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martes, 6 de octubre de 2026

PATATAS HUECAS DE ARAGÓN

 







Patatas huecas de Aragón

Las patatas huecas son una de esas recetas sencillas y tradicionales que demuestran que con pocos ingredientes se pueden preparar cosas bien ricas. En muchas casas aragonesas se han hecho desde siempre, aprovechando unas patatas, un huevo y poco más, para llevar a la mesa unos bocados dorados por fuera, tiernos y ligeros por dentro. Una receta humilde, de las que forman parte de nuestra cocina de siempre.


Ingredientes

400 g de patatas medianas

1 huevo

100 ml de leche

25 g de mantequilla

Aproximadamente 100 g de harina

8-10 g de levadura química o polvo de hornear

Sal fina

Aceite de oliva suave para freír






Preparación

Pelamos las patatas y las cortamos en dados pequeños. Las ponemos a cocer en una cazuela con agua y una pizca generosa de sal hasta que estén muy tiernas, de manera que podamos atravesarlas fácilmente con un cuchillo.

Las escurrimos bien y, todavía calientes, las pasamos a un bol amplio. Las aplastamos con un tenedor hasta conseguir un puré fino y sin grumos. Probamos y rectificamos de sal si fuera necesario.

Añadimos el huevo, la mantequilla y la leche y mezclamos bien hasta conseguir una preparación uniforme.

Incorporamos poco a poco la harina mezclada con la levadura, removiendo hasta conseguir una masa espesa y cremosa.

El punto de la masa

La masa debe quedar espesa y cremosa, pero lo bastante ligera para poder cogerla con una cuchara. Al levantar la cuchara, debe caer lentamente y mantener su forma durante unos segundos. No debe quedar líquida ni dura como una masa de pan.

Si vemos que está demasiado blanda y se desparrama, añadimos un poco más de harina, una o dos cucharadas cada vez, mezclando bien antes de añadir más. Si, por el contrario, queda demasiado compacta, añadimos un pequeño chorrito de leche hasta conseguir el punto adecuado.

La prueba definitiva es echar una pequeña porción de masa en el aceite caliente. Si mantiene su forma, sube poco a poco y se dora mientras se va hinchando, la masa está en su punto.

Ponemos abundante aceite de oliva suave en una sartén honda o cazuela y lo calentamos bien, alrededor de 180 ºC. Si no tenemos termómetro, podemos echar una pequeña cantidad de masa: debe empezar a burbujear y dorarse poco a poco, sin quemarse rápidamente.

Con ayuda de dos cucharas vamos echando pequeñas porciones de masa en el aceite caliente, procurando no poner demasiadas a la vez para que puedan freírse bien y tengan espacio para hincharse.

Las dejamos freír hasta que estén doradas y les damos la vuelta con cuidado para que se hagan por todos los lados.

Cuando estén bien doradas, las sacamos y las dejamos escurrir sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite.

Las servimos recién hechas, cuando están doradas y ligeramente crujientes por fuera y tiernas y ligeras por dentro.






Consejo de Mapi

No tengamos prisa a la hora de añadir la harina. Cada patata puede absorber una cantidad diferente, por eso es mejor añadirla poco a poco hasta encontrar el punto de la masa. Así conseguiremos unas patatas huecas ligeras y bien hechas.


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