MERMELADA DE LIMÓN
Hay mermeladas que se hacen en un rato y otras que nos enseñan que algunas cosas buenas necesitan su tiempo.
Esta mermelada de limón es de esas. Necesita tres días, pero tranquilos, que no vamos a pasarnos tres días delante de la cacerola mirando los limones. Son tres días de reposo, cambiando el agua, para conseguir que el limón pierda parte de su amargor y podamos disfrutar de todo su sabor.
Es una receta sencilla y con muy pocos ingredientes: limones y azúcar. Pero detrás de esa sencillez hay un pequeño secreto que marca la diferencia.
El resultado es una mermelada con todo el carácter del limón, aromática, intensa y con ese equilibrio entre dulce y ácido que la hace perfecta para una tostada, para acompañar un buen queso o simplemente para disfrutarla a cucharaditas.
Porque a veces, hasta el limón más intenso sabe convertirse en un pequeño tesoro de nuestra despensa.
INGREDIENTES
1 kg de limones
500 g de azúcar
ELABORACIÓN
Lo primero que debemos saber es que para preparar esta mermelada necesitaremos 3 días, aunque no son tres días de trabajo. Son días de reposo y de cambio de agua, necesarios para reducir el amargor de los limones.
Lavamos bien los limones y los cortamos en rodajas.
Los colocamos en un bol y los cubrimos completamente con agua. Tapamos el recipiente y lo introducimos en el frigorífico.
Dejamos los limones en remojo durante 3 días, cambiándoles el agua dos veces al día.
Pasados los tres días, escurrimos muy bien los limones.
Los ponemos en una cacerola junto con el azúcar y dejamos que cuezan aproximadamente 1 hora, hasta que el líquido que van soltando los limones se haya evaporado y la preparación tenga una textura similar a la de una mermelada.
Retiramos del fuego y trituramos con la batidora hasta conseguir la textura que más nos guste. Podemos dejarla completamente fina o triturarla menos si preferimos encontrar pequeños trocitos de limón.
Dejamos enfriar y ya tendremos nuestra mermelada lista para disfrutar.
CONSEJO DE MAPI
Los tres días de remojo son la clave de esta receta. No debemos saltarnos los cambios de agua, porque son los que ayudan a suavizar el amargor natural del limón.
Y cuando llegue el momento de triturarla, la textura la decidimos nosotros: más fina o con pequeños trocitos, según cómo nos guste encontrarla en la tostada.


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