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jueves, 23 de julio de 2026

LOS POSTRES DE CADA DIA


EL RINCON DULCE

DE

LA ALACENA DE MAPI









 

Los dulces de cada día

Hay recuerdos que permanecen para siempre en nuestra memoria. Basta con cerrar los ojos para volver a sentir el aroma de un bizcocho recién horneado, el sonido de una cuchara removiendo unas natillas al fuego o el crujido de unas rosquillas recién fritas enfriándose sobre un paño de cocina. Son recuerdos sencillos, pero tienen la fuerza de devolvernos a nuestra infancia y a aquellos días en los que la cocina era el corazón de la casa.




En muchas familias no hacía falta que llegara una fiesta para preparar un dulce. Bastaba con que fuera domingo, con que vinieran unos familiares a merendar o simplemente con que hubiera ganas de compartir un café alrededor de la mesa. Con ingredientes humildes que nunca faltaban en la despensa —harina, huevos, leche, azúcar, aceite o unas frutas de temporada— nuestras madres y abuelas eran capaces de crear auténticas maravillas.




Aquellos dulces no buscaban sorprender por su aspecto ni por ingredientes difíciles de encontrar. Su mayor virtud era la sencillez. Eran recetas hechas sin prisas, amasadas con paciencia y horneadas mientras toda la casa se llenaba de un olor que anunciaba que algo bueno estaba a punto de salir del horno. Muchas veces ni siquiera daba tiempo a que se enfriaran por completo, porque siempre había alguna mano impaciente que cortaba el primer trozo.

En este rincón de La Alacena de Mapi no encontrarás dulces propios de Aragón, Córdoba o Canarias, porque esos ya tienen su lugar dentro de cada una de esas tierras. Aquí he querido reunir esa repostería casera que ha formado parte de tantos hogares y que, de una manera u otra, hemos compartido todos alguna vez.




Rosquillas, magdalenas, bizcochos, flanes, natillas, arroz con leche, tartas sencillas y muchos otros dulces que han acompañado desayunos, meriendas y sobremesas familiares. Recetas que no entienden de fronteras, porque viajaban de una casa a otra escritas en un papel, aprendidas de una vecina o heredadas de una madre a una hija.

Espero que, al recorrer estas páginas, no solo encuentres recetas para preparar en casa. Ojalá también despierten algún recuerdo, el de una cocina llena de vida, una mesa rodeada de familia o el de aquella persona que, con un delantal puesto y una sonrisa, hacía que un sencillo dulce se convirtiera en uno de los mejores momentos del día.




Porque hay sabores que nunca se olvidan, y los dulces de cada día siempre tendrán el poder de hacernos volver a casa. 




 

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