TÍPICAS GALLETAS DE LA LATA DE COSTURA
Hay latas que guardan mucho más que lo que pone en su etiqueta.
En muchas casas, aquellas latas de galletas que llegaban llenas de dulces acababan convertidas en pequeños costureros: dentro vivían los dedales, las agujas, los carretes de hilo y aquellos botones que se guardaban «por si algún día hacen falta». Nuestras madres y nuestras abuelas las reciclaban, y allí se quedaban durante años.
Pero había un momento que todas conocemos demasiado bien: abrir la lata esperando encontrar una galleta y descubrir, una vez más, que lo que había dentro era la costura.
Y sí… alguna vez nos quedamos con las ganas.
Por eso hoy quiero devolverle a aquella lata lo que un día nos quitó: unas galletas de verdad. Unas galletas sencillas, caseras, de las que huelen a mantequilla y vainilla y que se hacen sin complicaciones.
Para todas aquellas personas que, como yo, alguna vez levantaron la tapa con la esperanza de encontrar una galleta y se llevaron el chasco de los hilos y los dedales: aquí tenéis la receta.
Porque esta vez, cuando abras la lata, habrá galletas dentro.
INGREDIENTES
220grs de harina de trigo de todo uso
200 g de mantequilla salada fría
2 huevos grandes
170 g de azúcar granulada
Vainilla al gusto
150 g de azúcar glas, opcional para decorar
ELABORACIÓN
Comenzamos poniendo el horno a precalentar a 180 ºC, con calor arriba y abajo.
Troceamos la mantequilla fría y la ponemos en un bol junto con el azúcar y la vainilla. Mezclamos hasta conseguir una preparación cremosa y homogénea.
Tamizamos la harina y la reservamos.
Añadimos uno de los huevos a la mezcla de mantequilla y azúcar y trabajamos hasta integrarlo bien. Incorporamos después la harina tamizada y mezclamos hasta obtener una masa homogénea.
Formamos una bola con la masa, la cubrimos con film transparente y la dejamos reposar en el frigorífico durante aproximadamente 2 horas. Este reposo hará que la masa se enfríe y sea mucho más fácil de trabajar.
Pasado el tiempo de reposo, enharinamos ligeramente la superficie de trabajo y extendemos la masa con un rodillo. Podemos dejarla con un grosor de aproximadamente medio centímetro, dependiendo de cómo nos gusten las galletas.
Con un cortador vamos dando forma a nuestras galletas. Si no tenemos cortadores, podemos utilizar un vaso pequeño puesto boca abajo. ¡Como se hacía antes!
Colocamos las galletas sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear, dejando un pequeño espacio entre ellas.
Batimos el huevo que nos queda y pincelamos suavemente la superficie de las galletas.
Introducimos la bandeja en el horno, a 180 ºC, y horneamos durante unos 10-15 minutos, dependiendo del tamaño y grosor de las galletas. Estarán listas cuando los bordes comiencen a tomar un ligero color dorado.
Las sacamos del horno y las dejamos enfriar sobre una rejilla.
Una vez frías, podemos espolvorearlas con azúcar glas si queremos darles un toque más dulce y bonito.
Y ahora sí… ya podemos guardarlas en una lata de galletas.
Pero esta vez, por favor, que dentro haya galletas.
CONSEJO DE MAPI
Si quieres que las galletas conserven ese punto casero y crujiente durante varios días, guárdalas completamente frías en una lata bien cerrada.
Y si tienes todavía por casa una de aquellas antiguas latas de galletas que acabaron convertidas en costurero, esta receta es la ocasión perfecta para devolverle su cometido original.



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