Estos macarrones gratinados los aprendí de mi abuela Francisca, mi abuela paterna. Como vivía en Barcelona, solo podía disfrutar de su cocina durante los veranos. Los preparaba en la cocinilla de leña, donde el calor iba dorando poco a poco el queso hasta formar una costra deliciosa. Cada vez que los hago, vuelvo a aquellos veranos y al inconfundible aroma que salía del horno.
Ingredientes
250 g de macarrones
300 g de carne picada (mezcla de cerdo y ternera)
250 g de salsa de tomate casera
2 cebollas medianas
2 dientes de ajo
100 g de queso rallado al gusto
1 copa de coñac (o de vino blanco, según me confirmes cuál utilizaba tu abuela)
1 hoja de laurel
1 cucharadita de orégano
Sal
Pimienta negra recién molida
Perejil picado
Aceite de oliva virgen extra
Preparación
En una sartén de fondo grueso, calienta un poco de aceite de oliva y sofríe la cebolla picada a fuego suave hasta que quede tierna. Añade los ajos picados y cocina un minuto más.
Incorpora la carne picada y rehógala hasta que esté bien dorada.
Añade la salsa de tomate casera, el orégano y una pizca de pimienta negra recién molida. Cocina todo junto durante unos 3 minutos para que los sabores se integren y reserva.
Mientras tanto, pon al fuego una olla con abundante agu y la hoja de laurel. Cuando rompa a hervir, añade la sal y los macarrones. Cuécelos siguiendo el tiempo indicado por el fabricante, removiendo de vez en cuando.
Escurre los macarrones y pásalos a una rustidera o fuente de horno ligeramente engrasada con aceite de oliva. Incorpora la salsa con la carne y mezcla bien para que los macarrones queden impregnados de todo el sofrito.
Riega con la copa de coñac y espolvorea el queso rallado por toda la superficie.
Introduce la rustidera en la parte central del horno con el gratinador encendido y deja que el queso se funda y se dore hasta formar una capa crujiente y apetecible.
Sirve los macarrones bien calientes.
Consejo de Mapi
Si tienes una cazuela o rustidera de barro apta para horno, utilízala. Conserva mejor el calor y el gratinado queda aún más parecido al que conseguía mi abuela Francisca en su cocinilla de leña.


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