Sopas de ajo al estilo de Aragón, en la cocinilla de leña de mi abuela
En la cocina de mi abuela Josefa había platos que no necesitaban grandes ingredientes para convertirse en un auténtico regalo. Cuando el frío se metía en los huesos, ella preparaba sus sopas de ajo en la cocinilla de leña, aprovechando el pan que había quedado duro y los ingredientes sencillos que siempre había en casa.
El ajo dorado en aceite, el aroma del pimentón y el pan empapándose lentamente en el caldo llenaban la cocina de ese olor tan nuestro, el de los fogones encendidos y las comidas hechas sin prisas. Eran sopas humildes, de las que alimentaban, calentaban el cuerpo y demostraban que en una cocina de aprovechamiento también podía haber mucho cariño.
Hoy quiero conservar aquí aquellas sopas de ajo al estilo de Aragón, tal como me recuerdan a la cocina de mi abuela y a los platos de toda la vida.
Ingredientes
- 150 g de pan duro, preferiblemente de hogaza de pueblo, cortado en rebanadas finas
- 4 dientes de ajo grandes
- 1 cucharada de pimentón dulce
- 50 ml de aceite de oliva virgen extra
- 1,5 litros de caldo de carne, de pollo o agua
- 2 o 3 huevos
- Sal al gusto
En la cocina de aprovechamiento también se podía utilizar el agua de cocer las verduras del día, como las borrajas o las judías verdes, para preparar estas sopas.
Elaboración
Pela los ajos y córtalos en láminas. Calienta el aceite de oliva en una cazuela, preferiblemente de barro, y dóralos a fuego medio con cuidado de que no se quemen.
Añade las rebanadas de pan duro y remueve para que se impregnen bien del aceite. Deja que se tuesten ligeramente durante un par de minutos.
Baja el fuego al mínimo, incorpora el pimentón y remueve rápidamente durante unos segundos, procurando que no se queme.
Vierte enseguida el caldo o el agua caliente. Sube el fuego hasta que rompa a hervir, sazona al gusto y después deja cocinar suavemente durante unos 15 minutos, hasta que el pan se ablande y comience a deshacerse.
Retira la cazuela del fuego y añade los huevos. Puedes removerlos suavemente con una cuchara de madera para que queden repartidos en forma de hilos por toda la sopa, o dejarlos enteros para que se escalfen con el calor residual, tapando la cazuela durante unos 3 minutos.
Sirve las sopas bien calientes, en cuencos de barro, como se hacía en las cocinas de antes.
Consejo de Mapi
Para unas buenas sopas de ajo, el pan de hogaza del día anterior es perfecto. Y si puedes prepararlas a fuego lento, dejando que el pan absorba el caldo y los sabores se mezclen sin prisas, mucho mejor. Son de esos platos sencillos que nos enseñaron nuestras abuelas: aquí no se tiraba nada y, con muy poco, se conseguía una comida capaz de reconfortar hasta el día más frío.


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