Sopas escaldadas aragonesas con costrón y tortilla francesa
Hay cenas que no necesitan grandes ingredientes para convertirse en un recuerdo imborrable. En casa de mi abuela, una hogaza de pan, unos ajos, aceite de oliva y unos huevos bastaban para preparar una cena humilde, de las de toda la vida.
Las sopas se cortaban muy finas y se escaldaban directamente en el plato con agua hirviendo, aceite, sal y ajo laminado. Después llegaba el segundo plato: un costrón de la misma hogaza, tostado en la cocina de leña hasta quedar crujiente, rociado con aceite de oliva y acompañado de una tortilla francesa recién hecha.
Primero las sopas y después el costrón con la tortilla. Así se cenaba en casa de mi abuela, aprovechando el buen pan y convirtiendo ingredientes sencillos en una comida reconfortante. Hoy recupero esta manera de hacer para que aquellas costumbres no se pierdan.
Ingredientes
- Pan de hogaza asentado, suficiente para las sopas y el costrón
- 2 o 3 dientes de ajo, según el gusto
- Agua
- Aceite de oliva virgen extra
- Sal
- 2 huevos para la tortilla francesa
Preparación
Las sopas escaldadas
Cortamos el pan de hogaza en láminas muy finas y las colocamos en un plato hondo.
Ponemos un cazo al fuego con agua, un buen chorro de aceite de oliva, sal y los ajos cortados en láminas. Dejamos que hierva para que el ajo perfume el agua y el aceite se integre en el caldo.
Cuando esté hirviendo, vertemos el contenido del cazo sobre las sopas, escaldándolas directamente en el plato. Dejamos que el pan absorba el líquido y se ablande, sin removerlo en exceso
El costrón y la tortilla francesa
Cortamos un trozo de la hogaza, el costrón o cantillo, y lo tostamos en la cocina de leña hasta que quede dorado y crujiente. Si no disponemos de cocina de leña, podemos tostarlo en una plancha o sartén seca, procurando que quede crujiente sin quemarse.
Colocamos el costrón en un plato y lo escaldamos con el mismo agua de las sopas escurrimos bien el exceso y rociamos con aceite de oliva virgen extra.
Batimos los huevos con una pizca de sal y preparamos una tortilla francesa en una sartén con unas gotas de aceite, dejándola cuajada al gusto.
Cómo se servía
Primero se comían las sopas escaldadas, bien calientes. Una vez terminado ese primer plato, se servían el costrón crujiente, aliñado con aceite de oliva, y la tortilla francesa como segundo plato.
Consejo de Mapi
El secreto de estas sopas está en cortar el pan muy fino y escaldarlo con el agua recién hervida. El pan debe quedar tierno y jugoso, mientras que el costrón se tuesta aparte para conservar su textura crujiente.
Si tenemos una cocina de leña, el costrón adquiere ese aroma tan especial que difícilmente se consigue de otra manera. Y no olvidemos el orden de la cena: primero las sopas y después el costrón con la tortilla, tal como se hacía en casa de mi abuela.
Porque la cocina tradicional no siempre necesita muchos ingredientes; a veces, lo que la hace extraordinaria es la manera de preparar las cosas y los recuerdos que guarda cada plato.


No hay comentarios:
Publicar un comentario