MUS DE GOFIO CANARIO
Hay recetas que nacen de grandes cocinas y otras que nacen, simplemente, de tener una buena despensa y saber mirar lo que hay dentro.
El gofio convivía en ella con ingredientes que estaban al alcance de todos, entre ellos la leche condensada. Y de esa mezcla de cosas sencillas fue tomando forma una manera distinta de disfrutar uno de los sabores más queridos de Canarias: llevarlo a la mesa convertido en un postre suave, dulce y cremoso, de esos que parecen humildes cuando los ves y sorprenden en cuanto hundes la cuchara.
Porque el gofio tiene algo especial. Su sabor tostado es intenso, pero cuando se encuentra con la nata, la leche condensada y esa textura ligera de la mousse, se transforma. Sigue estando ahí, reconocible, pero vestido de fiesta.
Y quizá por eso esta receta tiene tanto encanto. No necesita ingredientes difíciles ni adornos exagerados. Un buen gofio, unos cuantos ingredientes de los de siempre y un poco de paciencia son suficientes para conseguir un postre que puede cerrar una comida familiar o aparecer en una mesa de fiesta y dejar a todos preguntando qué lleva.
El gofio forma parte de la cocina canaria de toda la vida. En esta ocasión lo llevamos al terreno dulce para preparar una mousse cremosa y suave, con todo el sabor del gofio y el contraste de unas almendras tostadas.
Ingredientes
40-50 g de gofio canario, preferiblemente de millo (maíz) o mezcla
400 ml de nata para montar, con un mínimo del 35 % de materia grasa y muy fría
150 g de leche condensada
2 huevos, separando las yemas de las claras
30 ml de leche entera
Almendras tostadas, picadas o laminadas, para decorar
Canela en polvo, opcional
Elaboración
Ponemos las dos yemas en un bol amplio junto con la leche condensada y batimos bien hasta conseguir una mezcla cremosa y homogénea.
Tamizamos el gofio sobre la mezcla y removemos con una espátula. Al principio quedará una pasta bastante espesa, por lo que iremos añadiendo los 30 ml de leche poco a poco, mezclando hasta conseguir una crema uniforme y sin grumos.
En otro recipiente, bien limpio y frío, montamos la nata hasta que quede firme.
En un tercer bol, completamente limpio y sin restos de grasa, montamos las claras con una pizca de sal hasta conseguir un punto de nieve firme.
Incorporamos primero la nata montada a la crema de gofio, poco a poco y con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba, procurando no perder el aire que hemos conseguido al montarla.
Después añadimos las claras montadas y volvemos a mezclar con mucha suavidad, siempre con movimientos envolventes, hasta que la mousse quede ligera y homogénea.
Repartimos la mousse en copas o vasitos, ayudándonos de una cuchara o de una manga pastelera. Tapamos y dejamos reposar en la nevera durante al menos 3 o 4 horas. Si podemos dejarla de un día para otro, todavía mejor, porque ganará consistencia y los sabores estarán más asentados.
Justo antes de servir, decoramos con unas almendras tostadas, picadas o laminadas, y, si nos gusta, un toque muy ligero de canela o de gofio espolvoreado.




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