El rabo de toro es el alma de la cocina cordobesa. Sus orígenes nos llevan al siglo XVI, cuando este plato humilde nacía del aprovechamiento de las piezas de los toros de lidia tras las corridas. Lo que empezó en las tabernas de la ciudad se ha convertido en una joya que hoy guardamos con mucho mimo en nuestra alacena, requiriendo su tiempo, fuego lento y el cariño de siempre.
Este plato va dedicado para Carmen la señora cordobesa que me enseñó a prepararlo con mucho mimo y paciencia aunque yo lo preparo nunca me sabe como el que aquel día sentadas en su cocina me preparo ella.
Ingredientes
- 2 rabos de toro (si son de lidia, mucho mejor).
- 3 tomates grandes.
- 3 pimientos verdes.
- 2 cebollas grandes.
- 3 cabezas de ajo.
- 4 zanahorias.
- 500 ml de vino Montilla-Moriles.
- Pimentón, azafrán y pimienta en grano.
- Aceite de oliva virgen extra y sal.
Elaboración
- En una olla a presión, sofreímos la cebolla picada con un buen chorro de aceite de oliva.
- Añadimos los rabos de toro, ya limpios y troceados en rodajas.
- Incorporamos a la olla, en crudo, los tomates troceados, las zanahorias en rodajas, los pimientos en juliana ancha y los ajos pelados y troceados.
- Rehogamos a fuego abierto, sin tapar, durante unos 20 minutos hasta que todo tome un buen color.
- Añadimos el vino Montilla-Moriles, cerramos la olla y dejamos cocer a fuego lento durante 45 minutos.
- Dejamos enfriar la olla antes de abrirla para que el vapor no nos juegue una mala pasada. Comprobamos la cocción.
Truco de Mapi: Como bien saben en mi alacena, este plato no se debe comer el mismo día. ¡El reposo es fundamental! Si lo preparas de un día para otro, los sabores se concentran y la carne queda mucho más melosa. Y un toque final: al servirlo, añade unos daditos de patata frita casera; ¡le dan ese punto crujiente que vuelve loco a todo el que lo prueba!




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