Ensalada de cebollas moradas asadas al estilo de mi abuela Josefa
En casa de mi abuela Josefa, cuando se acababa la ensalada y la escarola nueva todavía era demasiado pequeña para recogerla de la huerta, ella tenía una alternativa que nunca faltaba: las cebollas moradas asadas.
Las asaba en el horno de leña, donde el calor intenso tostaba las capas exteriores y dejaba el corazón tierno, dulce y meloso. Después las aliñaba y las llevaba a la mesa, convirtiendo un ingrediente humilde en una ensalada diferente, de esas que se preparaban aprovechando lo que daba la tierra en cada momento.
Hoy, cuando la preparo en mi horno eléctrico, tengo mi propio truco para acercarme a aquel sabor de antaño: utilizo sal ahumada, que recuerda ese toque que las cebollas adquirían al asarse junto a las brasas. Porque hay recetas que no solo nos alimentan; también nos enseñan a aprovechar lo que tenemos y a mantener vivas las costumbres de nuestras abuelas.
Ingredientes
- 4 o 5 cebollas moradas medianas, de tamaño similar
- Aceite de oliva virgen extra
- Vinagre de vino o de Jerez, al gusto
- 1 cucharadita generosa de miel
- Sal ahumada, al gusto
- Pimienta negra recién molida
Elaboración
Precalentamos el horno a 210 °C, con calor arriba y abajo. Si dispone de ventilador, podemos utilizarlo para favorecer un calor seco y uniforme.
Lavamos las cebollas sin retirar la piel exterior y las secamos bien. Hacemos un corte ligero en forma de cruz en la base, por la parte de las raíces, sin llegar a cortar la cebolla.
Las colocamos enteras en una bandeja de horno y las asamos durante unos 45-50 minutos, dependiendo de su tamaño. Estarán listas cuando estén muy tiernas al pincharlas en el centro y la piel exterior aparezca tostada, incluso casi negra.
Las sacamos del horno y dejamos que se templen lo suficiente para poder manipularlas. Retiramos las capas exteriores chamuscadas, cortamos la raíz y el tallo y separamos los cascos de la cebolla con las manos. Los colocamos en una fuente honda.
En un recipiente mezclamos el aceite de oliva virgen extra, el vinagre y la miel hasta obtener un aliño bien integrado. Vertemos sobre las cebollas todavía tibias y añadimos sal ahumada y pimienta negra al gusto.
Mezclamos con cuidado para no romper los cascos y dejamos reposar unos minutos para que absorban bien el aliño. Servimos la ensalada tibia.
Consejo de Mapi
La sal ahumada es mi truco para acercarme al sabor que las cebollas adquirían en el horno de leña de mi abuela. Como su aroma es intenso, conviene añadirla poco a poco. Y es importante aliñar las cebollas cuando todavía están tibias: así absorben mejor el aceite, el vinagre y la miel.


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