Bizcochos de soletilla
Hay dulces que no necesitan adornos para ser especiales. Los bizcochos de soletilla son uno de ellos.
Ligeros, tiernos y delicadamente dulces, forman parte de esa repostería sencilla que ha pasado de generación en generación. Con apenas unos pocos ingredientes conseguimos unos bizcochos suaves y esponjosos, perfectos para acompañar un café, para preparar otros postres o simplemente para disfrutarlos tal cual.
Su secreto está en algo tan sencillo como importante: montar bien los huevos y trabajar la mezcla con delicadeza, conservando todo el aire que hemos incorporado.
Una receta humilde, de las de siempre, que demuestra una vez más que en repostería muchas veces lo más sencillo es también lo más delicioso.
Ingredientes
3 huevos
100 g de azúcar
75 g de harina
Azúcar glas
Elaboración
Separamos las claras de las yemas.
Montamos las claras a punto de nieve y vamos incorporando poco a poco la mitad del azúcar, hasta conseguir un merengue firme y bien montado.
En otro recipiente batimos las yemas con el resto del azúcar hasta que blanqueen, espesen y queden bien espumosas.
Incorporamos las claras montadas a la mezcla de las yemas en varias veces, realizando movimientos envolventes y suaves para evitar que la preparación pierda el aire que hemos conseguido.
Tamizamos la harina y la añadimos poco a poco. La integramos con movimientos envolventes, sin batir, hasta obtener una masa homogénea y aireada.
Pasamos la preparación a una manga pastelera y formamos los bizcochos sobre dos bandejas de horno cubiertas con papel sulfurizado.
Espolvoreamos generosamente con azúcar glas, procurando cubrir especialmente la parte central de cada bizcocho.
Introducimos las bandejas en el horno, previamente precalentado a 180 °C, y horneamos durante unos 10 minutos, hasta que los bizcochos estén ligeramente dorados.
Sacamos del horno y dejamos enfriar antes de retirarlos del papel.
Consejo de Mapi
La delicadeza es la clave de estos bizcochos. Una vez montadas las claras, debemos trabajar la mezcla con movimientos envolventes y sin prisas. Así conservaremos el aire y conseguiremos unos soletilla ligeros, tiernos y esponjosos.
El horno también debe estar bien precalentado antes de introducirlos, porque necesitan recibir el calor desde el primer momento.



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