Lechuga al ajillo
Hay maneras de vestir una verdura sencilla que sorprenden desde el primer bocado. En esta receta, la frescura y el crujido de los cogollos se encuentran con el aroma del ajo dorado y el punto alegre del vinagre. Una preparación humilde, de las de toda la vida, que convierte una lechuga en una auténtica delicia.
Ingredientes
- 2 o 3 cogollos de lechuga tiernos
- 4 a 6 dientes de ajo
- 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 2 cucharadas de vinagre de vino
- Sal al gusto
- Una pizca de pimentón dulce, opcional
Preparación
Lava muy bien los cogollos bajo el grifo, escúrrelos por completo y sécalos cuidadosamente para que no quede agua entre las hojas.
Córtalos longitudinalmente por la mitad o en cuatro cuartos, manteniendo la base para que las hojas permanezcan unidas. Colócalos en la fuente donde vayas a servirlos y añade una pizca de sal.
Pela los dientes de ajo y córtalos en láminas finas. Calienta el aceite de oliva virgen extra en una sartén pequeña, a fuego medio-bajo, e incorpora los ajos. Deja que se cocinen lentamente hasta que estén ligeramente dorados y hayan perfumado el aceite, procurando que no se quemen.
Retira la sartén del fuego. Si deseas añadir pimentón dulce, incorpóralo ahora, aprovechando el calor residual para que desprenda su aroma sin quemarse.
Añade el vinagre con cuidado al aceite caliente, manteniendo la sartén apartada del fuego para evitar salpicaduras. Mueve suavemente para integrar el aliño.
Vierte inmediatamente el aceite con los ajos sobre los cogollos, procurando repartirlo bien por todas las hojas.
Sirve al momento, cuando la lechuga todavía conserva su frescura y el aliño templado aporta todo su aroma.
Consejo de Mapi
El secreto está en dorar los ajos sin prisa y aliñar los cogollos justo antes de llevarlos a la mesa. Si el ajo se oscurece demasiado, amarga y estropea el conjunto. Y si te gusta un toque más tradicional, añade una pizca de pimentón dulce: realzará el sabor sin quitar protagonismo a la lechuga.






