Galletas María
Hay sabores que forman parte de nuestra memoria sin que nos demos cuenta. Una galleta María es uno de ellos: sencilla, fina, crujiente y con ese sabor que reconocemos desde el primer bocado.
Y si hay una receta que ha convertido a estas galletas en protagonistas de muchas cocinas es, sin duda, la tarta de la abuela. Capas de galletas, crema y chocolate que han pasado de generación en generación y que siguen teniendo ese sabor de las tartas hechas en casa.
Pero las María también tienen su sitio por sí solas. Para acompañar un café, una taza de leche, para la merienda o simplemente para coger una cuando pasamos por delante de la caja.
Hacerlas en casa tiene su pequeño secreto: la masa debe quedar muy fina. Con un poco de paciencia y dejándola reposar bien fría, tendremos unas galletas doraditas y crujientes, de esas que saben a las de toda la vida.
Ingredientes
500 g de harina de trigo
100 g de mantequilla
100 g de azúcar blanco
100 g de azúcar panela
3 huevos
1 cucharadita de vainilla
1 sobre de levadura química, tipo Royal
Elaboración
Ponemos todos los ingredientes en un cuenco y los mezclamos hasta obtener una masa homogénea, procurando no trabajarla demasiado.
Dividimos la masa en seis porciones.
Estiramos cada porción entre dos papeles de horno, dejándola muy, muy fina. Este paso es importante, porque si la masa queda gruesa tendremos unas galletas gorditas y perderán esa textura y ese cuerpo tan característicos de la galleta María.
Para conseguir que todas tengan el mismo grosor podemos utilizar las gomas que traen algunos rodillos. Si no tenemos, podemos colocar dos palos de brocheta a ambos lados de la masa y utilizarlos como guía al pasar el rodillo.
Una vez estiradas todas las masas, las metemos en la nevera y las dejamos reposar toda la noche. De esta manera la masa estará más firme y podremos cortarla con mayor facilidad, evitando que las galletas se deformen.
Al día siguiente precalentamos el horno a 180 ºC.
Cortamos las galletas directamente sobre la masa fría, utilizando un cortador de galletas. Podemos darles la forma que queramos o incluso utilizar un vaso si no tenemos cortador.
Si utilizamos una forma diferente a la tradicional, hacemos los pequeños agujeritos característicos de las galletas María.
Colocamos las galletas sobre una bandeja cubierta con papel de horno y las horneamos durante unos 10 minutos, hasta que estén ligeramente doradas.
Las retiramos del horno y dejamos que se enfríen antes de guardarlas.
Consejo de Mapi
Aquí el secreto está en el grosor. La masa tiene que quedar muy fina; cuanto más nos acerquemos al grosor de una auténtica galleta María, mejor será el resultado. Y dejarlas toda la noche en la nevera hace que al día siguiente se corten mucho mejor y mantengan perfectamente su forma.



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