Conserva de berenjenas asadas
Hay sabores que merece la pena guardar para disfrutarlos cuando las berenjenas ya no están en su mejor momento. Asadas lentamente en el horno, con su pulpa tierna y un buen aceite de oliva, se convierten en una preparación sencilla y deliciosa, de esas que siempre encuentran su sitio en la despensa… o en el frigorífico.
Ingredientes
- Berenjenas frescas, la cantidad que desees preparar.
- Aceite de oliva virgen extra.
- Sal.
- Dientes de ajo, opcionales.
Elaboración
Precalienta el horno a 180 °C.
Lava y seca bien las berenjenas. Pincha la piel con un tenedor en varios puntos para evitar que revienten con el calor.
Colócalas en una bandeja y hornéalas durante aproximadamente una hora, volteándolas cada 15 o 20 minutos para que se asen de manera uniforme. Estarán listas cuando la pulpa esté completamente tierna y la piel arrugada.
Retíralas del horno y déjalas reposar unos minutos en un recipiente tapado para facilitar el pelado.
Cuando estén templadas, retira la piel quemada y el pedúnculo. Si lo deseas, elimina las acumulaciones grandes de semillas. Deja escurrir la pulpa en un colador durante unos 15 o 30 minutos para retirar el exceso de líquido.
Corta las berenjenas en tiras o trozos, según el uso que quieras darles.
Colócalas en un recipiente limpio y apto para alimentos. Añade sal al gusto y, si te gusta el toque aromático, un poco de ajo. Incorpora aceite de oliva virgen extra y mezcla suavemente para impregnar bien la pulpa.
Conservación segura
Guarda las berenjenas en un recipiente limpio, cerrado y refrigerado a 4 °C o menos, y consúmelas en un plazo de 3 a 4 días. Si has preparado una cantidad mayor, congela las porciones que no vayas a consumir, preferiblemente en recipientes aptos para congelación.
No las conserves a temperatura ambiente cubiertas de aceite ni confíes en el baño maría de una conserva casera sin un procedimiento validado específicamente para este alimento.
Consejo de Mapi
Un buen aceite de oliva virgen extra realza el sabor de las berenjenas asadas. Puedes servirlas como acompañamiento de carnes y pescados, sobre una tostada de pan casero o como parte de una ensalada. Si preparas bastante cantidad, congélalas en pequeñas porciones y tendrás siempre a mano un recurso delicioso para tus platos cotidianos.



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