GUISO DE TERNERA DEL PIRINEO ARAGONES
Hay platos que parecen hechos para los días en los que fuera hace frío y dentro de casa huele a guiso. Este es uno de ellos.
El guiso de ternera del Pirineo aragonés es cocina de montaña en toda regla: una buena carne, verduras sencillas, vino tinto de la tierra y unas hierbas aromáticas, todo cocinado despacito para que la carne quede tierna y el caldo se vaya llenando de sabor.
De esos platos que no necesitan complicarse para estar buenos. Una cazuela al fuego, tiempo y paciencia, y al final unas patatas chascadas que terminan de recoger todo ese juguito.
Y aquí hay una cosa que para mí es casi obligatoria: un buen trozo de pan al lado. Porque cuando queda esa salsa espesita en el fondo de la cazuela, dejarla allí sería casi un pecado
Ingredientes
800 g de tacos de ternera, de aguja o morcillo
1 cebolla
2 zanahorias
2 dientes de ajo
1 puerro o un trozo de pimiento
Vino tinto del Somontano o de la tierra
Agua o caldo de carne
1 hoja de laurel
Tomillo o romero
Aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta
Patatas para acompañar
Elaboración
Salpimentamos los tacos de ternera y los doramos en una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva, a fuego vivo. No queremos cocinarlos por dentro todavía, solamente sellarlos bien para que cojan ese bonito color dorado. Retiramos la carne y la reservamos.
En la misma cazuela, aprovechando todo ese fondo de sabor, ponemos la cebolla, el ajo, la zanahoria y el puerro bien picados. Dejamos que se hagan despacio hasta que la verdura esté bien pochada.
Volvemos a incorporar la ternera y añadimos un buen chorro de vino tinto. Subimos un poco el fuego y dejamos que evapore el alcohol.
Añadimos el agua o el caldo de carne hasta cubrir prácticamente la carne, incorporamos el laurel y un poco de tomillo o romero y dejamos cocinar a fuego suave durante aproximadamente una hora y media, con paciencia, para que la ternera vaya quedando tierna y la salsa coja todo su sabor.
Cuando la carne esté empezando a estar tierna, añadimos las patatas chascadas y dejamos cocinar unos treinta minutos más, hasta que tanto la carne como las patatas estén en su punto y la salsa haya quedado bien ligada.
Servimos bien caliente, acompañado de una buena hogaza de pan, porque esta salsa pide a gritos mojar.
Consejo de Mapi
En un guiso de montaña las prisas sobran. Una carne buena, un fuego suave y tiempo hacen mucho más que cualquier cantidad de ingredientes. Y si al día siguiente queda un poquito, mejor todavía: estos guisos reposados están para ponerles un monumento.




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