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martes, 15 de septiembre de 2026

SOPA DE PAN FRITO A LA CORDOBESA

 




Sopa de pan frito a la cordobesa

Hay sopas que nacen de lo más sencillo y terminan siendo de las que más reconfortan. Un buen pan de pueblo, unos ajos dorados en aceite de oliva, unos taquitos de jamón y el aroma de la hierbabuena hacen de esta sopa un plato humilde, pero lleno de sabor.

Es de esas recetas que nos recuerdan que en la cocina de antes no se desperdiciaba nada. El pan que ya había perdido su frescura encontraba una segunda vida en la cazuela, empapándose de todos esos sabores hasta convertirse en una sopa sabrosa y reconfortante.

Y cuando aparecen los huevos, cuajados directamente en el caldo y con la yema todavía cremosa, ya tenemos un plato completo de los que piden comer despacio y con la cuchara en la mano.


Ingredientes

200 g de pan de pueblo del día anterior, asentado

1 cabeza de ajos o 6–8 dientes grandes

100 g de jamón serrano en taquitos

1 cucharada sopera de pimentón dulce

1 pizca de comino molido

3 ramitas de hierbabuena fresca

1,2–1,5 litros de agua o caldo de pollo o jamón

4 huevos

Aceite de oliva virgen extra

Sal al gusto







Elaboración

Cortamos los dientes de ajo en láminas finas.

Ponemos un buen chorro de aceite de oliva en una cazuela, a fuego suave, y doramos los ajos con cuidado de que no lleguen a quemarse. Añadimos los taquitos de jamón serrano y removemos durante un par de minutos para que suelten toda su grasa y sabor.

Cortamos el pan asentado en rebanadas finas o en dados y lo incorporamos a la cazuela. Removemos durante un par de minutos para que se empape bien del aceite aromatizado con los ajos y el jamón.

Apartamos un momento la cazuela del fuego, o bajamos al mínimo, y añadimos el pimentón dulce y una pizca de comino. Removemos rápidamente para que las especias se mezclen sin llegar a quemarse.

Vertemos inmediatamente el agua caliente o el caldo. Incorporamos las ramitas de hierbabuena y ponemos sal al gusto.

Subimos el fuego hasta que comience a hervir y después lo bajamos. Dejamos cocer a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que el pan esté completamente tierno.

Retiramos las ramitas de hierbabuena y cascamos los huevos, uno a uno, directamente sobre la sopa.

Tapamos la cazuela y dejamos que los huevos se hagan durante 2–3 minutos, aprovechando el calor de la propia sopa, hasta que las claras estén cuajadas y las yemas permanezcan cremosas.

Servimos inmediatamente, bien caliente, en platos hondos o, si tenemos, en cazuelas de barro.







Consejo de Mapi

El pimentón es muy delicado: si se quema, amarga. Por eso merece la pena apartar la cazuela del fuego antes de añadirlo y echar enseguida el caldo. Y para esta sopa, un buen pan de pueblo asentado es parte del secreto: cuanto mejor sea el pan, mejor será la sopa.

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