ADOQUINES DEL PILAR
Un pedacito de Zaragoza envuelto en una jota
Después de recorrer las recetas tradicionales de Zaragoza, no podía faltar uno de los dulces más reconocibles y queridos de nuestra tierra: los Adoquines del Pilar.
Grandes, duros y con ese aspecto que recuerda a las piedras de las calles zaragozanas, estos enormes caramelos forman parte de la memoria gastronómica y sentimental de Aragón.
No son simplemente un dulce. Son también un recuerdo de Zaragoza, de sus fiestas, de sus tradiciones y de aquellas pequeñas sorpresas que uno descubre al desenvolverlos.
UN DULCE CON HISTORIA
Los Adoquines del Pilar nacieron oficialmente en 1928, en Calatayud, de la mano del confitero Manuel Caro Gormaz.
Su creador ideó un caramelo de gran tamaño inspirado en los adoquines de las calles que rodean la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.
Su creador ideó un caramelo de gran tamaño inspirado en los adoquines de las calles que rodean la Basílica de Nuestra Señora del Pilar.
Con el tiempo se convirtieron en uno de los dulces más característicos de Zaragoza y en un recuerdo típico para quienes visitan la ciudad.
LA JOTA SECRETA
Quizá una de las tradiciones más entrañables de los Adoquines del Pilar está escondida en su propio envoltorio.
Cada caramelo se envuelve a mano en un papel con la imagen de la Virgen del Pilar. Pero al abrirlo hay una pequeña sorpresa: en el interior se encontra impresa una copla de jota aragonesa.
Comprar un adoquín es también descubrir qué jota te ha tocado.
Las jotas pueden ser humorísticas, amorosas o religiosas y algunas reflejaban ese particular humor somarda aragonés que forma parte del carácter de nuestra tierra.
Es una tradición sencilla, pero preciosa: desenvolver el caramelo y descubrir la jota escondida.
EL RETO DEL ADOQUÍN
Y después esta la otra gran curiosidad: comérselo.
El adoquín grande puede alcanzar los 500 gramos, medio kilo de azúcar convertido en un enorme caramelo.
La tradición popular dive que a no se puede terminar a mordiscos sin poner los dientes en peligro.
Por eso hay que tener paciencia y dejar que el caramelo se vaya deshaciendo poco a poco.
Y para quienes no quieren esperar tanto, existe el método más contundente: envolverlo en un paño y utilizar un martillo para romperlo en pequeños trozos.
Porque el Adoquín del Pilar siempre ha sido un dulce que exige una cosa por encima de todo:
paciencia.
SUS CUATRO SABORES TRADICIONALES
Los Adoquines del Pilar mantienen cuatro sabores clásicos que forman parte de su identidad:
🍊 Naranja
Frutal y aromática.
🍓 Fresa
Dulce y suave.
🍋 Limón
Con ese punto ácido y refrescante.
🌿 Anís
El sabor más tradicional y evocador de los cuatro.
Sus envoltorios, además, forman parte de la imagen que todos asociamos con este dulce zaragozano.
lleva impresa ala virgen del pilar y los cuadritos del cachirulo el pañuelo que usan los joteros en su traje regional.
ADOQUINES DEL PILAR CASEROS
Aunque el Adoquín del Pilar es un dulce de confitería tradicional, podemos intentar reproducirlo en casa siguiendo el mismo principio: elaborar un caramelo duro, aromatizarlo, colorearlo y darle su característica forma.
INGREDIENTES
500 g de azúcar blanco.
150 ml de agua.
2 cucharadas de glucosa líquida o jarabe de maíz.
Unas gotas de esencia o aroma, según el sabor elegido: naranja, fresa, limón o anís.
Colorante alimentario, según el sabor elegido.
150 ml de agua.
2 cucharadas de glucosa líquida o jarabe de maíz.
Unas gotas de esencia o aroma, según el sabor elegido: naranja, fresa, limón o anís.
Colorante alimentario, según el sabor elegido.
ELABORACIÓN
Preparamos el almíbar
Ponemos en un cazo el azúcar, el agua y la glucosa.
Ponemos en un cazo el azúcar, el agua y la glucosa.
Calentamos a fuego medio y removemos suavemente al principio, únicamente hasta que el azúcar se haya disuelto.
Después dejamos que la mezcla hierva sin volver a remover, para evitar que el azúcar cristalice.
Alcanzamos el punto de caramelo
Dejamos hervir hasta alcanzar aproximadamente 145-148 ºC, el punto de bola dura.
Si no tenemos termómetro de cocina, podemos dejar caer una pequeña gota del caramelo en un vaso con agua fría. Si se endurece inmediatamente y forma una bolita rígida que cruje, estará en su punto.
⚠️ Mucho cuidado durante este proceso: el caramelo alcanza temperaturas muy elevadas y puede producir quemaduras graves.
Aromatizamos y coloreamos
Retiramos el cazo del fuego.
Añadimos inmediatamente unas gotas del aroma elegido y el colorante. Mezclamos con cuidado para repartirlos de manera uniforme.
Enfriamos ligeramente
Vertemos el caramelo sobre una superficie de mármol ligeramente engrasada con aceite neutro o sobre una lámina gruesa de silicona.
Esperamos unos minutos, hasta que pierda parte de su temperatura y podamos comenzar a trabajarlo con seguridad y con las manos debidamente protegidas.
Estiramos el caramelo
Este es el paso más característico.
Recogemos la masa de caramelo y comenzamos a estirarla y doblarla repetidamente sobre sí misma.
Al incorporar aire, el caramelo irá cambiando de aspecto: pasará de ser transparente a adquirir un tono opaco, brillante y satinado.
Formamos y cortamos los adoquines
Antes de que se enfríe completamente, formamos una barra rectangular gruesa.
Con un cuchillo ligeramente engrasado o unas tijeras de cocina resistentes, cortamos porciones y les damos la característica forma geométrica de los adoquines.
Envolvemos
Dejamos enfriar completamente sobre papel vegetal.
Una vez fríos, podemos envolverlos en papel encerado blanco y escribir en el exterior una jota aragonesa, una dedicatoria o unas palabras para quien vaya a recibirlo.
UN DULCE QUE GUARDA UN RECUERDO
Los Adoquines del Pilar son de esos dulces que cuentan mucho más de lo que parece.
Hablan de Zaragoza, de Calatayud, de las fiestas, de la jota, de la Virgen del Pilar y de una forma de entender los pequeños placeres de la vida.
Un caramelo enorme que puede durar días, un envoltorio que esconde
Porque hay sabores que desaparecen en cuanto se terminan.
Y hay dulces que, permanecen para siempre en la memoria.
Los Adoquines del Pilar son uno de ellos.





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