Empanadón o pastillo de calabaza
Hay recetas que, en cuanto las nombras, te llevan directamente a casa. A mí me pasa con el empanadón.
Es uno de esos dulces aragoneses de toda la vida que siempre me han gustado precisamente por eso: por sencillos, por nuestros y porque con cuatro cosas de la despensa se consigue algo que huele y sabe a cocina de antes.
Una masa finita, calabaza, unas pasas, piñones, azúcar y canela… y ese toque de limón que sale de la masa cuando se está preparando. Después se dobla, se cierra bien y al horno, hasta que queda doradito y crujiente por fuera.
Y cuando lo sacas, ya solo queda una cosa: esperar lo justo para poder cortar un buen trozo. Porque frío está buenísimo, pero yo, personalmente, lo prefiero templado. Si ha sobrado y está frío, lo vuelvo a calentar un poquito en el horno de la cocinilla de leña. Y entonces ya sí… ese olor, la masa crujiente y la calabaza calentita hacen que sea difícil conformarse con un solo trozo
Ingredientes
Para la masa
200 g de masa madre al 60 % de hidratación
200 g de harina floja de repostería
70 g de agua
70 g de aceite de oliva virgen extra
60 g de azúcar
La piel de un limón
½ cucharadita de sal
Si no tienes masa madre
Puedes preparar una masa con 125 g de harina, 75 g de agua, 2 g de sal y un pizco de levadura seca. Mezcla todo y deja fermentar unas cuatro horas.
Para el relleno
500 g de calabaza
30 g de pasas
15 g de piñones
60 g de azúcar moreno
½ cucharadita de canela en polvo
Aceite de oliva virgen extra
Azúcar de caña para terminar
Elaboración
Sacamos la masa madre de la nevera y pesamos los ingredientes.
Ponemos la harina floja en un bol que aguante bien las altas temperaturas.
En un cazo ponemos el agua, el aceite, el azúcar, la sal y la piel del limón, procurando que esta salga entera. Llevamos al fuego y, en cuanto empiece a subir, apartamos inmediatamente.
Vertemos el líquido caliente sobre la harina y comenzamos a remover con una espátula. Cuando ya no veamos harina seca, tapamos y dejamos reposar hasta que la mezcla pierda temperatura.
Mientras tanto preparamos el relleno. Cortamos la calabaza y la rallamos con un rallador grueso. Pesamos las pasas y los piñones y mezclamos el azúcar moreno con la canela.
Retiramos la piel del limón de la masa escaldada y la desechamos. Juntamos la masa madre con la masa escaldada y trabajamos bien hasta conseguir una masa uniforme. Dejamos reposar de nuevo para que después resulte más fácil estirarla.
Pasado el reposo, estiramos toda la masa de una sola vez, hasta conseguir una plancha fina y alargada. Si podéis hacerlo entre dos hojas de papel de horno, mucho mejor, porque facilita bastante el trabajo.
Una vez bien estirada, dejamos libre el borde y colocamos el relleno en una de las mitades de la masa, dejando aproximadamente dos centímetros sin cubrir alrededor.
Echamos una chorretada de aceite de oliva y espolvoreamos la mitad del azúcar mezclado con la canela. Distribuimos encima la calabaza rallada y repartimos bien las pasas y los piñones.
Añadimos otra chorretada de aceite y el resto del azúcar con canela.
Ahora viene la parte característica de este empanadón: levantamos la mitad de la masa que hemos dejado libre y la pasamos por encima del relleno, como si cerráramos una empanadilla enorme.
Ajustamos los bordes con cuidado y cerramos todo el contorno haciendo un repulgo hacia dentro, formando ese cordón tan característico. Si ese día estáis creativos, podéis hacerlo bonito; y si no, un buen cierre con el tenedor también sirve perfectamente.
Terminamos con una última chorretada de aceite de oliva y espolvoreamos azúcar de caña por encima.
Pinchamos la superficie en varios puntos para que pueda salir el vapor durante la cocción y no se hinche.
Precalentamos el horno a 200 ºC con ventilador, con la bandeja dentro y colocada en una posición media-baja.
Cuando metamos el empanadón, quitamos el ventilador y bajamos la temperatura a 190 ºC. Horneamos durante al menos 40 minutos.
El empanadón jamás debe quedar poco hecho. Los tostados que va tomando durante la cocción redondean muy bien el sabor, así que es preferible que quede bien hecho y doradito.
Cuando esté listo, lo sacamos del horno y echamos por encima un buen chorro de aceite de oliva con la aceitera.
Dejamos templar y podemos comerlo tanto frío como caliente.
Otro día os enseñaré también el empanadón de manzana y el de espinacas con pasas y piñones
Consejo de Mapi
el estirado es la parte más trabajosa. Hay que hacerlo con calma, ayudándose de pequeños reposos si la masa se resiste. El objetivo es conseguir una masa fina, porque ahí está parte de la gracia de este pastillo.




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