Esta receta me la enseñó una pastora del valle de Benasque. Me llamó la atención cómo, con ingredientes que siempre tenía en la despensa, preparaba un plato lleno de sabor y muy reconfortante. Es otro ejemplo de la cocina de montaña, donde el ingenio y el aprovechamiento convertían unos pocos productos
Ingredientes
1 kg de patatas
2 cebollas
200 g de panceta curada
30 g de almendras
4 huevos
2 tomates maduros
1 rebanada de pan frito
1 copa de vino blanco
2 dientes de ajo
4 pimientos morrones asados
Una pizca de azafrán
2 hojas de laurel
Aceite de oliva virgen extra
Perejil fresco
Sal
Preparación
Pela las patatas y córtalas en gajos pequeños. Trocea la panceta y coloca ambos ingredientes en una cazuela de barro.
En una sartén prepara un sofrito con la cebolla picada y los tomates pelados y troceados. Cuando esté bien pochado, añade una copa de vino blanco y deja que el alcohol se evapore durante unos minutos.
Vierte el sofrito sobre las patatas y la panceta. Añade agua hasta cubrirlas, incorpora las hojas de laurel y los pimientos morrones asados cortados en tiras.
Prepara un majado en el mortero con los ajos, las almendras, el azafrán, el perejil y el pan frito. Añádelo a la cazuela y remueve con cuidado.
Cocina a fuego medio hasta que las patatas estén tiernas.
Rectifica de sal y, unos minutos antes de terminar la cocción, casca los huevos directamente sobre el guiso. Tapa la cazuela y deja que se cuajen lentamente hasta que la clara esté hecha y la yema conserve toda su jugosidad.
Consejo de Mapi
Si preparas este plato en una cazuela de barro y lo cocinas sin prisas, el resultado será todavía más auténtico. Un buen pan de pueblo será el mejor acompañamiento para disfrutar de la salsa.
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