamos para conservar, utilizaremos siempre recipientes perfectamente esterilizados y un procedimiento de conservación adecuado.


UN MOMENTO DE NAVIDAD



magínate una tarde de Navidad, el hogar encendido y la casa llena de ese calorcito que invita a quedarse. Tú, cómodamente entre cojines, con una taza de chocolate caliente entre las manos, perfumado con un delicado toque de canela.

Y junto a ella, unas castañas en almíbar, brillantes, tiernas y dulces.

No hace falta mucho más.

A veces la Navidad está precisamente ahí: en el calor de la casa, en una taza humeante, en un dulce preparado con paciencia y en esos pequeños momentos que nos hacen sentir que estamos exactamente donde queremos estar.

MERMELADA DE TOMATE CASERA

 





MERMELADA DE TOMATE CASERA 


Hay recetas que demuestran que no hace falta  para conseguir algo extraordinario. Esta mermelada de tomate es una de ellas.

Cuando tenemos buenos tomates maduros, de esos que saben realmente a tomate, podemos convertirlos en una conserva dulce, sencilla y deliciosa. El secreto está en algo tan simple como respetar el tomate: se corta a cuchillo, nunca se ralla ni se tritura.

El reposo también es importante. Aunque con unas cinco horas es suficiente, en casa me gusta dejar la mezcla toda la noche. Así, el tomate, el azúcar y el limón tienen tiempo de hacerse compañía antes de llegar al fuego.

El resultado es una mermelada con pequeños trocitos de tomate, dulce pero con ese punto fresco y ligeramente ácido que le aporta el limón.

Y aunque combina de maravilla con quesos y patés, puede formar parte de una vinagreta o incluso acompañar algún postre, para mí hay una manera que gana a todas las demás: sobre una tostada, sin nada más.

Una vez la pruebas así, entiendes por qué está tan rica. 


INGREDIENTES

1,5 kg de tomates maduros, ya pelados

750 g de azúcar

El zumo de 1 limón


ELABORACIÓN

Troceamos los tomates a cuchillo, en trocitos pequeños. No debemos rallarlos ni triturarlos, ya que queremos conservar esa textura característica de la mermelada.

Ponemos el tomate troceado en un bol y añadimos el azúcar y el zumo de limón. Mezclamos bien y dejamos reposar durante al menos 5 horas.

En casa, normalmente me gusta dejarlo reposar toda la noche. De esta manera, el tomate va soltando sus jugos y se mezcla lentamente con el azúcar y el limón.

Pasado el tiempo de reposo, ponemos toda la mezcla en una cacerola y cocinamos durante 10 minutos a fuego suave. Si aparece espuma en la superficie, la retiramos con una cuchara.

Después subimos el fuego y dejamos cocinar otros 10 minutos, hasta que la mezcla comience a hervir.

Una vez que esté hirviendo, volvemos a bajar la temperatura y dejamos cocer entre 15 y 45 minutos, dependiendo de la cantidad de líquido que tenga y de la textura que queramos conseguir.

Hay que tener en cuenta que la mermelada debe quedar un poco líquida al retirarla del fuego, porque al enfriarse espesará bastante.

Cuando tenga la textura deseada, retiramos del fuego y dejamos enfriar.


CONSERVACIÓN

Si queremos conservar la mermelada durante más de 15 días, debemos utilizar envases correctamente esterilizados y hervidos, siguiendo un procedimiento seguro de conservación de alimentos.


¿CÓMO PODEMOS DISFRUTARLA?

Esta mermelada es deliciosa acompañando quesos y patés, y también podemos utilizarla como parte de una vinagreta o para acompañar algún postre.

Pero si queréis disfrutar de todo su sabor y de esa textura tan especial, probadla simplemente sobre una tostada, tal cual.

Así, sin más.

Espectacular. 


CONSEJO DE MAPI

No tengáis prisa con esta mermelada. El reposo es parte de la receta y, si podéis dejar el tomate con el azúcar y el limón toda la noche, mucho mejor.

Y recordad: el tomate siempre cortado a cuchillo. Nada de rallador ni de batidora. Queremos encontrar esos pequeños trocitos de tomate cuando la untamos en la tostada.



MERMELADA DE LIMON CASERA

 



MERMELADA DE LIMÓN 


Hay mermeladas que se hacen en un rato y otras que nos enseñan que algunas cosas buenas necesitan su tiempo.

Esta mermelada de limón es de esas. Necesita tres días, pero tranquilos, que no vamos a pasarnos tres días delante de la cacerola mirando los limones. Son tres días de reposo, cambiando el agua, para conseguir que el limón pierda parte de su amargor y podamos disfrutar de todo su sabor.

Es una receta sencilla y con muy pocos ingredientes: limones y azúcar. Pero detrás de esa sencillez hay un pequeño secreto que marca la diferencia.

El resultado es una mermelada con todo el carácter del limón, aromática, intensa y con ese equilibrio entre dulce y ácido que la hace perfecta para una tostada, para acompañar un buen queso o simplemente para disfrutarla a cucharaditas.

Porque a veces, hasta el limón más intenso sabe convertirse en un pequeño tesoro de nuestra despensa. 


INGREDIENTES

1 kg de limones

500 g de azúcar


ELABORACIÓN

Lo primero que debemos saber es que para preparar esta mermelada necesitaremos 3 días, aunque no son tres días de trabajo. Son días de reposo y de cambio de agua, necesarios para reducir el amargor de los limones.

Lavamos bien los limones y los cortamos en rodajas.

Los colocamos en un bol y los cubrimos completamente con agua. Tapamos el recipiente y lo introducimos en el frigorífico.

Dejamos los limones en remojo durante 3 días, cambiándoles el agua dos veces al día.

Pasados los tres días, escurrimos muy bien los limones.

Los ponemos en una cacerola junto con el azúcar y dejamos que cuezan aproximadamente 1 hora, hasta que el líquido que van soltando los limones se haya evaporado y la preparación tenga una textura similar a la de una mermelada.

Retiramos del fuego y trituramos con la batidora hasta conseguir la textura que más nos guste. Podemos dejarla completamente fina o triturarla menos si preferimos encontrar pequeños trocitos de limón.

Dejamos enfriar y ya tendremos nuestra mermelada lista para disfrutar.



CONSEJO DE MAPI

Los tres días de remojo son la clave de esta receta. No debemos saltarnos los cambios de agua, porque son los que ayudan a suavizar el amargor natural del limón.

Y cuando llegue el momento de triturarla, la textura la decidimos nosotros: más fina o con pequeños trocitos, según cómo nos guste encontrarla en la tostada. 

AJO FRITO ARAGONES

 




AJO FRITO ARAGONÉS


Hay platos que nacen de la cocina humilde, de esas recetas en las que se aprovechaba lo que había en la despensa y, con unos pocos ingredientes, se conseguía poner en la mesa un plato completo, caliente y reconfortante.

El ajo frito aragonés es uno de esos platos de nuestra cocina tradicional. Las judías, la calabaza y el arroz forman la base de esta receta, mientras que la panceta y el ajo dorados en aceite aportan ese sabor tan característico de la cocina de antes.

Es una elaboración sencilla, de las que se hacían sin prisas y con el fuego suave, dejando que cada ingrediente aportara lo suyo.

Una receta humilde, pero de esas que demuestran una vez más que la buena cocina nunca ha necesitado demasiados ingredientes, sino saber tratarlos. 


INGREDIENTES

400 g de judías blancas secas

300 g de calabaza

100 g de arroz

4-6 dientes de ajo

100 g de panceta o tocino

Aceite de oliva virgen extra

1 hoja de laurel

Sal al gusto


ELABORACIÓN

Ponemos las judías blancas en remojo la noche anterior.

Al día siguiente, las escurrimos y las ponemos a cocer en una olla con agua, sal, un chorrito de aceite de oliva y la hoja de laurel. Dejamos que cuezan hasta que estén tiernas.

Mientras se hacen las judías, cortamos la calabaza en trozos y la cocemos.

En otra olla, o en la misma olla junto con la calabaza, cocemos el arroz durante aproximadamente 15 minutos.

En una sartén ponemos un buen chorro de aceite de oliva y freímos la panceta, cortada en trozos pequeños, junto con los dientes de ajo laminados. Dejamos que se hagan hasta que estén bien dorados, procurando que el ajo no llegue a quemarse.

Cuando tengamos todo cocinado, incorporamos a la sartén las judías blancas, la calabaza y el arroz, junto con la panceta, los ajos y todo el aceite de la fritura.

Añadimos un poco del caldo de cocción de las judías y dejamos que todo el conjunto hierva a fuego suave durante unos 5 minutos, para que los sabores se mezclen y el caldo tome todo el sabor de la fritura.

Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Servimos bien caliente.


CONSEJO DE MAPI

Este es uno de esos platos en los que el fuego suave hace su trabajo. No necesitamos prisas: esos minutos finales permiten que las judías, la calabaza y el arroz se impregnen del sabor del ajo y de la panceta.

Y, como en tantas recetas tradicionales aragonesas, el caldo de cocción es parte del plato: añadiremos solo el necesario para conseguir la textura que nos guste.

BUÑUELOS DE NACALAO RECETA TRADICIONAL

 






BUÑUELOS DE BACALAO


Hay recetas que huelen a cocina de siempre en cuanto empiezan a hacerse. Los buñuelos de bacalao son una de ellas.

Una receta sencilla, nacida de esos fogones donde se sabía sacar muchísimo partido a unos pocos ingredientes. Bacalao, ajo, perejil, un poco de harina y unas hebras de azafrán son suficientes para conseguir unos buñuelos dorados por fuera, tiernos por dentro y llenos de sabor.

Y hay pequeños detalles que marcan la diferencia: desalar bien el bacalao, aprovechar el agua de su cocción y, sobre todo, picarlo a cuchillo, dejando que podamos encontrar pequeños trocitos al comerlos.

Son de esas cosas que empiezas a comer y, cuando te quieres dar cuenta, ya estás pensando en coger otro. 


INGREDIENTES

250 g de migas de bacalao salado

2 dientes de ajo

1 ramillete de perejil fresco

1 huevo

150 ml de líquido: 75 ml de leche y 75 ml del agua de escaldar el bacalao

100 g de harina

1 sobre de levadura

Unas hebras de azafrán

Sal, si fuera necesaria


Aceite para freír


ELABORACIÓN

Lo primero que debemos hacer es desalar el bacalao. Lo lavamos muy bien con agua fría y lo ponemos en un recipiente amplio, cubierto con abundante agua.

Cambiamos el agua un par de veces y lo dejamos hasta el día siguiente. Antes de utilizarlo, probamos un pequeño trozo. Si conserva un ligero gusto salado, estará en su punto.

Ponemos el bacalao en un cazo con agua hirviendo y, cuando comience de nuevo el hervor, lo retiramos. Lo escurrimos bien y reservamos 75 ml del agua de cocción.

Desmenuzamos el bacalao. En casa me gusta picarlo a cuchillo, sin dejarlo demasiado fino, para que después podamos encontrar los trocitos en los buñuelos. Reservamos.

En un bol ponemos los ajos y el perejil bien picados. Añadimos el huevo y lo batimos ligeramente.

Incorporamos los 75 ml de leche y los 75 ml del agua de cocción del bacalao. Mezclamos bien.

Añadimos la harina junto con la levadura y las hebras de azafrán. Removemos hasta conseguir una masa homogénea y sin grumos.

Incorporamos el bacalao desmenuzado y mezclamos bien. Probamos la masa y, si fuera necesario, añadimos un poco de sal.

Dejamos reposar la masa durante un rato para que la levadura pueda hacer su efecto.

Ponemos una buena cantidad de aceite en una sartén o cazo y esperamos a que esté bien caliente.

Con ayuda de dos cucharas vamos tomando pequeñas porciones de masa. Con una cuchara cogemos la cantidad deseada y con la otra empujamos la masa para dejarla caer en el aceite.

Al principio veremos que el buñuelo se va hacia el fondo, pero enseguida comenzará a subir y quedará flotando. Cuando esté dorado por un lado, le damos la vuelta para que se dore de manera uniforme.

Cuando los buñuelos estén bien dorados, los sacamos y los dejamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.

Servimos bien calientes.



CONSEJO DE MAPI

El punto del aceite es importante: debe estar suficientemente caliente para que los buñuelos se doren por fuera sin absorber demasiado aceite, pero sin llegar a quemarlos.

Y no piquéis demasiado el bacalao. Es mucho más agradable encontrar esos pequeños trocitos cuando damos el primer bocado.

lunes, 7 de septiembre de 2026

CARNE MECHADA O CARNE MECHA AL ESTILO ANDALUZ

 






CARNE MECHADA AL ESTILO ANDALUZ


Un fiambre casero de los de antes

La carne mechada, o carne mechá, es una de esas preparaciones andaluzas que convierten un buen trozo de cerdo en un bocado delicioso. Se cocina lentamente con manteca de cerdo, vino blanco, ajo y especias, y después se deja enfriar bien para poder cortarla en lonchas muy finas.

Es una receta estupenda para tener preparada con antelación. Fría, con unas gotas de limón, resulta deliciosa; dentro de un buen bocadillo se convierte en un auténtico manjar y, si queremos disfrutarla caliente, también podemos acompañarla con la salsa de su propia cocción.


Ingredientes

1,3 kg de cabecero de lomo de cerdo

2 cucharadas de manteca de cerdo

250 ml de manzanilla o vino fino

4 o 5 dientes de ajo

1 hoja de laurel

2 cucharadas de orégano

1 cucharadita de pimentón dulce

Sal

Pimienta negra

500 ml de agua tibia

Sal gorda, para servir

Limón, para servir






Elaboración

Pedimos al carnicero que nos coloque una malla o red alrededor de la pieza de carne para mantenerla compacta durante la cocción. También podemos bridarla nosotros mismos con hilo de cocina.

Colocamos el cabecero de lomo en un recipiente amplio. Añadimos los ajos machacados, el orégano, sal y pimienta y la mitad del vino blanco. Frotamos bien la carne para que quede impregnada de todos los aromas. Tapamos y dejamos reposar en el frigorífico durante al menos 2 o 3 horas. Si podemos dejarla toda la noche, mucho mejor.

Calentamos la manteca de cerdo en una olla amplia, a fuego medio-alto. Sacamos la carne del adobo y reservamos todo el líquido. Doramos la pieza por todos sus lados hasta conseguir una superficie bien tostada.

Incorporamos a la olla el líquido del macerado, la hoja de laurel, el pimentón y el resto del vino blanco. Dejamos hervir durante un par de minutos para que se evapore el alcohol.

Añadimos el agua tibia, procurando que cubra aproximadamente la mitad de la pieza.

En olla exprés: cerramos la olla y cocinamos durante unos 35-40 minutos desde que comience a salir el vapor.

En olla tradicional: cocinamos a fuego medio-bajo durante aproximadamente 1 hora y media, dando la vuelta a la carne a mitad de la cocción.

Cuando esté tierna, sacamos la carne de la olla y dejamos que se enfríe completamente. Después la llevamos al frigorífico durante varias horas; lo ideal es dejarla reposar toda la noche.

Una vez bien fría, retiramos la malla o las bridas y cortamos la carne en lonchas muy finas con un cuchillo bien afilado.


Cómo disfrutarla

A la manera tradicional: servimos la carne fría, acompañada de un poquito de sal gorda y unas gotas de limón recién exprimido.

En bocadillo: colocamos unas lonchas en un buen pan y lo calentamos ligeramente, lo justo para que la grasa de la carne se vuelva melosa. Con un poco de queso queda espectacular.

Con su propia salsa: podemos triturar el caldo que haya quedado en la olla y calentarlo para servirlo sobre la carne.








Consejo de Mapi

La paciencia es parte de esta receta. La carne debe estar completamente fría antes de cortarla, porque así podremos conseguir esas lonchas finitas y bonitas sin que la pieza se deshaga. Y si la dejamos reposar toda la noche en el frigorífico, al día siguiente estará todavía más asentada y sabrosa.

CALDO VERDE CANARIO

 





CALDO VERDE CANARIO


Un plato humilde de cuchara, de los que saben a casa

Hay platos que no necesitan grandes ingredientes para convertirse en una comida reconfortante. Este caldo verde canario es uno de ellos: papas, verduras, hierbas y unas pocas especias que, cocinadas despacio, consiguen un caldo sabroso y bien ligado.

Es una receta sencilla y tradicional, de esas que forman parte de la cocina cotidiana de las islas. El huevo, añadido al final, termina de convertir este caldo en un plato completo y reconfortante. Y el toque de hierbabuena fresca aporta ese aroma que lo hace especialmente agradable.


Ingredientes 

1 kg de papas

½ tomate maduro

4 huevos

½ pimiento verde

½ cebolla

1 diente de ajo

Unas ramas de perejil

Hierbabuena o hierbahuerto al gusto

1 punta de cucharita de cominos

1 pizca de pimentón

Unas hebras de azafrán

Sal

Un chorrito de aceite de oliva

Caldo o agua, la necesaria









Elaboración

Ponemos un poquito de aceite en un caldero y comenzamos haciendo un sofrito con el ajo picadito y la cebolla. Cuando la cebolla empiece a pocharse, añadimos el pimiento verde picado, sazonamos ligeramente y dejamos que las verduras se hagan despacio.

Incorporamos el tomate pelado y picado y seguimos cocinando hasta que el sofrito esté bien pochado.

Añadimos las papas, peladas y chasqueadas en trozos, y removemos para que se mezclen bien con el sofrito.

Agregamos el perejil picado, los cominos, el pimentón y unas hebras de azafrán. Removemos con cuidado y cubrimos con caldo o agua.

Dejamos que hierva y cocinamos hasta que las papas estén tiernas y el caldo haya quedado ligeramente ligado y sabroso.

Cuando las papas estén en su punto, incorporamos los huevos uno a uno directamente al caldo. Apagamos el fuego y dejamos que se cocinen con el calor del propio potaje. Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Servimos bien caliente y acompañamos con unas hojas de hierbabuena o hierbahuerto fresco, que aportarán un aroma y un toque de frescor delicioso.





Consejo de Mapi

Para que el caldo quede con cuerpo, no hace falta añadir espesantes. El propio almidón de las papas, junto con el movimiento del guiso, irá ligando el caldo. Y el huevo, cocinado suavemente al final, debe quedar hecho pero jugoso.


SOLOMILLO IBÉRICO EN HOJALDRE CON PANCETA IBÉRICA Y SALSA DE SETAS

 





SOLOMILLO IBÉRICO EN HOJALDRE CON PANCETA IBÉRICA Y SALSA DE SETAS

Hay platos que nacen de una buena idea y otros que nacen de saber respetar un buen producto. Este solomillo reúne las dos cosas: carne de cerdo ibérico, panceta ibérica, un hojaldre dorado y crujiente y una salsa de setas suave y sabrosa que acompaña sin robar protagonismo.

Es una receta perfecta para una comida especial, de esas en las que queremos llevar a la mesa un plato bonito, elegante y lleno de sabor, pero sin complicarnos más de la cuenta.

Y aquí, como siempre, hay una pequeña clave: menos es más. El solomillo y la panceta ya tienen muchísimo sabor, así que la salsa debe acompañar y no esconderlos.


Ingredientes

Para el solomillo

2 solomillos de cerdo ibérico, de unos 500–600 g cada uno

16–20 lonchas finas de panceta ibérica

2 láminas de hojaldre

2 cucharadas de mostaza a la antigua

2 huevos

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

Pimienta negra recién molida

Sal


Para la salsa de setas

500 g de setas variadas

1 cebolla

2 dientes de ajo

2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

200 ml de vino blanco

400 ml de nata para cocinar

Sal

Pimienta negra

Perejil fresco






Elaboración

Sacamos los solomillos del frigorífico unos 15–20 minutos antes de comenzar y los secamos muy bien con papel de cocina. Los salpimentamos.

Calentamos una sartén amplia a fuego fuerte con las dos cucharadas de aceite. Cuando esté bien caliente, doramos los solomillos por todas sus caras, incluidos los extremos. Bastará con 1–2 minutos por cada lado, dependiendo del grosor. Se trata únicamente de sellarlos y dorarlos por fuera, no de cocinarlos completamente.

Los retiramos de la sartén y los dejamos enfriar por completo.

Sobre dos hojas de papel de horno colocamos las lonchas de panceta, ligeramente superpuestas, formando un rectángulo. Repartimos la mitad para cada solomillo.

Untamos cada pieza con una capa fina de mostaza y colocamos el solomillo sobre la panceta. Con ayuda del papel de horno lo enrollamos formando un paquete bien ajustado. Presionamos suavemente para que quede compacto y lo dejamos en el frigorífico durante unos 20 minutos.

Extendemos las dos láminas de hojaldre bien frías. Colocamos un solomillo en el centro de cada una y lo envolvemos con el hojaldre, dejando la unión en la parte inferior. Recortamos el exceso de masa y, si queremos, utilizamos los recortes para hacer alguna decoración.

Colocamos los solomillos sobre una bandeja de horno y hacemos tres pequeños cortes en la superficie del hojaldre con un cuchillo bien afilado para facilitar la salida del vapor.

Batimos los huevos y pincelamos generosamente todo el hojaldre.

Con el horno precalentado a 210 °C, con calor arriba y abajo, horneamos durante unos 25–30 minutos, hasta que el hojaldre esté bien dorado y crujiente. Si disponemos de termómetro de cocina, el centro de la carne debe alcanzar aproximadamente los 65 °C. Si vemos que el hojaldre se dora demasiado pronto, podemos bajar la temperatura a 190–200 °C.

Una vez fuera del horno, dejamos reposar los solomillos durante 8–10 minutos antes de cortarlos.

Mientras reposa la carne, preparamos la salsa. Limpiamos las setas y las cortamos en trozos o láminas. Picamos finamente la cebolla y los ajos.

Calentamos el aceite en una sartén y pochamos la cebolla a fuego medio-alto durante 4–5 minutos. Añadimos los ajos y las setas y cocinamos hasta que estas hayan perdido su agua y comiencen a dorarse.

Incorporamos el vino blanco y dejamos reducir unos minutos. Añadimos la nata, salpimentamos y dejamos cocinar a fuego suave durante 5–7 minutos, hasta que la salsa haya espesado ligeramente.

Apartamos del fuego y añadimos el perejil fresco picado.

Para servir, cortamos el solomillo en medallones gruesos con un cuchillo bien afilado. Podemos colocar una pequeña cantidad de salsa en la base del plato y disponer encima las porciones de solomillo.

La salsa se sirve aparte, en una salsera o cuenco, para que cada comensal pueda añadir la cantidad que quiera. No debemos verterla sobre el hojaldre, porque perderíamos parte de su textura crujiente.








Consejo de Mapi

Hay dos cosas que para mí son fundamentales en esta receta.

La primera: el solomillo debe estar bien frío antes de envolverlo con el hojaldre. Después de sellarlo en la sartén, hay que dejarlo enfriar completamente y volver a llevarlo al frigorífico. Así, cuando entre en el horno, el hojaldre estará bien frío y podrá desarrollar sus capas y quedar crujiente, en lugar de ablandarse por el calor de la carne.

La segunda: no nos saltemos el reposo final de 8–10 minutos. Ese pequeño descanso permite que los jugos de la carne se redistribuyan y evita que, al cortarla inmediatamente, se desparramen por el plato.

Un buen solomillo ibérico, una buena panceta y un hojaldre bien trabajado no necesitan mucho más. La salsa está para acompañar, no para esconder el sabor de la carne.

domingo, 6 de septiembre de 2026

PERDICES DE GÚDAR-JAVALAMBRE CON ROBOLLONES

 




PERDICES DE GÚDAR-JAVALAMBRE CON ROBOLLONES


Hay recetas que parecen guardar dentro de ellas el paisaje del que vienen. Esta es una de esas. Desde las sierras de Gúdar-Javalambre nos llega un plato de caza donde las perdices se cocinan lentamente junto a las setas que ofrece el monte, en una salsa aromática y llena de sabor.

Los rebollones, tan ligados a nuestras sierras, aportan ese sabor de bosque que convierte un buen guiso en algo especial. Y para quien tenga la suerte de encontrarse con ella, unas finas láminas de trufa negra pueden llevarlo todavía un poquito más lejos.

Es una receta para hacer sin prisas, dejando que el fuego suave haga su trabajo. De esas que saben todavía mejor cuando reposan y que al día siguiente llenan la cocina de un aroma que ya nos anuncia que vamos a comer de maravilla


Ingredientes

perdices rojas, limpias

1 cebolla grande

2 zanahorias

4 dientes de ajo

Un puñado de rebollones o níscalos, u otras setas de la sierra

1 vaso de vino blanco

½ vaso de vinagre suave

Caldo de ave, el necesario para cubrir

1 hoja de laurel

Tomillo fresco

Romero

Pimienta negra en grano

Sal

Aceite de oliva virgen extra

Trufa negra, opcional






Elaboración

Salpimentamos las perdices por dentro y por fuera. Ponemos aceite de oliva virgen extra en una cazuela honda y, cuando esté caliente, doramos las perdices por todos sus lados para sellar bien la carne. Las retiramos y reservamos.

En el mismo aceite incorporamos la cebolla picada, las zanahorias cortadas en rodajas y los ajos enteros con piel, a los que habremos dado un pequeño golpe para que se abran. Cocinamos todo a fuego suave hasta que las verduras estén tiernas.

Limpiamos los rebollones, los troceamos y los incorporamos a la cazuela. Los salteamos durante unos minutos para que suelten su aroma y se integren con el sofrito.

Volvemos a colocar las perdices en la cazuela. Añadimos el vino blanco y el vinagre y dejamos hervir durante un par de minutos para que se evapore el alcohol.

Incorporamos el laurel, el tomillo, el romero y unos granos de pimienta negra. Cubrimos las perdices con caldo de ave, tapamos la cazuela y dejamos cocinar a fuego muy suave durante una hora y media o dos horas, dependiendo del tamaño y de la dureza de las perdices.

La carne estará lista cuando esté tierna y se desprenda fácilmente del hueso.

Si disponemos de trufa negra, podemos añadir unas láminas finas al servir, para aportar su aroma sin ocultar el sabor de la perdiz y los rebollones.

Dejamos reposar el guiso antes de servir y acompañamos, si queremos, con unas patatas panadera.








Consejo de Mapi

Este es uno de esos guisos que agradecen muchísimo el reposo. Si podemos cocinarlo el día anterior y calentarlo suavemente antes de llevarlo a la mesa, los sabores estarán mucho más asentados. Y con las recetas de monte, como siempre digo, paciencia: el fuego lento es el que consigue que la carne quede tierna y que el sabor de las setas y las hierbas pase a la salsa.

JARRETE DE TERNASCO CON ALCACHOFAS


 


JARRETES DE TERNASCO CON ALCACHOFAS


Hay platos que llevan el sabor de nuestra tierra en cada bocado. Este es uno de ellos: unos buenos jarretes de Ternasco de Aragón cocinados despacio, con un sofrito sencillo y unas alcachofas tiernas que se impregnan de todos los sabores del guiso.

Es una receta de las que me gustan, sin complicaciones y con ingredientes de siempre. La carne queda tierna y jugosa, la salsa toma cuerpo durante la cocción y las alcachofas terminan de convertirlo en un plato completo, de esos que piden pan al lado.


Ingredientes

Para los jarretes

4 u 8 jarretes de Ternasco de Aragón

8-12 alcachofas frescas

4 dientes de ajo

1 cebolla grande, o media cebolla y 1 puerro

1 pimiento verde

1 vasito de coñac, brandy o vino blanco

1 cucharadita de pimentón dulce

Harina, para enharinar la carne

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Caldo de carne o agua


Para la guarnición de setas, opcional

Setas de cardo o níscalos

Aceite de oliva virgen extra

1 diente de ajo

Perejil fresco

Sal en escamas





Elaboración

Salamos los jarretes, los pasamos ligeramente por harina y los doramos a fuego fuerte en una cazuela amplia con aceite de oliva virgen extra y los dientes de ajo enteros. Cuando estén bien dorados por todos sus lados, los retiramos y reservamos.

En ese mismo aceite sofreímos la cebolla, el puerro y el pimiento verde, todo bien picado, hasta que las verduras estén tiernas. Añadimos el pimentón dulce y removemos rápidamente para que se integre sin llegar a quemarse.

Regamos con el coñac o brandy y dejamos que hierva unos minutos para que se evapore el alcohol. Volvemos a poner los jarretes en la cazuela y cubrimos con caldo de carne o agua.

Tapamos y dejamos cocinar a fuego lento durante unos 45-60 minutos, hasta que la carne esté tierna. Si utilizamos olla rápida, serán suficientes unos 25-30 minutos aproximadamente.

Mientras se cocina la carne, limpiamos las alcachofas retirando las hojas exteriores más duras y la punta. Las cortamos por la mitad o en cuartos y las cocemos previamente en agua con sal y unas gotas de limón. También podemos añadir un trocito de perejil al agua para ayudar a mantenerlas claras.

Cuando al guiso le queden unos 10-15 minutos de cocción, incorporamos las alcachofas bien escurridas. Dejamos que terminen de cocinarse junto a los jarretes a fuego suave, para que absorban los sabores de la salsa.


Guarnición de setas

Limpiamos las setas y calentamos una plancha o sartén con unas gotas de aceite de oliva a fuego fuerte. Las cocinamos por ambos lados hasta que estén bien doradas y los bordes ligeramente crujientes.

Al retirarlas, las sazonamos con sal en escamas y las terminamos con un aliño de aceite de oliva, ajo muy picadito y perejil fresco.

Servimos los jarretes bien calientes, acompañados de las alcachofas y, si nos apetece, de las setas a la plancha.








Consejo de Mapi

Las alcachofas no necesitan estar horas dentro del guiso. Si las incorporamos al final, quedan tiernas pero enteras y conservan mejor su sabor. Y con los jarretes, como con cualquier buen guiso, paciencia: fuego suave y tiempo para que la carne se desprenda del hueso y la salsa quede bien sabrosa.

ESTOFADO DE CIERVO

 





ESTOFADO DE CIERVO


Hay platos que saben a campo, a monte y a esos días en los que la cocina se llena de aromas profundos y reconfortantes. Este estofado de ciervo es uno de ellos. Una carne de sabor intenso que, después de pasar horas macerando en vino tinto y cocerse lentamente, se transforma en un guiso tierno, sabroso y lleno de matices.

La almendra y el pan frito terminan de darle a la salsa ese punto tradicional que tanto me gusta: una cocina sencilla, paciente y sin prisas, de esas que convierten unos buenos ingredientes en un plato para disfrutar despacio.

El secreto de este estofado está en darle tiempo. El ciervo se marina durante varias horas en vino tinto con cebolla, ajo y hierbas aromáticas para suavizar y perfumar la carne. Después se dora bien antes de comenzar el guiso, porque ese primer paso es el que nos ayudará a conseguir una salsa con mucho más sabor.

La cocción lenta hace el resto. Poco a poco la carne se vuelve tierna y el vino se integra con las verduras hasta formar una salsa intensa y aromática. Al final, la almendra y el pan frito, majados en el mortero, aportan cuerpo y consiguen una salsa ligada y deliciosa.


Ingredientes

1 kg de carne de ciervo en trozos para estofar

1 botella de vino tinto aragonés, como un Garnacha del Somontano o de Campo de Borja

2 cebollas grandes

3 dientes de ajo

2 zanahorias

1 puerro

Laurel

Tomillo

Orégano

50 g de almendras

1 rebanada pequeña de pan

Un poquito de chocolate negro, opcional

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta negra en grano







Elaboración

Colocamos el ciervo troceado en un recipiente de cristal o plástico. Añadimos una de las cebollas cortada en trozos, los ajos machacados y las hierbas aromáticas. Cubrimos completamente la carne con el vino tinto, tapamos y dejamos macerar en el frigorífico entre 12 y 24 horas.

Sacamos la carne del marinado y la escurrimos muy bien, reservando el vino. Salpimentamos el ciervo y lo doramos en una cazuela amplia con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté bien sellado, lo retiramos y reservamos.

En la misma cazuela pochamos la otra cebolla, las zanahorias, el puerro y los ajos bien picados. Dejamos que se hagan lentamente hasta que las verduras estén tiernas.

Incorporamos de nuevo la carne y añadimos el vino del marinado, previamente colado. Dejamos hervir unos minutos para que se evapore el alcohol. Si fuera necesario, añadimos un poco de caldo de carne.

Bajamos el fuego, tapamos la cazuela y dejamos cocinar lentamente durante aproximadamente una hora y media, o hasta que la carne esté muy tierna.

Mientras tanto, freímos las almendras y la rebanada de pan. Las majamos en el mortero hasta obtener una pasta y la incorporamos al guiso durante los últimos diez minutos de cocción. Si queremos darle todavía más profundidad a la salsa, podemos añadir un pequeño toque de chocolate negro.

Probamos y rectificamos de sal y pimienta antes de servir.





Consejo de la Mapi

Con la carne de caza, las prisas no son buenas compañeras. Una buena maceración y una cocción lenta son las que consiguen que el ciervo quede tierno y que la salsa tenga ese sabor profundo que buscamos. Y si podéis hacerlo de un día para otro, mejor todavía: estos guisos reposados ganan muchísimo.

LICOR DE AZAHAR,NARANJA Y ESPECIAS

 




LICOR DE AZAHAR, NARANJA Y ESPECIAS

Un perfume de azahar en la copa


Delicado y envolvente, este licor reúne el perfume del azahar con la frescura de la naranja y un fondo cálido de jengibre, anís y vainilla. Una copa pequeña, servida bien fría, y la sobremesa se convierte en algo especial.


INGREDIENTES

500 ml de vodka neutro o aguardiente blanco de buena calidad

3 cucharadas soperas de flores de azahar secas

La piel de 1 naranja mediana, solo la parte naranja

1 rodaja fina de jengibre fresco, pelado

1 estrella de anís estrellado

1 rama de vainilla abierta longitudinalmente

Para el almíbar:

250 ml de agua

250 g de azúcar blanco


ELABORACIÓN

Introducimos en un frasco de cristal limpio las flores de azahar, la piel de naranja, el jengibre, el anís estrellado y la vainilla. Añadimos el vodka o aguardiente, procurando que todos los ingredientes queden completamente cubiertos. Cerramos bien.


Dejamos macerar durante 25–30 días en un lugar oscuro y fresco, agitando suavemente el frasco un par de veces por semana.


Pasado este tiempo, filtramos primero con un colador fino para retirar los ingredientes y volvemos a pasar el líquido por un filtro de café o un paño limpio, hasta conseguir un licor limpio y brillante.
Preparamos el almíbar calentando el agua con el azúcar a fuego medio. Removemos hasta que el azúcar se disuelva y dejamos hervir suavemente durante unos minutos. Retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.


Mezclamos el almíbar frío con el alcohol filtrado y embotellamos en una botella de cristal limpia. Agitamos suavemente para integrar todos los sabores.

Dejamos reposar al menos una semana más en un lugar fresco y oscuro, para que el azahar y las especias se integren y el licor termine de redondearse.







CONSEJO DE MAPI

Sírvelo bien frío y en una copa pequeña, después de una buena comida. Su perfume combina especialmente bien con dulces de naranja, chocolate, almendras y repostería fina.

LICOR DE VIOLETAS SILVESTRES

 



LICOR DE VIOLETAS SILVESTRES

Un perfume convertido en licor

Hay flores que anuncian la primavera con su aroma, y las violetas son una de ellas. Este licor necesita un poquito de paciencia, pero recompensa con un perfume delicado, floral y muy especial. Una pequeña copa, servida bien fría, es suficiente para disfrutar de todo su encanto.


INGREDIENTES

1 taza colmada de pétalos de violetas silvestres frescas, sin tallos ni partes verdes

300 ml de vodka neutro de buena calidad

300 ml de agua

250 g de azúcar blanco

1 cucharadita de zumo de limón, opcional


ELABORACIÓN

Enjuagamos las violetas muy suavemente con agua fría, si fuera necesario, y las secamos con cuidado. Separamos los pétalos de los tallos y retiramos cualquier parte verde.

Introducimos los pétalos en un frasco de cristal y añadimos el vodka y el zumo de limón. Cerramos bien y dejamos macerar entre 7 y 10 días, en un lugar oscuro y fresco. Los pétalos irán perdiendo su color mientras el alcohol toma su perfume y tonalidad.

Pasado este tiempo, filtramos el alcohol con un filtro de café para retirar todos los restos de flores.

Preparamos un almíbar calentando el agua con el azúcar hasta que se disuelva por completo. Retiramos del fuego y dejamos enfriar totalmente.

Mezclamos el almíbar frío con el alcohol de violetas y embotellamos en una botella limpia y bien cerrada.

Dejamos reposar en la nevera una semana antes de consumirlo, para que los sabores se asienten.





CONSEJO DE MAPI

Sírvelo muy frío y en una copa pequeña, como licor de sobremesa. Su delicado perfume combina especialmente bien con chocolate negro, postres de vainilla, helados cremosos o frutas rojas. Es de esos licores que se disfrutan despacio, sorbito a sorbito.

LICOR DE HIERBA LUISA


 



LICOR DE HIERBALUISA

Un soplo de limón en la copa


Fresco, suave y profundamente aromático, este licor de hierbaluisa tiene ese delicado sabor cítrico que recuerda al limón dulce. Una pequeña copa después de comer y la sobremesa cambia por completo.


INGREDIENTES

1 litro de aguardiente o vodka

30–40 hojas frescas de hierbaluisa

300 g de azúcar

300 ml de agua


ELABORACIÓN

Introducimos las hojas frescas de hierbaluisa en un bote de cristal y añadimos el alcohol. Cerramos herméticamente y dejamos macerar durante 15 días en un armario oscuro.

Pasado este tiempo, filtramos el líquido con un colador fino o un filtro de café para eliminar cualquier resto de las hojas.

Preparamos el almíbar calentando el agua con el azúcar hasta que se disuelva por completo. Retiramos del fuego y dejamos enfriar totalmente.

Mezclamos el almíbar frío con el alcohol filtrado y pasamos el licor a una botella limpia. Dejamos reposar una semana antes de beberlo, para que los sabores se asienten y el licor gane suavidad.








CONSEJO DE MAPI

Sírvelo bien frío y en una copa pequeña después de comer. Su perfil cítrico combina especialmente bien con dulces de limón, bizcochos, frutas frescas y postres suaves.

LICOR DE HIBISCO

 




LICOR DE HIBISCO (FLOR DE JAMAICA)


Un sorbo de color y sabor intenso

De un rojo profundo y con ese equilibrio entre lo ácido y lo dulce, este licor de hibisco es de los que entran por los ojos antes de llegar a la copa. Se prepara rápidamente y, bien frío, resulta perfecto para una sobremesa diferente.


INGREDIENTES

½ taza de flores de hibisco secas (flor de Jamaica)

400 ml de vodka o aguardiente blanco

400 ml de agua

300 g de azúcar blanco, o azúcar moreno para darle un toque acaramelado

1 ramita pequeña de canela o 1 tira de piel de naranja, sin la parte blanca


ELABORACIÓN


Ponemos las flores secas de hibisco en un frasco de cristal junto con la canela o la piel de naranja, si hemos decidido utilizarlas. Añadimos el alcohol y cerramos bien.

Dejamos macerar durante 4 o 5 días en un lugar oscuro. Al estar las flores secas, desprenden rápidamente todo su sabor. No conviene alargar demasiado la maceración porque podría aportar un amargor excesivo.

Pasado este tiempo, colamos el líquido con un colador fino o un paño limpio para retirar por completo las flores.

Preparamos un almíbar calentando el agua con el azúcar hasta que se disuelva. Dejamos enfriar completamente y lo mezclamos con el alcohol, que habrá adquirido un precioso color rojo intenso.

Embotellamos en una botella limpia y dejamos reposar. Puede tomarse prácticamente de inmediato, aunque unos días de reposo harán que los sabores se integren mejor.







CONSEJO DE MAPI

Sírvelo bien frío, con hielo, o alárgalo con un poco de agua tónica para convertirlo en una copa ligera, fresca y muy aromática. También queda precioso acompañado de postres de chocolate o frutas rojas.

LICOR DE MENTA O HIERBABUENA

 




LICOR DE MENTA O HIERBABUENA


Frescura en una copa

Un licor fresco, aromático y con ese sabor limpio de la hierbabuena que deja la boca preparada para otro sorbito. Perfecto para terminar una buena comida y disfrutarlo tranquilamente, bien frío.


INGREDIENTES

1 litro de aguardiente o vodka

2 tazas de hojas de menta fresca o hierbabuena

350 g de azúcar

350 ml de agua


ELABORACIÓN

Lavamos las hojas de hierbabuena con cuidado y las secamos bien. Las introducimos en un bote de cristal y añadimos el alcohol. Cerramos y dejamos macerar durante 15 días en un lugar oscuro, agitando suavemente el bote de vez en cuando.

Pasado este tiempo, filtramos el líquido con un colador fino o un filtro de café, retirando completamente las hojas.

Preparamos un almíbar calentando el agua con el azúcar hasta que se disuelva. Dejamos enfriar por completo y lo mezclamos con el alcohol filtrado.

Pasamos el licor a una botella limpia y lo dejamos reposar una semana, para que los sabores se asienten y el licor gane suavidad.






CONSEJO DE MAPI

Sírvelo muy frío y con hielo, como broche refrescante después de una buena comida. También acompaña de maravilla a postres de chocolate, helados de vainilla o limón y frutas frescas.