Licor de mandarina
La mandarina, con su perfume dulce y fresco, es de esas frutas que parecen hechas para convertirse en licor. Una preparación sencilla que aprovecha sus pieles para guardar en la botella todo su aroma.
Ingredientes
Pieles de 6–8 mandarinas, limpias y sin la parte blanca
500 ml de vodka u orujo
500 g de azúcar blanco
500 ml de agua
Elaboracion
Lavamos muy bien las mandarinas y retiramos las pieles con ayuda de un pelador, procurando llevarnos únicamente la parte coloreada y evitando la parte blanca, que puede aportar amargor.
Introducimos las pieles en un frasco de vidrio limpio, con cierre hermético, y añadimos el alcohol. Cerramos bien, agitamos suavemente y dejamos macerar en un lugar fresco, oscuro y seco durante 10–15 días, agitando el frasco una vez al día.
Preparamos el almíbar poniendo el agua y el azúcar en un cazo. Calentamos a fuego medio y, desde el primer hervor, dejamos cocinar unos cinco minutos, removiendo hasta que el azúcar se haya disuelto por completo. Retiramos del fuego y dejamos enfriar completamente.
Colamos el alcohol para retirar las pieles de mandarina y mezclamos el líquido aromatizado con el almíbar ya frío.
Pasamos el licor a botellas limpias o esterilizadas utilizando un embudo, cerramos bien y dejamos reposar al menos una semana más en un lugar fresco antes de servirlo.
Podemos tomarlo bien frío.
Consejo de Mapi
La parte blanca de la piel es la enemiga de los licores de cítricos. Pelad las mandarinas con mimo, quedándoos solo con la piel de color, y tendréis un licor mucho más perfumado, limpio y agradable.



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