Buñuelos de viento
Hay recetas que saben a cocina de siempre, a sartén al fuego y a ese momento en que empiezan a aparecer los primeros buñuelos, doraditos y ligeros, como pequeñas bolitas que parecen tener vida propia. Estos buñuelos de viento son de los que se hacen con pocos ingredientes, pero con mimo y un poquito de paciencia.
Ingredientes
½ vaso de agua
½ vaso de leche
1 vaso de harina tamizada
1 cucharadita de azúcar
1 pizca de sal
Ralladura de ½ limón
1 cucharada sopera de mantequilla
½ vasito de anís
3 huevos
Aceite de girasol para freír
Azúcar y canela para rebozar
Elaboración tradicional
Ponemos en un cazo la leche, el agua, la mantequilla, la sal, el azúcar y la ralladura de limón.
Cuando rompa a hervir, echamos la harina de una sola vez y trabajamos la mezcla hasta que tengamos una masa consistente que tienda a hacerse una bola y se despegue del cazo.
Retiramos del fuego, añadimos el anís y un huevo. Trabajamos la masa hasta que el huevo quede completamente integrado. Incorporamos el segundo huevo y hacemos lo mismo, y después añadimos el tercero, trabajando de nuevo hasta que quede perfectamente integrado.
Seguimos trabajando la masa durante unos 10 minutos. Yo todo este proceso lo hice con una cuchara de madera, como se ha hecho toda la vida en muchas cocinas.
Calentamos una sartén con abundante aceite de girasol y vamos echando pequeñas bolitas de masa. Para ayudarnos a formarlas podemos utilizar dos cucharitas untadas ligeramente con aceite.
Freímos los buñuelos hasta que tengan un bonito color dorado intenso. Veremos que muchos se dan la vuelta solos durante la fritura; si alguno se resiste, podemos ayudarlo con una espumadera.
A medida que los vamos retirando, los colocamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Antes de que se enfríen completamente, los pasamos por una mezcla de azúcar y canela.
Y ya están listos nuestros buñuelos de viento: dorados por fuera, ligeros por dentro y con ese sabor tan nuestro de los dulces tradicionales.
Consejo de Mapi
La masa necesita que la trabajemos bien después de incorporar los huevos. No tengamos prisa en este momento: esos minutos de trabajo con la cuchara de madera ayudan a conseguir unos buñuelos ligeros y con ese interior hueco tan característico.

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